Lenguaje popular de la Merindad de Campoo. Estudio preliminar

José Calderón Escalada

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Como en toda la Cantabria, el latín fue el que, en Campoo, durante la dominación romana y visigótica, sustituyó al lenguaje que usaron los cántabros, absolutamente desconocido para nosotros; pues, si es cierto que, en la toponimia de la región, quedan algunos nombres de pueblos y términos de la época de los primitivos pobladores de nuestras montañas, como Izara, Izarilla, Isar, Bucer, Buzandrique, Bucierca, Híjar (Igari), etc., no lo es menos que, al sernos poco menos que desconocido el significado de tales nombres, nos hallamos en la imposibilidad de establecer relación alguna entre ellos y los accidentes topográficos a que fueron aplicados. La lengua de los cántabros, con la dominación romana y visigótica, se perdió definitivamente para nosotros.
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"El Duende de Campoo" con ¿Remigio?Al iniciarse la Reconquista en el siglo VIII, empezó el castellano sus balbuceos, hijo legítimo del latín vulgar, en su lenta pero segura y natural evolución, aunque conservando para los documentos oficiales y asuntos más importantes el latín medieval o de los monasterios.

En el siglo XIII, dejando a un lado la estrecha pauta de las fórmulas monacales, empezó a escribirse como se hablaba y firmó cada uno con el nombre que era conocido vulgarmente. Ya mucho antes lidiaban el idioma oficial y el que generalmente se hablaba entre el pueblo; pero, cuando con Alfonso el Sabio se extendieron los privilegios y escrituras en castellano, apenas quedaba del latín sino el encabezamiento y la fecha. Los documentos de Valpuesta, Aguilar de Campoo y Santoña, que se distinguen por su tendencia al arcaísmo, conservan del siglo XI, y aun del XII, la u final (otru, pedazu) siendo frecuente que, en las confirmaciones de documentos públicos, se encuentren, al lado del nombre propio, apelativos tan graciosos como el cellerizu, el coiu, el vizcu. "Marchose el pagadu", como dijeron en Aguilar del abad de Cervatos, Ferrant Martínez, que había ido a cobrar un tributo que allí se le debía.

En el siglo XI, por los años de 1019-1024, tiempos del conde don García Sánchez, aparece clara la primera degeneración del latín, que ya se advertía mucho antes en la caprichosa formación de los patronímicos. Así, tenemos los nombres de Tellu, Nunnu o Nuñu, pronunciándose y escribiéndose hace nueve siglos, como lo haría ahora mismo cualquier campurriano de los de arriba, es decir, de los rincones más apartados de este valle de Campoo.

A propósito de este nombre que tanto ha dado que hablar y que pensar a los etimólogos, diremos que, en la hitación de Wamba se lee: "...perlumbana de foios una cum Campo". Parece usado el nombre en ablativo, en cuyo caso viene de Campum, ¿de campum-pandum, o de campum-podium? Porque, en los siglos X y XI, encontramos en escrituras y donaciones Campo-pau, Campau, Campodium, Campodio, Camplogo, y hasta Campore. Este último, además de ponerle en ablativo, derivándole de la tercera declinación latina. A fines del siglo XI, y hasta el XIV inclusive, encontramos Campo; y desde el siglo XIV al XVI Campoo, con dos oes, pero sin acentuar. Del siglo XVI, pues, data la costumbre de acentuar la primera o, sin que, a mi juicio, haya para ello otra razón que la costumbre; igual que las variantes de Campo-pau, Campau, Campodium, etc., responden a la necesidad que experimentaron los amanuenses de escribir como hablaban u oían hablar a las gentes poco cultas, que entonces lo eran casi todas.

Para que se vea con toda claridad que el romance en Campoo procede del latín vulgar, y que en los rincones más apartados del valle se pronuncian algunas palabras como en los tiempos en que el castellano que nacía luchaba a brazo partido con el latín, que no se resignaba a quedarse en letra muerta, tenemos que las gentes de por acá emplean la u final a cada paso; pero no como quiera, sino con sujeción a una regla que jamás alteran: solo se usa la u final en los nombres, adjetivos y participios derivados de la segunda y cuarta declinaciones latinas; de su acusativo en um, con pérdida de la m, pero nunca en los plurales, porque éstos, en latín, terminan en os; y menos en los derivados de otras declinaciones o en las primeras personas de plural de los verbos. Eso será en otras regiones de nuestra provincia, en la nuestra no; aquí dirán huertu en singular y huertos en plural, nunca huertus, en cuyo defecto suelen caer los que malamente quieren imitar lo que es de suyo inimitable, la manera de hablar de un pueblo.

Casa que habitó Cecilio CayónHay en el castellano culto palabras terminadas en u, como tribu, espíritu; pero no son arcaísmos, sino voces cultas, en las cuales ha habido un retroceso al latín, pues, en la Edad Media, se pronunciaba espírito, con la o final de los sustantivos derivados de la segunda declinación latina. En otras regiones de la provincia de Santander es frecuente la terminación en u hasta en los verbos, como quieru y oigu, y en los plurales de nombres y adjetivos, como muchus, gallus, negrus, burrus, huertus, etc.; pero jamás en Campoo se oirá cosa semejante; solo terminan en u, como hemos dicho, los nombres, adjetivos y participios que, en latín, se declinan por la segunda y cuarta declinación, y estos solo en singular, porque en plural siempre terminan en os.

En cuanto a la terminación en i, solo encontramos en Campoo esti y esi, con fundamento en el latino iste e ipse; al revés de otras regiones montañesas en que abusan de la i final tanto o más que de la u, lo mismo en nombres y pronombres que en la primera persona de algunos tiempos de los verbos.

En Campoo, como región que mira y tiene más parentesco con las vecinas Burgos y Palencia que con el resto de la provincia a que políticamente pertenece, jamás se aspira la h, como lo hacen en los vecinos valles que quedan a la espalda, al norte de la cordillera. Salvo la terminación en u que hemos dicho, que, al cabo, no pasa de ser un arcaísmo hijo del apartamiento en que han vivido estas gentes a lo largo de muchas centurias, en Campoo se habla con propiedad y corrección.
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Aunque no con mucha frecuencia, también se da en esta región de que nos ocupamos la palatización de la n en principio de palabra, como en ñul, que se dice con más frecuencia que nul o neul, del nodulus latino, y en ñudo, añudar, añudado, por nudo, anudar, anudado; en ñacla, de mácula, mancha, defecto, etc., y en otros pocos casos que no merecen mucha atención, pues ya hemos dicho que este caso de palatización de la n al principio de palabra no es muy frecuente.

También se palatiza, y por cierto con mucha más frecuencia que la n, en principio de palabra, la l, que toma el sonido de ll. A la cadena de gruesas argollas que pende de la campana de la cocina para colgar calderos y peroles, se le llama llar, y no lar; a la grana y residuos de hierba que quedan el pajar después de quitada la ceba, se llama lloría, de glaria; a las tierras y piedras de aluvión de la orilla de los ríos, se las llama lera, pero más frecuentemente llera, nombre que corresponde al glera castellano. En el medievo también debió darse este fenómeno, pues en la estela que todavía se ve al margen del Camino de Asturianos, en el lugar conocido por Collado de Somahoz, se lee Llomba, en vez de Lomba que se dice ahora.

Pero no siempre es este el origen fonético de la ll inicial; hay muchas palabras en el lenguaje campurriano, encabezadas por ll, que representan la evolución natural castellana del grupo latino cl, como llen, terreno inclinado, pendiente, que viene de clinum, inclinado; llosa, de clausam, cerrada, llueca, en vez de clueca, llavija y llavijero, en vez de clavija y clavijero, aplicado a la llave de la cebilla, principalmente, y al agujero por donde se mete.

A veces la l se cambia en d, como en dieldo (pan pasado de fermentación) por el leudo castellano, de levitum, con su verbo dieldar o dieldarse, pasarse de fermentación.
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Casa que habitó DamianRodriguez. La Hoz de AbiadaUna prueba de la tendencia arcaizante del lenguaje de Campoo la tenemos en la conservación del grupo latino mb en voces como lamber, lambión, lomba, lombía, lombillo, etc. Ya nos hacemos cargo de que este fenómeno se da también en las regiones que circundan a la nuestra, pero lo hacemos constar así para dar a entender la gran vida que este grupo conserva entre nuestro pueblo.

Las dos consonantes mb las asimiló el castellano doblando la m, cosa que se hacía vulgarmente en Roma, como lo atestiguan ciertas inscripciones del Lacio, donde se lee conmurere por comburere. Más tarde, las consonantes dobles se simplificaron en nuestro idioma, y nos quedaron plomo, lomo, coloma, por plumbum, lumbum, columbum. Frente a esta innovación del castellano, nuestra región se aferró a las consonantes mb latinas, y así, decimos Palombera, Palombo, aunque no siempre se escribieron así estos nombres, pues, en documentos del siglo XVI, encontramos Palomera y Palomo, una prueba más de la tendencia arcaizante de la región.

La palabra que más vida tiene aquí con el grupo mb es lamber, de lambere, con sus derivados lambión, lambedizo o lamberizo, enfermedad que contrae el ganado vacuno cuando lame un hueso verde de otro rumiante, especialmente de cabra.

Asimismo, se conserva el sustantivo camba, cama del arado, de donde nos ha venido su descendiente cambera, camino a propósito para el paso de carros. Camba, además de cama del arado, significa la pieza curva de las ruedas del carro, con su derivado cambón, camba más pequeña, y cambizo, timón curvo del trillo, además de cambada, que es la calle que abre el segador al segar el prado, y que recibe este nombre de las cambas que va dibujando en el suelo a cada golpe del dalle. Entre los derivados de camba, debemos contar el verbo encamberar, tomar el camino, la cambera, y otros muchos.

También tiene mucha vida la palabra lomba, loma, con todos sus derivados; pero no suele usarse en masculino; no se dice lombo, sino lomo, fuera de Palombo, y de lombillo, que es el lomo o hilera de hierba que el segador va dejando a su izquierda cuando siega, del latín lumbellum, lomillo.

El fenómeno inverso se da en tamién, comenencia, incomeniente, solene, donde el vulgo de Campoo, como el de toda España, asimila los sonidos de las dos consonantes en una sola, quedándose con la m y desechando la b. Así, dice: vamos a Entramasaguas, vamos a Tramasvaras, por Entrambasaguas y Trambasvaras.
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También se encuentra alguna vez el doblamiento de la r en rr, como acurriar, equivalente en la forma y el significado al antiguo curiar, traer a camino el ganado, pastorear; en gurruño, en vez del castellano gurullo, con sus verbos engurruñir o engurruñar, hacer gurullos.

A veces se vocalizan las consonantes, principalmente la d, en las formas del imperativo, como guardai, por guardad; aguardai, por aguardad; y más todavía si se posponen los pronombres, como dejaime, miraime, esperaime, etc.

Hay prótesis, o adición de sonidos en principio de palabra en muchos verbos y algunos sustantivos que prefijan una a, como ajuntar, arrevolver, arrodear, arradio, amoto, etc., fenómeno éste que parece recordar la preposición latina ad, tan frecuente en la formación de palabras compuestas. Sobre todo, se aprecia esto en algunos verbos, como agoler, de ad-olere; amirar, de admirari; ajuntar, de adjuntare; arrempujar, etc.
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Torre de la Iglesia de La Hoz de AbiadaEn el estudio de las evoluciones lingüísticas, es importantísimo hacer notar lo que se refiere a la desaparición de algunas vocales latinas. Las no acentuadas quedaron en estado de relajación en cuanto a timbre y sonoridad, y si a la ausencia del acento se añade el hallarse contiguas a la sílaba tónica, quedan condenadas a desaparecer. En esta desaparición de sílabas tónicas y postónicas se fundan bastantes palabras de nuestro peculiar lenguaje. Lo mismo que de fabulare resultó hablar, y de limitare, lindar, así también de porrigere y esporrigere resultaron nuestros verbos campurrianos purrir y espurrir; y digo campurrianos porque, aunque no sean exclusivos de Campoo, tienen aquí mayor vida que en ninguna otra parte.

También se da con frecuencia la alternancia de consonantes. Muchas de las irregularidades advertidas en el lenguaje vulgar se deben a que el pueblo, cuando habla, usa de la memoria auditiva, no de la visual, ya que, o no ha visto escritos jamás los términos que pronuncia, o, si los ha visto, ha sido con poca frecuencia y sin la reflexión necesaria para trasladarlos a su manera de hablar. Tenemos como ejemplos anfiler, anguno, raleza, albitrio, brusa, clin, blincar, clinudo, escomenzar, espenzar, reguño, engurruñar, engurruñir, mos, anjear, ujano, etc.

La dificultad de pronunciación con que se tropieza al encontrarse inmediatas dos vocales fuertes, ya en los tiempos de la formación de la lengua fue salvada por el pueblo de diversas maneras, principalmente uniendo en diptongo ambas vocales, mediante la debilitación de una de ellas. Así, tenemos que cereum dio cirio y vitreum, vidrio. Esa misma ley sigue aplicándose en el lenguaje vulgar, que, encontrando difíciles las palabras peor, peonza, Cesáreo, etc., dice pior, pionza, Cesario.

Cuando la d se halla colocada entre dos vocales, queda muy debilitado su sonido, y está destinada a desaparecer en el lenguaje descuidado del vulgo, como lo atestiguan las innumerables palabras castellanas que perdieron dicha consonante al independizarse del latín. Y, como las causas, en las mismas circunstancias, producen idénticos efectos, he aquí que el vulgo continúa simplificando las palabras en que interviene la d rodeada de vocales; y dice deo por dedo, peazo por pedazo, espeazar por despedazar, peal por pedal, colgaizo por colgadizo, oío por oído, etc. Pero, no solamente la d, también otras consonantes desaparecen algunas veces, como la r del verbo parecer, que se queda en paecer; la g de lago y laguna, que se quedan en lao y launa, y la ll de lombilla, que se queda en lombía, la de brañilla, en brañía, etc., etc.

Es frecuentísimo la apócope, sobre todo de la r final de los verbos cuando se los pospone el pronombre personal. Así, amase por amarse; caese por caerse; e igual cuando los pronombres son de primera y de segunda persona. Se debe esta desaparición de consonantes a la poca estabilidad que ellas tienen cuando se hallan en última posición en la palabra, y lo prueban las consonantes latinas que, en romance, desaparecieron, a excepción de la s y la l. Por este mismo motivo se abandona la pronunciación de la d en fin de palabra. Se dice usté, verdá, voluntá, paré (en plural parés), no solo en las aldeas, sino también en las ciudades, y lo usan en la conversación las personas cultas de dentro y de fuera de nuestra región. ¿Quién pronuncia con claridad la palabra Madrid? Le faltaría muy poco para que se tuviera por artificiosa una pronunciación legítima y exacta.

Es de mucho uso en esta región la supresión de la sílaba final da y do en sustantivos, adjetivos y participios, p.e. hondoná, corralá, colorá, na, callao, llamao, despedazao; pero, más que de una apócope, se trata de una síncopa, puesto que, lo que realmente desaparece es la d intervocálica, y quedan dos vocales consecutivas, generalmente dos aes, las cuales se contraen en una sola, y su pronunciación, más intensiva y prolongada, recuerda las vocales largas de los griegos y latinos.

Pasando a los sufijos, diremos que la terminación en uco, común a toda la provincia de Santander, es lo que más nos caracteriza y distingue, tomándole siempre como un diminutivo de cariño: las vacucas, la corderuca, el hijuco... Opinan algunos que el origen lingüístico debe buscarse en el ibérico, como se hace para los sufijos accu, eccu, occu de la toponimia.

El sufijo del aumentativo más frecuentemente empleado en el lenguaje de Campoo, es el terminado en on, el cual, en los calificativos, envuelve cierta significación de desprecio, como en farfallón, lenguatón, babión, bartolón, arlotón, etc. Se manifiesta la afición a dicho aumentativo en las frases: "allá lantón", "allá lejones", "allá ribón y se manifiesta lo mismo en los regionalismos cacinón, golpe dado con el cazo; carcabón, hondonada; herrón, el hierro de la peonza y un gancho de hierro que se pone a los tueros para arrastrarlos y sacarlos con cadena a camino; tascón o tazón, hierba basta y granzas de la paja, que el ganado no come y deja en el pesebre; triscón y triscona, hombre o mujer de baja ralea y poca educación, que se dejan llevar de sus instintos, etc.
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Perspectiva del cementerio de La Hoz de AbiadaEl sufijo castellano al, que denota relación cuando es de un adjetivo, como mortal, real, ordinal, cardinal, y lugar o abundancia cuando se añade a un sustantivo, como robledal, brezal, hayal, argumal, cantorral, etc., conserva en Campoo ambas significaciones, pero ofrece, además, la particularidad (creemos que de influencia leonesa) de designar árboles frutales en particular, como peral, manzanal, andrinal, gandaral, moral, perujal, etc., de la desinencia latina alem, tan frecuente como arem, que conviven en el romance como en la lengua madre.

Está también representado el sufijo al en muchos otros términos corrientes en Campoo, como rodal, par de ruedas con su eje, de rotalem; hombral, en vez de hombro, de humeralem; pastral, morcilla la más gruesa, de pasturalem; pernal, rama gruesa del árbol, de perna; pical, de pico, despeñadero; esquinal, en lugar de esquina; y goterial, en vez de gotera.

Es frecuente en la región emplear en los adjetivos, sustantivándolos la mayor parte de las veces, la terminación en orio, oria, como trechorio, de tractorius, trocha difícil en el monte por donde arrastran las leñas hasta ponerlas en caminos más fáciles donde pueda llegar el carro; trechoria o trichoria, de tractoria, pieza del carro rústico de eje fijo en las ruedas, llamado carro enterizo, pues, entre las trichorias de este carro, van las cabezas del eje como entre las muescas de dos cojines; cubertoria, por cubertera; posadorio, por posadero; castradorio, por castradero o que ha llegado a la edad en que debe castrarse un novillo; rasoria, por rasera o raedera, de radere, instrumento para trabajar la madera a modo de rasero con mangos para las dos manos; taponoria, por topera, de talpa, topo; seldorio, por lugar de seles o brañas; bodorio, despectivo de casamiento, boda; requilorio, por requisito; vejestorio, por vejancón; Vernorio, nombre toponímico que parece derivado de vernus, primaveral; fontoria, toponímico, por fontera, lugar de fuentes, discrepando en esto del parecer de personas muy cultas que derivan fontoria de fontem auream, y discrepamos a pesar de lo que abundan en la región las fuentes llamadas de la salud, o de mucha virtud curativa, a las que cuadraría muy bien el apelativo de aurea o de oro, porque, en ese caso, habría que interpretar como de oro castradorio, bodorio, vejestorio, taponoria, etc., que no podemos emparentar en manera alguna con el oro, empleada esta voz en el sentido de cosa excelente.

Mucho más corriente y generalizado en Campoo es el sufijo ío, ía, como selecío, lugar de seles; cubercío, lugar cubierto de maleza; brañías, lugar de brañas, de verannia, veraniza; peñías, de peñas; lamías, de lamas, lamedales; cortecías, de cortezas, donde se descortezaban los árboles para curtientes; cotío, de cotos; concías, por concejalías o montes acotados por y para el concejo; erías, por eriales, de eremus, yermo; cabañías, lugar donde hay muchas cabañas; lombía, por lomba, de lumba, loma; cotaría, lugar de cotos o fincas acotadas; cotanería, de la misma procedencia, la guarda de cotos, lo mismo que cotanero, el que los guarda; mesquería, mesequería, o guarda de las mieses, y mesquero, el que las guarda; vecería, guarda del ganado en vez, o por turno, cuando éste pernocta en casa.

Aunque los sufijos izo y oso al parecer se usan indistintamente, no hay tal cosa en la realidad; pues el primero nos da idea de cosa más concreta, pequeña y limitada; y el segundo, al designar más amplitud, define mucho menos. Como ejemplo del primero, tenemos pasadizo, por pasillo; brañizo y brañiza, por braña pequeña; cambizo, por camba (cama); escobaliza, por escobal pequeño; campizo, por encampezido; matorrizo, por amatorrado, matorro pequeño; colgadizo, vano pequeño al lado de la casa; voladizo, alero que sale poco; corraliza, por corralera, de corral; habiza, piedra que tiene habas o cuarzos, o que no está suelta. Como ejemplos del segundo, tenemos pedrosa o pedroso, de muchos pedregales; hitosa, de muchos hitos o piedras fitas, hincadas; brezosa, lugar de muchos brezos; zarzosa, de muchas zarzas; habosa, piedra de muchas habas o cuarzos, y el nombre campurriano pelosa, que se emplea en lugar de polilla.

Entre los sufijos ajo, ijo, tenemos que el primero envuelve siempre un tono despectivo, como mediajo, mediadero de mala muerte, braña pequeña para que el ganado pase mediando las horas del mediodía; espantajo, por espantapájaros; berbajo, brebaje, bebida que se da al ganado enfermo o recién parido, y que consiste en mezclar o amasar una pequeña cantidad de harina en un recipiente de agua caliente o templada, para que, a la vez que quitan la sed, se alimenten también; yerbajo, por herbalato; escajo, por espino, etc. El segundo, o sea, la terminación en ijo, ija, es diminutivo siempre, sin que deje de ser despectivo. Ejemplos: cortijo, de corte, redil, sin que dejen de emplearse también los diminutivos cortín y cortina en la significación de corte pequeña o cubil; vedija, por guedeja, mechón de pelo despreciable; cobija, por albardilla de la pared, piedra que cobija la pared y se coloca sobre ella a modo de albarda, de cubicularium; comijo, comida pobre y mal condimentada; venadija, por sabandija; pradija, por prado pequeño y cerrado; armadija, cierro mal hecho con palancas y estacas clavadas en el suelo, con talanqueras; apartijo, por apartamento; canijo, por encanijado; botijo, de bota; aguadija, por líquido purulento que destilan las heridas.

Puente moderno sobre el rio GuaresCasi lo mismo que de los anteriores podríamos decir del sufijo en ojo. Así, tenemos escalambrojo, por escaramujo, fruto del rosal silvestre; estadojo, pieza del carro rústico del país, por estante o estantorio; bercoloja, por brecolera; garojo, raspa de la espiga del maíz; serojo, residuo y desperdicio de la leña, puntas delgadas de las ramas, que se emplean para encender la lumbre; cerrojo y berrojo, pasador para cerrar puertas y ventanas.

Otros despectivos tienen la terminación en ejo, como vallejo, de valle; mollejo, blanducho; casarejo, de casar; vencejo, anilla hecha de mimbres retorcidos como los peales y los vilortos; sejo, por selejo, diminutivo de sel. Sejos se llaman los palos en que se aselan las gallinas; costaneja, por costana o cuesta, ladera; pontaneja, puentecillo sobre un arroyo de poco caudal; hontaneja, por fuentecilla; canaleja, por canalilla o canaleta; arnalejo, de arnal, urna en que cae la harina recién molida a medida que sale de la piedra o muela del molino; corralejo, de corral, etc.

También se encuentran sufijos en ujo, que normalmente debieran hacer ucho, ucha, como codujo, coduja, persona de pequeña estatura (un codo); pero, dada la malicia de las gentes pueblerinas, pudiera ser de dujo, colmena, de la altura de una colmena, es decir, de la altura del tocón de un árbol; perujo, por perojo; barruja o barrujería, lo que se recoge cuando se barre.

Como derivado del latino ecus, tenemos en Campoo el sufijo ego, ega, como lobiego, refiriéndose a los lugares por donde los lobos suelen andar y esconderse; rastriego, refiriéndose a las plantas que crecen arrastrándose por el suelo, como la zarzamora, el brezo, el árgoma, etc.; sombriego, por muy sombrío; andariego, por andadero o andador; sapiega, calandria, porque hace el nido en el suelo, en los hoyos en que suelen esconderse los sapos, acaso también por el color de su plumaje y por su tendencia a buscarse la comida en los surcos y a permanecer largas horas en el suelo; corraliega, por corralera o corralada, el corral que es común a varias casas y debe servidumbre o se la deben; cantorriego, de muchos cantos, por cantorral; borriquiego, propio de borricos; linariego, refiriéndose al terreno que lleva bien el lino; cernediego, por terreno muy suelto, como de ceniza; hallariego, por lugar donde uno se encuentra a gusto, de hallarse; casariego, por lugar de casas o casar; serraniego, por serrano, especialmente refiriéndose a las escobas que crecen en los descampados de la sierra, donde, por la altura, los fríos y la violencia de los vientos reinantes, no alcanzan estos arbustos su desarrollo normal.
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Se observa en Campoo, igual que en toda el área del castellano, el cambio de género en algunos sustantivos; pero, en realidad, no hay tal cambio, sino una significación distinta. Pozo y poza no significan exactamente lo mismo; el primero es más concreto y limitado. En saco y saca, en huerto y huerta, sucede lo mismo; el género masculino denota cosa más limitada y más pequeña. En Campoo, tenemos el mismo fenómeno en ventano y ventana; hacho y hacha; horaco y horaca, de foratum; torto y torta; gusano y gusana, dichos ujano y ujana; palanco y palanca; porro y porra; martillo y martilla; azadillo y azadilla; dalle y dalla; callejo y calleja; cambón y camba; rastrillo y rastrilla; sábano y sábana; coso (cosu) y cosa.
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Vista a distancia de un barrio de SuanoSi alguna vez, en los numerales, decimos u oímos decir deciseis, decisiete, deciocho, etc., tengamos en cuenta que, en nuestra tendencia hacia la simplificación de estos compuestos, obramos con perfecta lógica, ya que, no siendo tónica la primera sílaba, no tiene por qué desenvolverse en el diptongo ie.

En cuanto a los pronombres personales, se observa a veces el cambio de m por n en el plural de la primera persona, nos. Así, oímos decir: "¡que mos las acaban!". El plural de la segunda persona, vos, conserva la v latina en todos sus casos, como "irvos vosotros", "yo vos espero", "no vos engaño", etc.

Es un ejemplo más de arcaísmo el que, algunas veces, el pronombre personal se posponga al verbo, p.e. en: paezme, paréceme; dijéronme, dijéronte, viéronle, etc., aunque este fenómeno tienda a desaparecer en Campoo, mientras se advierte más acusado en los valles vecinos de Cabuérniga, Polaciones, Liébana, y en general en todos los más próximos a Asturias y León.

Tenemos en Campoo la palabra daque, con sentido de adjetivo indefinido: daque cosa, daque mujer, por alguna cosa, alguna mujer. Suponemos que su origen etimológico habrá que buscarle en el aliquid latino, sin que nos atrevamos a asegurarlo de una manera categórica. Otro tanto decimos del que sustantivado, que se oye en frases como "un buen que para vivir", "un buen que de dinero", o a secas, "un buen que", en el sentido de bastante cantidad.

En el antiguo castellano, los adjetivos posesivos se usaban en forma plena, en vez de las modernas abreviaciones mi, tu, su. Se decía "la mía casa", "la mía vaca", como puede verse en los escritos de la Edad Media. Eran, por tanto, palabras tónicas, independientes en su acento del sustantivo al que pertenece. De ahí proviene, a nuestro juicio, la tan arraigada costumbre popular de hacer tónicos los posesivos casa, padre, conservada en Campoo, como en todas las regiones que la circundan, censurada como vicio por la Gramática de la Real Academia. Es corriente, además, añadirle el artículo, para decir, "lacasa", "elhombre", "los mís bienes", "la madre", etc.

Sobre los verbos, hemos de notar, pues se trata de un fenómeno de los que saltan a la vista, la gran abundancia de los que pertenecen a la primera conjugación, creemos que porque en el latín siempre fueron los verbos de la primera los preferidos por el vulgo, ya que, cuando hay más de un verbo para significar una cosa o acción, son los de la tercera los que se emplean con preferencia en el lenguaje culto, quedando los de la primera para el uso corriente de las gentes. En Campoo, como en las regiones vecinas, abundan sobremanera los terminados en iar: asubiar, acurriar, varciar, esbarriar, basniar, etc. También los hay terminados en ear: rucear, rociar; anjear, de anxiare, o mejor de ango-is-ere. Hay bastantes verbos, que siendo de la tercera, pasan a conjugarse por la segunda, como reñer, por reñir; maner, permanecer, por manir; esparcer, por esparcir; algunas veces, frañer, por frañir; escorrer, por escurrir, tanto en la significación de dar paso al agua o apurar las escorreduras, como en la de despedir o acompañar hasta cierto sitio al que se va.
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Es corriente en Campoo, como en todo el territorio dialectal leonés la apócope de la e en la tercera persona del singular del presente de indicativo y en la segunda del imperativo cuando la consonante de la radical es l, r, n, s, z; ejemplos: vai, por vale; quier, por quiere; paez, por parece; haz, diz, etc. Semejante es la supresión de la última sílaba en el presente del verbo poder, que hace pue, en vez de puede. Este caso es comparable a la pérdida de la sílaba final da en los sustantivos, adjetivos y participios. Se pierde la d intervocálica, y, al repetirse la e en dos sonidos inmediatos, se contrae, aumentando de intensidad. Cae también la última sílaba en tié, por tiene; lo mismo en quiés, por quieres, empleado algunas veces por los poetas clásicos.

Sobre el imperativo hay que hacer notar la vocalización de la d en dejáime, tenéime, traéime, ayudáime, etc. Y la pérdida de la misma consonante en andá, salí, corré, la cual se efectúa también cuando se pospone el pronombre y no se convierte en i, como p.e. cogeme, traeme, decime, pisame, por cogedme, traedme, decidme, pisadme, etc.

Abundan las frases adverbiales propias, como a regito, acuestas, pero de cierta manera; a utu de, a cuenta de; a triscapellejo, hablando de comida, hasta reventar; en un periquete, con mucha rapidez; a todo arreo, a todo lo que se pueda; a mata caballo, a reventarse; a paso de pisahuevos, con demasiada lentitud y exceso de precauciones; a toque de campana, con exactitud, seguridad y solemnidad; al retortero, traerle a uno alrededor, hecho un zascandil, mandarle más de lo que puede hacer, o mandarle muchas cosas a la vez; al buen tuntun, a la buena de Dios, a lo que salga, etc., que no creemos sean exclusivos de esta región como tampoco lo será el empleo de luego, por pronto.

El lenguaje figurado tiene sus principios en lo más íntimo del alma popular, que tanto colorido da a las lenguas, las imprime tanta vida y tanto aumenta el vocabulario. Siempre ha tomado el vulgo, de las cosas que le son propias en la vida, palabras e ideas para dar plasticidad a sus pensamientos. Sería muy interesante, a la vez que altamente provechoso, el hacer un estudio detenido y minucioso del lenguaje figurado de cada región, como exponente de la psicología de nuestro pueblo, sorprendiéndole a la hora de representar vivamente los sentimientos de su alma; pero el tema, por lo extenso, es casi inabordable y no cabe, por otra parte, en los límites que nos hemos propuesto en este estudio. Por lo que hace a esta región de Campoo, nos limitaremos a ofrecer algunas frases en estilo figurado por vía de ejemplo, sin perjuicio de que en el vocabulario que vamos a ofrecer citemos algunas otras que vayan bien con las voces correspondientes. En estos pueblos, acostumbrados los carreteros a conducir los carros por malísimos caminos y laderas, en que, a pesar del cuidado que siempre ponen, es frecuente entornar, dicen del que va un poco bebido y tambaleándose: "Para mí que ese entorna antes de llegar a casa", "cargó un poco delantero, y no irá muy allá sin entornar". La vida ganadera de la región hace que hasta los niños conozcan la manera de ser de los animales y establecen una especie de paralelismo entre lo que éstos hacen y lo que hacen las personas: "Parece un cordero, y calla, pero también sabe hacer la suya y mosca cuando no le ven". Del que toma una decisión descabellada y sale por donde nadie podía esperar, dicen: "¡Qué mosca le habrá picado!". De los hombres astutos y malintencionados, se dice que "no aran por derecho". Del que no se deja guiar, que "ramalea mal". Del iracundo, que "tiene mal tabaco". Basniona y zapirrastrona se llama a la poco garbosa en el andar. Mesar, del latín messum, supino de metere, es sacar la hierba de la pila o montón, a mano o a gancho; pues, por extensión y en sentido figurado, se dice que mesa bien el que, a la hora de comer, come mucho y deprisa, o el que, del montón o montante de sus caudales, gasta sin tasa y muy deprisa. Del que anda con poco garbo se dice que "se argalla" al andar, siendo así que argallar es bascular el carro hacia delante o hacía atrás sobre el eje de las ruedas. Del que condiciona una resolución a que se presente una circunstancia favorable o al humor que tenga en el momento de tomarla, se dice: "si se le pinan bien los bolos", "si sale el cierzo a la hora de beldar", "si el nublado se va por otra parte", "si amanece buen día", "si el año no es bisiesto", etc., etc. Del que se disculpa siempre para no hacer nada o ve mal lo que hacen otros, se dice: "siempre está poniendo escajos al portillo "se le cayeron los palos del sombrajo" al que fracasa en sus intentos y se desanima; "se le cayó el culo del carpancho", se dice del manirroto que no sabe cómo se le van de las manos los caudales; "viene de ribera" el borracho que vuelve a casa tambaleándose, o la vieja aficionada al vino que esconde la botella debajo del delantal; "se barre de la cocina" al pretendiente que no sale delante de sus intentos de matrimonio; "no puede arar con vacas escornadas" el pobre que tiene muchos hijos que mantener; "tiene el corral limpio de moñigas (boñigas)" el que, por pobre, no está en condiciones de dar. Y así otras mil frases figuradas, cuya lista sería interminable. (...)

"El Duende de Campoo"