La Red Viaria Romana en el Sur de Cantabria

Daniel Guerra de Viana

INTRODUCCIÓN

Siempre se ha hablado de Reinosa y Campoo como una zona de tránsito, como un valle abierto, en el que una vez superado los puertos de entrada por el sur o bien por el este y el oeste, se descubre la llanura de Campoo. Esto ha permitido que las distintas corrientes culturales y económicas penetrasen en el valle de manera continua.

La Cantabria romana ocupaba un territorio mucho mayor que el de la actual Comunidad Autónoma, sobre todo hacia el sur (norte de Palencia y Burgos) estando el límite en Peña Amaya y al oeste en el río EslaLa vida de los moradores de estas tierras en épocas protohistóricas, se reducía a establecimientos en lo alto de las montañas, los llamados castros. En este hábitat castreño la existencia sosegada de los pobladores de la II Edad del Hierro transcurriría lentamente, cazando, pastoreando y cosechando lo poco que estas tierras daban, con respecto a los ricos cultivos del sur que en momentos de escasez asaltaban, según las fuentes grecolatinas.

Los castros de Campoo eran pequeños reductos donde vivían unas cuantas familias, habitando en cabañas circulares, con cimentación de piedra las que pertenecían a personajes destacados, y el resto de varas entramadas, unidas con adobe y un techo cónico. Los Cántabros de la cismontana estaban divididos en diferentes grupos (orgenomescos, vadinienses, etc.), los campurrianos pertenecían a la gens de los Blendios, cuya capital debió ser Julióbriga. Estas descripciones de las diferentes etnias se las debemos a geógrafos como Estrabón, Plinio, Ptolomeo, Mela, que escribieron sobre ellos por su singularidad y sobre todo debido a las Guerras Cántabras. Se ha demostrado que estos pueblos estaban influidos por las tribus celtibéricas que habitaban las comarcas del sur, lo que se aprecia en los útiles y en los elementos decorativos de la cerámica y del ajuar personal, como se comprueba en los restos hallados en el castro de Las Rabas de Celada Marlantes. Esto nos hace suponer una primera vía de contacto económico entre el sur y el norte, entre las tierras palentinas y Campoo.

 

ROMA EN CANTABRIA

Tramo de Calzada entre Somaconcha y MediaconchaCantabria pasará a ser conocida en el mundo romano cuando se integre en su órbita, después de los avatares de las Guerras Cántabro-Astures. Cuando las legiones romanas entraron en Hispania tras las huellas de los cartagineses, comenzaron a colonizar las zonas más desarrolladas, las que siempre habían tenido contactos culturales con otras civilizaciones (toda la costa mediterránea, desde Ampurias hasta Cádiz). En estos momentos del siglo III a. C. la cornisa cantábrica no interesaban al estado romano, no eran terrenos de fácil acceso y no poseían grandes riquezas mineras de oro y plata. Con la conquista de la Celtiberia, y pacificada ya más de la mitad de Hispania, Roma comenzará los preparativos para dominar por completo la Península Ibérica. Bajo el mandato del emperador Octavio Augusto, las legiones romanas iniciarán las campañas militares para someter esta zona, desde la Gallaecia hasta las tierras de los vascones. Con las Guerras Cántabras, 29 a. C al 19 d. C., Campoo comenzará un periodo de romanización visible hasta nuestros días en multitud de restos arqueológicos, tal y como lo demuestran los yacimientos de Julióbriga, Camesa-Rebolledo, Sta. María de Hito, y las calzadas romanas que aún perviven en nuestra comarca. La estructuración viaria de Campoo permitirá que los intercambios culturales y económicos se acrecienten mucho, sobre todo en dos ejes: Pisoraca (Herrera de Pisuerga), Julióbriga, Portus Blendium (Suances), Portus Victoriae Juliobrigensium (Santander), y Flavióbriga (Castro Urdiales); y un segundo que uniría Julióbriga con el medio Ebro, La Rioja, Tritium Magallum (Tricio) y Caesaraugusta (Zaragoza) donde el comercio era muy fluido.

Esta red viaria intentaba conectar los asentamientos del interior con la costa cantábrica y ésta con la Aquitania francesa, cubriendo así un gran espacio geoeconómico que abarcaría todo el mundo mediterráneo y el cantábrico. Clunia, la capital del convento al que pertenecía Campoo, tendría en la vía Pisoraca-Julióbriga su particular acceso al mar y a la vez al interior, a través de la calzada principal que unía esta capital con Zaragoza y Tarraco.Con la completa conquista de Cantabria, ya en el siglo primero de nuestra era, las calzadas que en un primer momento tuvieron una función militar, dejan de ser vías de guerra para ser caminos de intercambio, de paz si se quiere. Estas vías dejarían de estar en uso alrededor del siglo IV d. C. cuando la economía romana y con ella toda su cultura caiga en una profunda crisis, de la cual no se levantará jamás. Campoo, inmerso de lleno en el mundo latino sufrirá también esta crisis, Julióbriga se va despoblando, la zona interior subsiste precariamente, mientras que los cantabrorromanos más pudientes se desplazarán hacia el sur, hacia las villas, que en estos momentos de incertidumbre se transformarán en complejos latifundistas, cercanos a lo que más tarde se denominará explotación feudal.

Con el final del Imperio y la llegada de los visigodos, las viejas calzadas caerán en desuso hasta épocas bajo medievales, cuando se volverán a utilizar los itinerarios trazados por los romanos y las calzadas serán reconstruidas por lo que muchas veces, las más, tanto puentes, como vías supuestamente romanas, no dejan de ser meras fábricas medievales. Con la llegada del siglo XVIII y la construcción de los caminos reales, las antiguas arterias romanas dejaran de ser caminos principales para convertirse en senderos vecinales, pues muchas veces el trazado del camino real es totalmente opuesto al romano, prueba de ello lo tenemos entre Reinosa y Bárcena de Pie de Concha.

 

LOS CONSTRUCTORES DE CALZADAS

La ingeniería romana, tal vez sea una de las mayores aportaciones que esta civilización ha dado al mundo occidental. Los romanos, pueblo pragmático, supieron como nadie economizar todos sus esfuerzos en busca de un objetivo marcado de antemano, bien fuera la explotación de los recursos naturales de una comarca, o simplemente el hecho de habitar en ella. La construcción romana, antecedente de la moderna, logró muchos hitos hoy en día no superados, como por ejemplo unir todas las tierras conquistadas a través de vías que confluían en Roma, capital de uno de los mayores imperios de todos los tiempos.

El reflejo de la mente romana, se comprueba no sólo en las calzadas sino también en el resto de las magníficas obras públicas que nos legaron como los acueductos, anfiteatros, teatros, etc. hasta hoy utilizados.Detalle de LapidesLas dimensiones de las calzadas estaban determinadas por unas leyes, que debían aplicarse en todo el territorio, siempre y cuando se pudiera, obviamente. Había diferentes tipos de vías, además de las principales (viae consulares, viae praetoriae), que articulaban todo el sistema comercial o militar, existían los ramales secundarios (caso de Campoo y Cantabria) que enlazaban los grandes centros urbanos con los núcleos más apartados, éstos se vertebraban entre ellos por medio de las vías vecinales (actus), que unían diferentes poblados o villas. Tanto las vías principales como las secundarias y las vías militares, construidas por ingenieros legionarios y que respondían a planes estratégicos, eran públicas y costeadas por el erario común y estaban bajo la tutela del magistrado de la provincia (las principales), en las vecinales se encargaba su vigilancia y ejecución a otros funcionarios de rango inferior. Otros tipos de calzadas eran las que estaban ligadas a la explotación minera, tenían carácter privado y solían ser costeadas por personas o instituciones privadas.La anchura de las vías dependía del trazado y de la orografía, no obstante existía una reglamentación sobre la construcción de viales que determinaba sus dimensiones (entre 3 y 6 metros), en Campoo hay ejemplos, como la calzada de Pesquera-Bárcena, la del Collado de Somahoz o los restos de Casasola. En las vías de montaña se podía reducir el ancho, dependiendo de lo angosto del pasillo, como puede ser el caso de la que va de Morancas hacia Santiurde.

Las calzadas podían ser de varios tipos, teniendo en cuenta su importancia y el itinerario:Strata via: es la más representativa de la ingeniería imperial, se compone de cuatro capas, que de abajo hacia arriba, son las siguientes: statumen, piedras gruesas unidas con mortero que configuran la cuna de la calzada; rudus, nivel de pequeñas piedras para equilibrar los posibles desniveles; nucleus, capa de gravilla que posibilita la adecuación de la cubierta y por último el summum dorsum o lapides, capa de losas poligonales y de grandes dimensiones combada en el medio para facilitar el desagüe. Muchas veces en este tipo de vía la caja estaba delimitada por piedras o margines, como por ejemplo en Pesquera-Somaconcha o en los restos del collado de Somahoz.Cuando la vía se presenta sin la última capa (sin losas) se denomina via glarea stratae o silice stratae, muchas calzadas secundarias son de este tipo, ya que su construcción es mucho más rápida y barata. Otro tipo, éste mucho más rudimentario, es la llamada via terrenae que consiste en una simple allanación del terreno para facilitar el tránsito de carros, así eran la mayoría de los caminos vecinales, las cuales son muy difíciles de seguir y estudiar por razones obvias. Una de las características de la topografía e ingeniería romanas era la construcción en línea recta, salvando todos los desniveles posibles, en el caso de Campoo y Cantabria, los ingenieros tuvieron que optar por la construcción de calzadas con tramos rectos pero en zig-zag. Otra característica definitoria del mundo viario romano es el establecimiento de mansiones, parecidas a lo que actualmente llamamos áreas de servicio, con alojamiento, comedores etc., estas estaciones de descanso jalonando el camino estaban situadas a una distancia calculada de antemano por los proyectistas de la calzada, dependiendo de las jornadas que se tardase en recorrer la ruta.

 

LAS CALZADAS DE CAMPOO

Las investigaciones sobre el mundo romano en la zona que nos ocupa se remontan al siglo XVIII, cuando H. Flórez, escribe su libro La Cantabria (1786), en el que menciona ya restos de vías o miliarios, así como otros objetos, sin embargo poco a poco a partir de esta fecha, los estudios se dejan de lado, para cobrar nueva importancia en el siglo XIX. En 1885 el escritor campurriano Demetrio Duque y Merino, escribe un artículo sobre la ciudad de Julióbriga, el mundo romano y sus vías de comunicación. Posteriormente en 1889, Ángel de los Ríos y Ríos, vuelve sobre este tema, y cita la vía de Peña Cutral o los hitos de Las Quintanillas, Casasola, etc. Con las excavaciones de Moro, a finales del siglo XIX, se realza el interés por la Julióbriga romana y ya a en 1947 F. de Sojo y Lomba, investigará sobre la red viaria a través de la toponimia, aportando nuevos datos. Pero habrá que esperar a la década de los cincuenta para que A. García y Bellido sistematice los estudios de los restos hallados hasta esa época, e inicie un periodo de prospecciones arqueológicas por toda la comarca que marcarán los trabajos posteriores. García y Bellido establecerá las pautas generales para conocer las grandes vías de penetración en Campoo, aunque sin profundizar en la búsqueda de un enlace entre ellas y esto será la base de futuras investigaciones, como la de J.M. Solana, González Echegaray, etc. En los años ochenta la Universidad de Cantabria se hizo cargo de los estudios sobre el mundo romano en Campoo, aunque también investigadores particulares siguen trabajando sobre ello.

Placa I del Itinerario de BarroEl estudio de la red viaria se ha convertido en parte fundamental de las investigaciones históricas, ya que permite conocer las influencias culturales producidas a través del comercio y de la guerra de un extremo a otro del Imperio. Hay en Campoo varios trazados que se pueden enmarcar dentro del tipo de las actus (calzadas secundarias o vecinales que convergen en la capital de la comarca, Julióbriga), entre estas, el eje fundamental ya que articula el conjunto de las comunicaciones de Cantabria es la calzada Pisoraca-Julióbriga-Portus Blendium, red que se nombra en las fuentes literarias grecolatinas y en el llamado itinerario de Barro1 (tablillas de barro encontradas supuestamente en Astorga y dadas a conocer en los años 20, aunque aún hoy en día se discuten su autenticidad). En estas tablillas se encuentre descrito un itinerario con la distancia en millas entre las mansiones y ciudades por donde circula el ramal llamado Via Legione VII Gemina ad Portum Blendium, muchas de estas mansio, que se citan no se han descubierto todavía, y las millas entre ellas no responden a la realidad. Tal vez la falta de prospecciones o la falsedad de las tablas, han influido mucho a la hora de suponer el trazo de esta vía que por otra parte es la más documentada de todas las existentes en Cantabria y sobre todo en Campoo, escenario central de su recorrido.

I Pisoraca – Iuliobriga - Portus Blendium.

Esta calzada era la más importante de Campoo y la que enlazaba el interior de Cantabria con los asentamientos de la costa La estrada procedía de Herrera de Pisuerga (Pisoraca) que a su vez estaría unida a Clunia, la capital del convento. El trayecto por el que se accedía a Julióbriga es discutido, sobre todo por la posible existencia de diferentes ramales vecinales, que se uniesen entre ellos a la red principal. El punto de partida hacia el litoral debió estar situado en Nestar, donde aún se conserva un puente de factura romana, y desde allí, penetraría en tierras cántabras (en Menaza se encontró un miliario relacionado con esta vía.) por Cordovilla de Aguilar, para seguir hacia Mercadillo, lugar donde se quiso situar Octaviolca, aunque las prospecciones no lo han podido demostrar, Mercadillo ha sido límite y paso natural entre las provincias de Palencia y Cantabria, y en sus inmediaciones se encuentra la ruinosa ermita de Nuestra Señora de la Calzada, cuyo topónimo alude a una antigua vía. Desde este punto el itinerario prosigue hacia La Quintana y Las Quintanillas, donde las investigaciones recientes han permitido descubrir algunos fragmentos viarios. De forma más o menos rectilínea el recorrido continuaría hasta La Cuadra y aquí aparecen restos de calzada y un hipotético puente romano, a partir de este punto se encuentran más dificultades para continuar el itinerario, es posible que existiera un ramal que uniese este punto con Camesa - Rebolledo (también se ha querido identificar este yacimiento con Octaviolca). Desde aquí la vía continuaría por Matarrepudio hasta Pozazal y Fombellida pudiendo llegar hasta Celada Marlantes (donde se encuentra el Castro prerromano de Las Rabas) una vez aquí la calzada ascendería por Peña Cutral e iría a desembocar a Julióbriga. Otro camino iría por la falda de Castrillo del Haya, continuando en línea recta hacia Valdeolea (donde se encontró un ara votiva) por Loma de Hoyos, donde también existió otra ermita dedicada a Nuestra Señora de la Calzada, descendiendo por el Bardal hasta el desaparecido pueblo de las Quintanillucas de Cervatos, donde es posible apreciar la caja de una calzada y desde aquí, atravesando el puente del Arquillo (de construcción similar a la romana), y Matamorosa para llegar a Bolmir, desde donde ascendería a Julióbriga entrando por el sur (Casa de Los Morillos) en el foro. Estos son los dos itinerarios más plausibles de sur a norte. Desde Julióbriga, la vía se dirigía hacia Suances, descendiendo hasta Requejo, aquí se encontró un miliario hoy desaparecido, para ascender a Cañeda y Morancas, donde el camino alcanza más altura (cotas de + 800 metros), encajándose la calzada en el terreno. Aradillos quedaría al oeste del camino, y es de suponer, dadas los escasos vestigios que allí se han encontrado que la calzada no tuviera un ramal hacia ese pueblo (no obstante y después del último hallazgo arqueológico de la Sierra del Escudo, que los periódicos anunciaban como Aradillos, cabe imaginar, que el asedio final de las Guerras Cántabras se pudiera haber desarrollado allí, dada las características de los campamentos romanos y del castro cántabro hallados), desde Morancas, la calzada avanzaba a una altura similar a la anterior, ya que se trataba de una vía militar que hay que poner en relación con las Guerras Cántabras. Una vez pasado el paraje de la Coteruela, la vía llegaría hasta Lantueno y Santiurde, donde la altura disminuye hacia Rioseco y Pesquera, pudiendo atravesar estos dos pueblos y pasar cercana a las ermitas de San Esteban y San Roque, para dirigirse hacia Somaconcha y Mediaconcha, donde la calzada presenta uno de los tramos mejor conservados de toda Cantabria. Una vez en Pie de Concha, el viajero continuaría hacia Suances rectilíneamente y sin tanta angostura como por los montes de Campoo.

II Pisoraca – Portillo de Somahoz - Mar Cantábrico

Esta entrada a Campoo aprovecha el paso natural del Portillo de Somahoz que une las estribaciones de la meseta castellana con Campoo de Suso, mucho más abrupto, hay que pensar que toda la zona de La Braña (Salcedillo, Brañosera, etc.) es el límite sur de la cordillera cántabrica. La vía en cuestión tendría su nacimiento en Nestar o tal vez en Mercadillo, lugar clave de bifurcación de caminos. Esta calzada se puede seguir hacia Valberzoso, en la provincia de Palencia, por la falda de las montañas, por cotas de unos + 900 m. Desde Valberzoso sigue el cauce del río hasta el imponente puente de Rojadillo, de tipo romano aunque muy remodelado, aquí se observan restos de calzada, que una vez superado el río Camesa van a dar al collado de Somahoz, lugar donde aún hoy se pueden encontrar bastantes metros de Strata via, apreciándose bastante bien la capa final o lapides. Ahora ganando en altura se dirige hacia La Población de Suso, Barrio y desde aquí hacia Soto, donde probablemente hubo una explotación minera en esta época, como la hubo en el siglo XIX (lo que no está muy claro es si hubo derivación que uniese esta arteria con la ciudad de Julióbriga, una vía de las llamadas vecinales que atravesaría la parte este de Campoo de Suso, llegando hasta las Fons Iber y desde aquí en línea recta dirigirse a Bolmir), este recorrido continuaría desde Soto por Palombera y una vez pasado Saja, llegaría a la costa cantábrica, tal vez concluyendo en San Vicente de la Barquera (Portus Verasueca).

III Iuliobriga - Flaviobriga

Debió existir una tercera vía que uniese estos dos importantes enclaves romanos, Julióbriga y Flaviobriga (Castro Urdiales) a donde se llegaba por un camino principal a través del valle de Mena hasta Otañes (donde hay evidencias de asentamiento romano, tal y como lo atestigua un miliario y la famosa patera de Otañes dedicada a la diosa del agua). Pero desde Julióbriga debió partir un ramal secundario que iría a hacia Portus Amanum denominada a partir de Vespasiano Flaviobriga. Esta calzada, transcurriría por Campoo de Yuso, y en la actualidad estaría sumergida bajo el pantano del Ebro. Los posibles hitos de esta carretera comenzarían con Requejo, lugar por donde transcurría la de Suances, como anteriormente dijimos. Desde aquí seguiría sin ningún problema a través de Arroyo, Las Rozas, Arija, Virtus, para adentrarse ya en la Merindad de Sotoscuevas y el Valle de Mena. Fragmentos de esta calzada fueron descubiertos por F. González de Riancho, que publico un estudio sobre la llamada vía del Escudo (que llegaba hasta Santander), y que sería una bifurcación de la que se adentraba por el Valle de Mena, hasta Castro Urdiales.

IV Iuliobriga-Valle del Ebro

Esta calzada uniría la capital de la comarca campurriana con el valle medio del Ebro, conectándose así con la vía principal que iba hacia Italia. Los pasos más seguros de esta carretera, irían por crestas montañosas, dirigiéndose por Peña Cutral hacía los Carabeos, Bárcena de Ebro, Polientes, Sargentes de la Lora, hasta Sedano, para desde allí empalmar con otros caminos más destacados y llegar hasta Tricio, importante alfar romano y máximo exportador de cerámica Sigillata para el norte peninsular.


CONCLUSIONES

La importancia de las comunicaciones en época romana es indudable, Campoo, como hemos visto someramente, es un centro neurálgico de la Cantabria romana. Casi todos los caminos vistos tienen accesos que directa o indirectamente unen Julióbriga con el resto de los núcleos de la comarca. A parte de esta ciudad y las ruinas de Camesa, la investigación arqueológica aún debe buscar con más ahínco restos romanos en Campoo. Habría que encontrar, por ejemplo, trazos físicos de las calzadas, además de encontrar las famosas mansiones que cita el Itinerario de Barro (sí le tenemos en consideración). No obstante, el proceso de reutilización de estas vías en épocas posteriores, ha hecho imposible su conservación, lo que parece demostrar que muchos de los caminos medievales están asentados sobre las propias calzadas romanas, y que además la mayor partes de éstas no fueron del tipo Strata via, sino que serían simples explanaciones del terreno, que con el paso de los siglos fueron transformadas y adoquinadas al estilo romano, y estos caminos son los que han llegado hasta nosotros, como sucede con los puentes que utilizan el sistema constructivo romano.


NOTAS

El itinerario de la placa 1 de Barro es el siguiente:
 

[VIA] L(egione) VII GEMINA AD PORTVM BLE(N)DIVM
RHAMA VII MIL(L)IAS
AMAIA XVIII
VILLEGIA V
LEGIO I[III] V
O[C]TA[V]IOLCA V
IVLIOBRIGA X
ARACILLVM V
PORTVS BLEN[DIVM]
[C(aius) LEP(idus) M(arci filius) II. VIR1

(La milla romana para Cantabria estaría en torno a los 1.480 metros)


BIBLIOGRAFÍA

CALDERON ESCALADA, J.: Campoo: panorama histórico y etnográfico de un valle. Institución Cultural de Cantabria. Santander, 1971.
DIARIO MONTAÑES, EL: Febrero-marzo 1997
FONSECA GARCÍA, J. Mª.: "Las calzadas romanas de acceso a Cantabria". Revista de Arqueología. Madrid 1985, núm. 49, págs. 23-35.
GARCÍA GUINEA, M. A. et al. : Historia de Cantabria, prehistoria, edades antigua y media. Santander 1985.
IGLESIAS GIL, J.M. Y MUÑIZ CASTRO, J.A.: Las comunicaciones en la Cantabria Romana. Ediciones de Librería Estudio. Santander, 1992.
IGLESIAS GIL, J.M. Y MUÑIZ CASTRO, J.A.: "Aportaciones al análisis topográfico y tipológico de la vía Iuliobriga-Portus Blendium". Simposio sobre la red viaria en la Hispania Romana. Tarazona 1990, págs. 277-292.
MILIARIO EXTRAVAGANTE, EL: Boletín intermitente para el estudio de las vías romanas y temas afines. Cádiz, 1990-1992 . N úms. 26, 28, 31, 33, 34, 39, 40, 41.
SOLANA SAINZ, J. M.: Los cántabros y la ciudad de Iuliobriga. Ediciones de Librería Estudio. Santander, 1981.
VEGA DE LA TORRE, J.R.: "Las vías romanas en Cantabria: estado actual de las investigaciones sobre la del Besaya". Simposio sobre la red viaria en la Hispania Romana. Tarazona 1990, págs. 431-442