Celestino Cuevas, un pintor de ida y vuelta

José Aja

"El fantasma del espejo arrastra mi carne hacia fuera, y al mismo tiempo,
todo lo invisible de mi cuerpo es capaz de investir a los otros cuerpos que veo".
Merleau- Ponty
 
     Artista inquieto, inconformista y siempre bus­cando nuevas formas dentro del lenguaje pictórico, Celestino Cuevas ha sabido man­tenerse en la línea de fuego de la vanguardia del arte. Siempre atento y a la intemperie, nos ha ido dejando una obra de una calidad excepcional, rica en todos y para todos los sentidos. Esa inquietud le ha llevado a estar en contacto con las vanguardias internacionales, en unos años donde era muy difícil el acceso a lo que sucedía al otro lado de nuestras fronteras.
 
La Línea, 1961-1989. Site specific. Reinosa     La instalación de un autobús de la línea que cubría el recorrido desde Reinosa a Polientes en el Instituto de Bachillerato, lugar en el que tuve la suerte de conocerle como profesor de dibujo, es un buen ejemplo de ello: un objeto encontrado de tales dimensiones recuperado como obra de arte y ubi­cado, no en un museo, sino en un centro educativo, nos habla de la capacidad de Celestino Cuevas para hacer saltar por los aires todas las normas que as­fixian a la expresión artística. Unos cuantos años más tarde de esta instalación, en el verano de 1987, me veía yo con un grupo de amigos subidos en unas motos semienterradas en la Documenta 8 de Kassel, referencia internacional del arte más van­guardista. En Reinosa nos subíamos a La Línea, hasta que dos años más tarde se amputó ese pro­yecto por el desconocimiento de lo que allí se tra­taba. Celestino pudo haber defendido su trabajo, pero tomó la decisión de que fuera ese final también parte de la obra. Por mucho que se empeñen en ani­quilar el arte, siempre resurgirá de sus cenizas, puesto que lo que el arte busca no es su materiali­dad, sino la esencia que le procura la forma en que se modela esa materia. Eso ahí está, ahora como do­cumento, que es otra forma de hacer arte.
 
El-la, 1984. Óleo / lienzo y objeto. 210 x 200 cm. Cortesía Galería Siboney     Pintor de ideas, conceptual, su pintura sin em­bargo mantiene un pulso constante con ella misma, como en esa imagen donde se nos muestra tensando como si se tratara de un arco, no hay prisa, (1981) uno de sus propios cuadros. Todavía guardo la sen­sación de esas obras de gran formato, en las que desde un dominio total de la técnica de la pintura, asume los riesgos de otros significados que se inser­tan ella, jugando desde la metáfora e instalándose en una posición neobarroca, el pintor en la pintura, como Velázquez y las meninas, y como nos mues­tra Celestino en ese cuadro titulado El- la (1984) En esos años 80 compartimos en su estudio de Reinosa muy buenos momentos en los que dedicamos el tiempo a discutir de pintura; tiempo en el que trans­curre mi formación en Barcelona, donde tengo como profesores a Ferrán García Sevilla y Xavier Grau, que serían mis próximas referencias y que comparto calurosamente con Celestino. Ya en los 90, coincidimos en Madrid, el ambiente es más con­ceptual, y su obra se desprende durante esos años del cuadro como soporte, es como si todo el objeto de su pintura se hubiera independizado del plano del cuadro, para instaurarse por sí sola como un ob­jeto reencontrado. Desde esta doble sabiduría, de las formas y de los contenidos, Celestino Cuevas co­mienza a desprenderse de las manos en un sentido tradicional, se podría decir que traiciona a la mano por acercarse a la pintura como idea.
 
     Desde sus inicios en los años 60, y su posicionamiento a lado de las corrientes más radicales del momento, como el Pop, pero con la originalidad de alguien que lo practica desde posiciones muy cer­canas al realismo mágico, los objetos tradicionales son tratados de tal forma que se crea un ambiente de inestabilidad que le sitúa fuera de las prácticas académicas del momento. En estos años 90, de frialdad conceptual, conozco a Manolo Quejido, pintor de esencias como Celestino, y uno de mis mayores apoyos en esto de la pintura, alguien capaz de resistir desde la pintura como idea, pero con la inteligencia para saber que a la pintura hay que de­jarla hacer. "La pintura se pinta sola", en el espejo añadiría yo, sabe bien que en la pintura tiene que haber algo más, que con la pintura, pensamos, de­cimos... por lo que para estar en ella, hay que estar en el mundo; estamos atravesados por un flujo con­tinuo que nos mueve a pensar/pintar constante­mente. Y ese estar en ella es de lo que nos está hablando la pintura de Celestino Cuevas, o a la in­versa, la cosa en mí, expresión elegida por el pro­pio artista para titular la retrospectiva que le dedicó Caja Cantabria en el año 2003. La pintura se com­plica, como ha escrito Ángel González en uno de los ensayos de su último libro a propósito de la ex­posición de Manet en el Museo del Prado:"... al ver que en el cuadro alguien nos ve y se deja ver, invo­lucrándonos vivamente en todo lo que hace y le concierne, como si cada uno fuera la imagen del otro en un espejo, con lo que ello implica, no solo de inversión o reciprocidad, sino también de desli­zamiento y alteración de la atención....ya que los espejos son el lugar donde el cuerpo se anuda y se coordina, se constituye, y de un modo que no es propiamente anatómico, sino fisiológico. Esto es: no como un conglomerado de formas, sino como un plexo de funciones".
José Aja, julio de 2008
 
 
La Línea (ida), 1999. Acuarela / papel. 24 x 30 cm. Colección particular. Reinosa      La Línea (vuelta), 1999. Acuarela / papel. 24 x 30 cm. Colección particular. Reinosa

 
     "El espectador es fundamental en la realización de la obra, no porque el autor piense en él, sino porque esta se realiza cada vez que alguien la contempla. De tal manera que cuanto más vacío esté el signi­ficado mejor para que el espectador proyecte o complete de manera personal. Así, los significados que se le apliquen pueden ser contradictorios según quien se acerque a ella, incluso, ciñéndonos a cada paso, dependiendo del momento. Por supuesto que dentro del grupo de potenciales espectadores que completan la obra se encuentran unos más influ­yentes que otros: críticos, historiadores, marchan­tes, comentaristas, coleccionistas, otros artistas o el propio artista que explica qué pretende. Todo ello se decantará en la reacción de cada espectador por se­parado, por lo que podemos decir que la obra es un "espeio" en donde el espectador se ve a sí mismo. La obra es especulativa".
Celestino Cuevas
 
(Entrevista de Óscar Alonso Molina a Celestino Cuevas.
Texto sacado de: (Contra) espeio del arte de Óscar Alonso Molina incluido en el catálogo La cosa en mi: Celestino Cuevas, p. 23-24. Exposición. Del 18 de septiembre al 2 de noviembre de 2003.
Santander: Caja Cantabria: Obra Social, 2003)

Dos figuras, 1986. Óleo / lienzo. 210 x 200 cm.     Espeio XI, 2000. Óleo / lienzo. 200 x 200 cm. Cortesía Galería Siboney