Casimiro Sainz Saiz. Datos para una biografía

Teodoro Pastor Martínez

Hace 145 años nació en Matamorosa -Ayuntamiento de Campoo de Enmedio-, Partido judicial de Reinosal el día 4 de Marzo de 1853, Casimiro Sainz Saiz. Fue su padre D. Francisco Sainz Martínez, natural de Incinillas del partido de Villarcayo, en la Provincia de Burgos, de profesión Albeitar (Veterinario), la cual ejerció en Matamorosa donde conoce a Dª Plácida-Ignacia Saiz Mantecón, natural de Matamorosa, contrayendo matrimonio en el mismo pueblo el 12 de Mayo de 1830. Tuvo el matrimonio diez hijos: María, Juan, Anastasia, Manuel, Saturnina, Lorenza, Modesta, José, Luisa y el menor de todos, Casimiro.

Óleo pintado a Casimiro Sainz por su gran amigo el pintor cubano Eduardo PelayoCuando nuestro artista tiene solamente once meses, muere su madre de una epidemia de cólera, enfermedad frecuente en aquellas calendas; a partir de entonces es atendido por sus hermanas mayores.

Su niñez transcurrió como la de cualquier chico de su edad, asistiendo a la Escuela del pueblo donde aprende la lectura, la escritura y las cuentas. Fue un chico vivaz y despierto que enseguida mostró su buena disposición y afición para el dibujo. Su maestro, al descubrir en él esta inclinación, le regala de vez en cuando lápices y papel, lo que constituye para Casimiro el mejor premio.

Cuando contaba 13 años de edad (1866), le envía su padre a Madrid, para que su cuñado D. Miguel de Hoyos, casado con su hermana María le adiestrara en el comercio de ultramarinos, donde poseía un establecimiento en la Calle Barquillo.

La ocupación nunca fue del agrado de Casimiro, pero para su familia aquello era más práctico que pintar "la mona". Pero su cuñado, al ver la afición del muchacho, le proporcionó las clases de un maestro de obras llamado Bravo, para que le enseñara las nociones más fundamentales del dibujo.

Los tres primeros años de su estancia en Madrid transcurren alternando la tienda con el dibujo, pero una dolencia que se le presentó en la pierna y brazo izquierdo, le impedían continuar con el comercio.

Estamos cansados de haber oído decir que la cojera que padeció Casimiro fue debido a una patada que le propinó su patrón; ello es totalmente incierto, su patrón era su cuñado y la causa, como dejamos apuntado, fue un tumor blanco en la articulación inferior de la cadera izquierda, que a pesar de haber sido tratado no pudo llegar a su curación, siendo la causa de su muerte a los 45 años. Esta enfermedad que fue una desgracia para él, pues le produjo la cojera que siempre sufrió, le puso definitivamente en el camino del arte; pero aquí también comenzaba su desventura.

Esta circunstancia le hizo volver a Matamorosa a casa de su padre y hermanos, y mientras se intentaba su curación dio rienda suelta a su afición pictórica; se entusiasmaba con sus dibujos, sin acordarse de comer, ni siquiera de curarse. Casimiro mostraba las pruebas definitivas que caracterizan a los artistas: vocación, inspiración, firmeza en su carácter y convicciones y constancia en el trabajo. Sus ojos eran negros, vivos y penetrantes, siendo su carácter apacible y tolerante.

Así era ya Casimiro, un espíritu superior.

A finales de 1870 regresa a Madrid, pero esta vez para estudiar definitivamente dibujo en la Academia. Asistió en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid a las clases de Dibujo. En ella siguió su aprendizaje y se preparó para su ingreso en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, más conocida como Academia de San Fernando.

En la Escuela de Artes y Oficios ya obtuvo premios y matrículas de honor en los años 1870 y 1871.

Para ingresar en la Academia de San Fernando había que pasar un examen que consistía en la copia de un dibujo de desnudo de hombre y pasó esta prueba con toda facilidad.

Se matricula en San Fernando en el curso 1872 / 1873, y es pensionado por la Diputación Provincial de Santander con una beca de 750 pesetas al año.

En el año 1873 conoce en la Academia al que será su gran amigo, el jienense D. Manuel Fernández Carpio con quien compartió su vida más intensa de artista y bohemia.

Nacimiento del EbroEse curso trabajó y estudió con tanta constancia y entrega que en un solo año cursó las seis asignaturas de la Escuela de Bellas Artes. Casimiro pisaba con fuerza y no tardó en conquistar la estimación de sus profesores y la admiración de sus compañeros, considerándosele entre los más selectos de ellos.

Tuvo Casimiro entre sus profesores a pintores destacadísimos, como el hispano-belga D. Carlos Haes, que fue quien introdujo en España el paisajismo, D. Vicente Palmaroli y Gisbert, entre los principales.

En su época de alumno trabajó mucho, pues aparte de las clases, iba a pintar a la Casa de Campo, Jardines del Moro y visitaba con asiduidad el Museo del Prado donde estudiaba y admiraba a los grandes de la pintura española y universal.

Como si presagiase que su vida iba a ser corta, trabajaba sin descanso dedicando muchas horas a la pintura. Entre los años 1875 a 1881 hizo su vida de artista más intensa en Madrid, Toledo, Ávila y Segovia.

En el año 1876 se presentó por primera vez a la Exposición Nacional de Bellas Artes, que se celebró en el Palacio de la Fuente Castellana - Pabellón de Indo, aportando dos bellos cuadros: "El descanso -Estudio de pintor -¿Qué pensará?" y 1a calle de Tetuán, a espaldas de la Iglesia del Carmen -Madrid.

Con "El descanso" obtuvo Medalla de Tercera Clase, fue adquirido por el Estado en 750 pesetas, pasando al Museo de Arte Contemporáneo o Casón del Buen Retiro, donde se conserva, aunque en la actualidad se encuentra cedido al Instituto Técnico de Murcia. El cuadro reproducía un rincón del Estudio que poseía D. Vicente Palmaroli, con la figura de una mujer y un joven pintando; para la figura del joven le sirvió de modelo un compañero y excelente pintor cubano, llamado Eduardo Pelayo, que luego realizó un bello retrato de Casimiro; en el fondo del estudio y colgado de la pared pinto un paisaje de las Orillas del Manzanares, en el cual estampó su firma y fecha; esta obra y por este motivo es de las que los entendidos denominan "cuadro sobre el cuadro".

Nuestro D. Demetrio Duque y Merino nos relata en la revista "De Cantabria" las siguientes opiniones de dos destacados profesores y críticos de arte.

D. Francisco de Paula Canalejas decía que en esta Exposición "los pequeños son los grandes" y D. Francisco Balart afirmaba que el pintor está hecho y derecho, que tiene lo genial y lo aportado por el estudio del natural tan fielmente tratado, que esa calle en día de lluvia embarraba al espectador, refiriéndose al de la calle de Tetuán".

Desde esta fecha empezó a disfrutar de la gloria, que después confirmaría definitivamente con otros cuadros de bella factura.

Era considerado por otros artistas que le ofrecían su amistad y estimación. D. Vicente Palmaroli le dejaba junto a otros ex-alumnos pintar en su estudio de la Calle de la Flor Alta.

Sus triunfos iban creciendo y varios comerciantes le proponen una representación en exclusiva para vender toda su producción; se la concede a D. Pedro Bosch, que tenía un establecimiento en la Carrera de San jerónimo. Y lo que debería de haber sido un alivio para el pintor, fue su asfixia económica; fue engañado con halagos y buenas palabras; pues el marchante vendía sus cuadros a buenos y altos precios y a él le pagaba bastante menos, en veces y muy tarde; quizás estos abusos fueron en parte uno de los motivos que le llevaron a la locura, pues se irritaba mucho.

Vista de la casa natal de Casimiro SainzEntre los años 1878 y 1881 cambia con frecuencia de domicilio y estudio. D. Manuel Fernández Carpio toma estudio en 1878 en la Calle de la Cabeza no 80, yéndose Casimiro a vivir con él compartiendo estudio y vivienda. A principios de ese verano surgen muestras alarmantes de su perturbación mental. En 1879 el pintor D. Vicente Cutanda, gran amigo de Casimiro, le cedió su estudio de la calle de Cedaceros; en él pintó obras importantes como "Una Florista" en tamaño natural por encargo del Café de la Iberia y "Orillas del Manzanares", por el cual le dio su representante cincuenta duros, pero pagado en veces de 3, 4 y 5 duros; dicho cuadro fue vendido por el marchante a la Reina Regente D' María Cristina en cinco mil pesetas. Como pueden comprender ello da lugar a los enfados irritantes de nuestro artista.

A mediados de 1880 el Sr. Fernández Carpio deja su estudio de la Calle de Cedaceros y se trasladan a vivir a una casa de huéspedes de la Calle de Gravina.

En 1881 vuelve a tomar estudio y vivienda en la Calle de San Vicente Alta nº 23, también con Fernández Carpio, en esta época va a trabajar al jardín de su "protector" situado en el Barrio de Pozas, y pinta allí dos fabulosos cuadros de cerca de un metro y medio de altura, "Vistas de un jardín" y "Vistas de un invernadero", son los últimos que pintó con la razón cabal. En esta época dice Fernández Carpio que una noche se levantó "en ropas menores, desencajado el rostro y los ojos inyectados de sangre" lo encontró visiblemente perturbado; preocupado Carpio durante toda la noche por el estado de nuestro artista, decide a la mañana siguiente llevarle a casa de su hermana María y allí avisan inmediatamente al médico, quien le recomienda descanso y, por ver si mejora, le envían a Matamorosa a casa de sus hermanos Manuel y Modesta. En la tierra natal mejora su salud y pinta algunos de sus mejores cuadros de La Montaña. Ese mismo año y tras anunciarse una nueva convocatoria de la Exposición Nacional de Bellas Artes, su marchante presenta en ella los siguientes cuadros: "Vistas de un jardín", "Vistas de un invernadero", "Lavanderas en el Manzanares", "Paisaje de Toledo" y "Una huerta de Toledo".

Con "Vistas de un jardín" obtiene un nuevo éxito al conseguir Medalla de Segunda Clase, aunque según opinión de los expertos merecía la primera. Los cuadros pintados en el jardín del Barrio de Pozas fueron adquiridos por el banquero Sr. Rostchild. Afortunadamente uno de estos cuadros ha regresado a España y se encuentra en manos de un importante hombre de negocios cántabro.

Bastante restablecido, regresa a Madrid en 1884, instalándose en casa de su hermana Luisa, que vivía en la Calle de Silva.

Al poco de regresar se celebra la Exposición de la Sociedad de Escritores y Artistas y presenta tres cuadros que había pintado en Campoo: "Un rebaño", "Cercanías de un Monasterio" (se trata de Montesclaros) y "El guardián de la casa". Este cuadro representa la puerta de una casa de labradores. Firma como Cro. Sainz Saiz y tiene la fecha completa: 25 de julio de 1883. Este cuadro se encuentra en Reinosa. No es normal que firmara de esta manera, pues solía hacerlo como Cro. Sainz, y como mucho ponía el año, que no siempre lo hacía. Obtiene un juicio muy favorable por parte de la crítica.

En esta larga convalecencia pasa bastantes temporadas en Montesclaros, de cuyos paisajes realiza numerosos apuntes y pinta también bastantes cuadros del lugar. En los primeros días de Enero de 1886, traslada nuevamente su estudio a la Calle Malasaña nº 16, quedando sólo, pero a los pocos meses, no pudiendo pagar la renta, es desahuciado por el juzgado; su cuñado D. Miguel de Hoyos se hace cargo de la deuda y retira los cuadros y enseres que en la misma deja abandonados.

Monumento a Casimiro Sainz. Parque de Cupido. ReinosaPor consejo del eminente Doctor Simarro marcha de nuevo a Matamorosa a casa de sus hermanos. Pinta muchos cuadros en los periodos que tiene lucidez y los vende por verdaderas limosnas y por comida.

Ajeno de Madrid, se vuelve a convocar nueva Exposición de Bellas Artes, y el representante envía a la misma su cuadro "Montesclaros".

A finales de 1887, regresa nuevamente a Madrid y vive con sus hermanos Dª María y Dº Miguel, retorna el estudio de su amigo D. Vicente Cutanda en la Calle de Cedaceros, pero permanece muy poco tiempo en él.

El pintor D. Eduardo Pelayo, también gran amigo de Casimiro -les llaman "los inseparables"-, le encuentra en una céntrica calle de Madrid, después de un viaje que le tuvo alejado de la capital, en unas pésimas y deficientes condiciones, pero es a la única persona que hace caso y se le lleva a vivir al estudio de la Calle Españoleto con la ayuda del distinguido pintor Cecilio Plá, que pared por medio tenía su estudio y prestó a Pelayo. Allí permanece dos años y sigue pintando, pero en estas fechas se acentúan los ataques furiosos y los trastornos definitivos de su mente.

El día 21 de febrero de 1890 ingresa en el Sanatorio Psiquiátrico del Doctor Ezquerdo en Carabanchel, donde le llevan sus amigos D. Eduardo Pelayo y D. Ángel Avilés.

La Diputación Provincial le concede una pensión de 1.800 pesetas anuales, que le sirvió para cubrir decorosamente su estancia en el Sanatorio, haciéndose cargo la familia de los gastos relativos a vestuario y aseo.

El 5 de Mayo de 1890, una nueva Exposición de Bellas Artes se inaugura por la Reina Regente Dª María Cristina y la Familia Real. En ella participan los siguientes cuadros. "Colegiata de Cervatos", "Paisaje Campurriano", "Vista de la Vega de Matamorosa", "Procesión de Montesclaros" y "El Nacimiento del Ebro" éste, por la petición hecha a la Diputación Provincial por su sobrino D. Luis de Hoyos Sainz, ya que para esas fechas el cuadro ya obraba en poder de la Diputación.

Nuevo éxito de la pintura de Casimiro, por "El Naci miento del Ebro" se le concede una Segunda Medalla. El prestigioso crítico D. Federico Balart, del que ya hemos dado otras opiniones, dice del cuadro premiado: "Expuso en esta Exposición Casimiro Sainz su justamente celebrado "Nacimiento del Ebro", uno de los mejores, de los más finos que se vieron en este Certamen, no escaso en ellos".

Otra Exposición Nacional de Bellas Artes es inaugurada el 22 de Octubre de 1892, es la última Exposición a la que acudirá un cuadro de Casimiro, en esta ocasión el denominado "Fuentes del Ebro"; el crítico D. Pedro Madrazo y Kuntz alaba este pequeño cuadro de "delicada visión".

El 19 de Agosto de 1898 falleció a las seis y media de la mañana a consecuencia de la infección purulenta de su pierna.

El Director del Sanatorio Doctor Ezquerdo dijo que su muerte fue tranquila, y el cuerpo enterrado al día siguiente 20 en el Cementerio de Carabanchel.

El Círculo de Bellas Artes de Madrid organiza una magna Exposición en honor y como homenaje al preciado artista, en cuyo catálogo figuraban 107 cuadros, que fue inaugurada el día 2 de Enero de 1899. Presidió el acto el famoso político conservador D. Francisco Romero Robledo, Presidente del Círculo.

La Exposición fue muy concurrida, destacando entre los visitantes la Reina Regente Dª María Cristina y la Infanta Dª Isabel.

En la velada necrológica intervinieron brillantemente los críticos de Arte, D. Manuel del Palacio que le dedicó un bello soneto del que destacamos el siguiente verso:

Retratado en sus obras y a la vista
tenéis al que la patria llora ausente,
podrá alguno decir ¡era un demente!
pero dirá también ¡era un artista!

Y D. José Ramos Carrión, la siguiente quintilla.

Entre penas y dolores
en días abrumadores
el infeliz ya demente
pintaba más cuerdamente
que muchos cuerdos pintores.

Estos versos definen muy claramente el alto concepto que de su pintura y persona tenían estos prestigiosos críticos.

Traslado de los restos de Casimiro Sainz por las calles de ReinosaLa provincia de Santander y su familia fueron los que más cuadros aportaron a la misma, de su recogida se encargaron, en Santander D. José María de Pereda; en Reinosa D. Demetrio Duque y Merino y en Torrelavega D. Adolfo Rebolledo.

Tuvo Casimiro una enorme afición al estudio de la Filosofía y de la Literatura y adquiría todo lo que se publicaba; seguramente la locura de tipo místico religioso no fue en poco influida por la lectura de obras de Filosofía y Teología de los místicos españoles.

Compraba sus obras en la Librería JOE, de la que era dueño un pariente del Sr. Fernández Carpio. Allí conoció y trató al poeta D. Ramón de Campoamor y a los eruditos Núñez de Arce, Selles y otros intelectuales de la época.

También era muy aficionado a la declamación, sobre todo de la poesía épica y patriótica.

El cuerpo de Casimiro quedó lejos de la tierra que amó y que reflejó como nadie en sus cuadros.

En 1912 y 1919 se iniciaron unas campañas con el fin de perpetuar en un monumento su memoria. Estas campañas empezaron con mucho ímpetu. La de 1912 en el semanario reinosano "El Heraldo de Campoo" pretendía la erección del monumento en un paseo de la ciudad, para lo que se nombró una comisión. En un interesante artículo el escritor D. Ramón Sánchez Díaz dice que el propósito no debe quedar reducido a la iniciativa particular, sino que el Estado debería intervenir en el asunto, invocando al Sr. Alba, entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, para que atendiese esta justa petición; también se ocupó del tema la prensa de Madrid, pero este intento no llegó a feliz término.

En 1919, con motivo de la Exposición Internacional de Bellas Artes que se celebró en Santander, se volvió a insistir en dicha idea. Uno de los más entusiastas fue el abogado y periodista reinosano D. Santiago Arenal, pero otra vez el intento no fructificó.

Posteriormente la Comisión de Reinosa encargó a sus representantes en Madrid, Sres. Rodríguez de Celis, Ruiz Senén y Emilio Herrero, que fueron en definitiva los que resolvieron el asunto, al contratar con el escultor D. Victorio Macho la construcción de la estatua en el precio de 12. 000 pesetas, quedando a cargo del Ayuntamiento de Reinosa y la Comisión todo el resto del monumento.

Presidencia durante el acto de colocación de la primera piedra del monumento a Casimiro SainzEl pintor y profesor de la Escuela de Industrias de Santander, D. Manuel Fernández Carpio, a quien reiteradamente nos referimos y del que hemos tomado algunos apuntes, en 1922 se entera de que los restos del pintor pueden pasar a la fosa común; da la voz de alarma y la idea se recoge en el Periódico "El Cantábrico" de Santander. Inmediatamente la dirección del mismo encarga al periodista campurriano D. Emilio Herrero, en aquella época corresponsal del periódico en Madrid, la realización de todos los trámites necesarios para recuperar sus restos y trasladarlos a Reinosa. Se forma una Comisión en Madrid compuesta por los siguientes señores: D. Victorio Macho (escultor), D. Nicanor Rodríguez de Celis (arquitecto) representando al Círculo de Bellas Artes de Madrid y D. Emilio Herrero, designado por "El Cantábrico", y que estaban conectados con la Comisión de Reinosa que presidía el Alcalde D. Dámaso Pérez Arenal. El santanderino D. Juan José Ruano, que era subsecretario del Ministerio de Hacienda, apoyó los arduos trámites de la Comisión para conseguir el traslado de los restos.

Por fin el 15 de Agosto son exhumados, siendo colocados en una caja de caoba, juntamente con residuos del hábito con que fue vestido el cadáver y trozos de la caja mortuoria, así como una sandalia.

Para todo ello, en Reinosa todas las fuerzas vivas, municipales, culturales y deportivas, escuelas y todo el pueblo en general habían preparado con todo detalle la recepción de los restos, así como todos los actos a celebrar.

El día 18 de Agosto salieron de Madrid en el tren expreso y al amanecer del 19 llegaban a Reinosa a primera hora de la mañana acompañados por las comisiones que en Madrid se habían formado para el evento, justamente a los 24 años de su muerte.

En la sala de espera de la Estación se había instalado la capilla ardiente y a ella fueron llegando todas las representaciones de Reinosa y las que se habían desplazado el día anterior desde Santander.
Todo el pueblo de Reinosa se sumó al acto, que fue presidido por el Capitán General Marqués de la Rivera quien ostentaba la representación de la Casa Real.

En procesión cívica y religiosa se trasladó el arcón con los restos, llevados a hombros por cuatro mozos de Matamorosa que portaban brazaletes negros, rezándose un responso en la Iglesia Parroquial.

El arcón quedó depositado en la Capilla de nuestro Cementerio. Por la tarde se puso la primera piedra del monumento, el cual sería inaugurado el 23 de Septiembre de 1923 en las Ferias y Fiestas de San Mateo con la misma solemnidad que el año anterior se había efectuado el traslado.

El día 20 de Agosto de 1922 el periódico "El Cantábrico" a toda plana decía:
"REINOSA Y LA MONTAÑA TRIBUTAN UN HOMENAJE DE GLORIOSA RECORDACIÓN AL GENIAL ARTISTA".

D. Fernando Segura Hoyos, que firmaba con el seudónimo de "Nostradamus", descendiente de ilustre familia de Valdeolea y que ostentaba el cargo de jefe de Redacción de "El Cantábrico", en un sentido poema termina con el siguiente verso:

Insigne artista: en tu existencia triste
tanto creaste y padeciste tanto
y era tal tu bondad, que en vida fuiste
¡Genio, Mártir y Santo!

A Casimiro siempre se le ha encasillado como paisajista y, desde luego, lo era y de los mejores de su tiempo, pero dominaba la figura con la misma habilidad que el paisaje.
Era un maestro y tendremos ocasión de comprobarlo en la Exposición que con motivo del centenario de su muerte está organizando con todo cariño y meticulosidad el Museo de