Los carboneros de Aguayo. El final de un oficio y el principio de la memoria

Manuel García Alonso

Sin duda el valle de Aguayo -o los Aguayos como se llegó a decir- forma parte del área física y cultural campurriana. Pertenece a la misma zona de tierras altas y clima continentalizado que el resto de la comarca. Históricamente perteneció y pertenece a la vieja Merindad de Campoo formó parte destacada de la Hermandad de Cinco Villas en lo civil y de ese arciprestazgo en lo religioso y su habla popular lo diferencia con claridad del montañés fuera del área de virtualidad de la h aspirada inicial y lo entronca con el habla campurriana.

Cuidando la carboneraSin embargo, hemos de añadir que tal afirmación no impide que, por su situación, tenga peculiaridades evidentes en ese contexto  Por una parte se trata de un valle colgado en la cabecera de la cuenca del río Besaya- un río cantábrico- y no del Ebro, a tra­vés de las depresiones que con­forman sus afluentes Irvienza y Torina. Por lo tanto, y junto con el resto de Cinco Villas y Pesque­ra, se trata de una población asentada en la vertiente atlánti­ca de la cordillera casi en su mismo eje orográfico en una zona en que los relieves no son enérgicos. Es como una atalaya de las tierras altas -830 m. de altitud en el fondo del valle- sobre Iguña y la Montaña, tierras hon­das que desde Ano –aquí no se dice Jano- o Ureño se ven empequeñecidas. Esta localización hace que su clima sea de vocación atlántica, con levemente menor oscilación térmica que Campoo y con claramente mayor pluviometría, que se manifiesta sobre todo en los estíos. Mientras la vertiente Sur de la cordillera -Campoo y La Rasa- suelen tener seca estival, Aguayo permanece verde. La causa está en que este reducido y elevado lugar queda expuesto a los vientos húmedos del mar -el cierzu- que hasta aquí arrastran casi todo el verano, si no las lluvias, las nieblas que hacen de Aguayo un valle de la Iberia siempre húmeda.

La importancia que esto tiene para la vegetación es enorme, y así pertenece Aguayo al mismo área que el resto de la vertiente cantábrica. Si bien, debido a su altitud, sólo cuenta con sus pisos superiores. El medio bioclimático descrito favorece un piso -entre 800 y 1100 m. de altura- en donde la vegetación climática dominante es el bosque casi monoespecífico de hayas y, en las vertientes de mayor insolación. pastizales y landa atlántica. A partir de los 1100 m. de altura se dificulta el crecimiento del estrato arbóreo y entramos en el dominio. amplio pero sin culminaciones muy destacadas. del piso de pradería alpestre. En el habla local se diferencian estos tres ámbitos dominantes de la vegetación: monte para las áreas arbóreas o arborescentes, sierra para las zonas en donde dominan los matorrales subarbustivos (árguma, berezu, halechu)junto con pastizal y algún arbusto espinoso, y braña para los pastos de altura. Por debajo del piso dominante -el del hayal- podemos escasamente encontrar el límite superior del bosque mixto de frondosas, con presencia notable del roble, en las vaguadas que se precipitan hacia las Hoces del Besaya desde el lugar de Santa María. En todo caso nos encontramos en el límite de crecimiento del castaño.

Por otra parte, desde un prisma histórico, el valle se encuentra sobre la vieja linde de la Merindad, cuyo cobro en la Edad Media se hacía por parte de la guarnición asentada en el Castillo de los Picones, junto al río Torina, en Bárcena de Pie de Concha. Desde ese lugar arrancaba un camino secundario que, a través de Alsa, el Castillo de El Barridioso, San Miguel y Campo Bajo, alcanzaba la Rasa de Campoo y los caminos del Ebro (1). A partir de los últimos decenios del siglo XVIII, con los reyes Carlos III y Carlos IV, la construcción del Camino Real por las Hoces de Bárcena y la liberalización del comercio americano dio un movimiento inusitado al tránsito carretero y a la actividad económica -ventas como la de El Ventorrillo, ferrerías y fábricas de harinas como las de Santiurde y Pesquera- en un corredor viario que se había trasladado aún más cerca de Aguayo de lo que estaba el viejo camino romano y medieval. Las relaciones con La Montaña, siempre importantes para el valle, se incrementaron enormemente por ello a lo largo del siglo XIX y continuaron en el XX(2). En este contexto, geográfico e histórico, descrito se ha de configurar el desarrollo del oficio que nos hemos propuesto describir.

CarboneraEn 1893 el Ayuntamiento de San Miguel de Aguayo hace una relación de montes y predios rústicos de aprovechamiento común en el término, y de la situación de los mismos se dicen expresiones como "no hay un árbol maderable", "poblado de maleza de avellano espino acebo y demás arbustos con algunas hayas jóvenes y mal configuradas", "maleza que no puede ser aprovechada ni en productos forestales y poco y mal en pastos"... ¿Cómo habían llegado los bosques del valle a esta situación tan desastrosa? Años atrás, en 1872, el mismo Ayuntamiento tuvo que cotear los sitios de Rozapecín, Los Trecherios, El Linarojo, La Peña, Fuentelvarín, los Llanos de Pando, El Agua, El Vallejo de Cotera Soto, La Canal, Los Ortazuelos, Los Dazares, La Serna Grande y Valdesantián, con una veda forestal, ante "los abusos y excesos que actualmente se están cometiendo por los carboneros". En Santa María, al tiempo, se vedaron el monte de Cuesta Lechoso y Retuerta, incluidos Los Picales, y desde la carretera de Buldeje hasta el límite con Santiurde. Aquí tenemos, por tanto, la causa principal de la situación de los montes: la inusitada actividad de los carboneros.

Pero la obtención de carbón de madera, vinculada estrechamente a la actividad ferrona, venía siendo habitual en nuestros montes desde la Baja Edad Media. ¿Qué había determinado los "excesos" de los carboneros en el siglo XIX?. La respuesta hay que buscarla en ese incremento de la actividad productiva y mercantil tras la construcción del Camino Real. A mediados del siglo XVIII se levantaron las ferrerías de Santiurde y de El Gorgollón, sobre el cauce del río Besaya, en su cabecera. En 1752 Don Marcos de Vierna Pellón, constructor del Camino Real de Castilla, edifica la de El Gorgollón, en la villa de Pesquera, y su yerno Don Luis de Cueto, inspector del mismo Camino Real, reforma la de Santiurde. Ambas pasarán por herencia a Don Manuel de Cueto y Vierna a finales de siglo. La ferrería pesquerana ya en 1847 pertenece a Don Francisco Villalaz y entonces trabajaban para ella 30 carboneros y movían 1.500 carros para traer el carbón. La ferrería de Santiurde, por las mismas fechas, era de Don T. L. Calderón. Estas ferrerías se transformaron en torno a 1865, ante la producción de hierro en las fundiciones industriales dotadas con altos hornos, en fábricas harineras. Mientras, seguían en actividad únicamente las ferrerías de Horna y Bustasur, al menos hasta un decenio después. Dichas ferrerías meridionales, la de Horna y la de Bustasur, habían tenido un origen parecido a las anteriores, también se vinculan al Camino de Castilla que pasaba por Reinosa.

En 1789 hacían carbón para estas dos ferrerías cuadrillas o "compañías" de carboneros guipuzcoanos que cobraban "once reales por la echuza de cada un carro de carbón de cuatro cargas, medido en el monte". En similares condiciones trabajaban cuadrillas de vascos por toda la región durante aquella época. Los propietarios arrendaban leña, a los concejos, en los montes en donde estos carboneros luego se afanaban (3). En el valle de Aguayo, inmediato a las ferrerías y con grandes manchas forestales, conocemos datos de la actividad de carboneros que trabajaban para las ferrerías locales. En las cuentas de Concejo de San Miguel de 1837 se dice que se pagó a los vecinos "que fueron a reconocer la dehesa para ver si se la podría dar para carbonear a Don Francisco Villalaz", es decir para la ferrería de El Gorgollón. Que se trataba de grupos de carboneros vascos no nos cabe ninguna duda. En 1826 se elabora la lista de vecinos para el reparto de sal y se dice que un vecino Ileva para los vizcaínos una fanega de sal". Pocos años después, en 1837, el concejo "castigó al Vizcaíno" por hacer carbón. El epíteto que se les da -”los vizcaínos”- y que aún es familiar por estos contornos, no identifica necesariamente su procedencia del Señorío, sino que puede entenderse como sinónimo de vascongado, tal y como se usaba en tiempos pasados.

En relación con estas cuadrillas de carboneros vascos, que pasaban largas temporadas en los montes aguayeses, creemos que están los restos de varias hoyas de carbón y una casa que aún reconocemos en Los Mazos. Allí, en una zona hoy bastante desarbolada de hayas, apreciamos recientemente al menos cuatro hoyas en la ladera, y restos derruidos de una construcción cuadrangular, murada con piedra arenisca, de 8,70 x 6,50 m. de planta. No se guarda memoria en Aguayo sobre tal edificación y nosotros pensamos en una casa de los temporeros "vizcaínos" que hicieron carbón entre 1750 y 1860 para las ferrería, y que causaron la susodicha desarborización. No sólo estas cuadrillas, también algunos vecinos comenzaron pronto a entender que la obtención de carbón de leña era una actividad que podía ayudar a incrementar las rentas familiares en esos momentos. Y así, en 1862, se habla de "carbón benturero entregado a la ferrería de Billalaz". Al mismo tiempo algunos de los carboneros foráneos terminaron casándose y estableciéndose en las aldeas.

Todo ello tuvo como consecuencia que toda una comunidad campesina de aldea, como la de Santa María del Valle originariamente una villa de dominio señorial en el valle deAguayo por su mayor proximidad, tanto a los montes carboneables como a las ferrerías del Besaya, se transformase en un pueblo de campesinos-carboneros muy activo. En la contabilidad de la vieja taberna de Santa María, hacia los años 50 y 60 del siglo pasado, existía una cuenta "de la Ferrería de Don Francisco Villalaz o sea, de los gastos de sus empleados y carboneros  Entre los prendimientos y denuncias contra carboneros en los montes del valle los vecinos de Santa María son mayoría. Entre 1883 y 1918 fueron denunciados, como muestra, por la Guardia Civil los vecinos de ese lugar: Antonio y Julián González por un carro de carbón (1883), Antonio Osoro, Gregorio García y Manuel Amenabar por hacer carboneras en Buldeje (1894), Antonio González por carbonear en La Retuerta (1909), Aquilino González por “la hoya de carbón” de Cuesta Lechoso, y Domingo Álvarez por elaboración de carbón con leñas cortadas" (1918).  

Esta febril actividad no pudo por menos que ocasionar daños graves en los bosques de todo el valle, y ya en 1861 el Concejo de San Miguel -vecinos de los núcleos de Santa Olalla, el Barrio de la Bárcena y Somavía- reunió a los carboneros "yciéndoles cargo de los escesos de monte". No debió resultar efectivo pues, como ya se ha dicho, y pese a los cotos vedados de 1872, estos montes llegaron al estado que se describe, a fin de siglo, en la Relación de Montes v Predios. Con la decadencia y fin de las actividades ferronas, salvo las pequeñas fraguas artesanales, el carboneo pasó a ser, desde finales del siglo XIX, una dedicación cuyo producto tenía como salida principal los consumos domésticos o de pequeños talleres particulares; incluso en cierto momento para los motores de los vehículos de transporte. A partir de la década de los cincuenta de nuestro siglo la extensión de otras fuentes sustitutivas de energía y el control de las talas, junto con la emigración, produjo el abandono de este oficio. Hoy en día estamos ante una práctica abandonada en Aguayo -la última hoya se hizo en 1969 por encargo del Ayuntamiento- y ante los primeros intentos por recuperarla para el recuerdo colectivo. En 1995, coincidiendo con una feria anual de ganado, el 15 de Septiembre, los últimos carboneros de este lugar realizaron una demostración de su trabajo que duró tres días -no se dejó terminar la cocción- y de donde proceden las fotografías que acompañan el presente artículo.

Con la ayuda de este testimonio gráfico y de la trascripción de entrevista que el autor de estas líneas hizo, en 1984, a Joaquín Osoro Soberón, uno de los artífices de la realmente última carbonera en Aguayo, trataremos ahora de revivir aquel viejo oficio, ya periclitado (4). En Aguayo se carboneaba en cualquier época del año. Incluso en pleno invierno y con nieve.

---. Yo se de aquí.. cogió a un hermano mío una nevá ...
les cogió en la Serna Chica y les cogió quince días allá ...
¡una nevá!. No les quedaba ya ná que comer..

Se solía hacer carbón en los montes comunales del municipio, Joaquín Osoro ha hecho chandorros en los montes de Valcabao, La Serna Grande, La Serna Chica, Valtazones, Lindalatorca y Matahoz, entre otros. En el lugar elegido se cortaba la madera, con únicamente l'hacha, hasta un promedio de doce carros, y se acarreaba hasta la hoya,

- Se hacía en un monte cerrau... Incluso igual no entraban carros ni entraba nada... Había que arrimalu a un sitio... a una plazoleta que se llamaba... y se hacía una hoya... Había que medir, pues, pá esos carros de leña doce pies.. Eso se bacía una rueda completamente.
Se ponía bien llano completamente con una azá y una pala... a ojo...

Esto en el caso de no hacer la carbonera en una vieja plazoleta, alguna con murete de piedra, y siempre preferida a tener que hacer una nueva. Una vez la leña aproximada y en torno a la hoya se procedía a armar el chandorru.

- Se cogían ramas... y colocálo debajo... que la leña no pisara nada el suelo ¿eh? Trozo de leña que pisaba en el suelo, ise se quedaba crudo... una buena camá de una cuarta o más... Después se colocaba todo... Primero se colocaba una fila... todo pinau. Sobre el centro se colocaba una cosa y se iba colocando sobre iste y todo alrededor basta que llegaba ya a terminar.. Entonces ya se cogían los tastes más pequeñucos ya... arriba unos tastes para dejar para prende rpor arriba... Hileras ná más que dos..

Se levantaban, pues, dos pisos de trozos de madera –tastes en posición vertical y desde dentro hacia afuera, sobre un lecho camá- para que la leña no toque el suelo, como ha sido tradicional en el norte de España; frente a la tradición transpirenaica de armar en horizontal.

- Después había que coger y sacar pues varios céspedes... Había que tapálo todo... El campu para adentro y la tierra para afuera ¿eh?  Todo a azá ... Bueno pues lo tapabas todo bien tapao...

Sobre los céspedes se arrojaban palás de tierra hasta cubrir abundantemente la carbonera. En la parte central superior se dejaba un hueco para prender, sin tapar. Y, al día siguiente, se iniciaba la cocción,

- Después se cogía con muy poca cosa ... pues con cuatro pa­lucos, cuatro sarojos  y unas árgumas se prendía. Se echaba después un cestu allá de horcinas... de las que se sacaba de picar la leña... Se dejaba destapau. después que lo echabas dos o tres veces ya... tapabas por arriba.

Se tapaba la boca con césped troceado y tierra, al igual que lo estaba el resto del chandorru.

- Se cogía, se hacía con una trenca de madera... en forma de punta y con eso se pinchaba por los lados en filas, de dos filas o tres filas... para que botara el humo afuera, pero llamas nunca veías allí.. Primero se hacían altos, los primeros días se hacían altos, iba bajando...


El humo debe ser de color azulado y no salir llama por los agujeros. Si esto ocurría la carbonera se prendía y podía arder y perderse el carbón ya cocido. Como se ve, la cocción se hacía de arriba a abajo, descendiendo hasta finalizar en la base al quinto día de haberse iniciado.

- Total que cuando se bacía tendría metro y medio largo de altura... o dos metros.. y cuando ibas a sacar el carbón se quedaba en.. en uno veinte... Cuando aquello se iban quemando los céspedes. Todos... Y se iba quedando la tierra ya, porque todos los días había que echála tierra... A los cinco días ya, que estaba con lumbre, llegaba un día que agotó... se limpiaba y  quedaba ya solamente el carbón y la tierra...

Si el chandorru no cocía bien apelmazado podía arder y perderse el carbón. Hay que echar más tierra y golpear con una trenca o maza para apretarlo bien. Desde la tala y corta hasta el día de prender el chandorru el carbonero pernoctaba en su casa, pero durante la cocción debía quedarse a dormir en el monte, junto a la carbonera, en una choza de ramaje y céspedes en permanente vigilancia.

- Había que dormir allá ... Una choza baja para entrar arrastrando, pequeña. Tapá con céspedes por encima... Se hacía... allí tras ponías una horca... dos horcas ... un destaju haciendo como un cabriu... se colocaban otras ... Un cuadro... como para dormir dos. Después se tapaba todo de céspedes... Esto, que no lloviese mucho, sí lloviera mucho te puedes hacer la idea que estabas en la calle, sí.. Solía echarse mucha tierra encima y muchas cosas, pero si venía temporal, como muchas veces nos cogía temporal, ten en cuenta que tenías que estar a la orilla de la lumbre calentando. La lumbre siempre se hacía adelante y por un lau se entraba... Frío no hacía... bumedad toda la que quisieras... Podías dormir.. se ponían unas ramas en el suelo y después los sacos que tenías allí para llenar .. y algo que llevabas de casa... La colocabas como pudieras ... Tenías que estáte allí. Esos cinco días tenias que estar allí..

Cocida la carbonera se procedía a sacar el carbón.

- Se dejaba una noche... Al día siguiente se iba sacando ya, así, esparciéndolo... con un rastrillu lo arrastrabas.. Con iste picachu tirabas, sacabas el carbón, se iba sacando de la pila... Después cogías el rastrillu e ibas desaparándolo... Se lo dejaba un poquitín enfriar Poco ... Algunas veces salía lumbre en algún sitio... se apagaba con un poco de agua... Era mejor tierra. 

Después cogías un cestu como de arroba y media o dos arrobas... llenabas el cestu... tres o cuatro, llenabas un sacu...

Del cesto se cargaba en los sacos, 30 o 35 sacos de unos 35 kilos hacían un carro de carbón. El carbón se hacía, en Aguayo, principalmente con haya, pero se utilizaba casi todo.

- Se hacía en un monte... Se hacía todo de pie y era toda clase de madera, lo mismo era haya, que era fresnu, que era álamu, que era salcinu, pues... era acebu... Lo mejor, lo mejor para carbón era el roble, o mejor la encina... pero como la encina aquí no se ha conocío... Después siguiendo ya l'haya. Aquí lo que más se usaba era l'haya casi...


El viejo carbonero en su chozaEl carboneo era una dedicación temprana, desde que el niño tenía fuerzas salía a los montes. El aprendizaje era, por tanto, por inculturación dentro de la familia. Ello explica la presencia de auténticas sagas de carboneros en Aguayo: Osoro, González, Amenabar. Las mujeres acompañaban a los varones en todas las faenas, menos en la cocción, porque no se quedaban en la choza, salvo excepciones.

-Alguna vez hicieron uno, allí en Valcabao... Al monte también iban las mujeres, la que podía también, a cargar leña ... y el día que se iba a coger el carbón... Cuando se estaba allá, prendío, eso no. Ahora el día que se iba a sacar para recógelo y metélo en los sacos, iban...

Los carboneros se vestían de ropas viejas -habituales pantalones, camisa, chaleco y chaqueta- calzaban albarcas de madera y se cubrían con boina.

- Ropa mala porque en verdad bueno no había! ... Ni calzau para ir a monte, hombre!. Si andaba uno medio descalzo... En albarcas.

En los días de pernocta en la choza se alimentaban a base de patatas, legumbres, poco pan y menos carne, utilizando para cocinar y comer unos pucheros de barro, un plato, alguna cuchara y un botijo para el agua.

- Una cesta ... Venías a casa, pues a llevar una cosa, a llevar otra. Vino poco ... había que ira las fuentes...

Todo el proceso -tala y corta de la madera, prender y controlar la cocción, abrir, enfriar y cargar el carbón- llevaba una quincena o algo más. No tenía otra finalidad que el mantenimiento diario del carbonero y su familia. Para ello falta la venta del carbón. Con un carro, al día siguiente de cargar el carbón en sacos, se iba a los pueblos próximos de Iguña y Campoo.

-Al día siguiente había que plantále a Molledo... Unos le llevaban a Molledo, otros a Bárcena y otros a Santa Olalla Valdeiguña... por las casas.. ¿Quiere usted un sacu~ Unas te decían que sí, otras te decían que no... Hay veces que se vendía todo... Veníamos a sacar nosotros 105 o 110 pesetas.. ¡Total. Eso sería en el treinta, antes de la Guerra... Cada uno hacía lo suyo y lo vendía... Hubo algunos años buenos... Era una miseria, porque era una miseria ... Vendías el sacu a diez reales ..

También se vendía, a comienzos de este siglo, para la harinera de El Gorgollón, en Pesquera.

- Era de unos señores que eran de Santander, que tenían una fábrica ahí.. Aquél carbón era también para andar la maquinaria... Era yo muy pequeño. Lo querían para los camiones, para el transporte.

Efectivamente, se llegó a vender el carbón en algún tiempo para los vehículos, que lo usaban como combustible. Y los precios fueron más remuneradores durante nuestra Guerra Civil.

¿Sabes dónde sacamos un pocu, un pocu, de ventaja?. Fue en el año de la Guerra... cuando los camiones no había para andar. Cuando eso hacíamos mucho carbón y ya nos lo pagaban, pues a peseta el kilo. Se lo vendían aquí a Reinosa... Cuando aquello andaban los camiones con eso. Echaban un sacu allá... Y coches también...

El nivel económico y la consideración social de los carboneros de Aguayo eran semejantes a los de sus convecinos, que tambien laboreaban en el monte en otras actividades.

- Unos vivían con el ganau, otros vivían de hacer carbón, otros hacían albarcas, otros cortaban palillos para hacer escobas .. Yo también corté muchísimos... To1 mundu vivía del monte ... Otros vivían de hacer carros de leña y vendélos..

Sí que había una evidente diferencia entre el concejo de San Miguel y el de Santa María. Como se ha dicho, en este último la carbonería fue el oficio dominante entre el vecindario.

- Aquí había muchos en iste pueblo... Todos se dedicaban aquí al carbón... La mayoría de todos los vecinos en el carbón. No siendo el carbón, las albarcas..

Se trataba de un recurso económico para unas familias que por tradición se dedicaban a ello. No se debía a la presión social, como en la zona vasco-navarra en que el mayorazgo generalizado impulsa a los hijos desheredados a buscar fuera su modo de vida, ni como en Extremadura y la Baja Andalucía en que la estructura de la propiedad, en manos de latifundistas, llevaba a muchos hombres a dedicarse al carboneo trashumante a base de contratas con los propietarios de las dehesas.  Que el carboneo resultó siempre abusivo y produjo una deforestación es claro, y los carboneros eran conscientes de ello.

- Porque era un estrozu terrible... Nos metíamos en los sitios que más leña había...

Este trabajo se fue abandonando en Aguayo paulatinamente a partir de los años cuarenta, y ya se ha indicado. El control y el coteado forestal ha producido, en los últimos cuatro decenios, la recuperación de los montes aguayeses. Hoy el estado de los mismos se aleja cada día más del panorama que se presentaba a finales del siglo pasado... Y para bien. Hemos visto cómo quienes inician y dinamizan este singular oficio fueron cuadrillas de vascos vinculados a las ferrerías. Todos los elementos descritos en el caso de los últimos carboneros de Aguayo se emparentan estrechamente con lo que conocemos del carboneo reciente en el País Vasco y en Navarra. Los mismos apellidos de algunos de estos aguayeses, que suelen ser los mismos que encontramos en la documentación del siglo XIX, son de clara procedencia euskalduna: Osoro y Amenabar. Pero, sin duda, corrobora dicho origen la presencia en la terminología propia del oficio de una voz euskara. La palabra con que se designa la propia carbonera -chandorru- se relaciona con los términos "txondorra" (horno o carbonera) y "txondarzulo" (plazoleta o suelo donde se hace la misma). En la actualidad, en que ya no se ven los chandorros de carbón en nuestros montes, la palabra se halla en el habla local con las formas chandorru y chindorru y con el significado de lumbre o fogata.

Y, hasta aquí, la narración de los afanes y trabajos de nuestros carboneros. La dureza de sus condiciones de trabajo pensamos que se desprende de sus mismas palabras. En la necesidad de que quede constancia de todo ello no nos mueve el afán de recuperar este viejo oficio para el mundo de hoy, ni una reaccionaria añoranza del pasado. Nos preocupa, sin embargo, que los conocimientos y la experiencia que conlleva el ejercerlo se pierdan, Desde estas líneas hemos pretendido, por tanto, que todo eso se recupere y tenga virtualidad presente para la memoria de aguayeses y campurrianos.


NOTAS

(1) Sobre los yacimientos arqueológicos vinculados a este camino secundario ver: GARCIA ALONSO, M., "Yacimientos medievales de San Miguel de Aguavo", en Trabajos de Arqueología en Cantabria 1, Santander 1992; y MARCOS MARTINEZ ,J. Y OTROS, "El Castillo de los Picones (Bárcena de Pie de Concha, Cantabria) en Trabajos de Arqueología en Cantabria III. Santander 1995
(2) Acerca del cambio en el eje vial de comunicación con Castilla: GARCIA ALONSO, M., "Caminos y Despoblados en el Alto Besava", en Trabajos de Arqueología II, Santander 1994. Por lo que hace a la fuerte reactivación económica provocada por el Camino Real hay mucha información, y de calidad. Como muestra ver: ORTEGA VALCARCEL, J., "De la Cantabria de ayer a la de hoy", en Madoz 1845-1850. Santander, Valladolid 1984; y SANCHEZ GOMEZ, M. A. Y OTROS, Cantabria en los siglos XVIII y XIX, Santander 1987.
(3) Estos guipuzcoanos trabajarían en la gran mancha forestal que cubría la vertiente norte de los relieves que forman las cabeceras de Valderredible, en Los Carabeos, Los Riconchos y el Alfoz, de lo que es importante resto el actual Monte Hijedo. El dato se toma de: RODRIGUEZ FERNANDEZ, A., Los Carabeos. Historia, economía y sociedad en un concejo rural de la Merindad de Campoo, Santander 1979. Los datos sobre las ferrerías de la zona se han tomado principalmente de ARROYO VALIENTE, P. y CORVERA MILLAN, M. Ferrerías en Cantabria. Manufacturas de ayer, Patrimonio de hoy, Santander 1993. Sigue siendo la publicación fundamental sobre el tema.
(4) Los primeros análisis a partir de aquella entrevista se dieron en: GARCIA ALONSO, M. "El carboneo de la madera en Aguavo (Cantabria)", en Publicaciones del Instituto de Etnología y Folklore "Hoyos Sainz" XII Santander 1986.
(5) Son numerosas las publicaciones etnográficas que recogen datos sobre el carboneo en la zona vasco-navarra citaremos: CARO BAROJA, J. - Los vascos, Madrid 1971; CARO BAROJA. J. De la vida rural vasca, Estella 1986; TERRAZAS. V.. -Recuerdos de un viejo carbonero-. en Periplo Como iniciación 39. Madrid 1981