El Día de Campoo: Orígenes y evolución

Ramón Rodríguez Cantón

En el libro de sesiones del Excmo. Ayuntamiento de Reinosa, correspondiente al año de 1879, que, milagrosamente, persistió tras el incendio de 1932, se recoge un informe del Alcalde acerca de las gestiones realizadas, en relación con las ya inmediatas Ferias y Fiestas de San Mateo, refiriéndose a los fuegos artificiales que había encargado a Palencia (no Valencia) y al contrato pendiente con los dulzaineros de Frómista “por si quieren venir a tocar a dicha Feria por la retribución de sesenta pesetas".

Es seguro que aceptaran, aunque, al cabo de los ciento dieciséis años transcurridos, nos parezca un regalo permanecer tocando durante ocho días por tan módico estipendio y, además, con un apretado programa, que comprendía diariamente: un paseo dulzainero "al rayar el alba", otro al mediodía, una exhibición en el Real de la Feria y, finalmente, una agotadora intervención nocturna para amenizar el baile de la Plaza Vieja, donde solía alternar con la Banda de Música de Santander.

Año tras año, durante muchos, los dulzaineros de Frómista han intervenido en las Ferias de San Mateo. Aun en los años sesenta de este siglo, naturalmente, figuraban en los programas, aunque alternando con la pareja de pito y tambor de Reinosa. Con la misma asiduidad que los dulzaineros, actuaba por estas fechas en nuestra vieja villa, la Banda Municipal de Santander y aun seguían viniendo, pese a la existencia de una banda local, que, tras dos intentos fallidos, comenzó a funcionar con cierta regularidad a partir del año 1907. La banda invitada tenía, preferentemente, el compromiso de actuar en el selecto concierto del Paseo de Cupido, en las horas del mediodía; al atardecer, intervenía de nuevo en la Plaza Vieja.  

 

Sin embargo, lo más popular del programa eran los bailes, al estilo regional, que tenían lugar en el Ferial del Ganado y, al atardecer, en la Plaza del Ayuntamiento. Allí mostraban sus habilidades los aficionados de la comarca, como El Tíu de Izara, el Ciegu de Fontecha, Chiscu o Pintu de Paracuelles y el Tío Titosón, todos ellos acompañando los bailes con el tosco instrumento usado en la comarca, salvo el Tío Titosón que, a la vez, tocaba la zambomba y solía ser , según tradición oral, quien llevaba la iniciativa del baile de La Rueda. Ni que decir tiene que el plato fuerte era el de las pandereteras, que llevaban el peso de estas actuaciones, en cierto modo espontáneas, no solo durante las fiestas de San Mateo, sino en cualquier otro acontecimiento festivo habido en la comarca. No es raro que tuviera tanto éxito el primer certamen de pandereteras celebrado en Reinosa, durante las Ferias de 1895.

Ya el cinco de septiembre del citado año, Sánchez Díaz dedica en el semanario CAMPOO unas pacotillas al periodista santanderino José Estrañí, quien debió hacer en EL CANTABRICO periódico del que era director, algún comentario alusivo al citado certamen:

Usted, después de un examen 
que tiene gracia de veras, 
habla de nuestro certamen
de chicas pandereteras.
Dice, sin hacerse Lepe, 
que usted conoce -y no es papa- 
a una muchacha, Don Pepe, 
que toca bien y es muy guapa; 
pero que este Ayuntamiento 
por regionalismo 
o acaso por detrimento 
de las chicas de Campoo, 
no consiente, más que choque 
valiéndose de una treta, 
que mejor que aquí se toque 
la típica pandereta, 
para asegurar después, 
por mil maneras humanas, 
que no hay quien la toque, 
pues, 
como nuestras campurrianas.

Tiang Su, en sus habituales comentarios festivos, dedica también unas estrofas al mismo asunto, en el número siguiente de CAMPOO, al referirse a las Fiestas:

Record de velocípedos
solemne misa 
gran certamen de flautas
y panderetas
fuegos artificiales,
bullicios, risa,
y una banda que vale
muchas pesetas.

Pagando de la banda 
los dulces sones; 
premiando a las muchachas 
(que juzgo honroso) 
la dulzura que vierten 
en sus canciones... 
¿No hay premio para el niño 
que es estudioso?.

El día 26 de Septiembre, se publica la crónica del concurso:

"Y vino el día del Certamen Regional de Panderetas. Se reunió en Las Fuentes una multitud inmensa, debajo de los árboles y de la tarde gris que amenazaba lluvia. Era una romería, toda una romería campurriana. Pero después del pasodoble de la música de Santander y de subir el primer grupo de mozas al tablado del concurso, empezó de nuevo a llover.

Y se acordó celebrar el certamen el martes por la mañana que, gracias a Dios, no llovió. Empezó la fiesta a las diez. La Banda ejecutó un bonito pasodoble y subieron al tablado las mozas de Somballe, Adela González, Filomena de Hoyos, Inocencia Hoyos y Elvira Hoyos. El público las aplaudió al presentarse y cantaron al principio con timidez. pero luego, entonaron mejor. El aire era tierno:

Venimos aquí a cantar, 
no venimos por dinero, 
venimos por darle gusto 
a este Ilustre Ayuntamiento.

Y después de los cuatro cantares de a lo ligero, el público repitió el aplauso.

Entraron las de Matarrepudio, Isabel Gómez, Carmen Hoyos, Estéfana González y Maria de Hoyos. El aire, la tonada eran muy bonitos, tenían un sabor campurriano característico especial. Cantaron al comenzar:

 

 

Cuatro claveles dorados, 
cuatro luceros brillantes; 
esos nobles caballeros 
darán premio a quien lo gane.

Sonó el cantar bien vocalizado, y la multitud aplaudió, porque, además, las panderetas estaban bien movidas y las voces del grupo se armonizaban con cierta afinación.

Después subieron a la tarima las mozas de Reinosa. La parte de a lo pesado la cantaron con mucho gusto. Luego, el tono era melancólico y halagaba a los oídos con un arrullo blando. El auditorio era inmenso, se interesó desde el principio y aplaudió al terminar la primera parte. Pero el grupo reinosano perdió opinión favorable al cambiar de tonalidad. Efectivamente, ello es difícil, y vimos que todos los grupos cantaban a lo ligero con menos seguridad que a lo pesado. El cantar era éste:

Que tenga muy buenos días 
la Señora Presidencia.
se los debemos de dar
con toda nuestra prudencia.

 

Mi marido anoche 
vino de segar
no me dijo nada
ni me quiso hablar.

Las mozas de Lantueno tocaban las panderetas con cierta distinción, con amore (ustedes perdonen). También cantaron con sentimiento y gusto y su cantar de saludo fue el siguiente:

Al Ilustre Ayuntamiento 
de esta Villa de Reinosa, 
saludan las de Lantueno 
con laureles y con rosas.
 

Se llamaban las mozas, Aurora Amor, Encarnación Calderón, Avelina Fernández y Manuela Gutiérrez.

A las de Celada Marlantes, el público las acogió mal al principio, porque cantaban bajo. Después fueron animá­dose y uno de sus cantares; muy bonito, gustó a la multitud.
Decía:

Con esta me despido 
de los del corro, 
pero no de la prenda 
que más adoro.

 

Y entró el grupo de Requejo. Desde el principio, se notó la seguridad, el gusto de los cantares, el tono. La música era muy tierna, muy característica, muy del país. Toda la gente aplaudía porque la buena vocalización llevaba la letra de tos cantares a lo lejos. Los dos siguientes parecen escritos por un poeta de mucho sentimiento:

Unos dicen viva el Rey,
y otros, que viva la Reina,
yo digo que vivan todos
y que se acabe la guerra.

En la villa de Reinosa
han hecho una cárcel nueva
para encerrar los amores 
que dan palabra y la niegan.

 

Se aplaudió extraordinariamente la filosofía de estos cantares blandos, salidos del pueblo, y la igualdad en el toque de las panderetas. Las mozas, que tan bien cantaron, se llamaban: Estanislada Gutierrez, Balbina García, Isabel Ceballos y Josefa Ruiz.

Las de Lanchares cantaron una tonada muy bonita y sobre todo original. La letra no era hermosa, pero resonaba muy bien en el unísono de las voces y de las panderetas:

Viva, villa de Reinosa 
con todos sus miradores, 
y las justicias que tiene 
son un ramito de flores.

 

Al subir las de Aguayo, una mujer que estaba frente al Jurado, aplaudió a las de su pueblo. Las mozas, Leonor Ruiz, Ramona Ruiz, Carlota Joverán y Epifania Joverán, cantaron con una igualdad muy notable, enseguida se distinguió la buena modulación casi artística que tenían. Los cantares vibraron como emitidos por una sola voz. Y, aunque el cantar a lo ligero no tuvo originalidad, sin embargo, lo cantaron muy campurrianamente:

A toda la Presidencia 
le voy a pedir, prudente, 
si cometemos errores
no se rían de inocentes.

Lin el Airoso, famoso rabelistaY cantaron después las de Rioseco, bajito, pero con gusto y suavidad musical.

Después, la gente se dispersó al darse por terminada la fiesta, y todos salimos diciendo: 

Créalo usted. Este es el festejo más bonito.

Eso sí. La Banda Municipal tocó una jota y no sé qué más intermedios. Todo menos "La Tierruca" y "La Alborada" que tan oportunas eran.

Ganaron, pues, los premios: Requejo, el primero, Aguayo, el segundo; Reinosa, el tercero y Lantueno un accésit. A los demás grupos, el Ayuntamiento les hizo un regalo. Así dieron comienzo nuestros Concursos Regionales de Canto y Baile. El DIA DE CAMPOO es la continuidad de aquel certamen que con tanta ilusión, como acierto, organizaron los reinosanos de hace cien años.

En las fiestas del año siguiente, también hubo concurso de pandereteras: "La típica fiesta campurriana se celebró en Las Fuentes, los días miércoles y jueves de la semana pasada, resultó tan concurrida como era de esperar." Ganaron el concurso las de Pesquera, seguidas por las de Fontecha, Cañeda, Requejo y Monegro. Amenizó las fiestas la Banda de "La Lealtad" de Santander, que, según crónicas, obtuvo un éxito sin precedentes en esta clase de actuaciones:

"La Banda de La Lealtad
que ha venido a nuestra villa
ha tocado a maravilla, 
la verdad”.

Bien puede decirse que los concursos de la Fiestas de San Mateo han tenido desde entonces carácter de continuidad. La aceptación del público ha sido la causa fundamental, pero no hemos de dejar a un lado la colaboración conseguida en los pueblos de Campoo, que hicieron suya la fiesta, como es lógica que así sucediera. Aunque, en un principio permaneció en la convocatoria el tema de las pandereteras con exclusividad, pronto se introdujeron el de parejas de baile y el de solistas de canciones campurrianas para ambos sexos.

Es de destacar el Festival correspondiente al año 1912, que estaba previsto celebrarlo en Las Fuentes, como se había hecho costumbre, sin embargo, aquel año hubo de suspenderse por falta de previsión de los organizadores que se olvidaron de montar el consabido tablado, por lo que la aglomeración de la gente alrededor de la zona donde habían de actuar los concursantes obligó a aplazar el acto, que tuvo lugar tres días después en la Plaza Vieja. Aunque desconocemos el detalle, pues durante muchos años la convocatoria se hizo según se ha dicho con limitadas modalidades, durante algún tiempo los concursos figuraron en los programas como montañeses y, años después, se introdujo, solamente sobre el papel, la modalidad campurriana que era la que prevalecía en realidad, figurando las dos para atraer, digámoslo con expresión más actual, a los cántabros de abajo.

Nos consta que, desde 1928, se introdujo la variedad, muy interesante, por cierto, de rondas de mozos, sin dar por seguro que hubiera tenido cabida en convocatorias anteriores.

En el programa de Festejos de San Mateo correspondiente al año 1946, José Luis Bustamante, a quien se atribuye la iniciativa de bautizar el "festejo" y perteneciente por entonces a la comisión, hace una historia del DIA DE CAMPOO, que se estrenó con la nueva nomenclatura, el domingo 27 de septiembre de 1942. El certamen tuvo doble carácter: provincial y comarcal con el detalle siguiente: Parejas de Baile; Parejas de Cantadoras y Tocadoras de Panderetas; Solistas y Rondas de Mozos. El importe total de los premios ascendió a 1.970 pesetas.

En el año 1944, se introdujo la modalidad de Grupos Corales. En 1945, el Concurso se celebró en la Plaza de Toros, introduciéndose la modalidad de Parejas de Pito y Tamboril. El Jurado lo constituyeron tres figuras provinciales de la música: Don Ramón Sáez de Adana, Padre Gregorio de Santa Teresa y Don Cándido Alegría. El importe total de los premios fue de 6.585 ptas.

Finalmente, dentro de la década a que nos referimos se incluyeron también otras dos variedades: la de Solistas de Rabel y la del "ijujú" del final de las tonadas de ronda.

El programa de los actos relacionados con el concurso contaba con un desfile de participantes, que solía convocarse a las tres y media de la tarde y seguidamente se celebraba el certamen en la Plaza de España. A las ocho, tenía lugar en el Teatro Principal, un concierto con la participación de agrupaciones locales, provinciales y nacionales, según los contratos que pudieran afrontarse. A las diez y media de la noche, también en el Teatro Principal, se hacía una representación especial del "Gran Festival Folklórico", en el que participaban los seleccionados de la primera exhibición de la Plaza de España.  

La nominación de DIA DE CAMPOO favoreció la integración en un solo día de diversos actos del programa que tenían cierto carácter folklórico, así se incluyeron los concursos de bolos, de los que se reservaba para este día la exhibición más notoria, los de tiro de cuerda, los de trajes regionales y cuantos venían celebrándose tradicionalmente, aunque no tuvieran nada de folklóricos, tales eran los de pichón o tiro con carabina y arma corta, las pruebas con arco y la simulada caza del jabalí, así como otros festivales menos frecuentes como la "suelta de palomas","peleas de gallos" o el "encierro de vaquillas".

Otro interesante número del programa, integrado en el DIA DE CAMPOO, es el "desfile de carretas típicas", que comenzó a realizarse en 1954 y ha prestado gran realce e interés al desfile de participantes en el concurso.

El hecho de que nuestro DIA DE CAMPOO fuera declarado Fiesta de Interés Turístico, en 1977, tiene gran importancia de cara al exterior, pues, ciertamente, aunque no podemos considerarnos defraudados por la concurrencia de forasteros a nuestra fiesta, que ha adquirido fama nacional, lo más importante para los campurrianos tiene el carácter de lo trascendente, por lo que supone de entendimiento y buena voluntad entre nosotros y el apego a nuestras viejas costumbres que deben conservarse por su arraigo e innegable valor cultural. Lo mismo que pensaron aquellos campurrianos de hace cien años: organizadores, artistas y pueblo en general, cuando se reunieron en el Parque de Las Fuentes para celebrar la primera manifestación de arte popular campurriano..