José Aja

José Aja

El desollamiento de Marsias I 1998. Colección Ministerio de Industria, Madrid.José Aja ha derivado desde una pintura abstrac­ta gestual hasta una poderosa determinación figurativa en la que mantiene un mismo tono violento: " [...] desde sus pinturas muertas (dead painting), abandonadas en el caldo primigenio de la indiferenciación, por medio del sacrificio del fauno, de la tensión con lo dionisíaco, a este renacer de un principio ordenador como esencia de lo vital". Se pasa de una comprensión de la pintura como cuerpo que se deshace en la serie inspirada en el desollamiento de Marsias de Tiziano, a una figu­ración cruda, gracias a la recuperación de la experiencia de su entorno, esto es, en un proceso ele­mental pero complejo que supone aprender a mirar lo cercano y, al mismo tiempo, tratar de emplazar los acontecimientos con los que los mass-media nos bombardean. El tema funciona como impulso de la pintura, como detonante de un gesto nuevo. Ángel Gabilondo señaló, en torno a la pintura de José Aja, que pintar es un acto peligroso, "un gesto aún raro, extremo, una violencia que para empezar, se ejerce sobre uno mismo. Se trata más bien de un sumergirse en esa línea en la que necesariamente se juegan la muerte y la vida, la razón y la locura, una línea en la que uno se halla ya implicado".
Dead painting II 1996. Colección particular, Burgos.
 
La madurez pictórica le ha procurado el abandono de los sarcasmos sobre la minimalización o la facilidad abstracta, urgido por aquello que no se quiere ver, esto es, por un inconsciente colectivo que es la parte maldita, el reverso de aquella realidad que habi­tamos. El esfuerzo por componer una escenografía en la que habitar le ha llevado hasta una pintura de enorme densidad. Atrás queda aquella época en la que pintaba el gesto de pintar o sus ironías sobre el dripping, ahora no se trataría de poner en marcha la deconstrucción sino de asumir Lo Real, en esa esquizia del ser que nos desgarra. La piel de la pin­tura, como aquella que le arrancaron a Marsias, de­signa un misterio y también tremendas certezas*.
 
 
Apuntes sobre mi pintura
Reflexionar sobre mi trabajo en la pintura de los últimos años va irremediablemente asociado a rela­tar ciertas experiencias con el entorno, ya sea éste cercano en lo que se refiere a lo más íntimo y per­sonal, así como los acontecimientos a los que nos vemos abocados el conjunto de la sociedad. Desde esta perspectiva me tendría que remitir a los esce­narios que me acogieron en tiempos de estío y que desde el más profundo hastío me forzaron a dibu­jar aquello que tenía ante mis ojos. En un primer momento sería la soledad de un jardín en el que la única compañía de las nubes me ayudó a establecer los puntos cardinales de un nihilismo que me tenía completamente atenazado.
 
De la serie ejercicios de punteria, 2008.Esas primeras acuarelas, que apenas pintaban nada, cumplieron el objetivo de posicionarme ante el mundo; el ojo se puso en marcha, se puso a mirar y así empecé a tomar cierta distancia con el objeto de la pintura. La pintura ya no dependía sólo de mí, sino que era una cuestión del mundo, el compro­miso era compartido con el exterior a través de un ojo común. Esto, sin duda, me ponía en una situa­ción de objetividad al querer captar la realidad tal y como ese ojo común me la traía a la mano.
 
Venérea, 2001-02.Ese jardín me sirvió de plataforma en el que si­tuar un mundo real, y así poder compartir la pintura con ese afuera ya habitado por todos. Las personas más cercanas empezaron a habitar mis cuadernos de dibujo, lo que ha ido configurando una amplia galería de retratos, pero el retrato surgido desde una necesidad interior cómplice con esa realidad exterior. El gesto puramente abstracto se solapa en la figura que procura el personaje, que como un huésped se aloja en la pintura. El paisaje abstrac­to de la acción de pintar es sustituido mediante la representación de lo real por un corpus figurati­vo que se extiende hasta los bordes del cuadro. La atención ahora es doble, la del gesto pictórico que construye la gramática de la pintura, y la del tema que allí subyace. Ahora es el tema el que impulsa a pintar, si el tema fracasa la pintura también. De esta manera tenemos a la creación más controlada, no todo vale. El tema nos tiene que traer un nuevo gesto, una nueva pintura, ambos se deben solapar perfectamente para que esto se produzca. Las co­sas del mundo son nuestras propias cosas, así que cuando las pintamos, lo debemos hacer como si nos pintáramos a nosotros mismos.
 
Rojo y negro (autorretrato), 2004.Empiezan a convivir en mi estudio materiales temáticos en un principio antagónicos (dibujos del natural de gente cercana, retratos de adolescentes, paisajes a la acuarela, fotografías de prensa , per­sonales, etc...) debido a la necesidad de ir compen­sando unas actuaciones con otras: "autorretrato en negro con zapatos rojos" se alterna con retratos de ex ministros iraquíes, que a su vez me llevan a in­vitar a amigos al estudio para pintarlos a modo de conversación; los cuadros de temas bucólicos, fruto de las series mitológicas que revisaban a los clási­cos, se alternan con cuadros basados en imágenes recortadas de la prensa que nos cuentan las adver­sidades del mundo. Todo esto me puso a pensar en los nuevos disparates en los que está sumida la sociedad actual desde una perspectiva irónica, no es mi intención hacer un melodrama de lo que ya por sí mismo es suficientemente dramático, y menos aún caer en la pornografía dictatorial de los medios, se trata más bien de rescatar esas imágenes y a sus huéspedes y situarlos en otro lugar. Ahí me di cuenta de la necesidad de alternar varias temáti­cas. Las imágenes de los periódicos están forzadas a tener un cierto toque bucólico porque así lo quiero yo, mi mirada rastrea y busca esa posibilidad de traer a la pintura, en la medida de lo posible, una identidad a esas masas de hombres que van a la deriva muy lejos de nuestra realidad cercana.
 
Intensidad sin patetismo, sin un afán retórico de enunciación para intentar construir nuevas es­trategias de la imagen pictórica a partir de la fi­gura humana como parte sustancial de la forma. Construir imágenes a partir de la manipulación de otras imágenes o actuando directamente sobre los modelos reales creando un relato de lo cotidiano, secuenciando la pintura al ritmo de la vida. Imá­genes de lo real que nos sujetan a la vida, y que huyen del impacto "pop" propio de su medio, para defender más bien una densidad propia de la obra pictórica frente a la porosidad y caducidad de las imágenes mediáticas. Ir más allá del posmodernis­mo deconstructivo, o del manierismo de series an­teriores, partiendo de la base que maneja una tradi­ción consolidada que recupera cierta pasión por la pintura, decantando el fluido pictórico de sus im­purezas formalistas, procurando esa inmediatez en el espectador tan poco frecuente en el arte llamado contemporáneo.
Familia II (la siesta), 2007.
Dejar atrás la especulación pictórica de la abs­tracción, la pintura/pintura, para dejar que fluya en la pintura el relato, la alegoría... en una actividad que forma parte de una cadena que está ligada al pasado, al depósito de las experiencias del arte y el pensamiento. Lo nuevo es un valor intrínseco a la acción de pintar. La vieja pintura me procura la po­sibilidad de pensar la realidad desde la expresión, sintetizándola en el cuadro que se abre como una escenografía, plataforma en la que habitar.
 
José Aja, 2008
 
 Morgue (tumba de sueño), 2008.

Curriculum
Disparate fúnebre, 2007. Colección Robayera.José Aja, Reinosa (Cantabria) 1966. Licenciado en Bellas Artes en la Especialidad de Pintura, Uni­versidad de Barcelona, 1989. Máster en Estética y Teoría de las Artes, Universidad Autónoma de Ma­drid, 1991. Realiza sus primeras exposiciones con la galería Siboney de Santander, y la galería Ferran Cano de Barcelona y Palma de Mallorca, con la que participa en varias ediciones de ARCO y otras ferias en el extranjero, Basilea, Chicago, Frankíurt y París. Ha expuesto en el Espai 13 de la Funda­ción Miró de Barcelona, dentro del ciclo Pandemó­nium; en el Museo de Bellas artes de Santander (El Puente de la Visión y Memoria de un Fin de Siglo). En el último año ha expuesto en Sala Robayera y en la galería Guillermina Caicoya de Oviedo. Ha participado activamente en Cruce, Madrid, espacio dedicado al Arte y Pensamiento Contemporáneo a través de exposiciones y seminarios. Dedicó la Beca de Artes Plásticas de la Fundación Marcelino Botín a la continuación de su trabajo de investigación pictórica. Actualmente reside y trabaja en Madrid.
 
Su obra forma parte de diversas colecciones institucionales entre las que cabe destacar, Colec­ción "Testimoni" La Caixa, Fundación Botín, Mi­nisterio de Industria, Caja Cantabria, UNED, Colec­ción Norte del Gobierno de Cantabria y Museo de Bellas Artes de Santander, así como de importantes colecciones privadas.

* Extractos del texto “Make my day” [Para dejar(se) la piel en la pintura] de Fernando Castro Flórez. Catálogo Sala Robayera, 2008

 

Vista de la exposición tumba de sueño, 2009. Galería Guillermina Caicoya, Oviedo. 

Vista del estudio, Madrid.


© de las obras, José Aja, Vegap 2009
© de las fotografías, Jorge Fernández Bolado (excepto Morgue, Desollamiento de Marsias, Dead Painting)