La actividad dramática de Demetrio Duque y Merino y el teatro en Reinosa a finales del siglo XIX

Raquel Gutiérrez Sebastián y Teodoro Pastor Martínez

Dentro de la desconocida obra de Duque y Merino quizá el rincón más ignorado sea el de su actividad teatral. Aunque los investigadores podemos deducir indirectamente por la documentación que poseemos su interés por el teatro, en la bibliografía más clásica sobre este reinosano ilustre (bastante escasa por cierto) encontramos o bien un silencio sobre sus labores como comediógrafo e incluso como crítico teatral, o bien la declaración manifiesta del desconocimiento de tal actividad. Esto último sucede, por ejemplo, con las líneas que Santiago Arenal dedica a los quehaceres dramáticos de Duque y Merino: "Tenemos que confesar que no nos ha sido posible haber encontrado en parte alguna las obras teatrales que como de él mencionan quienes han dedicado sucintas notas informativas al escritor reinosano". (Arenal, 1951 :LVI).

 

Citaba Arenal varias obras de Duque pertenecientes al género dramático que había visto citadas en el libro Reinosa y el valle de Campoo (1916) del reinosano Julio G. de la Puente. En este listado de obras se incluían comedias originales del propio autor y arreglos o traducciones de obras de otros autores realizadas por Duque y Merino. Desgraciadamente el investigador y el bibliófilo curioso de hoy no puede acceder a la totalidad de ese material porque permaneció inédito en su época y porque las copias manuscritas de la mayoría de estas obras están en paradero desconocido.

Por fortuna, pese a la fragmentación producida en el legado documental del autor y al espeso manto que el paso del tiempo ha colocado sobre su figura, hemos podido rescatar algunos jirones de esta actividad dramática que si bien no son piezas indispensables en la historia del teatro español son eslabones interesantes en la reconstrucción de la actividad teatral de la capital campurriana en el siglo XIX, apuntes de una crónica historiada que está todavía por elaborarse. El catálogo de obras que nos ha llegado se compone de los siguientes títulos: De veraneo, Gastos imprevistos, Monólogo interrumpido, Cotarro, El baile de la "armonía'', Gentes que van y vienen, La renegada de Valladolid (arreglo para zarzuela de una comedia del siglo XVII del mismo título, obra de Luis de Belmonte Bermúdez, Agustín Moreto y Cavana y Antonio Martínez Meneses que se encuentra en la Biblioteca Nacional con este título y con el de La cautiva de Valladolid), Gonzales, El ministro y el portero, Nubecillas de verano, Quitameriendas, Zarzuela de antaño en tres actos (original del propio escritor reinosano), La vengadora, A donde puede arrastrar un mal pensamiento, Cinco minutos de retraso, Gabinete con alcoba y finalmente El marido hace mujer (citada como una refundición de don Demetrio de la comedia del mismo título original de Antonio Hurtado de Mendoza en el artículo necrológico publicado en El Cantábrico y en El Correo de Cantabria con motivo de la muerte del escritor).

Pese a la abundancia de títulos de este catálogo solamente hemos podido consultar el texto de tres obras: dos originales de don Demetrio, Nubecillas de verano y Quitameriendas (esta última incompleta) y una traducción realizada por el escritor reinosano de una obra francesa. Cuando llueve y hace sol (1898).

La primera de las obras en cuyo análisis nos centraremos. Nubecillas de verano, es cronológicamente la primera pieza dramática original de don Demetrio que conservamos (1). Se trata de un juguete cómico compuesto por veintinueve escenas y fechado en 1897. El subgénero del juguete alcanzó gran auge a finales del siglo XIX dentro de lo que se denominaba teatro por horas, organización del evento teatral que consistía en ofrecer al público cuatro obras diversas de un acto, dentro de un espectáculo que duraba cuatro horas seguidas, con entradas independientes para cada una de las representaciones y precios asequibles (2).

En este género se respetaban siempre las tres unidades, precepto teatral que consistía en que las obras debían escenificarse en un único espacio, un tiempo de un día y una única acción (en la que sí podían incluirse episodios o acciones secundarias). Duque y Merino, conocedor de esta preceptiva, la respeta en su pieza dramática, pues este juguete cumple la unidad de lugar (3) al desarrollarse en la fonda "Siglo Nuevo" de Villabuena, un pueblo pequeño en un rincón del norte de España; tiene como tiempo escénico la época actual, aspecto que era frecuente en el resto de las obras del género y su autor mantiene la unidad de tiempo haciendo que la obra se desarrolle en las primeras horas de una tarde. También respeta don Demetrio la unidad de acción, porque en la pieza dramática asistimos a una única trama: los amores, desamores, riñas y reconciliaciones de tres parejas de novios.

Otra de las normas que solían respetar los autores de los juguetes cómicos y que en este caso se cumple es el número de personajes, que no debía ser muy elevado. En Nubecillas de verano son siete los caracteres que encontramos: dos señoritas de ciudad, que son amigas; la madre de una de ellas, una viuda rica y de buen ver y tres galanes, un viejo magistrado, un ingeniero y un abogado. Entre los personajes populares (también frecuentes en este subgénero) está la criadita Rosa, que da pie a gran cantidad de situaciones cómicas por sus constantes críticas a los señoritos, su liviandad, sus galanteos con los hombres y su graciosa verborrea. Es moza de muchos pretendientes y ningún novio, a la búsqueda de las propinas de los caballeros rijosos deseosos de obtener sus favores.

La trama tiene un carácter amoroso y se centra como hemos indicado en los amores de tres parejas: Rosario y Fernando, Elisa y Arturo y don Ramón y doña Laura, padre y madre respectivamente de cada una de las muchachas. El hilo argumental se compone de varios episodios de escenas amorosas fingidas entre unos y otros personajes, en muchos casos falsos amores, que pretenden demostrar que todas la mujeres son celosas cuando les dan ocasión y que en todas las parejas hay discusiones, "nubecillas de verano", que pueden deparar o no en tormentas. El final es feliz como en la mayoría de las piezas semejantes, pues la obra termina con la marcha de los personajes a otro lugar de veraneo y con la promesa de una próxima boda de las tres parejas al concluir el estío.

Como valores positivos de la pieza dramática podemos aludir a la comicidad bien recreada de algunas situaciones, a la oportunidad de ciertos ingredientes costumbristas como las cancióncillas cantadas por Rosa, a la viveza de los diálogos y a la utilidad de las acotaciones para indicar a los actores los gestos y actitudes que han de tomar en las distintas escenas. Es interesante también observar cómo la vena crítica de Duque y Merino se vierte en los diálogos de los personajes, que además de hablar de amor y celos hacen críticas a los políticos, a la seriedad de los jueces y abogados y a ciertas particularidades de la prensa de su época. Uno de los personajes, Arturo, un veraneante madrileño, pasa su tiempo leyendo la prensa, y su novia le reprende con estas palabras que dejan ver a las claras que Duque y Merino era un hombre cultivado de su tiempo: "en leer el artículo de Taboada, y el Palique de Clarín y el cuento de doña Emilia" (pág.399). En otros momentos de conversación entre los personajes aprovecha el dramaturgo sus diálogos para verter sus opiniones ácidas sobre la prensa periódica, indicando como principales defectos de los periódicos de su época el excesivo afán de polemizar, los insultos al Gobierno y la moda de las traducciones de los novelones franceses.

Entre los ingredientes menos afortunados y conseguidos de este juguete cómico podemos citar la excesiva tipificación de los caracteres dramáticos, encasillados en papeles inmóviles como el del viejo verde, la criada casquivana y de buen ver o las señoritas celosas, pero esto era bastante común a casi todas las piezas de este género. Otro defecto que podemos consignar es que a veces el diálogo se vuelve demasiado enrevesado para dar cuenta de la situación dramática, lo que sucede especialmente en las últimas escenas. También es censurable la excesiva subordinación del dramaturgo a la unidad de lugar, porque para que toda la acción se desarrolle en la fonda, don Demetrio debe realizar en determinados momentos unos juegos demasiados retorcidos en el hilo argumental. Así sucede cuando varios personajes entran y salen del espacio escénico del hotelito pretextando ir a recoger y dejar diversas prendas indumentarias como sombreros, paraguas o tocas. En definitiva, la obra podría haber cumplido, de haberse estrenado, asunto del que no tenemos noticia, la función de entretener y divertir al público, pues no es de peor factura que otras que tuvieron éxito cuando fueron escenificadas en los teatros madrileños.

El segundo texto que nos ha llegado, aunque no completo, es la pieza teatral titulada Quitameriendas. La copia manuscrita que hemos podido manejar está fechada también en 1897 y es un drama en tres actos y en prosa, de tipo costumbrista y ambientación rural (el espacio escénico es una aldea de los valles de Campoo, según indica el dramaturgo). El título alude a la motejación con la que es conocida en el pueblo la protagonista de la pieza teatral, Angélica, una muchacha que ha vivido un tiempo en Madrid y que ha regresado al pueblo, a la casa de sus tíos, Nando y Nisia. El sobrenombre que le adjudican se debe, según indica el propio personaje, a que los aldeanos la ven triste y abatida, del color violáceo de la flor solitaria así llamada que crece en los campos agostados. La trama de esta pieza teatral se centra en los amores frustrados del aldeano Pólito hacia Angélica, a la que la maledicencia y la envidia de otras muchachas como Conce adjudican una conducta licenciosa que parece que no ha tenido. La protagonista del texto es un personaje atormentado cuyos sufrimientos se agravan con la declaración amorosa de Pólito, a quien ella corresponde pero a quien no puede, por extraños motivos, unirse. La copia de la que disponemos concluye en la escena IV del segundo acto, por lo que no tenemos noticia del desenlace del drama, aunque previsiblemente no se tratará de un final feliz.

En lo que respecta a la valoración literaria del texto que tenemos podemos apuntar como elementos interesantes la plasticidad de las acotaciones escénicas, en las que se dan gran cantidad de detalles referidos a la fisonomía del pueblo (la plazoleta, la bolera, la casa del tío Nando con su portalada y a lo lejos el bosque) y el interés de las escenas costumbristas como la que recrea el juego de bolos de los mozos y en general el ambiente de una aldea un día de fiesta. Aspectos menos cuidados del drama son los excesivamente largos parlamentos y soliloquios de los personajes, que estatizan el texto teatral y su posible representación, la falta de decoro en el habla de los rústicos, pues los aldeanos protagonistas de la pieza dramática emplean un lenguaje elevado, cuajado de metáforas y altisonancias e impropio de su condición cultural y social (aunque los mozos que no son protagonistas se expresan de un modo más natural) y la falta de teatralidad de algunas escenas, como los diálogos amorosos protagonizados por Pólito y Angélica.

Demetrio Duque y MerinoJunto con estas dos piezas originales de don Demetrio conservamos una versión traducida de una obra francesa cuyo autor ignoramos, pieza titulada Cuando llueve y hace sol. Es una comedia en un acto y en prosa que Duque y Merino tradujo en 1898. En ella se recrea una historia de amor con final feliz entre un pintor bohemio que habita un buhardillón y una modistilla que viene a ocupar la misma vivienda de la que ha sido expulsado el artista por no pagar. El título hace referencia a la variación climática que obliga a los protagonistas del texto a quedarse en la casa y que los invita a llegar a intimar. La acción se desarrolla en Madrid y el tiempo es la época actual (entendiendo por actual el momento de la traducción del texto). Los personajes son Consuelo, una modista guapa y soltera, Eduardo, el pintor bohemio y arruinado del que se enamora la muchacha, y el señor Simón y los mozos de cordel en papeles muy secundarios, pues la mayor parte de la trama está compuesta por escenas de juegos amorosos verbales entre los dos protagonistas, respondiendo al esquema típico de las comedias de amor. Como no contamos con el texto del que parte el escritor campurriano no podemos valorar literariamente la obra. Baste señalar que el argumento está bien trabado, que las acotaciones son muy detallistas (sobre todo ricas en elementos para la escenografía y decorados y en matices que indican cómo tienen que interpretar su papel los actores), y que el estilo de toda la pieza tiene gran sencillez, dentro de los cánones habituales de las comedias de la época.

Además de su condición de autor dramático, la segunda faceta curiosa en Duque y Merino en relación con el teatro es su actividad como crítico teatral. En el periódico El Ebro, publicación que fundó en 1884 y que duró seis años y medio, solía escribir artículos referidos a este tema, en los que glosaba estrenos de importancia habidos en Madrid y acontecimientos relacionados con el espectáculo teatral en la villa reinosana, en Santander o en la capital. En este sentido destaca un artículo publicado el día 31 de agosto de 1884 con motivo de la muerte de García Gutiérrez, el autor de El Trovador, así como el elogio funerario que dedica al famoso actor Rafael García Calvo, publicado el 5 de septiembre de 1888, o la divulgación del estreno de la ópera Los amantes de Teruel con música de Tomás Bretón (en un artículo de El Ebro fechado el 17 de febrero de 1889). Estos textos demuestran que el escritor campurriano estaba muy al tanto de las novedades del teatro nacional y que tenía sus personales gustos teatrales, inclinados hacia los autores clásicos, especialmente los genios dramáticos del Barroco como Tirso de Molina, Calderón de la Barca o Lope de Vega. Fruto de este interés hacia la dramaturgia de ese periodo es un temprano artículo a modo de ensayo titulado "La moralidad de las mujeres de las comedias de Tirso de Molina", en el que repasa varias obras del comediógrafo barroco glosando textos de las mismas, artículo que se publicó en El Aviso en 1878 y que fue leido posteriormente en una Velada Musical y Literaria el 10 de mayo del mismo año en el Teatro de Santander.

Pero su actividad como crítico teatral no se ciñó a la reseña de acontecimientos dramáticos de nivel nacional, sino que fundamentalmente se centró en la crítica de las obras que se representaban en el local habilitado como teatro en Reinosa en ese periodo. El repaso de estos artículos de crítica teatral es un valioso documento para reconstruir fragmentos de la historia del teatro en Reinosa en los años finales del siglo XIX, pues se nos dan a conocer datos interesantes en lo que a espectáculos, locales, precios, tipos de representación y público se refiere.

Un primer aspecto al que se hace referencia en todos estos artículos de El Ebro que fue publicando cuando había algún tipo de representación dramática en Reinosa es el de las circunstancias externas relacionadas con la actividad teatral. Corno el periódico contaba además con anuncios en los que se convocaba a los vecinos amantes del teatro a los espectáculos, sabemos por estas secciones publicitarias y por lo que Duque escribe que las representaciones tenían lugar a las nueve de la noche y solían representarse dos obras. El espectáculo comenzaba con la interpretación de composiciones musicales (sinfonías) y después de la representación de obras de más envergadura, generalmente comedias o tragedias, terminaba casi siempre con una pieza breve de tipo cómico, que solía ser un juguete cómico o algún sainete. El público estaba compuesto por la mejor sociedad reinosana, de la que a veces Duque y Merino cita nombres y apellidos, sin dejar de aludir tampoco a la belleza de las damas allí congregadas y a la vistosidad de sus atavíos, acicates notables para el público masculino cuando las obras escenificadas no eran de gran calidad.

Colección particular de Teodoro Pastor



Además, en estas críticas y reseñas, Duque y Merino reitera las quejas sobre el lugar en el que se realizaban las representaciones, un almacén de don Juan Antonio Alventosa situado en La Pelilla, y repite la necesidad de construir un local más digno, porque las compañías teatrales que pasaban por Reinosa eran en ocasiones de calidad más que aceptable, como sucede con la compañía del Sr. Vega y la de Casto Casielles (algunos de cuyos actores y actrices son ensalzados por el erudito reinosano por sus interpretaciones) y su labor quedaba desmerecida por la falta de un espacio escénico adecuado, Indica por ejemplo el escritor reinosano en un artículo del 13 de septiembre de 1885: "Cada vez que se ve, en aquel destartalado almacén que llamamos teatro, concurrencia tan escogida como la que acudió el Domingo y Jueves últimos, y en aquel empobrecido y haraposo escenario, una compañía tan aceptable y digna de aplauso como la que hoy funciona, repite todo el mundo la frase de que aquí necesitamos un teatro, de que es sensible y aún bochornoso que no tengamos más que aquello. Pero pasa el tiempo y el teatro no se hace, ni nadie quiere prestar su concurso, y todo es poner obstáculos y apagar entusiasmos en cuanto cualquiera apunta una idea o inicia un proyecto. Da compasión y produce fastidio oir decir y ver hacer bien ciertas cosas entre las inverosimilitudes de aquella pobreza y aquellos guiñapos de decoraciones, incómodamente sentados en aquellos bancos duros y estrechos, rotos y desvencijados por doquiera". También en ciertos artículos de los que integraron la polémica entre Duque y Merino firmando con el seudónimo de Bismil, y Ramón Muñoz de Obeso, que adoptó el nombre de Porthos, se alude a esta preocupación por la necesidad de construir un teatro en Reinosa, sobre lo que de un modo optimista indica Duque en un artículo del 25 de diciembre de 1883: "Mira, Porthos, ese teatro porque suspiramos se hará...".Y diez años más tarde efectivamente el nuevo teatro se hizo; concretamente fue inaugurado el día 22 de septiembre de 1893 (4).

Sobre este evento tan importante para la vida cultural de la capital campurriana tenemos también el testimonio de Duque y Merino, que publicó en El Atlántico el 25 de septiembre de 1893 un artículo en el que tras ciertos párrafos humorístico-irónicos sobre el retraso producido en la fecha de inauguración de la sala por la falta de luz eléctrica, alaba la decoración realizada por el escenógrafo Arturo D'Almonte, a la vez que aprovecha para criticar el repertorio representado: "Después nos sirvieron uno de esos platos de salsa picante y sal gorda que, con el apodo de juguetes cómico-líricos, traen a mal el teatro en todas partes". Lo que censura de este tipo de piezas, valiéndose del diálogo con un supuesto espectador "aficionado a ver comedias, y hasta a representarlas él mismo", es la rudeza y vulgaridad de los caracteres y el excesivo tono picante de las representaciones: "Mire usted,-me decía indignado-, que haber hecho un teatro de nueva planta, y haberle pintado tan majo, y decorado tan bien, y alumbrado por la electricidad, que es lo último, para sacarnos lo primero en él una mujer borracha y un gallego entreverado que dice chistes capaces de enrojecer a un cabo de gastadores...". Prefiere Duque y Merino otros subgéneros dramáticos más serios, aunque comprende que los de tipo cómico o los pertenecientes al género chico, especialmente las zarzuelas, son los que gustan a un público poco selecto que acude a las representaciones a ser visto y divertirse con fórmulas humorísticas que adolecen en ocasiones de la mínima calidad, lo que por otra parte también está sucediendo en todos los teatros de la mayoría de las ciudades y villas españolas en ese periodo.

Otro de los elementos que resulta de interés en las reseñas de obras teatrales realizadas por Duque y Merino en El Ebro es la posibilidad que ofrecen de conocer las obras que se representaban en Reinosa, que pertenecían a varios subgéneros como el cómico, el trágico, el género chico (zarzuela) y los géneros menores de tipo humorístico, entre los que destacaban los juguetes cómicos y los sainetes. Haciendo un repaso de los autores y las obras hemos de destacar el dominio absoluto del teatro neorromántico de José Echegaray, autor que tanto triunfó en la escena española en general y que consiguió un polémico premio Nobel en 1904. Algunas de sus obras más representadas como La esposa del vengador (1874) y O locura o santidad (1877) fueron escenificadas en Reinosa en los años 80 del siglo XIX. Junto con los títulos de Echegaray también podemos encontrar obras de sus imitadores, entre ellos Leopoldo Cano, del que se representaron dos obras: La Pasionaria y La trata de blancos. También se pusieron en escena obras de autores que triunfaron en el género chico, como Miguel Echegaray. Por tanto, a través de estas críticas podemos saber que la capital campurriana recibía, aunque con algún retraso, las obras que estaban triunfando en los teatros madrileños, y podemos darnos cuenta además de los profundos conocimientos que Duque y Merino poseía sobre nuestra dramaturgia clásica (5) y advertir su defensa del teatro de raíces españolas frente a la importancia que estaba adquiriendo el teatro francés, al que muchos autores imitaban en obras carentes de calidad.

Calle del puente (1911). Fotografía de Jesús Otero. Colección particular de Teodoro Pastor



En conclusión, a pesar de la escasez de textos dramáticos que nos han llegado de Duque y Merino, y de que no podemos afirmar que estas obras con las que contamos hayan sido representadas en su época, podemos valorar positivamente su texto literario, e incidir además en el interés de las críticas teatrales del erudito campurriano publicadas en El Ebro, por sus valores literarios en sí, porque revelan la cultura y el conocimiento del teatro clásico por parte de su autor y porque son una pieza más del panorama de la historia teatral de Reinosa, historia que tenemos que ir reescribiendo si queremos entender que el interés que hoy sigue teniendo entre los campurrianos el género teatral viene de una tradición de afición por la escena que los investigadores no debemos dejar que duerma en el olvido. En una página de esa historia, como en tantas otras facetas de la cultura reinosana en el XIX, tiene su lugar el nombre de don Demetrio Duque y Merino.


NOTAS


(1) El texto aparece recogido en el libro de Teodoro Pastor, Antología temática de la obra del escritor campurriano don Demetrio Duque y Merino (1844-1903), Reinosa, Ayuntamiento de Reinosa. 1994, pp. 389-419.
(2) García Lorenzo, L. y Espín, P., "El teatro menor" en "El teatro durante la Restauración y el fin de siglo", Historia de la Literatura española, siglo XIX (II), volumen coordinado por Leonardo Romero Tobar, obra dirigida por Víctor García de la Concha, Madrid, Espasa Calpe, 1998, pp. 107-200.
(3) Normalmente, en la mayoría de los juguetes cómicos, la acción dramática se desarrollaba en Madrid.
(4) De las circunstancias de construcción e inauguración de esta sala da cumplida cuenta un artículo de Rodríguez Cantón, en el que se recoge también el testimonio del artículo de Duque y Merino publicado en El Atlántico. Ver Rodríguez Cantón, R., "Datos para la historia del teatro en Reinosa", en La Cantábrica, n° 3, otoño de 2001, pp. 50-55.
(5) Así, por ejemplo, cuando habla de la obra de Miguel Echegaray El octavo no mentir indica: "que de La verdad sospechosa tiene algo de idea y mucho del correcto y facilísimo lenguaje" (El Ebro, 8 de agosto de 1886).



BIBLIOGRAFÍA

 

Arenal, S., Demetrio Duque y Merino. Antología de escritores y artistas montañeses, XXIX. Santander, Imprenta y Encuadernación de la Librería Moderna, 1952.
G. de la Puente, J., Reinosa y el valle de Campoo. Santander, Imprenta de El pueblo cántabro, 1916.
García Lorenzo, L. y Espín, P., ''El teatro menor", en ''El teatro durante la Restauración y el fin de siglo", capítulo II de Historia de la Literatura española, siglo XIX (II), volumen coordinado por Leonardo Romero Tobar, obra dirigida por Víctor García de la Concha, Madrid, Espasa Calpe, 1998, pp. 107-200.
El Ebro, Periódico de Intereses Materiales y Sociales, Mercantil, Literario y de Noticias, Reinosa (todos los números, desde 1884 a 1890).
Pastor Martínez, T., Antología temática de la obra del escritor campurriano don Demetrio Duque y Merino (1844-1903). Reinosa, Ayuntamiento de Reinosa, 1994.
Pastor Martínez, T.,"D. Demetrio Duque y Merino", en Cuadernos de Campoo, año IX, Número 31, Marzo 2003. pp.14-24,
Rodríguez Cantón, R., "Datos para la historia del teatro en Reinosa", en La Cantábrica, n"3, otoño de 2001 pp.50-55.