Remedios y creencias de medicina popular en la Merindad de Campoo

Luis Ángel Moreno Landeras y José Antonio Gutíerrez Delgado

INTRODUCCIÓN

   La situación histórica, geográfica, social y económica que antaño vivió la comarca campurriana, ha sido la causa por la que los remedios medicinales populares han estado muy arraigados entre la población y han mantenido su vigencia hasta mediados del siglo XX.
   Los conocimientos curativos constituyen un apartado más de la tradición popular que es necesario preservar del olvido para poder estudiar y admirar mejor en su conjunto la cultura rural de la zona.


Retama   Estos saberes se transmitían de padres (madres) a hijos, generación tras generación, entre el común de la gente. Sin embargo, eran detentados de modo singular por personas que, dentro del pueblo, se podían considerar como especialistas, y a las que acudían los vecinos en caso de necesidad. Incluso se han detectado en alguna localidad vestigios de cierto chamanismo. ya que un solo individuo de la comunidad era el conocedor del secreto de la curación. Por supuesto, se trata de una relación con creencias populares ancestrales, y roza más el campo de la superstición que el de la medicina.
   Los remedios se elaboraban con las plantas existentes en el entorno, silvestres o cultivadas, y con los elementos disponibles en el ámbito doméstico. Esto originaba una gran diversidad de fórmulas de tratamiento para la misma enfermedad, de acuerdo con la localización de los asentamientos humanos dentro del territorio de la Merindad.
   La recolección de las plantas se efectuaba generalmente en la época de su floración. Se ponían a secar en un lugar seco y ventilado de la casa, y algunas se guardaban en cajitas o en bolsas de tela.
Sin embargo, había un día muy especial en que se llevaba a cabo la recogida de ciertas flores, como la del saúco. Era el 24 de junio, festividad de San Juan, que respondía a la pervivencia de rituales paganos y que otras manifestaciones, como las canciones, corroboran.
   Los remedios se aplicaban a las enfermedades comunes consideradas de menor entidad, a las dolencias más habituales, a los trastornos genéricos del organismos y a pequeños accidentes surgidos en la actividad cotidiana. Los tratamientos no siempre producían resultados satisfactorios, lo que no debe extrañar dada la escasa base científica de algunos de ellos.
   A continuación vamos a describir los remedios recogidos en el proceso de investigación, siguiendo el orden alfabético para las enfermedades. Agradecemos sinceramente a todos los informantes la colaboración prestada, y aconsejamos al lector que se abstenga de hacer uso del presente recetario.

 

ALMORRANAS

   El remedio más habitual para evitar el dolor y las molestias consistía en lavarlas con agua fría. Una variante era tomar baños de asiento en agua en la que se había cocido previamente corteza de "olma".
   A veces las untaban con aceite de oliva crudo. Un modo singular de curar las almorranas consistía en coger varias hojas de "cincoenrama" y envolverlas en un pañuelo. Después las metían en el bolso de atrás del pantalón, o de otra prenda que llevaran puesta, y las dejaban secar. Existía la creencia de que desaparecerían las almorranas cuando se secaban las hojas.

ANGINAS

   Curaban las anginas haciendo gárgaras de aguamiel o de leche caliente con miel. Los gargarismos de agua hervida con "llantén" y miel era otro método curativo que practicaban.
   Asimismo utilizaban vinagre rebajado con agua para hacer gárgaras.
   Untar las anginas con miel por medio de una pequeña trapa resultaba a veces un remedio eficaz.
   Un tratamiento externo consistía en calentar un nido de golondrinas y atarlo al cuello con un pañuelo.
   Igualmente ataban a1 cuello una tostada de pan empapada en vinagre.
   También daban vuelta un calcetín, lo ataban alrededor de la garganta y lo dejaban puesto toda la noche.

BRONQUITIS

   Colocaban en el pecho un emplasto de "mostaza" y linaza mezcladas, siendo mayor la proporción de la primera planta que de la segunda.
   Otro remedio consistía en untar el pecho con yodo.
   En los casos menos graves tomaban una infusión de "orégano" durante dos días, antes de ir a la cama. También empleaban el método de las ventosas. Metían en un vaso un poco de guaté o algodón empapado de alcohol y lo prendían fuego. A continuación colocaban el vaso sobre el pecho. Esta operación la realizaban una vez al día durante varios consecutivos. Este remedio lo utilizaban igualmente para curar algunas pulmonías.

CALLOS

   Para librarse de los callos de los pies los de las manos eran permanentes como consecuencia del trabajo algunas personas los quemaban con alcohol, lo que suponía un gran riesgo.

CATARROS

   Los remedios más utilizados para curar los catarros y sus afecciones eran:
   Los vahos de "eucalipto". Se ponían a cocer hojas bien secas de eucalipto en un recipiente tapado. Cuando el agua hervía, se destapaba y se ponía encima la cabeza tapada con un toalla o manta para inhalar el vapor que sale del cocimiento.
   Como en el caso de la bronquitis, también colocaban en el pecho una cataplasma de linaza y mostaza.
   En otras ocasiones aplicaban sobre el pecho la tela de la grasa de la toquilla del cerdo.
   Asimismo frotaban el pecho con los frutos de una planta llamada "uva de perro".
   Igualmente frotaban el pecho con un trapo que antes empapaban poco a poco en petróleo vertido en un pocillo. Después prendían fuego al trapo y, unan vez inflamado, lo apagaban pasándolo entre las piernas. Inmediatamente lo colocaban sobre el pecho para que, caliente como estaba, actuase de ventosa. A veces, una mala manipulación ocasionaba dolorosas ampollas en la piel.
   Las infusiones se empleaban con frecuencia en casos de catarro. Unas veces se preparaban con "malva", otras con "orégano" o, si era la época, con flor de "espino". Había quien mezclaba malva y orégano para potenciar los efectos beneficiosos de estas plantas.
   Un remedio muy socorrido consistía en tomar un tazón de leche con miel bien caliente al acostarse.
   Para ablandar el catarro estuvo bastante generalizado el uso del jarabe de caracoles. Se echaba media taza de azúcar y el resto se llenaba de caracoles. Se dejaba macerar durante dos o tres días y se bebía el líquido resultante a lo largo de varios días.

CÓLICOS Y DOLOR DE TRIPAS

   Los dolores de tripas relacionados con una mala digestión o empacho los curaban, al igual que hoy en día, tomando una infusión templada de "manzanilla".
   Otras infusiones a las que también se recurría eran las de "poleo", "té" en todas sus variantes: té de monte, de huerto, de lastra, de hojas moradas, etc., y de "hierbaluisa". Todas ellas se acostumbraba a endulzarlas con miel o azúcar.
   Otro remedio consistía en frotar el vientre con "romero", ya fuera con un puñado de hojas o con las ramitas enteras.
   A veces trataban de remediar el dolor tomando una copa o un vasito de orujo, ginebra o coñac.
   Si tenían oportunidad, por ser época de verano, cogían el fruto maduro del "reventón" y lo comían.
   Para remediar el dolor de tripas de los niños pequeños freían hojas de "ruda" en aceite; empapaban un paño en el aceite templado y se lo colocaban encima de la tripa.
   Igualmente calentaban un poco de aceite con granos de "anís" y frotaban con ello la tripa del bebé.

DIARREAS

   Para curar las diarreas ponían a hervir agua con arroz. Una vez hervido colaban el agua y lo tomaban. Algunas personas también comían el arroz al considerarlo beneficioso.
   En ocasiones rallaban una manzana y cuando por efecto de contacto con el aire se oxidaba la comían.
   Asimismo ingerían queso que previamente habían rallado.
   Existía la costumbre de tomar un vaso de agua en ayunas; a veces se la había dejado serenar durante la noche.
   Tomar una decocción de hojas de "zarza" era otro remedio empleado para cortar diarreas.
   Era frecuente beber agua hervida con limón, o simplemente tomar zumo de limón. Igualmente tomaban una infusión de 'manzanilla" a la que se añadía un cucharada de aceite crudo.
   Se tiene conocimiento de un caso en que se curó una fuerte y grave diarrea tomando de forma continuada, más de un mes, leche de burra.

DIVIESOS

Fruto del sauco   Emplastos y cataplasmas eran los remedios más usuales para madurar y curar diviesos.
   Preparaban en un paño o gasa una mezcla de patata cocida, grasa de cerdo y flores de "malva", que luego aplicaban sobre el divieso.
   Un emplasto más sencillo era el confeccionado con miga de pan mojada en leche.
   También empleaban las hojas de la planta denominada "de la mora". Colocaban un hoja en contacto con la piel, debidamente sujeta, durante varias horas.
   Igualmente acostumbraban a aplicar una cataplasma que hacían con hojas de "malva" cocidas.
   Otro modo de preparar un emplasto era echando miel caliente en un pañito para luego aplicarlo sobre el divieso.
   También extendían un poco de arcilla muy fina encima del divieso, vendándolo hasta que madurase.
   A veces untaban el grano y la parte de piel afectada con grasa de cerdo.
   Otro remedio empleado era el de colocar encima del divieso un velo de cebolla.
   Una variante consistía en asar un casco de cebolla, quitar el velo, untarlo con aceite y aplicarlo en el divieso.

DOLOR DE CABEZA

   El dolor de cabeza procuraban mitigarlo colocando en la frente paños empapados en colonia. Algunas veces se sustituía la colonia por vinagre.
   También se aplicaba en la frente un paño mojado en alcohol que previamente se había quemado un poco
   El alcohol era empleado asimismo pare empapar directamente la nuca.
   Para los dolores leves de cabeza se acostumbraba a tomar una infusión azucarada de "tila".

DOLOR DE MUELAS

   Trataban de amortecer las sensaciones nerviosas de dolor en la encía haciendo buches con vinagre.
   En otras ocasiones introducían en el hueco de la muela afectada una hila empapada en coñac.
   También era frecuente el empleo de cualquier bebida alcohólica. Bebían un sorbo de licor y lo dejaban durante cierto tiempo en la boca, en la zona dolorida.
   Ponían agua a hervir con flores de "saúco' y a continuación tomaban vahos por la boca.
   Otro remedio consistía en preparar unas sopas de leche, echarlas encima de un paño y atar éste a la cabeza, procurando que las sopas quedasen en contacto con el carrillo adecuado.
   No faltaba quien, no hallando alivio mejor, colocaba la mejilla sobre una lancha que estuviera muy fría.

DOLOR DE OÍDOS

   Lavaban bien el oído con agua jabonosa y después echaban unas gotas de aceite de almendras. También se acostumbraba a exponer el oído a los vahos preparados con flor de "saúco".
   Ponían a calentar aceite, ya fuera simplemente rustrido en la sartén, ya al baño María, y así templado vertían unas gotas en el oído.
   Igualmente echaban unas gotas de savia exudada de una rama verde de "fresno" puesta a arder en el fuego.
   Asimismo freían "ruda" con leche y lo aplicaban en forma de cataplasma tapando la oreja y zona adyacente.
   De igual modo freían "ruda" y "manzanilla"; empapaban en ello un algodón y lo introducían en el oído.
   Otro remedio también empleado consistía en echar al oído un poquito de leche de una mujer que estuviese amamantando.
   En un caso especial de dolor de oídos producido como consecuencia de otra enfermedad, la paciente se curó introduciendo pies y piernas hasta la rodilla en un recipiente de agua caliente con ceniza.

ERISIPELA

   Curaban esta enfermedad procurándose sahumerios producidos al quemar ramas de "saúco".

DOLOR DE RODILLAS

 

   Para los dolores de rodillas era costumbre darse friegas con alcohol de "romero", o en su defecto, con vino blanco.

ESCOCEDURAS

   Para curar las escoceduras se untaban éstas con aceite batido mezclado con un poco de agua. Para las escoceduras de los niños aplicaban en ocasiones el polvo de la madera apolillada o carcomida.

ESTREÑIMIENTO

Muérdago   Para el estreñimiento tomaban un cocimiento de hojas de "sen". También tomaban aceite de ricino que compraban en la farmacia. Otro remedio, que en ciertos casos daba resultado, consistía en comer andrinas maduras. Beneficiaba aún más ingerirlas con grano.
   Como dieta, se aconsejaba alimentarse con fruta; eran muy recomendables las peras.
   Asimismo se empleaban las lavativas; las irrigaciones se realizaban con agua jabonosa.
   Para remediar el estreñimiento de los niños se cogía una cerilla de cera, se abría y se untaba de aceite.    Después se la introducían por el ano y se la hacía girar poco a poco.

FIEBRE

   El remedio más socorrido consistía en colocar sobre la frente paños de agua fría.

FRACTURAS

   Curaban las roturas de los huesos colocando un brizna de pez. También echaban un capa de arcilla muy fina en un trapo y vendaban con él el miembro afectado.
   Si sólo entablillaban, usaban para ello las costillas de avellano sacadas de los cestos o carpanchos. Se utilizaba una venda para sujetarlas.

GRANOS

   Para limpiar la cara de granos, se lavaban con agua en la que se habían hervido brotes de ramas de "rosal silvestre".

HEMORRAGIAS

   Si se sangraba por la nariz, mojaban repetidamente la nuca con agua fría. Como hoy en día, se decía que levantando el brazo del mismo lado que el orificio de la nariz que sangra, se cortaba la hemorragia.
   Si se sangraba a causa de una cortada o herida, se hacía un torniquete y se vertía sobre el corte agua, alcohol o vino.
   Igualmente solíase aplicar vino blanco con azúcar.
   También aplicaban directamente sobre la herida un puñado de azúcar o de café molido.
   Contra toda norma higiénica, restañaban la sangre colocando encima una telaraña.
   Asimismo utilizaban la planta llamada "lapa"; la machacaban y hacían un emplasto que colocaban sobre la herida.

HERIDAS, GOLPES Y TORCEDURAS

   Utilizaban con frecuencia la planta de "árnica". La cocían en agua y empapaban paños que aplicaban sobre la parte dañada. Si había posibilidad, se sumergía el miembro afectado en el agua.
   Otra forma de uso consistía en poner árnica a macerar en alcohol. Con esta se lavaba y desinfectaba la herida.
   También curaban las heridas y rozaduras importantes lavándolas con agua en la que se habían hervido "cardos de la arzolla". Se decía que además de cicatrizar regeneraba la masa muscular.
   Otro método de curación consistía en coger una hoja de "la materia", calentarla un poco al fuego, quitar el velo y colocarla encima de la herida.
   Por otra parte, curaban las heridas lavándolas con agua y sal. Las salmueras se empleaban igualmente para los golpes que producían abultados chichones en la cabeza.
   Asimismo ponían sal y vinagre en una tela o gasa con la vendaban la parte del cuerpo afectada.
   En ocasiones curaban las heridas y úlceras lavándolas con una decocción templada de corteza de "nogal". A veces la decocción se preparaba con corteza de "fresno".
   Los chichones trataban de curarlos haciendo presión inmediata sobre ellos con una perra gorda de cobre que se debía dejar en el lugar cierto tiempo, sujetándola con la mano o atada con un pañuelo.
   Para las torceduras colocaban sobre la zona afectada una bizma de arcilla.
   En el caso de las distensiones musculares aplicaban paños empapados en una decocción de "malvas".
   También aplicaban paños de vinagre caliente para remediar es estiramiento de tendones.

HERNIAS

Espino albar o majueto   Aunque en otros lugares de la región, al igual que en toda la cornisa cantábrica, se tienen noticias de prácticas supersticiosas para la curación de las hernias de los niños, consistentes en el paso del bebé por la hendidura practicada en el tronco de un roble joven en la creencia de una curación milagrosa, no se ha hallado referencia alguna a este tipo de ritos en la comarca campurriana. Únicamente se fajaba concienzudamente el vientre de los pequeños para prevenir la aparición de hernias o para, como se decía, no se saliese el ombligo con los esfuerzos ocasionados por los lloros solitarios y desesperados.
   Para cicatrizar el ombligo lo untaban con la ceniza resultante de quemar un ala de gallina.

HIPO

   Existía la creencia de que el hipo desaparecía tomando siete tragos cortos y seguidos de agua. En relación con el número siete, considerado desde siempre como mágico, también se aseguraba que conteniendo la respiración y contando mentalmente hasta siete, se quitaba el hipo.
   Igualmente, dar inesperadamente un susto a la persona con hipo, lo hacía desaparecer.
   Asimismo trataban de cortar el hipo metiendo un garbanzo en la boca y chupándodo el tiempo necesario para que surtiese efecto.

INFECCIÓN DE LA VEJIGA

   Para curar las infecciones de vejiga se tomaban infusiones de "manzanilla" o "té".

INFECCIÓN DE LOS OJOS

   Curaban las infecciones oculares lavando los ojos con infusión de "manzanilla". Como variante, se cerraban los párpados y se cubrían con un paño empapado con idéntica infusión. También hervían el agua por la noche, la dejaban al sereno y a la mañana siguiente se lavaban con ella los ojos.
   Igualmente los lavaban con agua que contenía una pequeña porción de sal disuelta.
   En ciertas localidades existía alguna fuente cuyas aguas eran consideradas por sus propiedades un excelente remedio para curar los ojos tiernos o con infección. lavándose con ellas en el mismo manantial.

INTOXICACIÓN ETÍLICA

   A las personas embriagadas se les daba a beber café solo muy cargado o café con sal para que espabilase la borrachera.
   Asimismo depositaban unos pellizcos de sal en la boca de la persona embriagada.

LOMBRICES

   Ponían a macerar en vino blanco varios trozos de raíz de "genciana" durante cuatro o cinco días. Luego tomaban un vasito en ayunas varios días seguidos.
   Otro método consistía en cocer la raíz de genciana y tomar el agua resultante durante una semana al menos. Preparaban una infusión de "ruda", la mezclaban con leche y lo tomaban.
   También era considerado un remedio eficaz el tornar infusiones de "hierbabuena". Las propiedades curativas de esta planta eran tan apreciadas que existía el dicho: "el niño muerto , ¡y la hierbabuena en el huerto!", dando a entender que por no haber hecho uso de ella, había ocurrido semejante desgracia.
   Igualmente, y de forma un tanto peligrosa, tomaban una cucharada de petróleo en ayunas.
   Otro recurso curativo consistía en frotar con ajo crudo el ano del niño, e incluso introducir por él un diente de ajo. En ocasiones acostaban al niño boca abajo o arrodillado y flexionado el troncoy en completa oscuridad. Encendían una vela y la colocaban en las proximidades del ano, con la esperanza de que las lombrices saliesen a la luz.
   Asimismo, metían unos dientes de ajo en una bolsita de tela que colgaban al cuello del niño. Éste la llevaba hasta que los ojos se secaban, en la creencia de que entonces desaparecían las lombrices.

MAL DE OJO

   Para librarse del mal de ojo ponían "ruda" a cocer, y con el agua se lavaban por todas las partes del cuerpo durante los tres días anteriores a la luna llena.
   Cuando podían, salpicaban con agua bendita a la persona que creían les había echado el mal de ojo.
   También hacían la señal de la cruz, santiguándose, al pasar delante de la persona causante del mal.

NERVIOS

   Ponían a hervir las flores y brácteas de la "tila". Tomaban la decocción templada y con un poco de (91 azúcar o miel durante un largo período de tiempo.

ORZUELOS

   Para curar los orzuelos los lavaban con agua hervida, ya fuese sola o con un poco de sal. Colocaban encima del orzuelo un huevo de gallina recién puesto.
   Dejaban la llave de la puerta de la calle al sereno para que adquiriese los efectos benefactores de la noche y, en unos casos, simplemente la colocaban encima, y en otros, la pasaban sobre el orzuelo cinco o siete veces seguidas.
   También utilizaban para realizar los pases una llave que estuviese hueca.

PARTO

   Cuando no salía la placenta, se aconsejaba a la parturienta que soplara fuerte a través del cuello de una botella vacía.
   Ponían "canela" en rama a cocer en leche que luego se daba a beber a la parturienta.
   En una ocasión, la recién parida consiguió expulsar la placenta mordiendo la trenza del pelo de otra mujer.
   Para que no se subiera la matriz, ataban un pañuelo a la cintura de la mujer que acababa de dar a luz.

PICADURAS

   Para mitigar el efecto doloroso y la hinchazón producidos por las picaduras de abeja o avispa, cogían tres hierbas distintas del campo, o tres hojas de plantas diferentes y se frotaban con ellas.
   Asimismo, si lo tenían a mano, colocaban encima de la picadura un poco de barro o de arcilla húmeda.
   También lavaban con agua fría la zona afectada, después de haber extraído el aguijón.
   En ocasiones, echaban sobre la picadura unas gotas de
amoníaco.
   Igualmente, era frecuente untarse con un poco de aceite. Este remedio se empleaba para todas clases de picaduras: de arañas, de mosquitos, de insectos varios, etc.
   Si se trataba de mordedura de culebra, se ataban por encima de la picadura, chupando la sangre, y después practicaban una incisión con un objeto cortante, con la intención de que saliese el veneno.
   Otro remedio consistía en cortar una vara de "avellano" verde y colocar la caña sobre el punto exacto de la picadura.
   Para remediar el picor y las erupciones producidos por las ortigas, se frotaba con las hojas de la "acederilla". Existía el dicho siguiente: "la ortiga me picó, y la acederilla me lo quitó."

PICORES Y DOLOR DE GARGANTA

   Echaban sal en una sartén y la tostaban un poco. Después la extendían sobre un paño y colocaban éste alrededor de la garganta.
   Igualmente, tomaban un puñado de sal gorda y se frotaban la garganta con ella.
   Para hacer desaparecer la tos producida por el picor de garganta, se acostumbraba a tomar una cucharada de miel, deshaciéndola lentamente en la boca.
   En casos de ronquera, echaban zanahorias ralladas en un recipiente y añadían igual cantidad de miel, dejándolo macerar durante una hora. Después tomaban una cucharadita del jarabe resultante varias veces al día.

PIEL AGRIETADA

   Para que las grietas de los pechos de la mujer que estaban amamantando sanasen, ponían mantequilla en media cáscara de nuez, y colocaban ésta sobre las grieta.
   Curaban las grietas de las manos, untándolas con nata o con grasa de cerdo. Este remedio servía asimismo para las grietas de los labios.
   También utilizaban un bálsamo llamado "cerato"; éste se confeccionaba poniendo en una cazuela nueva de barro aceite, un hatillo de "hiedra" y otro de corteza de "saúco" y dejándolo cocer todo junto.
   Igualmente hervían en agua hojas de "hiedra" y luego bañaban la mano en el líquido resultante.
   Otro remedio para las grietas de las manos consistía en lavarlas con la orina de la propia persona.

QUEMADURAS

   Cocían corteza de "saúco"; colaban el agua y lo mezclaban con cera virgen; al enfriarse lo extendían en gasas que luego aplicaban en la quemadura.
   También freían hojas de "hiedra" en aceite y, añadiendo cera virgen preparaban una pomada que aplicaban en los casos de quemaduras.
   Igualmente aplicaban trapos de hilo impregnados en el cerato descrito para la piel agrietada.
   Asimismo, confeccionaban un ungüento con la hiel del cerdo, yemas de huevos y otro ingrediente que no se recuerda.
   Otro remedio consistía en untarse con la miel lo más rápidamente que se pudiera.
   De igual forma aplicaban sobre la zona afectada una patata partida.
   Si las circunstancias lo permitían, ponían pellas de nieve encima de la quemadura.

REUMA

   Metían ajos machacados en media botella de orujo y los dejaban macerar tres días. Después, tomaban en ayunas una copita de este orujo durante varios días.
   También metían "uvas de perro" en alcohol y las dejaban macerar un tiempo prudencial. A continuación se daban friegas con el alcohol.
   Para los casos de reumatismo en las extremidades inferiores, se frotaba con "ortigas".
   Igualmente se consideraba un buen remedio, comer moras maduras de forma continuada.

SABAÑONES

   Cogían un diente de ajo y lo partían por la mitad; seguidamente frotaban los sabañones con él.
   Una variante de la anterior consistía en untarlos con ajos asados.
   También los frotaban con alcohol y, en algunos casos, los quemaban con este líquido.
   Cocían hojas de "hiedra" y a continuación sumergían las manos o los pies en el agua.
   Otro remedio utilizado por ciertas personas consistía en exponer los descalzos a los orines de una vaca el primer día del mes de mayo que salía el ganado a pacer al campo.

SANGRE

   Tornaban una decocción de raíces de "ortiga" como purificador de la sangre. Otro método para depurar la sangre era el de tomar un vasito de zarzaparrilla.
   La sangre gorda la quitaban mediante el empleo de sanguijuelas que ponían en la cabeza. También utilizaban estos animales para extraer la sangre de los moretones grandes y el pus de las llagas.

SARAMPIÓN

   No conocían remedio alguno para esta enfermedad. Se limitaban a colocar un trapo rojo en la ventana, posteriormente también en la bombilla para evitar las molestias de la luz, y que el enfermo guardase calor.

SARNA Y PELLIZNAS

   Para curar la sarna se untaba con azufre, o con una mezcla de manteca de cerdo y azufre. Ponían a hervir "cebadilla" y se lavaban con el agua.
   Esta solución servía también para librarse de los piojos.
   Igualmente cocían ramas de "retama" y se lavaban las zonas afectadas.
   Las pelliznas las curaban rascándolas con una teja y aplicando a continuación una pasta de aceite y azufre.

TENSIÓN

   Para bajar la tensión tomaban una decocción preparada con "cola de caballo". Asimismo cocían "ortigas" y, debidamente aderezadas las comían.
   También se consideraba un remedio curativo incluir rábanos en la dieta diaria.

VERRUGAS

   Para deshacerse de las verrugas ponían debajo de una piedra tantas hojas de "zarza" como verrugas se quisieran quitar. Esto debía hacerlo alguien distinto a la persona afectada, y sin que ésta lo supiese. Existía la creencia de que al secarse las hojas, las verrugas desaparecerían. Una variante de la anterior consistía en recoger y esconder hojas de "llantén".
   También escondían manzanas, en igual número que verrugas y por persona ajena, y esperaban a que se pudriesen.
   En ocasiones las quemaban con aguafuerte.



CONCLUSIÓN


   Como conclusión hay que manifestar que este trabajo no es un catálogo cerrado y exhaustivo de medicina popular, sino el resultado de un muestreo debidamente contrastado y muy significativo. La memoria colectiva guarda remedios y creencias no explicitados, como el uso de la "genciana" para abrir el apetito, el hacer tres cruces con el dedo mojado en saliva en las piernas dormidas por inmovilidad o mala postura, y otros más.
   Sin embargo, el pueblo sabe, con su filosofía vital, que no existían soluciones mágicas para la última enfermedad, la que desemboca en la muerte. Quede, pues, como testimonio esta sencilla sentencia: "Unos por tos, otros por hilera, aquí, nadie se queda".
(Los INFORMANTES pertenecen a los municipios de Campoo de Suso, Enmedio, Valdeolea, Las Rozas de Valdearroyo, Campoo de Yuso y Valderredible.)

Fotografías: Luis Ángel Moreno Landeras