Ermitas en Campoo y Valderredible

Isabel Portilla Arroyo

En una acepción amplia y genérica podemos definir la ermita como el santuario o capilla, generalmente pequeño, situado en despoblado y que carece de culto permanente, Aunque demasiado vaga y genérica esta definición nos permite fijar los límites del estudio al quedar excluidas las capillas privadas -construidas en el interior de una propiedad y destinada al uso de sus benefactores-, los humilladeros, las capillas de los cementerios y las ermitas convertidas en grandes santuarios -como sucedió en Montesclaros con el advenimiento de la Orden de Santo Domingo-, en muchas ocasiones designadas con este vocablo.

Ermita de Nuestra Señora de Somaconcha. PesqueraAhora bien, en un intento de mayor concreción, a la hora de delimitar estos espacios sagrados, es necesario hablar de la interrelación existente entre el emplazamiento, la advocación o imagen titular que la preside y el patrono o fundador. Estos tres elementos contribuyen al desarrollo de un hondo sentimiento religioso, que canalizado a través de determinadas imágenes y su poder de intercesión, convierten a la ermita en espacio de devoción generalizada.

Referente a su emplazamiento hemos de señalar la preferencia por erigir la ermita en lugares alejados del casco urbano, repitiéndose la ubicación en el interior de las cuevas -antigua ermita de Montesclaros, iglesias rupestres de Valderredible-, en lo alto de las cumbres -Nuestra Señora de las Nieves en Monegro, San Vitores en Salcedo, Santa Marina en Valdeprado del Río, etc.-, o a lo largo de los caminos para acoger a los caminantes -Nuestra Señora la Blanca en Soto o las numerosas dedicadas a Santiago, Nuestra Señora de la Calzada o San Cristóbal, muchas ya desaparecidas pero de las que tenemos referencias documentales-. Precisamente lo dificultoso del acceso, así como algunos excesos provocados por los romeros fue la causa del traslado de algunas ermitas a lugares más cercanos, como sucedió con la de Nuestra Señora del Abra que enclavada inicialmente en la cumbre de Peñalabra, pasa después a la ladera de ésta, para quedar ubicada definitivamente en la ermita en que fue venerado San Miguel ya en término de Villar. Aunque es clara la preferencia por levantar la ermita en la periferia, algunas se localizan en el interior del casco urbano -San Roque en Reinosa, Nuestra Señora de los Remedios en San Martín de Elines, San Roque en Lanchares, San Miguel en Loma Somera- unas veces por la expansión de éste, otras al quedar convertida la iglesia vieja en ermita.

San Roque. ReinosaEn íntima relación con el emplazamiento se encuentra la advocación o título de la imagen a quien está dedicada la ermita. Las más antiguas suelen estar dedicadas a los santos mártires y a los apóstoles, si bien son las advocaciones marianas las que ocupan un lugar destacadísimo. Las más antiguas son las dedicadas a Santa María. Pero, es sobre todo a partir del siglo XVI, coincidiendo con la mayor divulgación de los hallazgos sobrenaturales de las imágenes y del fenómeno de las apariciones, cuando se fundan numerosas ermitas dedicadas a la Virgen. Entre estas leyendas, repetidas con distintas modalidades en toda la región, estaría la de la aparición de la Virgen a pastores o niños que cuidan sus rebaños como Nuestra Señora del Abra, Nuestra Señora de Latas o Nuestra Señora de los Remedios de Meruelo, o la del hallazgo fortuito de la imagen en parajes alejados y por personajes de la misma condición como Nuestra Señora de Montesclaros, Nuestra Señora de la Gracia de Liendo, Nuestra Señora de Valencia de Vioño. Más tarde, es frecuente encontrar añadido a la titulación de Nuestra Señora la del lugar donde se erige la ermita, confiriéndole por un lado un claro matiz popular y por otro un carácter específico para ese colectivo, Nuestra Señora de la Velilla de Rocamundo, del Soto de Reinosilla, del Otero de Bárcena de Ebro, del Avellanal de LLano. Todas las referencias y datos aportados pertenecen a la ermita original, de Somera en Loma Somera, del Monte de Villanueva de la Nía o de Somaconcha en Pesquera constituyen un claro ejemplo. En menor proporción aparecen otras advocaciones marianas, algunas de las cuales -como la del Rosario deberán su difusión a la acción de las órdenes religiosas. Por último, baste reseñar también las advocaciones dedicadas a los santos taumaturgos, especialmente a San Roque, abogado de la peste, a aquellos que guardan una especial relación con la actividad económica del grupo como San Antonio, San Blas, Santiago, o a aquellos que se invocan en auxilio de males concretos y por tanto de forma individual como Santa Águeda, Santa Lucía, Santa Bárbara, San Nicolás, etc.

El último eleErmita de Nuestra Señora de las Nieves. Villarmento a abordar sería el del patronazgo que puede ser ejercido de forma individual o colectiva. El patronato particular no es demasiado significativo en nuestra comarca, debido a la propia situación económica y social. No obstante, las referencias documentales nos ayudan a vislumbrar quiénes fueron sus promotores. Excepcional es el caso de la ermita de Nuestra Señora de Montesclaros, que permanece bajo el patronato de los Reyes de Castilla desde 1217 con Fernando III hasta su donación en tiempos de Carlos II a la orden de los dominicos por Real Cédula de 1686, así como la de Santa Bárbara de Villafría, fundada por el capitán don Pedro Gutiérrez de la Iglesia, vecino de la ciudad de México. Más frecuentes son aquellas fundadas por un particular ya seglar ya secular, como el licenciado Juan de Allende fundador de la ermita de Nuestra Señora de las Torres en Rasgada; isidro Pérez y su mujer María Gutiérrez de la de San Antonio en Soto de Rucandio; Miguel Bustamante de la del Santo Ángel en Santa María del Hito o Miguel Alonso López, cura beneficiado en Arroyuelos de la Nuestra Señora de los Remedios en San Martín de Elines. Junto a estos ejemplos es necesario citar las numerosas fundaciones de capellanías en las ermitas por haber desempeñado un papel importante en el mantenimiento y aumento del culto. Mayor protagonismo tendrá el patronato colectivo ejercido tanto por el clero como por el concejo. En este sentido numerosas son las ermitas pertenecientes a la iglesia colegial de Cervatos, normalmente procedentes de donaciones, o las erigidas a instancias de la propia Iglesia aunque casi siempre con las aportaciones de los propios parroquianos. No obstante, el mayor protagonismo va a tenerlo el concejo, patrocinador de estos templos a impulsos de la fe y del deseo de alcanzar el favor de los santos. Buena prueba de la interacción entre la ermita y el concejo es la existencia de las denominadas ermitas junteras, que servían de marco de reunión para la celebración de las sesiones del concejo, como la de San Roque de Lanchares o la ya desaparecida de San Bartolomé en Pozazal. única en su función es la de San Roque de Reinosa reconstruida con caudal procedente del pueblo y habilitada como escuela.

Nuestra Señora del Humano. La Población (Campoo de Yuso)En ambos casos, previa a la construcción de la ermita ha de solicitarse una licencia eclesiástica en la que se especifique el lugar donde va a ser erigida la fábrica, la advocación, así como los bienes con que va a ser dotada para su mantenimiento. Obtenida ésta se da comisión y licencia para que el visitador, una vez comprobado su estado, la bendiga. Es a partir de este momento cuando se puede celebrar el sacrificio de la misa, quedando normalmente restringido al día de la festividad patronal y los días feriales. Sin embargo, de forma esporádica y por diversos motivos se puede permitir la celebración de la misa en días festivos. Así el Obispado burgalés concede a la ermita de Santa Eulalia en San Miguel de Aguayo el derecho para que se pueda celebrar misa en ella pero instando a los fieles a que asistan a la parroquia para no menoscabar sus beneficios. Otras veces son las propias condiciones geográficas y climatológicas la causa de tales concesiones tal y como sucedió con la de Nuestra Señora la Blanca, sita en el Puerto de Palombera y por lo tanto a considerable distancia de Soto donde se hallaba la parroquia. Desconocemos si gozaría de otras prebendas la ermita de Nuestra Señora de los Palacios en la que parece se permitió la celebración del sacramento matrimonial, extensible a otras ermitas.

En cuanto a su evolución en el tiempo, hemos de reseñar el hecho de que al igual que otras edificaciones religiosas, las ermitas campurrianas tuvieron momentos de gran esplendor seguidos de periodos de decadencia. En cualquier caso, es a partir del siglo X y en clara conexión con la vida monasterial y eremítica el marco en que debemos iniciar nuestro estudio y ello en un doble sentido, pues si de una parte es cuando surgen las primeras manifestaciones -ermita de Santa Marina de Entrambasaguas y las ya ampliamente estudiadas ermitas rupestres de Valderredible-, por otra nos hablan de la propia evolución y adaptación de esos edificios, que al ser abandonados, quedan a veces convertidos en ermitas -ermita de San Miguel de Cejancas, con anterioridad monasterio de monjas o Nuestra Señora de Somahoz convertida en ermita de gran devoción en la antigua Hermandad de Campoo de Suso-. Este proceso así iniciado continuará su desarrollo con crestas, a lo largo de toda la Edad Media y muy especialmente durante los siglos XVII y primera mitad del XVIII, y simas, especialmente durante los siglos XV y XVI, asociadas a la propia situación socioeconómica de la región. Es, por tanto, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando comienza a disminuir de forma paulatina pero progresiva el número de ermitas. Este proceso continuará a lo largo del siglo XIX, favorecido aún más por las guerras de la Independencia, carlistas y procesos revolucionarios, hasta llegar a nuestros días muy reducida su importancia al haber caído la mayor parte de ellas en el olvido y abandono prácticamente total. De hecho, las ermitas locales van olvidándose, sus fábricas arruinándose y en no pocos casos desapareciendo. Sólo algunas permanecerán como exponente de un sentimiento religioso y festivo que abarcará zonas más amplias, caso de la ermita de Nuestra Señora de las Nieves en Villar, Nuestra Señora de la Velilla en Rocamundo o Nuestra Señora de Montesclaros, verdaderos focos de la devoción popular en nuestra comarca. Centrándonos en el análisis de las fábricas podemos señalar que, de los 41 edificios catalogados, la generalidad se adapta al modelo de iglesia rural muy simple, de reducidas dimensiones y con pronunciada horizontalidad tan sólo rota por las espadañas. El tipo de planta que predomina en los trazados es el longitudinal llevado a su máxima sencillez en los edificios de nave única y testero plano, como se aprecia en San Vitores en Salcedo, Santo Ángel en Santa María del Hito, Nuestra Señora de los Remedios en San Martín de Elines, San Blas en Quintana de Valdeolea, San Esteban en Ríoseco, San Juan y Santa Marina en Valdeprado del Río, San Roque en Mediadoro y Lanchares, Nuestra Señora de las Nieves en Monegro o Nuestra Señora del Avellanal en Llano. Solo en los edificios más representativos estas trazas se ven complicadas por la división de la única nave en varios tramos o por la existencia de dos o tres naves. Escaso desarrollo presentan, por el contrario, los planes centrales cuyo uso no se manifiesta en estas construcciones hasta el siglo XVIII. Su espacio queda reducido a tina simple dependencia cuadrangular de escaso tamaño que ha de ponerse en relación con su condición de ermita-humilladero, siendo en San Roque de Ruerrero donde más claramente se observa la fusión de la ermita y el humilladero.

Pese a la sencillez que acreditan, algunas de estas trazas se verán alteradas por la Ermita de Nuestra Señora de la Velilla. Rocamundopresencia de añadidos tales como sacristías, pórticos o casas de ermitaños. En cuanto a la sacristía normalmente queda reducida a una pequeña pieza cuadrangular adosada a uno de los lados M testero o junto a la nave. Más escasas, pero de mayor interés, son las que se sitúan en su frente al ser normalmente el único resto existente de la ermita original -Nuestra Señora del Humano de La Población, Nuestra Señora del Monte de Villanueva de la Nía, Nuestra Señora de la Velilla de Rocamundo, Santa María de Rebollar de Ebro-. Escaso desarrollo tendrán atrios y pórticos. únicamente la ermita del Santo Ángel y La Velilla muestran sus accesos porticados. Un mayor desarrollo tendrán los atrios en los edificios de plan central claramente relacionados con el "asubiadero" como se constata en la ermita de los Cagigales, en la de San Antonio de Soto de Rucandio y en Nuestra Señora del Buen Suceso de Santiurde. Poco común y sin eje fijo en las trazas es la casa del ermitaño, pudiendo aparecer en la cabecera -Nuestra Señora de la Velilla-, a los pies de la nave -Nuestra Señora del Monte de Villanueva de la Nía y Nuestra Señora de las Nieves de Villar- o alejada del templo como reflejan los restos de Nuestra Señora del Otero de Barcena de Ebro. Excepcional es el caso de Nuestra Señora del Soto de Reinosilla al tener adosado en el lado meridional de la nave un osario mandado hacer en 1680.

En el exterior, los muros exhiben aparejo de mampostería y sillarejo siendo la sillería reservada para los vanos, puerta de ingreso, contrafuertes y espadaña. Sólo Nuestra Señora de Somaconcha de Pesquera se levanta en su totalidad con muros de sillería bien escuadrada, únicos restos de lo que constituye uno de los edificios de mayor importancia y categoría del conjunto. Escasa representatividad tienen las portadas, ya que salvo en San Roque de Reinosa, Nuestra Señora de los Palacios de Bolmir, el ingreso sur de Nuestra Señora de Somaconcha y Santa Bárbara de Villafría, sólo sirven de marco para el desarrollo de las puertas de ingreso. Especial interés reviste la de Nuestra Señora de los Palacios -único resto que perdura de ella, actualmente en la Casa de Cultura de "El Convento" de Reinosa- organizada conforme a patrones renacentistas. En el resto juegan un papel muy discreto en la estructura total del edificio resolviéndose las más antiguas en arcos apuntados -San Miguel de Olea, Nuestra Señora de los Remedios de Barruelo-. Este esquema será repetido en edificios de cronología avanzada -San Esteban de Ríoseco, San Miguel de Soto- lo que confirma la pervivencia de estructuras arcaizantes, muy frecuentes por lo demás en estas manifestaciones rurales. Mayor representatividad va a tener el arco de medio punto de amplio dovelaje y las resueltas en sencillo dintel, únicamente ornamentada con orejas barrocas en Nuestra Señora del Humano. El resto de los vanos están destinados a la iluminación, localizándose tres puntos luminosos: uno en la cabecera, otro en la nave y un último a los pies de ésta. Aunque su distribución adolece, por lo general, de homogeneidad, las diferentes soluciones adoptadas nos permiten conocer la evolución estilística al estar representadas desde las aspilleras románicas, protegida en Nuestra Señora de Ondevilla por arco de medio punto, a las resueltas en arco escarzano y de medio punto de la sacristía de Nuestra Señora de la Velilla y capilla mayor de Nuestra Señora del Humano adaptados a patrones propios del siglo XVI, hasta llegar a los vanos rectangulares con derrame interior y exterior empleados a o largo de los siglos XVII y XVIII. En el alzado, el único elemento exterior que rompe la marcada horizontalidad es la popular espadaña de uno o más cuerpos escalonados en altura y separados por sencillas impostas. Pervive, en suma, la tipología de la medieval aunque progresivamente se irá recargando con motivos de tradición clasicista -bolas y pináculos-. De todo el conjunto la gótica de Santa María de Valverde formada por tres cuerpos es sin lugar a dudas la más monumental. El elemento de cierre externo es invariable al utilizarse en todas la cubrición con teja árabe, a dos o más vertientes, sobre estructura de madera.

Nuestra Señora del Soto. ReinosillaEn el interior el espacio es uniforme, prevaleciendo un criterio funcional sin pretensiones estéticas. Por ello, tan sólo aquellos que han traspasado el umbral de ermita local, responden a planteamientos estéticos diferentes tendentes a la creación de espacios dilatados, que bajo los efectistas diseños de las bóvedas, permitan una fácil visión del altar mayor. En cualquier caso, el verdadero protagonista del alzado interior es el arco triunfal que se erige en antesala del presbiterio. Su diseño en los más antiguos se ajusta al arco de medio punto -volteando sobre columnas de capiteles iconográficos en San Miguel de Olea y en Nuestra Señora de Ondevilla- dando paso al apuntado apoyado en cimacios, a veces decorados, y más raramente en columnas -Nuestra Señora de Somera, San Juan de Valdeprado-. Desde mediados del siglo XVI volverá a implantarse de nuevo y ya definitivamente el arco de medio punto, siendo el ejemplo más significativo el de Nuestra Señora de las Nieves de Villar, que apea en columnas de capitel clásico, por ser el único que acredita seguir el modelo de iglesia columnaria. En la cabecera, comúnmente orientada hacia el este, es donde se hace gala del mayor despliegue decorativo, quedando este espacio diferenciado del de la nave bien por una o dos gradas situadas a la altura del arco triunfal, bien por una rejería a modo de iconostasis -Nuestra Señora del Soto, Nuestra Señora del Avellanal-. En cuanto al sistema de cubrición, en los edificios más tempranos, este espacio se cierra invariablemente con bóvedas toscamente talladas próximas a las de cañón -iglesias rupestres- para dar paso en el románico a la bóveda de horno -San Miguel de Olea, Nuestra Señora del Humano, Santa Ana de Fresno-, de cañón semicircular -San Juan de Quintana- o apuntado -Nuestra Señora de los Remedios de Barruelo, Nuestra Señora de Somera-. Frente a esta diversidad, el uso de la bóveda de crucería de tradición gótica será práctica común desde el siglo XVI hasta bien entrado el XVIII, como se observa en la clave de la bóveda de Santa Marina de Valdeprado fechada en 1781, dotando a estas fábricas de una estructura arcaizante. En cuanto a sus tracerías son muy variadas abarcando desde las más sencillas de crucería simple -San Roque de Mediadoro, Santa Marina de Rebollar-,pasando por las octopartitas -San Miguel de Soto, San Pedro de Aldea de Ebro, sacristía de Nuestra Señora de la Velilla- y de terceletes -ampliamente difundidas- hasta las más complicadas con combados de múltiples diseños y gran riqueza decorativa -Nuestra Señora del Avellanal y Nuestra Señora del Humano-.

Finalmente, y pese a la sobriedad y desornamentación que caracteriza a estos edificios, haremos una brevísima referencia a los elementos ornamentales más usuales. En los arcos, que perforan el ingreso, la ornamentación queda reducida a sencillos baquetones dispuestos sobre él, a finas molduras en su rosca o al cajeado de su intradós. Ocasionalmente su claves pueden ir ornadas con motivos florales, cruces o figuras de animales. Los capiteles acreditan mayor riqueza, siendo los más interesantes los románicos en los que alternan motivos vegetales con otros iconográficos -figuras humanas y anima les-. El resto ofrece escasa ornamentación, predominan do el clásico toscano. En las basas la decoración queda reducida a sencillas molduras, salvo en las románicas compuestas por dos toros con escocia y en repetidas ocasiones bolas en las esquinas. Las claves de las bóvedas reflejan una clara preferencia por los motivos florales, si bien en otra encontramos las llaves papales. Ya en el exterior, las cornisas más sencillas tiene forma de caveto pudiendo aparecer enriquecidas con motivos de bolas, puntas de diamante o rombos. Soportando éstas aparecen en las fábricas románicas los característicos canecillos, ya de caveto, rollo, proa de nave o con decoración animal o humana -San Miguel de Olea, San Juan de Quintana, Santa Ana de Fresno, Nuestra Señora de Ondevilla-. Menor representatividad tienen las impostas, excepción hecha de la de San Miguel de Olea de ajedrezado, o las de Nuestra Señora de la Velilla y del Avellana1 ambas con molduras alternantes de toro y listel alrededor de la cabecera. Más esporádica es aún la presencia de escudos, marcas de canteros o diversas cruces.

En cuaErmita de Nuestra Señora del Avellanal. Llanonto a los artífices de estas construcciones pocos datos podemos aportar, pues los nombres de canteros que aparecen citados en los libros de fábrica, lo son de manera muy imprecisa y corresponden no a los tracistas de la ermita sino a ampliaciones o remodelaciones llevadas a cabo en ella. No obstante, sí podemos señalar cómo estas obras son realizadas por canteros que intervienen en otros edificios de la zona. Así sabemos que los Perales actúan en la segunda mitad del siglo XVII en diversas obras del sur de la comarca. De hecho, Juan interviene en la ermita de Santiago de Aldea de Ebro y en la sacristía de la iglesia de Polientes, en tanto Vicente y Tomás lo harán en la iglesia de Valdeprado. Igualmente sabemos de la actuación de Francisco de los Corrales y Pedro del Valle, canteros de Orejo en la Merindad de Trasmiera, en la la iglesia de San Martín y en la ermita de San Miguel en Soto, así como en la iglesia de Salces. A lo largo del siglo XVIII, y especialmente mediado éste, se comienza a constatar una mayor presencia de maestros canteros del valle de Buelna, como Francisco González de Rivas y José García de los Salmones, que realizan diversas obras en la ermita de Nuestra Señora de los Palacios, o Manuel Ruiz en la ermita de Nuestra Señora del Campo en 1765.

Finalmente, y aunque escape a los límites del estudio, centrados en la arquitectura, no podemos eludir el hacer una breve alusión a los retablos y tallas más significativas. Entre ellas hemos de citar como pertenecientes al siglo XVI la imagen de Nuestra Señora del Humano de la Población, la del apóstol Santiago, único resto de la ermita que con la misma advocación hubo en Orzales, y el cuerpo superior del retablo de la de San Blas de Quintana. Mayor número de retablos hallamos a lo largo del siglo XVIII entre los que merecen ser destacados los de Nuestra Señora del Humano, del Soto, del Otero y de las Nieves de Monegro.