De Julióbriga a Octaviolca

José María Robles Gómez

I. EL YACIMIENTO DE REBOLLEDO DE VALDEOLEA (EL CONVENTÓN)

En nuestra comarca campurriana existen, además de las ruinas de Julióbriga, otros yacimientos arqueológicos de gran interés, pero olvidados poco tiempo después de su hallazgo.

Me refiero a los que están en Valdeolea, próximos a Mataporquera, un conjunto de restos romanos quizá identificables con la antigua Octaviolca, que, según cierto documento, estaba situada a diez millas al sur de Julióbriga. También han aparecido allí ruinas de una iglesia y una necrópolis medievales instaladas sobre uno de los yacimientos romanos, lo mismo que ocurre en Retortillo.

Restoa Arqueológicos de Camesa

Voy a describir cada uno de estos yacimientos omitiendo detalles y tecnicismos más propios de otras publicaciones. A cambio, incluiré algunos datos sobre las circunstancias de su hallazgo. Puedo hacerlo porque yo mismo fui el promotor de los descubrimientos, a los que llegué no por azar, sino tras años de búsqueda y acumulación de indicios y, ante todo, desde la curiosidad e interés que siempre tuve por el territorio de Camesa, donde nací y me crié.

Para quienes se acerquen a Valdeolea, el yacimiento de Rebolledo es el único que merece ser visitado, pues conserva todavía espectacularidad pese a los años de abandono y a los destrozos que han causado en él más que los agentes naturales, la incultura y la envidia de personas próximas al lugar, También es el único sobre el que existe alguna publicación: una Memoria de las dos pasadas campañas de excavaciones realizadas en 1981 y 1982 (García Guinea y otros: 1985), y varios artículos en revistas, que más tarde citaré.

Este yacimiento se halla a 1 km. de Mataporquera en dirección N., sobre un montículo bordeado por la carretera que nos lleva hacia Rebolledo y a Castrillo del Haya. Se trata de un yacimiento muy complejo, ya que en el mismo espacio se superponen hasta cuatro ocupaciones bien diferentes, dos de época romana y otras dos Posteriores. De ahí su extraordinario valor, y el interés que debería existir por su conservación y estudio.

El visitante hallará en los niveles superiores una extensa necrópolis de los siglos VIII al XIII en torno a una ermita que ocupaba la cumbre del montículo. Debajo de la ermita y de una pequeña parte de la necrópolis aparecen las ruinas de un edificio romano, habitado en dos etapas (ss. I-III d.C y IV-V d.C.) y destinado más tarde a enterramientos en la época visigoda ( ss. VI-VII). Comenzamos a describir este edificio, que no guarda ningún parecido con los excavados hasta ahora en Julióbriga.

Las ruinas romanas

Aún no se conoce la funcionalidad de la edificación romana. Parece una vivienda de cierto confort. con unas pequeñas instalaciones termales distribuidas en varias estancias, al estilo romano. En lo excavado, el edificio tiene una forma casi cuadrada, de 26,80 m. en el eje NS y 24,80 en el de E-W Ocupa el lado este del montículo, y, es importante señalar que ha sido construido en tres plantas a diferentes niveles, adaptándose al declive de la loma hacia el sur.

Planta superior

Sobre el terreno allanado en la cumbre está la planta superior, no excavada aún totalmente y en pésimo estado de conservación, ya que fue ocupada más tarde por la ermita y los enterramientos medievales. Tiene una superficie de 11 m. en el eje N-S y 20,50 m. en el E-W.

Se aprecian en esta planta algunos restos de muros que, al igual que los del resto del edificio, presentan una orientación NE-SW y NW-SE, mientras que los de la ermita siguen los ejes N-S y E-W. Se conservan también restos del suelo romano, hecho de mortero y bien diferenciado del medieval, más elevado y fabricado de tierra o ladrillos. Además, destaca en el centro del suelo de la ermita una basa cuadrada, de 80 x 76 cm, pero pertenece al edificio romano, ya que tiene la misma orientación de éste.

Planta media

Planos de las ruinas de CamesaAl sur de esta planta y sobre el nivel medio de la ladera se construyó la planta principal, a un desnivel de 1,80 m. de la superior. Ambas están separadas por un largo - quizá también alto - muro de contención y se comunican por una entrada abierta en éste, que conserva dos escalones.

Bajando por estos escalones desde la planta superior a la principal, entramos en un pasillo de 11,40 m. de largo en el eje E-W y 2 m. de ancho, que ocupa el espacio paralelo al muro de contención. Desde este corredor accedemos por la izquierda a una amplia estancia de 8,85 m. (N-S) y 3,85 m. de anchura (E.W) -aunque en la parte central debía de tener más anchura- , y que probablemente servía de comedor (triclinium). Volviendo al corredor y cruzándolo hasta su extremo E, entramos en una habitación de 7,10 m. (N-S) x 6,05 m. (E-W). Por la parte central y en dirección sur, el pasillo se junta con otro perpendicular, de 9,50 m. de longitud y 1,95 m. de anchura, que procede de la entrada exterior al edificio por el lado sur. Finalmente, desde la entrada principal y a través de este último pasillo, se accede por la izquierda a la mencionada habitación de 7,10 m x 6,05 m. y por la derecha a unas habitaciones menores, construidas en torno a un pequeño patio (atrium).

Planta en semisótano

La planta inferior del edificio romano está situada en el lado W y a un desnivel de 1,25 m. con relación a la principal. Ocupa toda esta planta un grupo de estancias destinadas a baños termales. Para el visitante de este yacimiento es el conjunto termal el que ofrece una espectacularidad y atractivo singulares tanto por la forma de las habitaciones como por la excepcional altura de los muros conservados -en alguna de ellas hasta 2 m.-, debido a que fueron construidos tras una profunda excavación del terreno y quedaron protegidos por la solidez de la arcilla virgen.

Se accede a las termas desde el norte de la mencionada habitación de 7,10 x 6,05 m. bajando por unos escalones a una pequeña estancia de 3,50 m. en el eje E-W y 1,80 m. en el N-S. Ésta comunica por un estrecho paso de 55/70 cm. de anchura y 1 m. de longitud con la habitación más llamativa del conjunto, de forma circular y de 5 m. de diámetro, destinada probablemente a vestuario (apodyterium) o a baño seco o sauna (sudatorium).

Desde esta rotonda se accede por un estrecho paso de 40 cm. a otra pequeña estancia de 2,50 m. de longitud x 2,70 m. de anchura. Otro paso de 40 cm. comunica ésta hacia el sur con una nueva estancia, quizá el caldarium, de 3,50 m. de longitud x 2,70 m de anchura, cuya característica más notable es la forma absidal de su muro exterior en el lado W.

Esta estancia absidal comunica por el lado E. con otra de 3 m. de longitud y 1,70 m. de anchura, utilizada primitivamente como piscina de agua caliente y que más tarde fue transformada en simple habitación. Lo mismo ocurrió con la estancia situada en el extremo SW., que primero sirvió de hipocausto y más tarde fue reducida con un nuevo muro interior hecho de grandes piedras de sillería y utilizada probablemente como habitación. En el suelo de ésta aparecieron cuatro fragmentos de un miliario dedicado al emperador Trajano Decio (s. III), empleados sin duda como material de construcción por quienes ocuparon tardíamente el edificio.

Pinturas murales

A los primeros excavadores nos quedó reservado el privilegio de apreciar in situ los restos de pinturas murales sobre el zócalo del largo corredor que comunica todas las plantas del edificio. Más tarde, las aguas de lluvia e inundaciones destruyeron los estucos, y sólo se conservan en el Museo de Prehistoria de Santander algunos fragmentos de aquellas pinturas. Los paneles pintados debían de presentarse al menos en dos partes separadas entre sí por una franja o banda horizontal: una parte inferior o de zócalo, de fondo blanco moteado simplemente con manchas en forma de círculos de color rojo, es decir, decorada con sencillez para facilitar su reparación ; y otra parte superior, con diferentes motivos, en los que predominan formas vegetales ( pétalos rojos y hojas de color verde, tallos herbáceos de color marrón y danubio-aurora, juncos, quizá formando parte de alguna composición marítima o acuática, hojas de roble, rosas, etc.).

Estas pinturas, realizadas sobre todo al fresco y por un único artista, tenían un carácter muy lineal, con tendencia a la geometrización de todos sus elementos, excepto las hojas y vegetales, representados de una forma naturalista. Parece que se podrían fechar a fines del s. I o inicios del s. II d. C. (Balbín,1986, en prensa).

En las excavaciones se recogieron restos de cerámica de lujo (1) (terra sigillata) y común, escasos en comparación con otros yacimientos de la misma época quizá debido a las continuadas remociones que sufrió el lugar. Su cronología comprende desde la 2ª mitad del s. I hasta el s. III d.C.

Destacamos aquí un lote de cerámica común de tradición indígena, de color gris negruzco y formas toscas, realizadas a torneta o a torno lento, cuya cubierta presenta una terminación espatulada/bruñida, semejantes a las halladas en Celada Marlantes (ss. II-I a.C.), en Monte Cildá (ss. I a.C - I d.C.) y en Julióbriga (ss. I-II d.C.), ausentes sin embargo en Herrera de Pisuerga. (Pérez González.- Illarregui, 1986: 32,33)

Basándose en las pinturas y en los restos cerámicos, los estudiosos datan este edificio entre la 2ª mitad del siglo I y la 2ª mitad del s. III d.C.

Función del edificio

Si nos preguntamos por la funcionalidad de esta vivienda, pienso que no se podrá llegar a conclusiones seguras sin el estudio previo del otro yacimiento romano al que más abajo me referiré, contemporáneo y próximo a éste. Con todo, recientemente se han avanzado varias hipótesis (Illarregui 1996, en prensa) basadas en ejemplos de construcciones análogas en las provincias fronterizas del norte del Imperio, con diferentes funciones. El propio Illarregui concluye su estudio afirmando que ,este yacimiento tiene un origen militar y debe integrarse en una superestructura de control del territorio tras las guerras cántabras".

El intento de precisar la función de esta edificación es arriesgado, pero de otra parte considero que es de importancia secundaria. Por ello, siguiendo la hipótesis de Illarregui - que parece consolidarse con los datos que proporciona el yacimiento de Camesa, desconocidos para él-, me atrevo a sugerir que el edificio romano de Rebolledo corresponde a la vivienda del jefe de una guarnición, semejante a las de ciertos pretorios hallados en asentamientos de Britania, en los que vemos cómo el comandante militar busca un grado de privacidad y de confort razonable, con espacios alejados de la zona cuartelera integrados por dormitorios, comedores, salas de recepción y baños (Hanson.-Maxwell, 1983 : 174).

La primitiva función del edificio debió de acabarse a finales del s. III, y con ello el comienzo de su ruina. Pero hay bastantes señales de una reutilización posterior. Son éstas, por ejemplo, la anulación de la piscina y el hipocausto, o la reducción de tamaño de la estancia que anteriormente fue hipocausto. con una factura de los nuevos muros muy diferente de la primitiva y con reutilización de elementos, incluso acarreados desde lejos, como los fragmentos del miliario de Trajano Decio antes mencionados (Robles,1985b : 231-234). Este dato permite quizá deducir que fue a partir del s. IV cuando algún grupo marginal pasó a ocupar y reconstruir el antiguo edificio romano, cuyas ruinas aún estaban visibles.

Los restos medievales

La loma sobre la que había sido construido el edificio romano fue ocupada en la etapa medieval por una extensa necrópolis articulada en torno a una pequeña iglesia. La atenta investigación de los enterramientos ha permitido descubrir una secuencia de ocupaciones que demuestra otra vez el extraordinario valor de este yacimiento.

Necrópolis visigoda

Estela MedievalEn efecto, hay un tipo de tumbas más antiguas, que se distinguen por estas características: ocupan un área muy reducida -Sólo dentro de una parte de las estructuras romanas, excavadas en el suelo de los pavimentos -; no se refuerzan los laterales de la fosa con grandes lajas traídas expresamente de otros lugares, sino con pequeños muretes de piedra, que provienen siempre del derrumbe romano, y a veces, hasta con ladrillos y tégulas; finalmente, no respetan como las posteriores una orientación fija E-0, sino que se adaptan al máximo a los espacios libres de muros romanos -para evitar trabajo suplementario- (Van den Eynde-Illarregui, 1986: 159 ss.).

Las primeras interpretaciones relacionaban estos enterramientos con la llegada de una primera oleada repobladora a estos lugares (Van den Eynde-Illarregui, 1986 :171) en los siglos VIII-IX, pero las pruebas de C14 efectuadas posteriormente sobre una muestra de huesos humanos certifican una datación del 585 +- 30 (García Guinea.-Van den Eynde,1991 :20). Estas fechas conectan esta necrópolis arcaica de El Conventón con la época visigoda y con la misma tradición germánica de las necrópolis cercanas de Retortillo y de Herrera de Pisuerga.

Necrópolis altomedieval

Sin solución de continuidad con este tipo de enterramientos aparece otro posterior, quizá desde el s. VIII, que presenta características no sólo diferentes sino también antagónicas con los de la necrópolis arcaica : con bellos sarcófagos o tumbas de grandes lajas ' preparadas con gran cuidado y siempre guardando la orientación F-W, todo lo cual refleja un mayor interés por el rito de la inhumación en la comunidad asentada aquí en estos siglos.

La nueva necrópolis se extiende ya por la mayor parte del montículo fuera del espacio romano y se articula en torno a una pequeña ermita, cuyo ábside rectangular la aproxima al estilo prerrománico. Esta ermita me ha parecido que podría identificarse como la iglesia de San Andrés mencionada en dos documentos medievales como perteneciente al lugar de Rebolledillo, desaparecido antes del siglo XVI (Robles, 1985 a : 204 ss.). La extensión y densidad de la segunda necrópolis, revela una alta demografía en la zona, coincidente con los primeros avances de la repoblación, cuando nacieron casi todas las veinte aldeas actuales de Valdeolea y algunas más que hoy son despoblados: Camesuela, al lado de Camesa, como Rebolledillo junto a Rebolledo.

Esta necrópolis ha sufrido un grave deterioro después de su excavación, pues una parte de las tumbas exhumadas han estado ya durante más de diez años a la intemperie. Pero tampoco las que han estado protegidas junto a las ruinas romanas bajo una cubierta provisional de uralita se han librado de vándalos redivivos, que devastaron irreparablemente sarcófagos, tumbas de lajas y esqueletos.

El hallazgo del yacimiento

En otro artículo (Robles, 1985 a: 204 ss.) ya referí que el lugar del yacimiento conservaba en la tradición popular el significativo nombre de El Conventón y cómo los niños de Camesa y Rebolledo en nuestras escapadas a Mataporquera siempre aligerábamos el paso cerca de aquella loma envuelta en misterio. Ese topónimo fue el primer indicio remoto de la existencia de ruinas antiguas.

Por otra parte, algunos vecinos que habían trabajado en los años anteriores a la guerra civil en la construcción de la carretera entre Mataporquera y Castrillo del Haya aún recordaban haber destruido sepulturas en el trayecto junto a El Conventón. Además, el antiguo camino entre Mataporquera y las aldeas situadas al norte había cruzado durante siglos este promontorio, causando las ruedas de los carros una profunda trinchera de cuyos taludes sobresalían ocasionalmente restos de sarcófagos, lajas y esqueletos.

Framento de miliario de DecioAsí pues, desde hacía muchos años tenía yo noticia, como muchos vecinos de Camesa y Rebolledo, de la existencia de enterramientos medievales en El Conventón . Pese a ello, mi formación me llevó luego a interesarme especialmente en el mundo romano, y solo me atrajo el lugar cuando tuve indicios de que bajo los enterramientos estaba oculta alguna edificación romana. Esto había ocurrido algún día de los años 76 o 77, cuando mi tío Abel Gómez me entregaba un trozo de ladrillo romano, recogido junto a los enterramientos medievales, con la estampilla incompleta LEG., lo cual me hizo imaginar que allí teníamos restos de algún asentamiento de la Legión IV Macedónica cuya presencia en la zona estaba atestiguada por la amplia serie de hitos que deslindaban su territorio del de los juliobrigenses.

Pero faltaba un último impulso, que no actuó hasta el verano de 1980. El yacimiento de El Conventón fue descubierto oficialmente en esa fecha nada casual. En efecto, para conmemorar el Bimilenario del final de las Guerras Cántabras se habían reanudado durante el mes de agosto de 1980 con gran aparato publicitario las excavaciones de Julióbriga, abandonadas desde 1961 (Diario Alerta, 17 de agosto, p. 10 : “Aparecen nuevas e importantes ruinas en Julióbriga” Ése fue el acicate que me estimuló a sacar a la luz un nuevo yacimiento romano, contribuyendo así también a la celebración del Bimilenario.

En aquellas fechas pensaba que la simple comunicación a las autoridades del hallazgo de pequeños indicios no bastaría para atraer la atención y por ello me decidí a dejar bien visibles las pruebas de la importancia del nuevo yacimiento. Por ello realicé con la ayuda de mi tío una prospección profunda del lugar, de cuyos trabajos conservo un diario. Durante varios días removimos tierras hasta que logramos localizar el suelo de la habitación circular y dejar al descubierto el lienzo del muro del lado norte de esa rotonda. El día 16 de Septiembre de 1980 grandes titulares del diario Alerta recogían en primera página la noticia del hallazgo.

Así promovimos la exhumación de aquellas ruinas antiguas, con la esperanza de encontrar Octaviolca y con la intención de que compitieran con las de Julióbriga.

En aquellos días de agosto de 1980 también hubiera podido sacar a la luz otro yacimiento romano de mayor relevancia, cercano a Camesa, que había explorado en el año 1974. Pero no me decidí a hacerlo porque estaba oculto en fincas agrícolas de vecinos de Camesa - en la mayor parte, de mi propia familia- y temía que su descubrimiento perjudicara a los propietarios (la experiencia posterior ha confirmado con creces mis temores de entonces). En cambio, el yacimiento de El Conventón ocupa terrenos de propiedad comunal y no dañaba a nadie su excavación. Al yacimiento romano de La Cueva (Camesa de Valdeolea) me referiré en el siguiente apartado.


NOTAS

(1) La cerámica de terra sigillata es una producción de lujo para servicio de mesa, en la que el exterior de las piezas se protege con un barniz rojo, de diferente tono según la cronología y el alfar de procedencia. El catálogo de formas es muy variado, unas con decoración en relieve y otras lisas. Para las primeras se utilizaban moldes en su fabricación, lo que permitía una mayor producción en menor tiempo y, en consecuencia, un precio de venta más barato. Se distinguen diferentes variedades, según su procedencia : itálica (TSI), gálica (TSG), hispánica (TSH) y otras.


BIBLIOGRAFÍA

BALBÍN CABARGA, M.A. (.1986), "Pintura mural de Rebolledo-Camesa", Sautuola VI, Santander (en prensa).
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GARCÍA GUINEA, M. A.-VAN DEN EYNDE CERUTI, E. (1991), "Excavaciones arqueológicas en el yacimiento romano-medieval de Camesa-Rebolledo (Valdeolea, Cantabria)", Codees Aquilarensis, 4, Aguilar de Campoo.
HANSON, W. S.-MAXWELL, G. S. (1983), Romels north west frontier The Antoníne Wall, Edimburg.
ILLARREGUI GÓMEZ, E. (1996), "Camesa-Rebolledo: ¿asentamiento militar al sur de Cantabria ?", en Los orígenes de la ciudad en el noroeste hispánico, Congr. Intern. Lugo. 15-18 mayo 1996 (en prensa).
PÉREZ GONZÁLEZ, C. ILLARREGUI GÓMEZ, E.. Times New Roman >(1986). “Un asentamiento romano en Cantabria: Camesa-Rebolledo. Perduración de elementos indígenas---, Arqueología Espacial, 10. Teruel.
ROBLES GÓMEZ, J. Ma (1985), “Situación del .yacimiento de Rebolledo-Camesa y primeras hipótesis” en GARCÍA GUINEA, M. A. y otros (1985a), "El yacimiento arqueológico de Rebolledo-Camesa", Sautuo1a 1V-. Santander.
(1985b), "Epigrafía romana en Rebolledo-Camesa. Miliario del emperador Decio---. en GARCÍA GUINEA, M. A. y otros (1985), ---El yacimiento arqueológico de Rebolledo-Camesa---. Sautuo1a IV, Santander.
VAN DEN EYNDE CERUTI, E. -ILLAREGUI GÓMEZ, E. Times New Roman >(1986), “Un ejemplo de integración de una necrópolis medieval en una estructura romana---. Arqueología Espacial, 10, Teruel.


 

II. EL YACIMIENTO ROMANO DE CAMESA DE VALDEOLEA (LA CUEVA)

En el apartado anterior quedó descrito el yacimiento romano-medieval de El Conventón, próximo a Rebolledo de Valdeolea. Aquí me propongo informar a los lectores de estos Cuadernos sobre un yacimiento romano aún más importante y, sin embargo. desconocido.

Está situado a unos 700 m. del anterior y se llega a él desviándose por la carretera de acceso (1) al pueblo de Camesa, hasta unos 300 m. del núcleo de éste. Fue excavado parcialmente durante tres campañas de verano (1986, 1989 y 1991); sin que hasta la fecha se haya publicado ni una reseña sobre él, a excepción de unos pocos datos que yo mismo incluía en la Memoria de las excavaciones de El Conventón (García Guinea y otros, 1985), advirtiendo de su existencia e importancia:

"Su existencia venía manifestándose desde mucho tiempo mediante la aparición esporádica de fragmentos de cerámica romana, ladrillos y tégulas, piedras labradas y alguna moneda también romana.

Sólo su excavación permitirá extraer conclusiones ajustadas, pero ya antes de ella se obtienen algunas orientaciones. Respecto a la época del yacimiento, tanto las monedas como la cerámica “sigillata” nos sitúan en los siglos II y III d.C. (época de los Antoninos y los Severos). El lugar parece idóneo para el emplazamiento de una “villa" de gran extensión o incluso de una pequeña agrupación urbana. Finalmente, las dimensiones y la alineación de las estructuras o muros, adivinadas más que comprobadas, sugieren que nos imaginemos allí, más que una "villa", un pequeño núcleo urbano" (Robles,1985: 204)  

Plano de La Llana - La Cueva

Esto adelantábamos al redactar la citada Memoria en 1984, cuando aún no se había realizado ninguna excavación oficial del lugar. Hoy contamos ya con muchos materiales recogidos tras intensas campañas de trabajos en el yacimiento, pero permanecen almacenados a la espera de un estudio detallado, por lo que aún no es posible avanzar mucho más allá de mis primitivas hipótesis. No son, pues, estas líneas el resultado de unos análisis contrastados, sino un intento de divulgación de los hallazgos más notables.

Ofrezco aquí un plano de las estructuras exhumadas, en el que se aprecian las magníficas dimensiones de un edificación romana, con una ala de 90 m. de longitud, que probablemente alcanzaba hasta 120 m. También se observa el tamaño, la distribución y forma de las estancias, que hacen que esta edificación no tenga analogía con ninguna de las excavadas hasta ahora en Julióbriga.

Hipótesis sobre la funcionalidad del edificio romano

A.- Estas estructuras parecen propias de barracones de tropa. Ello induce a suponer un asentamiento militar en este lugar. hipótesis que, sin embargo, deberá ser confirmada por el hallazgo de materiales específicos (como ejemplo, el hecho de que hayan aparecido monedas partidas es un dato importante a favor de ella (García Bellido, 1996: 107) (2)

Si esta confirmación se produce, habríamos encontrado por fin algo parecido a lo que desde hacía tiempo se venía buscando en la zona. En efecto, unos investigadores han situado un campamento romano al sur de Aguilar de Campoo (Schulten, 1943: 178-80) o en el propio Aguilar (García Bellido, 1961,119, Gonzalez Echegaray-Solana, 1975,181-182) ; otros, en Castrillo del Haya (monte Ornedo o Sta. Marina) (Roldán, 1973-74,229) o en Cabria (González Echegaray-Solana, 1975); más tarde, Rodríguez Colmenero (1979 : 181) sugería la presencia de un destacamento (vexillatio) de dicha legión en el enclave de los prata segregados del ager de Julióbriga para ser acotados para la Legión IV Macedónica, aunque acababa suponiendo sin dar suficientes razones que el campamento de tal vexillatio estaría en la futura Julióbriga. También Solana (1981, 321-22) postulaba un destacamento de la Legión IV en Julióbriga.

Más estratégica parece la altiplanicie de Camesa que cualquiera de los emplazamientos propuestos. Está al pie del monte Ornedo, en el que se hallaba el castro cántabro de Santa Marina y, si éste fue atacado alguna vez por los romanos, no hay duda de que el flanco más accesible está por el lado de Camesa, por lo que aquí debieron de asentarse las tropas romanas para iniciar luego las operaciones de ataque.

Por otra parte, este altozano de Camesa se localiza dentro del mencionado enclave militar de la Legión IV, sobre los pastos más ricos de la llanura regada por el río Camesa, siendo más coherente suponer que el campamento de la vexillatio, si lo hubo, estuviera dentro de los territorios militares y no en los sometidos a administración civil.

Todos los investigadores mencionados han buscado un asentamiento militar romano de la época de Augusto. Pero los materiales cerámicos y numismáticos (3) hallados en el yacimiento de La Cueva, determinantes para fijar la datación de las estructuras exhumadas, retrasan su fecha inicial hasta los primeros lustros de la dinastía flavia (69-96 d.C.), sin que hayan aparecido hasta el momento restos (4) de ningún campamento contemporáneo a las guerras cantabras o inmediatamente posterior.

Se sabe que la dinastía flavia y sus sucesoras promovieron la política de ampliar el número de fuertes o castella con cuerpos auxiliares de tropa en sustitución de los antiguos campamentos legionarios y con funciones más amplias que las militares: mantenimiento viario, alistamiento de nuevos reclutas, vigilancia y control de explotaciones mineras, etcétera. De esta misma época se conocen varios asentamientos militares en la Meseta Norte (Petavonium, Rosinos de Vidriales, Zamora) y Noroeste (Aquis Querquennis, Baños de Bande, Orense ; Cidadela, Sobrado de los Monjes, Coruña).

Por ello, cabe suponer que las estructuras de Camesa pertenezcan también a uno de esos fuertes, pues el lugar cumple todos los requisitos exigidos para un emplazamiento de esa clase: desde allí se domina el valle del río Camesa y se pueden controlar los pasos desde la Meseta hacia las montañas, entre ellos la calzada Pisoraca-Portus Blendium, y también hay abundancia de agua en las proximidades. Ni habría que descartar motivos económicos, como el aprovechamiento de los ricos pastos de la zona desde los tiempos de la Legión IV.

Pero no ocultaré algunos datos que vienen quizá a devaluar la hipótesis del carácter militar de las estructuras halladas en Camesa.

Si cada dos estancias -en sentido transversal- componen un contubernium (5), sorprende la igualdad de superficie de estas parejas, cuando lo más frecuente es que fueran desiguales (compárese el modelo: Johnson. 1983:16-).

Mayor singularidad ofrece aún la extraordinaria longitud del supuesto barracón. pues contiene hasta 20 parejas de estancias - y han sido destruidas varias más en las obras de la carretera a Camesa; cuando lo normal es que cada barracón tuviera 10, para una centuria de infantería. o de 6-8 si se trata de un escuadrón de caballería (Johnson. 1983: 166). Finalmente, la escasez de materiales de uso específico militar y la ausencia de fortificaciones defensivas, al menos de sólidos muros de piedra, hace dudar del carácter campamental de estas estructuras.

Así pues, es necesario obtener más datos sobre ellas, aun siendo conscientes de que las singularidades que acabo de especificar quizá resultan del escaso conocimiento que se tiene de esta clase de instalaciones (Johnson, 1983: 296)  

Plano segun Johnson

B.- Si las estructuras exhumadas en Camesa no corresponden a un acuartelamiento militar, podría tratarse de un edificio de carácter público, quizá de forma rectangular y porticada en torno a una plaza o foro. En este caso, las estancias excavadas serían tal vez tiendas comerciales (tabernae) que ocupaban el ala E del edificio, sin que sepamos a qué otras funciones se destinarían las dependencias de las alas aún no excavadas, si es que se conserva algún resto de ellas.

Un edificio de tales características podría tener relación con el grupo de gentes que se asentaban en las proximidades de los campamentos romanos para proporcionar víveres, bebidas, productos industriales y hasta diversión a los soldados, es decir, con una cánaba (6). Es cierto que junto a algunos campamentos y cánabas importantes se construyeron grandes y sólidos edificios con la función principal de mercado (forum). Pero, ¿se dan en Camesa las mismas circunstancias? ¿Dónde está el gran campamento que justificaría la cánaba con unas instalaciones comerciales de tal volumen?

Hallazgo del yacimiento

Según he dicho, el yacimiento romano está en tierras de cultivo removidas cada año por los arados. Es obvio que éstos continuamente han sacado a la luz materiales -en algunos casos monedas, piedras de afilar, etc-, que incluso el labrador más ignorante recogía y guardaba con cuidado. Siendo yo casi un niño. recuerdo haber visto cómo mis tíos extraían del suelo de una finca de La Cueva dos grandes basas de piedra arenisca en las que se dañaba la reja del arado, y cómo más tarde las partían y trasladaban hasta Camesa para labrarlas y utilizarlas como sillares de puertas y ventanas en la nueva casa de mis abuelos.

En otra ocasión, mis familiares y vecinos de Camesa me relataban su sorpresa ante el hallazgo de un gran depósito de cerámicas a la altura del futuro yacimiento durante los trabajos de ensanche del antiguo camino de La Cueva realizados por ellos en los años 60, restos que volvieron a enterrar sin apreciar su valor.

Estos datos -junto con monedas y materiales almacenados- me sirvieron para que mucho más tarde, en el verano de 1974, decidiera realizar una prospección con la ayuda de mi tío Abel en un lugar de las fincas próximo al camino. Descubrimos allí cerámicas y muros romanos, y realizamos varias catas siguiendo la dirección de éstos, hasta obtener una idea aproximada de su extensión en el eje N-S.

Oculté durante años estos hallazgos para no perjudicara a los propietarios de las fincas, y sólo a la fuerza presenté una declaración oficial de la existencia del yacimiento en la Delegación Provincial del Ministerio de Cultura el día 23 de octubre de 1983, cuando las máquinas excavadoras utilizadas para la explanación de la actual carretera a Camesa arrasaban los cimientos de algunas habitaciones del edificio romano, dejando a flor de tierra en uno de sus taludes los muros cortados.

Posteriormente, una parte de este yacimiento fue excavado durante los veranos de 1986, 1989 y 1991 bajo la dirección del Dr. D. Miguel Ángel García Guinea. Las estructuras exhumadas, de gran interés por su originalidad en el ámbito de nuestra región, han quedado desde entonces a la intemperie, causando mayor destrucción en ellas el abandono que todos los trabajos de laboreo realizados sobre esos mismos terrenos durante tantos siglos.

Si su descubrimiento sólo ha servido para que acaben desapareciendo totalmente y no para que la comunidad científica amplíe sus conocimientos - pues nada se ha publicado sobre los hallazgos- ni para que disfrute de ellas el público, debo concluir que mejor han estado sepultadas y que no hay que darse prisa para exhumar el resto.  

Excavaciones de La Cueva

 

OCTAVIOLCA

Para completar lo expuesto, paso a examinar la posible identificación de las ruinas romanas de Camesa y Rebolledo con la buscada Octaviolca, cuyo emplazamiento hasta la fecha se había situado en el Campo de Mercadillo, próximo a Cuena (García Bellido, 1956, 174).

Octaviolca (7) figura en la Geografía del griego Ptolomeo (s. 11 d.C.) como nombre de una comunidad o civitas de los cántabros, pero según los datos que allí se recogen esta comunidad no estaría situada en nuestra zona, sino en la costa occidental..

También aparece Octaviolca en el Itinerario o Tabla de Barro de Astorga nº I, una placa de arcilla cocida en la que están grabadas las diferentes ventas o estaciones (mansiones) intermedias entre Legio VII (León) y Portus Blendium (Suances), con la distancia entre ellas. En este itinerario, la venta de Octaviolca figura localizada a 10 millas al sur de Julióbriga, equivalentes a unos 15 km. 

Este documento presenta tantos y tales errores que algunos estudiosos (8) lo consideran fabricado en los siglos XVIII o XIX por un falsario erudito. Sin embargo, otros investigadores (9) admiten su autenticidad, y por ello, mientras estarnos todos a la espera del análisis material de la propia arcilla o soporte escriptorio que ilumine un elemento tan decisivo, no voy a excluir su utilización. Es más, el hallazgo de las ruinas de Camesa a exacta distancia de 10 millas de Julióbriga, tal como señala el Itinerario de Barro, es un nuevo argumento provisional a favor de su autenticidad. Pues no considero probable que ningún falsificador de los ss. XVIII o XIX pudiera conocer estas ruinas.

Así pues, partiendo de los datos del itinerario de Barro extraemos las siguientes deducciones :

1.- Existía en las proximidades de la calzada Pisoraca-Portus Blendíum ante todo una mansio en sentido estricto, una casa de postas o de recepción de visitas de oficiales o funcionarios, bajo el nombre de Octaviolca (10).

Este mesón o venta puede estar situado en el edificio hallado en El Conventón (el mismo para el que anteriormente postulamos la función de vivienda del jefe militar de la guarnición instalada en La Cueva). Queda abierta ahora una doble posibilidad: que tuviera un carácter civil o bien militar (11), incógnita que se resolverá cuando se identifiquen mejor las estructuras de Camesa.

2.- Del Itinerario de Barro no se deduce que Octaviolca fuera, además de un casa de postas, un pequeño núcleo urbano, No obstante, si el análisis de las estructuras de Camesa llegara a certificar su carácter civil, es obvio que éstas corresponderían a la mansio de Octaviolca en sentido amplio. Es decir, en la zona del valle de Valdeolea actual existía una comunidad o civitas con el nombre de Octaviolca, la señalada por Ptolomeo, cuyo núcleo urbano estaría en las ruinas de Camesa y no en el Campo de Mercadillo, próximo a Cuena.

3.- Si las ruinas halladas en Camesa correspondieran a un campamento militar, éstas aún pueden ser denominadas Octaviolca, nombre que además señalaría la mansio documentada en el Itinerario y, probablemente, la comunidad civil habitante en la zona.

Consta que al lado de un asentamiento militar romano en muchos casos surgieron núcleos de población civil. como León o quizá Lugo. A escala inferior, podemos citar ejemplos como Petavonium, núcleo civil desarrollado a 1 km. del campamento del mismo nombre (Rosinos de Vidriales), y asimismo creció una población (La Cidá, Baños de Bande) cerca del fuerte Aquis Querquennis (Orense).

Si en nuestra zona hubo un asentamiento militar, quizá no se produjo aquí el mismo desarrollo que en las citadas, habiéndose mantenido la población romano-indígena en pura comunidad o civitas de carácter rural, sin núcleo urbano detectable.

Mientras se discuten todas estas hipótesis, propongo designar con el nombre de Octaviolca el conjunto de ruinas romanas descritas. En nuestros días más que nunca, los restos arqueológicos no interesan sólo a investigadores y estudiantes y acaban convirtiéndose en monumentos de obligada visita turística.

No seré yo promotor de iniciativas turísticas para estas ruinas -me conformo con haberlo sido de su hallazgo-, pero, si los yacimientos de Carnesa y Rebolledo deben entrar de una vez en circuitos y rutas de tal clase, hay que bautizarlos con nombre más sonoro y antiguo. Por eso, no hablemos ya de Camesa-Rebolledo, hablemos de Octaviolca.


NOTAS

(1) Antes de ser carretera, se denominaba “la carrera de La Cueva”, porque a uno de sus lados el terreno forma una hondonada u hoyo (cova =hoyo). Dado que el yacimiento es cruzado por la carrera de La Cueva, utilizo este mismo nombre para él.
(2) Esta autora recoge una tesis muy reciente de C. Blázquez, quien valora el fenómeno como típicamente militar.
(3) Entre las monedas, la más antigua hasta el momento corresponde a Vespasiano (69-79 d.C )
(4) En los asentamientos de estas primeras épocas las construcciones campamentales se realizaban casi siempre en madera (Jones, 1975: 14-18).
(5) La estancia exterior era el dormitorio de cada grupo de soldados (8, por lo general) y la interior, que daba a un pórtico, el lugar de almacenamiento de armas y otros instrumentos.
(6) Esta palabra significa originariamente barraca, cantina o tienda, y señala la pobreza de las instalaciones de estas gentes. Más tarde hace referencia al conjunto de las instalaciones.
(7) El término Octaviolca está creado a partir de una descripción del terreno, casi como topónimo (olca, es palabra céltica que ha evolucionado hacia "huelga", nombre antiguo para indicar "tierra de labor situada en una vega"). En Camesa conocemos la "carrera de la Huelga", que baja hacia las tierras situadas en el valle, próximas al río.
(8) Como ejemplo, Roldán (1973-74) ; Solana (1981: 183 y nota 120.
(9) Por citar algunos, García Bellido: 1975 ; González Echegaray: 1979-80; Morillo:1996.
(10) El término latino mansio hace referencia a los mesones o casas de postas de las calzadas, aunque luego se utilice en sentido amplio para denomina un “lugar” o “núcleo urbano” próximo a tales vías de comunicación.
(11) Los itinerarios antiguos de esta clase estaban generalmente destinados al uso de militares y funcionarios: no hay que concebir estas casas de hospedaje en sentido moderno, para cualquier viajero. Incluso en el supuesto de que estas placas tuvieran un uso civil y no militar, es posible que se basen en alguna fuente más antigua, de origen estrictamente militar.


BIBLIOGRAFÍA

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