Ricardo González García

Ricardo González García

Ricardo González: imposible taxonomía de un artista

Descarado. 2010.  Serie psicoretratos robot. Óleo y esmalte sobre lienzo 73 x 60 cm«Mas, no obstante, cuanto más complicado y evasivo sea un estilo más nos estimulará a la exploración y en mayor medida nos recompensará con el éxito de alguna iluminación».
Maneras de hacer mundos, Nelson Goodman, 1978

«Todo su camino es una búsqueda de similitudes: las más mínimas analogías son solicitadas como signos adormecidos que deben ser despertados para que empiecen a hablar de nuevo».
Las palabras y las cosas, Foucault, 1966

 

Enfrentarse a la p Taxonomía gráfica del fetiche. Acrílico sobre lienzo 195 x 195 cm.intura con la pintura y desde el conocimiento. Despintar para seguir pintando, deconstruir para seguir construyendo, y obligarse de algún modo a otorgarle a la pintura un valor simbólico alejado de todo decorativismo, parece ser la impronta de Ricardo González García. Un artista que, pese a su juventud, ha cultivado ya desde que comenzara su carrera en su ciudad natal, Reinosa, distintas formas de hacer (pintura). De ahí que resulte complicada su clasificación dentro de un estilo o tendencia. Este «poliformismo» como el propio artista lo denomina -o variedad de recursos en su obra pictórica-, es el reflejo de un empeño, siempre constante en su obra-vida, y que no es otro que el intento de reflexionar sobre el mismo ejercicio de la pintura, lo que le exige una transformación continúa, un ejercicio de autocuestionamiento sobre su modo de pintar y entender el Arte. Justo en la época donde mas falta hace recurrir a la

tangibilidad de las expresiones plásticas ante el descrédito que han provocado ciertos comportamientos del Arte y su sociedad en crisis, y que llevan a nuestro artista al discurso constante de la pintura hasta convertirla en metapintura, en busca de una solución posible. De ahí la importancia de estos ejercicios de auto-critica, como el que hace Ricardo González en su obra: un no parar de experimentar, de generar pensamiento desde la pintura-pintura, erigiendo señuelos para atrapar-interpretar eso que llamamos realidad, o lo que queda de ella.

Descarada. 2010.  Serie psicoretratos robot. Óleo y esmalte sobre lienzo 73 x 60 cmRetrovisor poliédrico fue la exposición que presentó el artista Ricardo González en el año 2010 en La Casona de Reinosa, una muestra que, como su título indica, supuso una mirada o repaso a toda su producción artística hasta ese momento. Desde sus primeros trabajos figurativos, de paisajes a bodegones, de un realismo detallista y donde ya demuestra su buen hacer, pasa a una abstracción lírica con tintes surrealistas (La primera indivisión, 2007). Le sigue una etapa de un acentuado expresionismo y neobarroquismo (Y un blanco rumor, además, 2009), con un sutil toque a lo Sigmar Polke. Sus dos últimas series, no exentas de fina ironía, suponen un paso más: la alteración de los espacios, físicos y psíquicos, (Souvenir del no-lugar, 2009 y Psicorretratos robot, 2010) y donde en cierto modo «se sitúa en una onda que por algún lado podríamos calificar de gordillesca», en palabras del crítico Juan Manuel Bonet.

 un blanco rumor. Óleo sobre lienzo 130 x 195 cm. 

Siguiendo las teorías del antropólogo Marc Augé de los no-lugares, es decir, lugares que no son habitables, sino de paso, esto es, transitables, crea la obra (Cuarto de huéspedes, 2009). La hostilidad del espacio viene determinada por la simultaneidad de puntos de vista, por la alteridad y fragmentariedad del espacio, y ello, a pesar del vivo colorido, y de esos fondos y estampados muy decorativos, y casi diríamos kitsch, que suponen un punto irónico al relacionarlo con la cultura del souvenir. Frente a un ordenado caos, el espectador es capaz de adivinar objetos, estableciéndose un diálogo entre este y la pintura y ese mismo espacio que es incapaz de habitar.

Cuarto de huéspedes, 2009. Serie Souvenir de  No-lugar. Técnica mixta sobre tabla 240 x 360 cm.

 

Taxonomía gráfica del fetiche es su última serie, de la que se pudo ver parte en el Centro Cultural de Caja Cantabria, CASYC, en Santander este mismo año, y cuyo título resulta muy pertinente: «Siempre nos quedará la pintura». En este su último trabajo, Ricardo González abre un nuevo período, en el que mira al futuro, siempre con su bagaje a cuestas, para volverse a plantear una preocupación que está latente en toda su producción artística: la cuestión espacial. Esta vez realiza una taxonomía, en el sentido foucaultiano, de realizar una arqueología a través espacios irrepresentables, de superficies no-orientables como botellas de Klein o cintas de Moebius, así como una clasificación de objetos inverosímiles. Mediante estas superficies imposibles, Ricardo introduce dentro de estas dimensiones objetos reconocibles, pero deformados, que actúan a modo de fetiche. De esta manera, se establece una clasificación de objetos-fetiche, así como una reflexión crítica acerca del propio cuadro como fetiche, condición de la que no consigue escapar el Arte Contemporáneo, y que viene dada por el actual sistema de legitimación, de la que son responsables tanto artistas, curadores, teóricos, como los propios espectadores.

Rosa Naharro Diestro Historiadora del Arte y crítica independiente mayo de 2011


 Taxonomía gráfica del fetiche. Acrílico sobre lienzo 76 x 96 cm.   La primera indivisión. Vinilo, dispersión y pigmentos sobre lienzo 200 x 200 cm

Cápsula ameboide congelada para mutantes franceses, 2011. Serie Taxonomía gráfica del fetiche. Acrílico sobre lienzo 94 x 75 cm.

 

Pintor que como pintura se pinta de oído en clave de sol, 1996-2009. Porexpan, poliestileno expandido, papel, cola, resina de poliéster, fibra de vidrio y esmalte 199 x 105 x 80 cm.Mi yo pintor*

A medida que pasa el tiempo la pintura se convierte para mi en un organismo inseparable, una prolongación de mí mismo que se hace a veces enigmática e incontrolable, pero que, sobre todo, se establece como espacio reflexivo donde volcar mis inquietudes y buscar respuesta a determinados comportamientos que anudan mi relación con el exterior. El ejercicio de esta disciplina se hace ya por inercia, pues siempre, ha supuesto el mejor medio a mi alcance para expresar una serie de sensaciones donde las palabras no pueden llegar, de ahí mi insistencia por ubicar los sucesos que acontecen en las telas fuera de esa aburrida cotidianeidad diaria, en otras dimensiones posibles o alegóricas no exentas de cierto simbolismo atribuido que nos ayude a comprender aquello de lo que estamos siendo testigos. A medida que esto sucede noto como se va conformando el cuerpo total de mi lenguaje plástico personal, alejándome poco a poco de ciertas influencias que impregnaron mi obra en los años de formación. Es por ello que afronte ahora el futuro con una actitud más sosegada, sin las prisas que empujan al artista joven a cometer ciertas imprudencias, la constancia como fin último en el que sustentar mi transcurso vital y la entereza que aporta el trabajo bien hecho a pesar de todo, es decir, a pesar de aquellos avatares y obstáculos que van apareciendo a lo largo del camino para cortar el paso... , tampoco es que haya que llegar a ningún sitio. El camino del Arte no posee un rumbo fijo, sino que, aparte de pensar que es atemporal, creo que se deja arrastrar por las distintas corrientes que lo mecen hasta llegar algún día a la deriva, esto significa que, posiblemente, por distintas circunstancias, llegue el momento en el que haya que prescindir, Dios no lo quiera, incluso de esta pintura que me habrá conformado. 

* Ricardo González García