Recuerdos del Reinosa de ayer. Los desfiles de carrozas

Ramón Rodríguez Cantón

El desarrollo de Reinosa fue lento, con altos y bajos, con variaciones notables, según las causas que originaban su crecimiento. Si encabezar una Merindad fue consecuencia de un primer despegue en el que influyó una mayor actividad de la agricultura y la ganadería de la comarca, le siguió el asentamiento de sus ferias y mercados y, posteriormente, las instalaciones artesanas que abastecían a la Merindad. Ya en el siglo XVIII, el tráfico carretero y la minería de la comarca abrieron nuevas posibilidades a la expansión, como se abrieron también nuevas vías al exterior.



Si nos situamos en la villa del siglo XIX, vemos que Reinosa estaba dividida en dos distritos, según aparece en las ordenanzas municipales de 1870, llamados Mayor y Puente, de acuerdo con su orientación. El número total de calles era de veinte, entre ellas se distribuían doscientas cincuenta y seis casas de un piso, ciento nueve de dos y cincuenta de tres, que hacen un total de cuatrocientas quince. En plano correspondiente a dicho año, observamos que el eje fundamental lo forman tres calles: Puente, Mayor y Pelilla, que servían de enlace entre las, llamadas entonces, calzadas reales con dirección a Falencia y Santander. En los entornos se situaban: el Barrio de las Eras, habitado en su mayor parte por labradores y ganaderos; los barrios de San Roque y Mallorca, en los que se producían, de acuerdo con las normas establecidas, las concentraciones de ganado para aprovechamiento de los pastos que la Mancomunidad Reinosa-Morancas poseía alrededor de esta pequeña aldea, casi despoblada. En el barrio de la Pelilla estaban ubicados los talleres para la fabricación de aperos de labranza, así como los correspondientes al tráfico carretero. Casi todo el comercio se hallaba instalado en la calle Mayor, plaza del Espolón y calles adyacentes.

En poco tiempo, Reinosa cambia de signo, ya en la segunda década del siglo XX se producen los primeros indicios de transformación, pues en 1917 comienzan las gestiones para el establecimiento de la Sociedad Española de Construcción Naval y en 1930 se instala Cenemesa y surgen seguidamente talleres, como complemento al desarrollo industrial. Todo este proceso modifica las características esenciales, no solo de Reinosa, sino también de la comarca campurriana, puesto que en todos los pueblos de Campoo había personal que trabajaba en estas factorías de Reinosa, siendo muy frecuente la doble dedicación, pues continuaban atendiendo sus labores agrarias o ganaderas, hecho muy frecuente en todo el norte de España.

La evolución había sido lenta, pero la comarca comenzaba a tomar otro ritmo con ciertos caracteres de lo que llamaremos modernidad, más notorios por el crecimiento de la población y la transformación de los modos de vida experimentada en Reinosa, principalmente.
Ya en otras ocasiones hemos dado cuenta de los hechos que fueron causa de los cambios acaecidos en Reinosa en menos de medio siglo, relacionados muy especialmente con las comunicaciones, los servicios de todo tipo, la enseñanza y la cultura en general, hemos llegado al Reinosa de ayer.

No de ayer, precisamente, pero sí de unos pocos años atrás, los suficientes para que puedan brotar los recuerdos respecto a una determinada etapa de nuestra existencia. Cuando se ha residido solamente en una población, a lo largo de una dilatada vida, no resulta fácil dar una impresión desapasionada de ese rincón de la tierra que apenas hemos perdido de vista. Si nos trasladamos a otro lugar, durante una temporada, nos basta con hacer unas descripciones más o menos detalladas de lo que vamos viendo, tratando de reflejar la sensación que nos causa; pero esto no es tan sencillo cuando uno se refiere a la tierra en que nació y donde continua residiendo, salvo leves escapadas; no se puede ser imparcial y, aunque nos carguemos de sinceridad, aun sin pretenderlo, estaremos haciendo una loa a la patria chica.

Así cuando traemos a cuento los recuerdos de la infancia, tratamos de recrear lo que hemos vivido; recrear, con gozo, aquellos días, aunque estén condicionados por un conocimiento muy elemental, pero también sincero y espontáneo.

Del Reinosa de mi niñez, siguen siendo entrañables para mí los recuerdos de los juegos a que nos entregábamos en cuerpo y alma como aquellas correrías por la Plaza Vieja, que así llamábamos a la actual Plaza de España, vieja estaba ya por entonces, con su deficiente pavimentación de codones, lo que nos permitía hacer hoyos para jugar a las canicas y a los "boches". Desde la Plaza, se solían hacer incursiones por los soportales, interfiriendo el paseo habitual de la gente mayor en los atardeceres de los días con frío o lluvia, y que, con buen tiempo, se prolongaba hasta la fuente de la Aurora, ocupando el centro de la calle.

El paseo de Cupido, pese a ser siempre el lugar más cuidado, reservado para el ocio apacible y la tranquilidad, no contaba con tanta afluencia, aunque, en pleno verano, la gente discurría por su amplia acera; también había quien se sentaba en el césped, hoy ocupado por jardines, preparados tras el relleno que hubo de realizarse para nivelar la hondonada donde estuvo la fuente Sorribero.
Sin embargo, estos lugares, por ser céntricos y urbanizados, no contaban con las preferencias de la chavalería, que frecuentaba más los alrededores, como el campo de Santiago y la Calzada, especialmente en el verano, después de la siega de la hierba y ante la proximidad de las Ferias de San Mateo, pensando ya en las instalaciones del Ferial, que, algunas veces, se anticipaban, y en las consiguientes atracciones de las barcas y los caballitos del "Tiovivo".

También el Ferial de las Eras fue lugar preferencia! y llegó a suponer, para la juventud con afición al deporte, algo así como un complejo deportivo en embrión, pero sin medios para estimular a los aficionados, ya que hasta los palos de las porterías eran transportados a hombros por los propios jugadores, antes de cada partido. Ya entonces, se formaban equipos de fútbol en los distintos barrios y se organizaban torneos. Para los más mayores, con necesidad de preparación, que llegaban a tomar parte en competiciones juveniles y participaban más tarde en los campeonatos comarcales y aun provinciales, los entrenamientos comprendían también ejercicios gimnásticos. Era muy numeroso el público infantil que acudía a las Eras reinosanas y también a las de Nestares, terreno más propicio para toda clase de deportes debido a su extensión.

Además de haber acudido a este lugar para presenciar partidos de fútbol, recuerdo haber visto competiciones de tiro de pichón y al plato; pero el acontecimiento más importante que presencié fue el aterrizaje de gran número (hablo de mis recuerdos) de aviones del Ejército y posterior despegue, que contempló gran parte de la población de Reinosa y Enmedio.

También, en la gran pradera de Orzales, hoy ocupada por las aguas del Pantano del Ebro, tuvieron lugar, por aquellos años, maniobras de aviación similares, lo que debió influir para que durante nuestra guerra civil se trasformara en campo de aviación, cuyos hangares, de los que aún quedan ruinas, han podido verse hasta hace poco tiempo.

Uno de los recuerdos de la infancia que mejor se ha grabado en la mente de la chavalería de ayer es el de los desfiles de las cabalgatas en el inicio de las fiestas de San Mateo, o sea, "el grandioso desfile de carrozas junto con los alegres pasacalles", con que se anunciaba en los programas de ferias.

Una vieja crónica del siglo XVIII relatando las fiestas celebradas en Reinosa con motivo de la proclamación del Rey Carlos IV en los días 29 y 30 de Noviembre y uno de Diciembre del año 1778 nos da cuenta del programa de fiestas a que dio lugar este acontecimiento nacional. Variado y para todos los gustos, los reinosanos se divirtieron a todos los niveles, ya que hubo celebraciones populares y festejos especiales para el señorío y todos se lo pasaron a lo grande.

La cabalgata que desfiló por las calles de Reinosa nos la describe la crónica con todo detalle y nos llama la atención la riqueza de su contenido que refleja la gran importancia de la villa de entonces: " 1°. Rompían la marcha dos alguaciles vestidos de negro, y pendiente del cuello un gran tarjetón plateado con el escudo de armas Reales: 2°. Una partida del Regimiento Provincial de Burgos, que iba abriendo el paso: 3°. La música compuesta de violines, flautas, clarinetes, trompas, baxo y contrabaxo, clarines, timbales, panderetas, tamborón y platillos: 4°. La nobleza sobre lucidos y bien enjaezados caballos, en orden de parejas, con la mayor uniformidad y lucimiento: 5°. Los Reyes de Armas con sus correspondientes gramallas de damasco carmesí con galones de oro, escudos grandes al pecho y espalda y cetros en las manos: 6°. El Ayuntamiento con la más perfecta uniformidad, y a la derecha del corregidor el Alférez Mayor con el pendón Real, ricamente vestido, y un hermoso caballo aderezado, acompañado de volantes y lacayos con libreas de gala: 7°. La tropa formada en columna marchando con el mayor orden e igualdad, a su retaguardia el coche de respeto del Alférez Mayor (...)".

Sin tratar de hacer comparaciones, traemos este hecho como inicio de las cabalgatas con desfiles de carrozas que se han venido celebrando en Reinosa al menos desde entonces y que mencionamos como precedente singular de todas las cabalgatas que vienen desfilando en nuestra ciudad desde que era villa y cabeza de merindad. No podemos dar fecha cierta de los orígenes de estos desfiles aunque podemos relacionarlos con las Ferias de San Mateo que han dado lugar a las fiestas locales de Reinosa. Lo cierto es que ferias y fiestas han estado siempre ligadas. La Feria de San Mateo se estima como consolidada en 1681. En 1751 ("a treinta días del mes de Agosto") figuran las ferias de Reinosa con una descripción en el cuestionario con destino al Catastro del Marqués de la Ensenada.
Hemos de convenir en que las fiestas de una población con las características de Reinosa proceden siempre de sus ferias. Así podemos concluir que nuestras fiestas se derivan directamente de las ferias como es frecuente que ocurra y podemos desligarlas de la patronímica; mala época para nuestra ciudad, en pleno invierno, el día de San Sebastián.

Uno de los números de mayor atractivo de las Fiestas de San Mateo lo constituye el desfile de carrozas, que viene a ser como una apertura oficial, así como muy popular de los festejos tradicionales. En este desfile figura con carácter extraordinario la carroza de la Reina de las Fiestas, que es quien lo preside.

En la década de los cuarenta del siglo pasado, empiezan a figurar en los programas de fiestas los desfiles de cabalgatas que comenzaron con el apelativo de grandes y siguieron como grandiosas. En el año 1946, el primer premio del concurso de carrozas alcanzaba la cifra de 1.750 ptas.; al año siguiente pasó a las 2.250 y llegó a las 5.000 ptas. en 1951. Los desfiles por el centro de la ciudad comenzaban con las salvas y dianas a las nueve de la mañana, amenizados por la dulzaina y tenían lugar varios al cabo del día. Los más importantes eran los promovidos por los concursos de carrozas, es decir, la Grandiosa Cabalgata que se celebraba a las diez de la noche del día 20 y a las doce del mediodía del día de San Mateo, en los que participaban las carrozas concursantes, acompañadas por la Banda local de Música, las dulzainas y los gigantes y cabezudos. La colaboración se extendía a todos los estamentos, bien fueran oficiales o particulares y muy especialmente al pueblo en general, representado por peñas o asociaciones fundadas con finalidades recreativas o deportivas como el Casino, el Club Deportivo Naval, los Coros Campurrianos, la Sociedad de Recreo "La Unión", el Club Ciclista Campurriano, la Sociedad Colombófila, la Peña Bolística Ebro, la Banda de Música Infantil, la Casa de Cultura "Sánchez Díaz" y otras informales, en el buen sentido de la palabra, como "Los Desertores", "Los Vegetarianos", "La Peña de los Veinte", "El Siempre Adelante" o "El Trueno".

Son agrupaciones de estas características las que llevan a cabo la ingente labor de la construcción de carrozas, La gestión comienza con el problema de encontrar un lugar idóneo para tal fin, cosa nada fácil pues el principal inconveniente con que se tropieza es la falta de espacio. Solucionadas estas labores básicas, es necesario hacer frente a los más trascendentes que no es otra cosa que desarrollar la idea concebida para lo cual son imprescindibles las dotes artísticas, manejando adecuadamente los materiales de que se compone la obra. La talla en madera es fundamental en muchos casos, así como el modelado del barro o productos similares, según cómo esté proyectada la obra. Siempre destaca algún artista espontáneo que se revela como ejecutor personal o como maestro que, además de dirigir los trabajos de sus colaboradores en las distintas especialidades, desarrolla la gran labor de poner en práctica las ideas, acompañadas por el arte que supone su ejecución.

Es muy importante saber dotar a la obra del tono preciso para que resulte atractiva al público que pueda aceptarla en todos los sentidos, es decir, artísticamente bien realizada y, conceptualmente, acertada.

Los desfiles de las fiestas de San Mateo de Reinosa han resultado, en su mayor parte, satisfactorios en cuanto a las carrozas, sin olvidar el aspecto musical, colaboración que en actos públicos como éste resultan fundamentales. La colaboración de prestigiosos conjuntos como lo han sido siempre la Banda del Regimiento de Valencia de Santander, la de San Marcial de Burgos, la de San Quintín de Valladolid, Fanjare de Laredo, así como las Mayorettes de Zaragoza y Burdeos, la Banda local de Reinosa y la de Cornetas y Tambores, también de nuestra ciudad.

De los desfiles de carrozas derivaron los de carretas, que tienen lugar el Día de Campoo; los motivos son exclusivamente rurales y constituyen un exponente de la riqueza folclórica de nuestra región. Suelen representar escenas de la vida cotidiana con típicas viviendas, bien sea de interiores o corraladas y terrenos dedicados a la vida laboral de los campurrianos.

Lo más importante de estas carretas es su realización llevada a cabo en las diversas aldeas campurrianas, con un singular sentido del humor y con un realismo que ha sabido representar con sensibilidad y acierto lo más íntimo del diario quehacer de los campurrianos residentes en Campoo