Asistencias sanitarias en Reinosa desde el siglo XVII al XIX. El Hospital y la Casa de Caridad. Médicos, cirujanos y boticarios

Javier Gómez Torices

ORIGEN DEL HOSPITAL Y DE LA CASA DE CARIDAD

La fundación de esta institución asistencial, con algunas matizaciones y salvando la distancia cronológica, pudo tener un principio similar al que tuvieron los hospitales medievales ubicados en las rutas de peregrinación para acogida de caminantes. Reinosa ocupaba un punto intermedio en una vía de comunicación con gran afluencia de transeúntes ya a partir del siglo XVI, quienes sin duda, plantarían un serio problema social para una población de escasa densidad demográfica. Esta situación se verá agravada al representar además el centro geográfico de una comarca con un equilibrio económico ligado a las labores del campo y, por tanto, sujeta a diversos avatares (climáticos, sequías, pestes...) que al menor contratiempo colocaban a sus habitantes al borde de la ruina y les obligaba recurrir a la caridad.

No obstante, este conflicto era paliado en cierta medida por el cabildo eclesiástico, quien canalizaba la asistencia a pobres y enfermos a través de una cofradía piadosa (1). Por lo tanto la situación no tomará carácter de problema hasta mediados del siglo XVII, que es cuando se aprecia un importante incremento demográfico en la comarca y se comienza a diferenciar entre la pobreza y la enfermedad, demandándose en consecuencia que la caridad no estuviera exclusivamente bajo el control eclesiástico.
Será pues, a partir de entonces, cuando la administración municipal tome conciencia con la cuestión asistencial de los indigentes e intente buscar una solución a la deficiente atención sanitaria de los pobres de la comarca, proponiendo al resto de municipios, convocados en sesión de Ayuntamiento General, que se involucren y destinen una parte de sus recursos para contribuir a la construcción de un centro de acogida y convalecencia para los enfermos pobres de la merindad, que fuera híbrido entre hospital y casa de misericordia.
Esta propuesta fue bien acogida por los comparecientes, pero como los recursos económicos eran escasos, se tuvo que recurrir a habilitar una vieja casa ubicada en el barrio del Espolón, actual plaza de Diez Vicario; que, aunque contaba con dos plantas (2), tan sólo disponía de seis alcobas para acomodo de los enfermos, a los cuales según el catastro del Marqués de la Ensenada (1752), se asiste de caridad con el alimento y medicinas.
Aquel sistema asistencial que hasta entonces respondía más a un sentimiento religioso que a un verdadero interés por prestar un servicio público pasa a depende; en gran medida, del Ayuntamiento General, quien asigna una dotación presupuestaria y designa a un representante o mayordomo con funciones de control administrativo, encargado de gestionar un modesto presupuesto que, además de cubrir las necesidades de mantenimiento, servía para pagar el salario de la hospitalera encargada del cuidado de los acogidos, y el de su marido con funciones de "peón para todo". El médico municipal a quien se encomienda la atención sanitaria no percibía asignación complementaria por este servicio. Si bien, dadas las limitaciones de la época, la asistencia médica se circunscribe a poco más que una ayuda a un "bien morir" (3).
El cabildo parroquial continúa colaborando y forma parte del organigrama administrativo, y por tanto con prerrogativa para designar a "su" mayordomo quien, juntamente con el municipal, formarán el órgano rector o patronato.


CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO HOSPITAL

Plazuel Espolón, actual Plaza Diez VicarioEl progresivo aumento de población experimentado en pocos años a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, va a dejar entrever las muchas carencias de aquella fundación, circunstancia agravada al ser el único hospital que había en el tránsito y carrera desde el puerto de Santander a Burgos; incapaz por tanto para acoger a todos los necesitados con la suficiente comodidad (4). Este hecho será determinante para que los responsables municipales, con una mentalidad filantrópica muy acorde con la ética de finales del Antiguo Régimen, planteasen al conjunto de la población la urgente necesidad de ampliar el edificio o en su defecto levantar otro con capacidad suficiente.
Todos los municipios del partido, a quienes se llamó a consulta en sesión de Ayuntamiento General, entendiendo desde un principio la grave situación, acogen la propuesta con satisfacción y acuerdan por unanimidad levantar un nuevo hospital. No obstante, la cuadratura de las cuentas seria el momento más difícil, pues la cantidad que se cifraba no encajaba en el presupuesto de los ayuntamientos congregados, decidiéndose por ese motivo enajenar el viejo edificio y destinar su producto a financiar el proyectado (5).
Los regidores de Reinosa se encargan de localizar un emplazamiento adecuado, procurando que estuviera un tanto retirado del centro de la población para evitar contagios. Pero será el Marqués de Cilleruelo, una de las personas más influyentes y acomodadas de la villa, quien compresivo con el problema resolverá al pronto dicha misión, donando al efecto una parcela de terreno que poseía junto al río Ebro hoy calle de los Estudios .
El lugar fue considerado idóneo ya que, además de representar una concesión gratuita, el río mantenía separado el edificio del núcleo de la villa a la vez que lo dotaba de agua corriente; motivos todos ellos más que suficientes para emplazar allí el proyectado hospital.
A partir de entonces será cuando el Ayuntamiento interviene plenamente en su gestión. controlando así la beneficencia y la asistencia médica a los pobres.


POSTERIOR TRASLADO AL EDIFICIO DEL ANTIGUO CONVENTO DE SAN FRANCISCO

En aquella ubicación va a prestar servicios para la población de Reinosa y su comarca durante medio siglo aproximadamente. Si bien, es de advertir que en 1815 el Ayuntamiento de Reinosa de acuerdo con la comunidad de frailes del Convento de San Francisco ya había solicitado al Ministerio de Hacienda autorización para permutar dicha casa hospital por el expresado convento. Aunque la permuta no se llegó a verificar, pues la Orden franciscana resultó no tener ningún derecho de propiedad sobre los terrenos del convento, y contar dicha operación con una fuerte oposición de la familia propietaria (6).
El paso del tiempo va a ser el mejor aliado para que no fuera preciso recurrir a dicha permuta, puesto que en 1835 en virtud de la legislación desamortizadora, el convento de San Francisco pasa, ex lege, a ser un bien patrimonial del Estado y, en 1842, es cedido por la Dirección General de Rentas y Arbitrios a la Diputación Provincial de Santander.
Por entonces los hospitales municipales comenzaban a recibir cada vez más la intervención de la Administración, como lo demuestra el hecho de que fuera la propia Diputación Provincial, por iniciativa de la junta Provincial de Beneficencia, quien en 1848 sugirió a los regidores municipales que solicitaran la cesión gratuita de las dependencias conventuales, abandonadas desde la exclaustración (7) y en estado de semirruina, para tras su rehabilitación, trasladar a él las dependencias del hospital y el Asilo de Caridad.
Aquellas sugerencias darán su fruto y, ese mismo año culminan los trámites de reversión de este bien inmueble al municipio de Reinosa con fines benéficos. Al tiempo que se concede una asignación presupuestaria para su total reparación. No obstante, fue el propio municipio quien adelantó el dinero necesario para la limpieza de escombros, colocando las puertas y ventanas que habían sido arrancadas tras muchos años de abandono.
Una vez remodelado y debidamente acondicionado, se trasladarán definitivamente las dependencias hospitalarias a este edificio que, aunque será inaugurado con el nombre de "Santo Hospital de Reinosa", será más conocido como Hospital de San Francisco en atención a la Orden seráfica que lo ocupó durante varios siglos.
Esta nueva institución, dotada de una mayor asignación presupuestaria va a prestar un importante servicio médico para los operarios accidentados en la construcción del ferrocarril, durante cuyo periodo se aumentó el número de camas. También desde 1852 a 1856 sirve como lugar de alojamiento para las tropas de la Milicia Nacional acantonadas en Reinosa, en cuyo periodo fue necesario reforzar el personal sanitario con todos los galenos y cirujanos que ejercían en la villa, pues coincidió con una grave epidemia de cólera, con especial virulencia en 1855.
En 1856 se traslada a estas dependencias el Asilo de Caridad y se comienza a distinguir entre hospital para enfermos y establecimiento para indigentes, cayendo en la cuenta de que la enfermedad y pobreza se yuxtaponen e interrelacionan.
Tanto el Hospital como la Casa de Caridad se rigen por sendos reglamentos, cuyo régimen jurídico podemos resumir así: el Hospital era un establecimiento de beneficencia municipal, sostenido por el Ayuntamiento y por las subvenciones de los donantes, ejerciendo aquél de patrono. Su objeto era acoger y asistir gratuitamente en su enfermedad a los pobres del distrito, quedando excluidos los enfermos de enajenación mental.
Para ser acogido y asistido gratuitamente en él era preciso estar incluido en las listas de Beneficencia, padecer enfermedad que precisase ser tratada a juicio del médico municipal y que la Comisión de Beneficencia acordara su admisión. También podían ingresar, gratuitamente, para su asistencia en las Salas del Hospital los acogidos de ambos sexos de la Casa de Caridad que cayesen enfermos. Por lo que respecta a esta última, para la admisión eran requisitos indispensables: el ser pobre de solemnidad, tener una determinada edad variable de hombres a mujeres , ser viudo o soltero y carecer de familia.
El progresivo aumento de trabajo y un constante empeño por mejorar las prestaciones asistenciales, serán la causa de que en 1863, el matrimonio que cuidaba de los enfermos, fuese sustituido por tres religiosas de la congregación de Las Siervas de María. Plantilla a todas luces insuficiente, que en 1890 será aumentada con otras dos monjas a quienes se encomienda el cuidado domiciliario de aquellos enfermos cuyas dolencias aconsejaban mantenerles aislados o bien no precisaban de ingreso.
Hay que resaltar, por último, el inestimable papel que este establecimiento jugó en el auxilio a los heridos y repatriados de las guerras de Cuba y Filipinas, en cuya colaboración participó la práctica totalidad del vecindario de Reinosa, sin olvidar la valiosa ayuda de la asociación benéfica Amigos de los Pobres y de la Cruz Roja de Reinosa.

 

MÉDICO

Desde tiempo inmemorial la asistencia sanitaria fue coordinada por el Ayuntamiento General de la Merindad de Campoo, a través del cual se concertaban los servicios del médico, del cirujano y de un boticario.
El galeno, en un principio, era ajustado de forma particular por el municipio de Reinosa, cuyos regidores fijaban el salario de acuerdo con el número de vecinos (8). Pero el sistema resultaba muy costoso dada la escasa densidad demográfica, por lo que a últimos del siglo XVII se asociará con los municipios circundantes, concertándose a partir de entonces y a través del Ayuntamiento General, a un médico para atender a toda la comunidad. Si bien éste tenía la obligación de residir y el deber de despachar consulta en Reinosa. Percibía un salario fijado en proporción al número de habitantes de los municipios firmantes del ajuste y tan sólo visitaba a los enfermos en su lugar de residencia cuando el tipo de dolencia no les permitía desplazarse a la consulta, en cuyo caso percibía por el servicio una cantidad complementaria como dieta de traslado.
Con parecida práctica se continúa hasta que en 1766 el entonces médico titular, Antonio Simón Antuñano, puso de manifiesto que el importante crecimiento demográfico de Reinosa le impedía atender a todas las hermandades al tiempo. Por este motivo prorrogará el contrato únicamente con los municipios de Reinosa y Enmedio, junto con otros seis pueblos de Campoo de Suso.
Esta razonable postura hizo recapacitar a las autoridades de Reinosa, que deseosas de proporcionar un mejor servicio a su población, van a acordar a partir de 1771 concertar en solitario la asistencia médica de sus vecinos. El primer nombramiento de médico titular de la villa recae en Juan Martínez Castilla a quien se le encomienda además de visitar a los enfermos del hospital, la obligación de asistir en sus dolencias a los frailes del convento y presos de la cárcel.


CIRUJANO

El contrario que el médico, el Cirujano o sangrador (9) podía ajustarse por su cuenta con otros concejos a la vez. Además, era práctica habitual entre los cirujanos de la comarca la de auxiliarse mutuamente cuando la sobrecarga de trabajo lo hacía necesario; siendo común que un cirujano de Campoo prestase asistencia a un herido de Reinosa y a la inversa. Estos profesionales que por lo general provenían del ejército, contaban con la ayuda de un mancebo a quien encomendaban las curas menores y la rasura de varbas.
Será en 1731 cuando el Ayuntamiento, por primera vez, concierte en solitario los servicios de un cirujano en exclusiva para los vecinos de Reinosa, y al igual que al médico, se le encomienda la asistencia de los pobres del hospital, frailes del convento y presos de la cárcel. únicamente quedaban exceptuados aquellos enfermos aquejados de humor Galico (10).
Al no existir en Reinosa comadrón o partera, se encarga al cirujano a partir de 1793 que se hiciera cargo de la asistencia a los partos siempre que el caso lo requiera. Debido a este aumento de trabajo, fue necesario a partir de 1798, contratar como refuerzo al cirujano del Ayuntamiento de Enmedio, a quien le encargarán las sangrías y echar las lavativas que fuesen necesarias, con una asignación anual de 120 ducados.

BOTICARIO

La protección farmacéutica también se concierta desde antiguo por el Ayuntamiento, quien por lo general comisionaba al médico titular para ajustar con la persona más idónea. Ésta, a cambio de cierta asignación anual fijada de antemano por ambas partes, se compromete a despachar de forma gratuita a los vecinos más pobres y enfermos del Hospital todos los medicamentos prescritos por el médico. Con este sistema de contratación por periodos que oscilaban entre los 4 y 10 años de media, se continúa hasta 1855 que se crea la figura del farmacéutico municipal, que es nombrado mediante concurso oposición.
Además de este titular, irán estableciendo despacho por su cuenta, a medida que el crecimiento demográfico demandaba sus servicios, otros profesionales que también podían dispensar recetas tanto a los vecinos de la villa como a los de los pueblos limítrofes, con quienes solían suscribir contratos de forma particular.
 


MÉDICOS


Periodo Nombre y apellidos Observaciones
1588 1599 Quintana de Vallecillo
1671 1675 Domingo Marina del Rio Nacido en Loma Somera (Valderredible) el 6 8 1635.
1675 Martín de Salinas Percibía un salario anual de 200 ducados.
1705 1708 José de la Sierra Marroquín Despedido en 1708 por irregularidades en su trabajo.
1708 Francisco López Bustamante Ejerce tan solo durante 6 meses por discrepancias en el salario.
1708 1712 Fco. Manuel de Herrera Carrasco Natural de Medina del Campo. Percibe 5.000 rs. anuales más derechos de visitas. Reinosa contribuye con 1.419 reales.
1712 1716 José de la Sierra Marroquín Despedido definitivamente en 1716.
1716 1719 Jacinto de Arellano Percibe 1.400 rs. anuales. Con la obligación además de asistir a los pobres que "ubiere en el Ospital".
1719 1724 Bernardo Ruiz Bravo Natural de Villapaderne.
1724 1727 Manuel de Laa Se traslada desde Medina de Pomar. Percibe 4.480 rs. anuales, de los que Reinosa paga 1.400. Es posible que se prorrogase el contrato hasta 1740.
1740 1745 Francisco Javier Zervera Natural de Chiva (Valencia). Al contratar médico por su cuenta el Ayto. de Campoo, se despide por disminuir la cantidad que percibía.
1745 1760 José Mayor Procedente del Valle de Tobalina. Percibe 4.000 rs. anuales, de los queReinosa satisface 1.500.
1760 1771 Antonio Simón Antuñano En 1771 se traslada a Villarcayo.
1771 1790 Juan Martínez Castilla El nombramiento de Juan Martínez hasta entonces médico de Campoo de Suso, fue protestado, pero al final sería contratado pues pedía 200 ducados menos que el otro aspirante. En 1778 se le aumenta el salario hasta 600 ducados anuales, por el buen servicio prestado y los numerosos aciertos que ha tenido.
1790 ? Andrés Valles
179? 1799 Nicolás del Castillo
1826 1836 Pablo Seco Fontecha
1836 Gaspar de Rivas Se le aumenta el salario en 100 ducados anuales, con la condición deasistir gratuitamente a los vecinos de Morancas. Pero disconforme con esta obligación, se despide al poco de tomar posesión, ocupando su plaza el médico de Campoo de Suso, Narciso Borrás.
1836 1844 Narciso Borrás Borrás Natural de Areyns de Mar.
1847 1857 Gaspar Manuz y Baldor Percibe un salario anual de 7.700 rs.
1858 1864 Ildefonso Conde Zorrilla Percibe un salario anual de 8.134 rs.
1864 Francisco del Río Percibe un salario anual de 12.000 rs.
1873 Gaspar Manuz Médico municipal, y subdelegado de la jurisdicción, en la que ejercían 18 médicos. Fallece en 1878.
1879 1895 Calixto Andrés Teruel Con un salario anual de 1.500 pesetas. En 1.885 también ejercían la medicina en Reinosa, José de Quevedo Ortiz, doctor en medicina y cirugía; Severino Martínez Conde, doctor en medicina; Agapito Gutiérrez, médico cirujano y Alejandro Isla.
1895 Manuel Hoyos Nombrado con esta fecha, prestó sus servicios hasta 1916, año en que
se jubiló, siendo sustituido interinamente por Arturo Isla Herrero.
 


CIRUJANOS


Periodo Nombre y apellidos Observaciones
1642 Juan Mantilla de la Guerra
1647 Francisco García Porres Tiene como actividad complementaria la cría y venta de ovejas.
1669 Juan Fernández de Cabuérniga
1688 Antonio Macho
1704 Manuel Rubio Ese año se ajusta con el Ayuntamiento de Campoo de Suso, y se traslada a vivir a Barrio.
1704 28 Manuel Gutiérrez Mantilla Se traslada a vivir a la localidad de Barrio al ajustarse con el Ayuntamiento de Campoo de Suso.
1728 1731 Antonio Vélez Procedente de Hoz de Anero.
1731 Tomás del Corral Procedente de Reocín de los Molinos. Concierta en exclusiva la asistencia de los vecinos de Reinosa, incluidos los pobres del hospital. Con un salario anual de 900 rs., para cuyo pago se establece un reparto entre el vecindario.
1739 Antonio Montero Traslada su domicilio desde Barrio (Campoo de Suso) a Reinosa.
1766 69 Manuel García del Barrio Fallece en 1769.
1769 77 Durante este periodo permanece el cargo vacante
1777 Ramón Jiménez Cirujano jubilado de la Real Armada. Percibe 400 ducados anuales como salario.
1788 ? José del Hoyo
? 1793 Manuel de los Ríos Fallece en 1793.
1793 1802 Manuel González Gamarra Procedente de Casa la Reina. Percibe el mismo salario que su antecesor, 400 ducados anuales.
1802 1809 Manuel de Liguerzana Cesa por traslado al valle de Cabuérniga.
1809 1819 Manuel González Santelices Fallece en 1819.
1819 1835 Andrés Casado Negro Procedente de Castromocho, donde ejercía de titular. Cesa en 1835 a petición propia y percibía un salario anual de 900 ducados.
1836 1855 Julián Carceller Con un salario anual de 700 ducados. También ejercía en 1849 como cirujano particular, Manuel de León.
1855 José de Quevedo Ortiz También ejercía como cirujano particular Agapito Gutiérrez.
1856 1857 José María Lombo Percibe un salario anual de 500 ducados.
1858 1859 Juan González Abajo Con un salario anual de 6.600 rs.
1859 1866 Antonio Vicente García Salario anual, 6.600 rs.
1879 1895 Calixto Andrés Teruel Percibe un salario anual de 1.500 pesetas.
1895 Manuel Hoyos También prestan asistencia médica: José de Quevedo Ortiz, doctor en
Medicina y Cirugía, y Severino Martínez Conde, doctor en Medicina.
 



BOTICARIOS

1671 1703 Juan Alonso Bernal En 1671 traslada su botica a Reinosa. Procedente de Paredes de Nava. Percibe un salario anual de 1.000 rs. Fallece en 1.703.
1695 Francisco Gómez del Olmo
1703 Felipe Bernal Hijo de Juan Alonso Bernal. La "corta prebenzión de medicinas" y mal surtida que tenía la botica, serán la causa de que el Ayuntamiento con tratase a Baltasar de Soto Bustamante.
1703 1715 Baltasar de Soto Bustamante Procedente de Melgar de Fernamental. Estaba en posesión del título de "Visitador de Boticas". Fallece en 1.715 y su viuda vende el despacho a Benito García
1715 42 Manuel Sánchez de León Casado con la viuda de Felipe Bernal y Solís, quien "mejora y aumenta" la botica.
1729 Juan Bentura de Morales Abre despacho en 1729 en un bajo que toma en arriendo.
1742 Gabriela Bernal Hija de Felipe Bernal y Solís.
17? Andrés de Ubera Zabala.
17? José del Hoyo Sangrador de profesión.
1768 Miguel Gómez Camaleño Le sucede su hijo Luciano.
1801 Manuel Martín Valle Procedente de Aguilar de Campoo, donde también había ejercido el
oficio.
1804 José Antonio del Hoyo Le sucede su hijo José Antonio del Hoyo.
1814 José del Hoyo, Juan Julián Díez y Barcena Ayudado desde 1882 por su hijo Gonzalo Diez García de los Ríos, en 1895 es designado farmacéutico municipal.
Julián Elósegui Múgica En 1887 traspasa su despacho a Gonzalo Sierra Martínez.
 


NOTAS


(1) La población en general vivía al límite de la subsistencia y la menor adversidad era suficiente para sumir a una familia en la miseria, surgiendo como remedio a esta situación Cofradías y Obras Pías que fundan asilos y casas de Misericordia. Aunque no tenemos constancia documental, es de suponer que la Orden mendicante de San Francisco, establecida en la villa desde el siglo XVI, cubriría en cierto modo las necesidades de los pobres de la comarca, aunque sólo fuera la distribución de alimentos y acogida de transeúntes carentes de medios económicos o desamparados. en dicha institución estuvo funcionando un pósito para préstamo de grano a los campesinos más pobres.
(2) En 1702 se procedió al arreglo de la escalera de madera que comunicaba la planta baja con la primera.
(3) Se disponía al efecto de una asignación para traslado y entierro de los pobres de la zona en el lugar de residencia, además de media libra de zera para dar el Veatico. En el siglo XVIII era obligación del municipio recoger a los enfermos que vagaban por las calles pidiendo limosna y darles cobijo en un establecimiento de beneficencia, para cuyo sostenimiento, los domingos y días festivos, se pedía limosna en la iglesia por los diputados del Ayuntamiento.
(4) Aunque también es cierto que en la villa de Aguilar de Campoo, situada en la vía que unía Santander con Palencia, funcionaban dos hospitales desde el siglo XVI.
(5) La venta se llevo a cabo en 1800 y se obtuvieron 28.500 reales, que fueron colocados en la Real Caja de Amortización para que sus réditos 855 reales anuales contribuyeran al mantenimiento del nuevo hospital, cuyo presupuesto se cifraba en 1.500 reales anuales.
(6) A pesar de que el Provincial de los Franciscanos intentó por todos los medios persuadir de su actitud a dicha familia, por quien al evacuar el oportuno informe, se alegó entre otras consideraciones: "... que el terreno en que está situado el convento ni es de la villa ni de la comunidad, sino de la familia del fundador...". Estas consideraciones se las debo a mi buen amigo Javier González de Celis, qui7n me ha proporcionado los datos.
(7) En el caso particular del Convento San Francisco, éste fue abandonado por los frailes durante la Guerra de la Independencia, no volviendo a ser habitado nunca más de forma permanente hasta 1833, y por un breve periodo de tiempo, toda vez que en 1835 fueron exclaustrados definitivamente.
(8) En el caso de Reinosa, cuando en 16.. se concierta con don Martín de Salinas, se acuerda asignarle como salario anual la cantidad de 200 ducados, de los que 100 se pagan de propios y rentas, y los otros 100 de un reparto entre el vecindario.
(9) Cuya denominación se daba a aquel profesional dotado del correspondiente título, aunque por lo general se hacía extensivo el apelativo a toda persona que practicaba curaciones por medio de la sangría, si bien éste era el ministante o barbero, que representaba para algunas clases sociales el único sanitario al alcance de sus posibilidades.
(10) La curación de estas afecciones llamadas secretas no estaba cubierto por el galeno municipal. El largo tratamiento era muy costoso y suponía un ingreso suplementario para el cirujano que estaba autorizado a cobrar de forma particular.