Principal Cuaderno Nº 21 Índices

El Campoo romano:
acercamiento a la vida cotidiana


María Paz Delgado Buenaga
Daniel Guerra de Viana


INTRODUCCIÓN

Desde hace varias décadas, la proliferación de estudios relacionados con la vida cotidiana, en sus vertientes económica, social y cultural, han dado un nuevo impulso a las investigaciones históricas. Actualmente son muchas las publicaciones que se centran en los diferentes modos de vida de la Antigüedad, así como películas, videojuegos, etc.
Representación del comercio romano: puesto de verdurasEl desarrollo de las ciencias históricas y sus auxiliares permite hacer un balance más ajustado de la realidad a estudiar. Cobra importancia el llamado "marco histórico ambiental", en el que no sólo aparece el hombre, sino todos los elementos que le son propios y le modifican en determinadas ocasiones: clima, paisaje, economía local, sociedad, religiosidad, etc.
En el caso del mundo romano, además, tenemos gran cantidad de obras escritas en la época, que haciendo una interpolación en una realidad concreta sirven como método de conocimiento y comparación. No obstante, la realidad en sí misma es más compleja, y sólo se puede llegar a un acercamiento parcial. Los lectores se preguntarán entonces, un sin fin de cuestiones, no sólo sobre este artículo, sino en general sobre la vida que llevaban los moradores romanos de Campoo y de toda Hispania: ¿Cómo pasaban sus horas libres?, ¿a qué hora comenzaba su vida laboral?, ¿qué comerían y cómo?, ¿cómo eran sus casas y que hacían en ellas?, ¿y sus dependencias, muebles, vestidos? Todas estas preguntas y muchas más, seguramente que se las hayan planteado más de una vez cuando visitan una excavación arqueológica:
¿qué son esos montones de piedras? En este artículo pretendemos ofrecer una visión lo más sencilla posible sobre estos aspectos, sobre los pobladores de Julióbriga, de Camesa-Rebolledo (Octaviolca, según Robles) y de la villa romana de Santa María de Hito en Valderredible.

 

EL MARCO CRONOLÓGICO

La fundación de Julióbriga, según todos los datos arqueológicos e históricos, corresponde a un establecimiento de nueva planta al finalizar las Guerras Cántabras (29 a. C.-19 a.C.) de época augustea, en cuyas excavaciones los restos más antiguos corresponden al siglo I a. C. Su principal finalidad fue servir como instrumento romanizador de toda la zona de Campoo y eje articulador del espacio físico entre Pisoraca (Herrera de Pisuerga) y los asentamientos de la costa, Portus Blendius (Suances), Portas Victoriae luolobrigensis (Santander) y Flaviobriga (Castro Urdiales). Julióbriga es la civitas más importante del sur de Cantabria y la que más extensión tuvo. La población que sustentaba Julióbriga en el momento de su fundación era de carácter civil, y se iría mezclando en dos o tres generaciones con los Cántabros que se adaptaron al modus vivendi romano. Julióbriga era una civitas stipendiaria, esto significa que pagaba impuestos a Roma. Hasta mucho más tarde, durante el mandato de Vespasiano, no obtuvo el derecho de latinidad (ius latii). La ciudad fue creciendo con los siglos, teniendo tal vez el máximo desarrollo en los siglos I-II d. C., (hay que tener en cuenta que sufrió un primer incendio hacia los años 60-80 d. C.., que permitió reestructurar parte de la ciudad y crear nuevas casas). Hacia el siglo III d. C., y después de sufrir otro incendio que destruyó casi por completo la ciudad, Julióbriga se fue abandonado paulatinamente, y no volverá a conocer el esplendor de otras épocas. Será posteriormente ocupada por población visigoda y finalmente en la Baja Edad Media, surgiría el pueblo de Retortillo, en torno a la iglesia de Santa María.
Otro yacimiento con restos romanos en Campoo es Camesa-Rebolledo, con dos tipos de estructuras excavadas muy diferentes entre sí, y con una datación que abarca desde el s. I d.C hasta el s. V d.C, ya en un segundo momento de ocupación. La particularidad de sus instalaciones, que posteriormente describiremos, hacen de este yacimiento un lugar con muchas posibilidades de estudio aún no concretadas.
Por último, haremos una breve mención a la villa tardorromana de Santa María de Hito, yacimiento casi desconocido debido a las pocas publicaciones que lo mencionan, así como la decisión tomada en su momento de sellar los restos excavados, debido a la imposibilidad de dotarle de una estructura visitable y una conservación adecuada.


CLIMA, BOTÁNICA Y FAUNA

Actualmente nos encontramos en el periodo conocido como Cuaternario, que comenzó hace unos 2.400.000 de años, cuando aparecen los primeros homínidos sobre la tierra; y dentro de este extenso periodo (el más pequeño, no obstante, dentro de las divisiones geológicas), en el Holoceno, que se inició hace unos 12.000 años, cuando ya el hombre tal como le conocemos hoy en día, pintaba las cuevas de Altamira o las de Puente Viesga Este periodo se divide a su vez atendiendo a los diferentes cambios climáticos en diversas fases. Desde hace unos 2000 años, nos encontramos en el periodo llamado Sub-atlántico, y aunque dentro de éste han alternado diversos climas, durante casi cuatro mil años la temperatura ha permanecido con pequeñas diferencias como hoy en día. Campoo en el s. I a.C tenía una temperatura más templada que ahora, había más humedad, y por lo tanto la diversidad botánica era mayor, compuesta de grandes masas arbóreas, que según estudios palinológicos, eran de olmos, alisos, abedules, robles, avellanos y castaños (especie ésta casi desconocida hoy en la comarca) y que gracias a la bonanza climática proliferaban en estas tierras. Las grandes llanuras que encontramos a lo largo del valle de Campoo, debemos imaginarlas como una prolongación de los bosques de Saja, con un dominio absoluto de la silva. Los cántabros tenían una economía básica de caza, recolección y pequeñas plantaciones, insuficientes para menguar los bosques. La fauna salvaje existente se basaría en cérvidos, jabalíes, lobos y osos, en cantidad mucho mayor que en estos últimos siglos.
A partir de la ocupación romana de Campoo va cambiando paulatinamente ese paisaje. Se produce una vasta deforestación como respuesta a las necesidades de "civilización" de la zona: el bosque o silva se fue degradando y fue ocupando su espacio por tierras de cultivo de herbáceas, cereal y llantén (1) y también por praderías (ager y prata) para pasto de animales domésticos, équidos, bóvidos ovicaprinos y ganado porcino, cuyos restos han sido hallados en las casas del sur de Julióbriga. La utilización de la madera por parte de los romanos como combustible y para fines artesanales, o bien como fertilizante mediante quemas sistemáticas, fue esquilmando el bosque existente.

 

LA VIVIENDA: ENTRE EL LUJO Y LOS FOGONES

Julióbriga se fundó con población civil, no como bastión para controlar la pacificación de Campoo, puesto que para ello se asentó en las inmediaciones la Legio IV Macedónica (en Pisoraca=Herrera de Pisuerga), sino como elemento de carácter administrativo. Roma utiliza la "civitas" como eje fundamental para el control políticoadministrativo, y paradójicamente es su principal forma de introducirse en las costumbres indígenas. Toman, cogen y acomodan todo aquello que les parece útil, romanizan y a la vez reducen. No sabemos la procedencia de estos primeros habitantes romanos en Cantabria, si eran veteranos de guerra, o bien eran hacendados de otras ciudades hispanas o latinas, que querían incrementar su riqueza. De todas formas, los primeros pobladores de Julióbriga se fueron asentando poco a poco, ocupando toda la loma de Retortillo y las amplias vegas que se extienden hacia Villafría, Reinosa y Requejo. Estas vegas formaban el ager y por ellas tributaban a Roma. Otra parte del territorio de Campoo estaba destinado al abastecimiento de la legión (prata), y ocupaba un extenso territorio: Valdeolea y Valderredible, donde se han hallado numerosos hitos que marcaban este terreno para la Legio IIII Macedonica.
La ciudad de Julióbriga, excavada en diferentes momentos (los primeros trabajos comienzan a finales del siglo XIX, y posteriormente, ya en el presente siglo, Hernández Morales, el Padre Carballo, Antonio García y Bellido y las últimas de la Universidad de Cantabria, a partir de la década de los años 80) ha arrojado hasta la fecha numeroso material, tanto cerámico, como metálico y numismático, que ha permitido conocer más los asentamientos romanos de Campoo. A estos hallazgos hay que sumar los bienes inmuebles descubiertos, varias casas en el sector denominado La Llanuca, una parte del Foro (situado en las inmediaciones de la iglesia románica), otras viviendas en el sector sur, como la de Los Morillos, las casas bloque y la casa de los "mosaicos" y en la zona del actual aparcamiento, hoy clausurado, un edifico público y otras viviendas.
Esta ciudad es un caso interesante de adaptación al medio, ya que las domus se van estableciendo siguiendo las curvas de nivel del terreno que hace que se construyan escalonadas y que se modifique la planta inicial que seguía modelos mediterráneos, por un tipo más acorde con el clima de Campoo. Se supone que la extensión de la ciudad sería de unas 20 hectáreas (excavada solamente una). De la población existente no tenemos datos concretos, aunque se sabe por restos epigráficos que varios
pobladores de Julióbriga hacia finales del siglo I d. C., y principios del siglo II d. C., ocupaban cargos importantes fuera de su región, como en Tarraco (Tarragona), o en el ejército, en las guerras contra Numidia en el norte de África.
Las viviendas exhumadas nos muestran cómo se estructuraba la población. Hay dos tipos de casas que son características de dos clases sociales: por una lado los edificios de La Llanuca, los Morillos y la casa de los "mosaicos"; que pertenecerían a ricos terratenientes, y por otro lado las Casas Bloque, pertenecientes a artesanos y población más humilde, tal vez pequeños propietarios. A estas dos clases sociales hay que añadir los esclavos que trabajaban para las clases más altas y se ocuparían de las actividades agropecuarias.
Estos colonos fueron los primeros moradores de Julióbriga y sus costumbres serían las mismas que existían en Roma, y aunque residiesen en una pequeña ciudad de provincias actuarían siguiendo patrones ya establecidos en su cultura.
En Julióbriga hemos visto las casas existentes, pero vamos a intentar escudriñar cómo sería una de esas casas y qué tipo de familia la habitaba. La domus más grande y la primera en ser localizada fue denominada La Llanuca. Esta casa presenta una planta de unos 1.193 m², y debió de pertenecer a una familia acomodada, fue construida hacia el siglo I d. C., permaneciendo en uso hasta el 150 d. C. La casa se estructura a través de un patio que al principio estuvo porticado, y que después, una vez comprobados los efectos del clima se cerró para proteger las estancias de la casa de las inclemencias del tiempo. Posee unas 29 estancias, más el patio, lo que nos da una muestra de la imponente construcción de esta domus. La casa se divide como las clásicas edificaciones romanas de cierto lujo, por una parte están las dependencias privadas de los dueños de la casa y por otra, las cocinas, despensas y en algún caso talleres o tiendas (tabernae). Esta casa presenta al sur diferentes habitaciones que podían estar destinadas a la vivienda del portero o la portería, cella ostiaria. Al norte tiene una serie de dependencias, destacando una central que va a dar al patio con unas medidas de unos 42 m², esta sala estaría destinada a lugar de reuniones o de recepción, oecus, o bien a comedor, triclinium. Es la única estancia abierta y que desemboca en el patio. lo que hace suponer que se utilizaría en los momentos de bonanza climática, a ambos lados aparecen otras compartimentaciones: la más grande de ellas fue posiblemente un comedor de primavera; el resto, fueron dormitorios, cubiculum, uno de los cuales poseía una pequeña antecámara. Hacia el oeste de la domus se abren tres huecos, que hacen pensar que sus habitantes tuvieron otro comedor para los meses más duros del invierno, y las otras estancias estarían dedicadas a dormitorios, algunos de ellos con antecámara y salones privados, éstos se solían adornar con pinturas murales, de las que no quedan restos y los suelos estaban recubiertos de mosaicos opus tesellatum (que han aparecido en diversas estancias de esta casa señorial).
En el ala este, existen diversos habitáculos con una función privada, dormitorios y salones de reunión, aquí parece que hubo una escalera que nos llevaría a una segunda planta que ocupaba todo el sector oriental, dada la amplitud de los pasillos que van a dar a los dormitorios situados en esta esquina.
En la zona central de la casa estaba el atrio, y las dependencias contiguas que serían habitaciones para despensa, cocina y letrinas y una pequeña taberna que daba al exterior de la casa que consiste en un espacio porticado que conducía desde aquí hasta el foro formando un pasillo columnado.
Otro ejemplo de domus la tenemos hacia el sur, en la zona de la carretera, es la denominada casa de Los Morillos, construcción que se puede datar en torno al 80 d. C., después de haber sufrido un incendio años antes, y seguiría siendo utilizada durante todo el siglo II d. C. Es de patio central columnado, con una planta de unos 648 m², estamos también frente a una casa señorial, no sólo por su tamaño, sino por los elementos arquitectónicos que presenta. Nos encontramos con un espacio amplio, abierto al exterior, que sería la entrada de la casa o fauces. Frente a ese espacio se abre uno de dimensiones bastante grandes unos 55 m², sobre su utilidad hay diferentes opiniones, parece que se trate de un tablinium, estancia privada del dueño (lecho conyugal, archivos, etc.), o bien un oecus, a su lado nos encontramos con una habitación cuyo suelo está pavimentado con cantos (opus barbaricum), que confieren a la sala un aspecto menos lujoso que los constituidos por las tesellas de los mosaicos. Esta sala tenía como misión albergar el triclinium o comedor.
El ala norte, debido a la escasez de restos que determinen su funcionalidad, podemos suponer que estuvo destinada a zona residencial y de reposo, con habitaciones de descanso (cubiculum) v salones privados del pater familias, aposentos con antecámaras e incluso una "suite" (salón y dormitorio). En la zona sur de la casa están situadas la despensa (cella penaria) y la cocina (lugar donde se encontraron los morillos), asociadas a una gran cantidad de material cerámico de mesa, cocina y almacenaje. Además, hay una pieza que mantiene su privacidad frente al resto de las dependencias de servicios y que por su situación, alejada de los ruidos del ajetreo diario, pudo tratarse de un comedor privado probablemente de uso más cotidiano que el triclinium destinado a ocasiones más especiales. La letrina estaría situada en esa zona, sobresaliendo de la planta de la casa.
Detrás de esta casa aparecen los restos de otra que se ha denominado la "casa de los mosaicos"; aún sin excavar por completo, que tiene aparte del mosaico, un hypocaustum (calefacción subterránea, parecida a las glorias castellanas).
Frente a la casa de los Morillos nos encontramos con las llamadas casas bloques, que corresponden a clases sociales más humildes: asalariados, o bien a pequeños propietarios y artesanos. Se encuentran en el sector sur de la carretera de acceso a Retortillo, son una serie de construcciones, datadas en torno a finales del siglo I d. C., y con vigencia hasta el siglo III d. C., cuando un incendio asoló la ciudad.
Se pueden distinguir dos viviendas con claridad, que no tienen nada que ver con las anteriores. Su carácter más modesto nos lleva a pensar en la vida de sus habitantes, que debieron ocuparse de la artesanía y de la ganadería como forma de vida, tal y como demuestran los hallazgos muebles encontrados. Éstos son, sobre todo, útiles de madera (tapas, cubos, etc.), de cuero y pequeños hornos de hierro, ya que se han hallado fragmentos de escoria férrica. Su división es sencilla, con cuartos para dormir y cocina, sin grandes lujos, tal y como describe Marcial la casa de una familia pobre, "una mala cama, una mesa coja, un infiernillo, una lámpara, un ánfora para conservar pescado, una marmita, un tazón de madera y un orinal', así podría haber sido, salvando las diferencias entre Roma y Julióbriga, la vivienda de una de estas familias. El resto de edificaciones que aparecen en ese sector están dedicadas a la ganadería y la agricultura, como cuadra (stabulum), estructura alargada cercana a la casa: horreos (horreum) o silos para el grano, que en esta zona están representados por filas de losas sobre las que se erigen postes de madera para alejar el grano de la humedad. Las estructuras no guardan una ordenación lógica, sino que están distribuidas por el espacio de manera anárquica, aprovechando las curvas de nivel más idóneas o la afloración de piedra para la construcción de la vivienda. El trabajo de los ocupantes de estas casas, bien pudo ser realizado para los terratenientes, convirtiéndose en sus clientes, y dependiendo de ellos. En este sector pudo existir actividad mercantil, al modo de tabernae, ofreciendo los productos artesanales que allí se realizaban.
Otro de los espacios importantes de una civitas romana era el foro, lugar donde se encontraban los templos y en definitiva donde se realizaba la vida social de la ciudad. El forum de Julióbriga está situado bajo la iglesia románica de Retortillo, hoy parcialmente descubierto. Desde la Llanuca y hasta esta parte de la ciudad, habría un camino porticado, que marcaba el eje fundamental de la misma, siguiendo un posible plano ortogonal, aunque muy modificado por el terreno. El edificio público ocuparía la zona más predominante de la ciudad, y su estructura no sólo se vería desde cualquier parte de Julióbriga, sino también desde las zonas limítrofes. Los restos visibles son unos plintos y sobre ellos basas de columnas, y bloques de sillares formando una hilada frente a las columnas (sería un recinto con triple pórtico columnado). Tras éstos aparece una estructura elevada cuadrada y bajo ella un pozo de bastante profundidad, las interpretaciones son variadas sobre la función que desempeñaban estos vestigios, pero podría haber sido el podium sobre el que se edificó el templo. En esa zona se descubrió una mano tallada en hueso, que podía representar a la diosa Ceres, ya que en su puño tiene una flor de adormidera y unas espigas de trigo. También en los alrededores del podium se encontraron varios exvotos fálicos, que actuaban como amuleto contra el "mal de ojo" o cualquier otra maldición. Otro dato significativo es que en la zona del cementerio se encontró un ara dedicada a Júpiter.
El yacimiento de Camesa-Rebolledo, hoy sumido en el abandono sin saber muy bien por qué, consta, por un lado, de unas construcciones de habitaciones contiguas que dan a un patio interior cuya función es muy discutida: ¿posible campamento militar romano?, pudieran ser estructuras de barracones de tropa, además se encuentra dentro de los territorios militares de la Legio IV Macedónica, y aparecieron algunas monedas partidas, típicas de ambientes militares; ¿tabernae, relacionadas con algún asentamiento militar?, debido a la ausencia de fortificaciones defensivas, los desplazamientos de tropas militares iban, en ocasiones, acompañados por tiendas comerciales con todo tipo de mercancía. Estas estructuras están fechadas por los materiales asociados (cerámica, ladrillos, tegulas, monedas) en el s. II-III d.C. Por otro lado, muy cerca del yacimiento anterior, tenemos una vivienda de lujo con dos niveles de ocupación. En el S.I-III .d. C. se constatan una serie de instalaciones, posiblemente termales según la típica distribución de éstas: caldarium (baños de agua caliente), sudatorium (sauna), frigidarium (baño de agua fría), apodyterum (vestuarios). Algunas estancias tenían pinturas murales, que hoy no se conservan. La funcionalidad de esta construcción no está clara, aunque algunos autores apuntan hacia una relación con las anteriormente mencionadas estructuras como vivienda del jefe de una guarnición, a semejanza de otros casos de pretorios de Britania. A finales del s. III d.C. el edificio se abandona. En el s. IV d.C existen señales de una reutilización de la mansión, anulando parte de las estancias y usando algunos de sus elementos (parte de un miliario de Trajano). Posteriormente, se construyó sobre la edificación romana una ermita y una necrópolis de cronología visigoda. Los materiales de este yacimiento, a excepción del miliario, son poco significativos: fragmentos de terra sigillata, cerámica común, algunos ladrillos y tegulas, monedas, probablemente esto sea debido a la intervención y expolio en época medieval.
En Valderredible, en el término de Santa María de Hito, se excavó en la década de los 80 una villa tardorromana, de finales del siglo III al V d.C., que según economistas romanos como Varrón o Columela, cumple todos los requisitos que éstos mencionan como característicos de una villa, se trata de un núcleo perfectamente organizado de economía autárquica, con talleres, granja, silos, etc., todo lo necesario para poder subsistir con lo que daba la tierra y no depender del exterior. Este sistema económico, que proliferó en Roma y se exportó a sus provincias, eran explotaciones de grandes latifundios con mano de obra esclava, y posteriormente asalariada que dio origen al sistema de colonos medieval.
Es una villa de tipo nórdico frente a las más extendidas de tipo mediterráneo, que cumple a la perfección las prescripciones de los agrónomos romanos: cerca de un río, para abastecerse de agua, y cerca de la calzada, para sacar sus productos. Consta de un patio exterior empedrado que funciona como eje de toda la casa con un pasillo que conduce a las habitaciones. La zona sur contiene las habitaciones señoriales: una gran sala (triclinium), con un significativo suelo de opus signinum y comunicada con otras tres salas calefactadas, alguna con restos de pinturas murales; continuando por el corredor decorado también con pintura mural, surgen estancias más corrientes con suelo de mortero y una de ellas con un hogar con tejas en la base. La importancia constructiva de esta casa se pone de manifiesto en los muros de sillería, pavimentos con zócalos, existencia de hypocaustum, gran decoración mural, y excepcionalidad de sus termas. Los materiales encontrados confirman su carácter rural: restos de aparejos agrícolas, cencerros para el ganado, pesa de telar, aparte de otros materiales más comunes, como son una fíbula en omega, cuenta de ámbar, mango de un cuchillo de bronce, fragmentos de cerámica...

 

LOS OBJETOS COTIDIANOS

Para hablar de los objetos de uso cotidiano, así como de las costumbres en la vida de un romano, no disponemos de suficientes referencias arqueológicas ni documentales en el caso de Campoo en esta época. No obstante, existe una amplia literatura latina que retrata al detalle la vida de los primeros siglos de nuestra era: la sociedad, la educación, la cultura, el ocio, la gastronomía... Por otra parte, el abundante material arqueológico nos completa la información anterior, como es el caso de los Foros de Roma, las ruinas de Ostia, Pompeya y Herculano fundamentalmente. Vamos a hacer un paralelismo entre la información disponible de estos yacimientos, y la que tenemos sobre la zona de estudio, centrándonos en aquellos materiales que han surgido en las diversas excavaciones, aunque en algunos casos en los que no tenemos noticia alguna (por su fragilidad en la conservación) se da por sobreentendido que las comparaciones son válidas, en el caso de piezas de madera, textiles, pieles, etc.
El mobiliario y la decoración de estas casas era bastante más sencillo que hoy en día, predominando, como siempre, la funcionalidad. La opulencia no se manifestaba en un mayor número o tamaño, sino en el valor material y el arte de los mismos. En general, se limitaban a objetos indispensables: armarios, arcas, asientos de diversos tipos (mampostería, taburetes y sillas de madera o bronce), mesas, hornacinas y estancias destinadas a guardar objetos concretos. Pero para un romano, el mueble esencial era el lecho, cuyo fin no era sólo para dormir, sino que era utilizado también para trabajar o comer. Los más humildes usarían unos simples camastros con jergón, los demás tenían tantos y tan variados como su posición les permitía: individuales (lectuli), conyugales (lectus genialis), para el comedor (triclinia); los hay de bronce, madera tallada, con incrustaciones de marfil o de materiales preciosos. El resto del mobiliario consistiría en alfombras, cojines, orientales, vasijas de cristal y vajillas de lujo, candelabros o luoetm, escabeles, etc.
En Julióbriga tenemos algunas evidencias de restos de mobiliario como pueden ser varias piezas metálicas, cuyo estudio nunca se ha publicado, y que el profesor Iglesias menciona en su guía de Julióbriga: piezas de plomo, tiradores, placas de cobre, llaves, pomos de adorno en bronce. Estas piezas de carácter básicamente funcional pueden ser restos de apliques ornamentales de diversos arcones, armarios u otro tipo de mobiliario. No podemos olvidar la existencia de los famosos "morillos", dos morillos de hierro que representan bóvidos cuyos cuernos están rematados por bolas de bronce. Su función está asociada al fuego del hogar, se trata de un hogar bajo, a ras del suelo, quizá para apoyar vasijas encima con algún hierro supletorio; también se ha querido apuntar alguna simbología ritual puesto que es en el hogar donde se rendía culto a los dioses Lares, y a Vesta, diosa del fuego. Estas interpretaciones de función ceremonial son muy discutidas, pero el hallazgo de otros morillos en el sector del foro durante las últimas excavaciones pueden aclarar este aspecto.
No sucede lo mismo con los restos de vajillas de lujo, bastante abundantes no sólo en Julióbriga sino en general en todos los yacimientos romanos de Campoo. Sin mencionar la cerámica común existente, ya sea de cocina, transporte o almacenamiento, puesto que ha sido objeto de un extenso artículo en esta misma publicación, explicaremos de forma rápida los distintos tipos de cerámicas que se han hallado sin detenernos en exceso para explicar formas o tipos, siendo éste un tema amplio para el que necesitaríamos numerosas líneas. Los romanos tenían verdadera pasión por la vajilla de materiales finos, ésta podía ser de múltiples materiales: oro, plata, materiales exóticos como la múrrina importada de Oriente, ónice, cristal...
En el Campoo romano se constata la existencia de abundantes vasijas cerámicas de Terra Sigillata, cerámica de pasta roja muy decantada con una cocción oxidante y engobe rojo, con una amplia gama de formas tanto decoradas como lisas. Las decoraciones presentan motivos vegetales, animales, guirnaldas, círculos, figuras humanas, dispuestas en distintos frisos verticales u horizontales, y ésta determina en muchos casos su procedencia. Su nombre es debido a que en su mayoría presentan un sello o sigillum con la marca del ceramista o taller de fabricación, aspecto muy importante porque marcan cronológicamente un yacimiento. Existen formas lisas aretinas e itálicas (Terra Sigillata Italica o Aretina), otras procedentes de talleres franceses de gran renombre como La Grauffesenque (Terra