Sobre el pastoreo en la Merindad de Campoo. Algunas evidencias de la arqueología del paisaje

Manuel García Alonso

"Cuervos pa arriba, pastor buena vida; cuervos pa abajo, pastor boca abajo"
(refrán popular aguayés)

LA IMPORTANCIA HISTÓRICA DEL PASTOREO

Es una constante histórica de las tierras de esta antigua merindad el gran peso de la ganadería. El sostén de sus habitantes, el origen y desarrollo de sus plazas y villas, han tenido que ver con el pastoreo y las ferias de ganado. Reinosa, Aguilar, Ruerrero o Soncillo muestran en sus calles y plazas la evidencia de esto (1), y los pueblos campurrianos permiten aún comprobar en sus corrales, callejas, cerraduras y veredas la misma realidad.

La incorporación de estas tierras altas. tras la gran transformación del clima en el Holoceno. a las economías productoras supuso la puesta en valor de sus extensos pastizales de diente. Los ganados mesteños enverengaban en los seles campurrianosLos trabajos de Gutiérrez Morillo en Campoo han dado a conocer algunas de las singularidades de este fenómeno a partir de los datos de sus excavaciones en el conjunto megalítico de Los Lagos (2). Conocidos eran ya otros hallazgos tumulares pertenecientes a grupos de pastores que ocuparon estas brañas en torno al IV milenio a. C. Podemos señalar los de Fresno del Río, Soto, Paracuelles, La Cuadra, Cezura y La Lora (3), a los que cabría añadir otros, menos conocidos, como los de Rumaceo. Sin duda este pastoreo, principalmente basado en una trashumancia estacional del valle a la montaña con ovejas y cabras, continuó practicándose en las mismas zonas por culturas posteriores al mismo neolítico, como parecen atestiguar los recientes hallazgos de grabados en torno al Monte Hijedo.

En la Edad del Hierro los viejos usos pastoriles debieron reforzarse con nuevas aportaciones y tradiciones que insisten en el ganado como bien de consumo y de prestigio, ahora por parte de una élite guerrera, la de los pueblos cántabros, que basa en él su posición social predominante (4). Las fuentes clásicas hablan de los caballos y los cerdos del norte peninsular, y los yacimientos estudiados lo contradicen parcialmente, ya que ofrecen restos principalmente de bóvidos y ovicaprinos. Monte Bernorio, Celada Marlantes, Los Barahones, Argüeso, han ido dando testimonio del peso específico de la ganadería en la vida de estos pueblos de la Cantabria meridional. Celada Marlantes incluso ha ofrecido el interesante hallazgo de una esquila de cabra en este contexto (5).

Cabaña de Cuenca GenPero no hay duda de que el momento en que el pastoreo sale decididamente a la luz con caracteres modernos es la Edad Media. El paisaje comienza una larga adecuación y transformación en que el pastoreo pasa a ser una dedicación en cierto modo realizada sobre zonas marginales del territorio, aunque importante. El papel de los monasterios e iglesias en estos momentos es crucial. El monasterio de Cervatos, a lo largo de estos siglos, se procuró derechos de pasturas para stts ganados en las brañas y seles campurrianos y de La Montaña. Un privilegio atribuido a Sancho II, y concedido al obispado de Burgos en el año 1068, señala las zonas de aprovechamiento ganadero, mediante pastoreo extensivo, más extensas e importantes. Cita, entre otros muchos, los pastos de Hijedo, La Virga, y genéricamente de Campoo. En el siglo XII, entre las posesiones del monasterio de Yermo, se señala: "Et in territorio de Campo, braneas, pascua quas vulgus dicit Seles", es decir pastizales de verano para sus ganados en esta zona (6).

Independientemente de las adaptaciones locales en función de las coyunturas demográficas y socioeconómicas, los sistemas pastoriles, los lugares de pastoreo y los elementos materiales que les acompañan apenas sufrirán ya variación importante o fundamental desde la Baja Edad Media hasta los dos últimos siglos. Durante el siglo XIX la importancia de la carretería producirá un creciente incremento de los animales de tiro y acarreo, bueyes y mulos; y en el siglo XX la especialización ganadera traerá la predominancia del ganado bovino.

 

LA POSESIÓN Y EL ACCESO A PASTIZAS Y BRAÑAS

La base jurídica consuetudinaria que daba acceso a los pastos era la vecindad. "Ser vecino" aquí, como en el resto de Cantabria, es el eslabón básico de la identidad comunitaria también. Cada casa es un vecino y, por el hecho de serlo, adquiere derechos y obligaciones perfectamente definidos que son el engranaje del esquema social local.

Llegar a ser vecino se conseguía de dos maneras. Primeramente, y como se ha dicho, formando familia y teniendo "casa abierta" y residencia en el pueblo. Pero si alguien, "forastero", deseaba adquirir los derechos de la vecindad ("hacerse vecino") había de solicitarlo a la junta Vecinal y ser admitido formalmente tras un periodo, más o menos prolongado, de residencia estable con su familia en la localidad, incluyendo casi siempre un pago de entrada. Así se procedía para asegurarse de que el nuevo vecino se hacía cargo también de las obligaciones y deberes inherentes ante la comunidad. De esta forma se pretendía evitar que alguno se avecindase únicamente para meter sus ganados a los comunales y derrotas, o aprovechar las leñas u otros derechos. Sobre esto los vecinos se mostraron siempre especialmente celosos dado su riqueza en pastos y montes.

En las ordenazas que regulan el acceso y la utilización de los pastos y montes de Campoo de Suso se ponen por escrito las prevenciones contra los que deseen avecindarse: "Ordenaron que ningún vecino de fuera parte pueda ser vecino en ninguno de los lugares de la dicha Hermandad, sino trujere su mujer e hijos y familia y casa formada y contribuya con la dicha Hermandad" (7).
Así como en los valles bajos de la región parece la identificación con el propio barrio el aspecto más relevante de la identidad social, en la merindad esto queda muy supeditado, quizás por la misma estructura del poblamiento, al pueblo o aldea. Los concejos de los mismos regulaban el acceso a los bienes propios y comunales. s establecían los conciertos y acuerdos con los colindantes. Durante muchos siglos el papel del concejo a través de Alcaldes y Regidores fue el más relevante y abarcaba aspectos muy amplios entre los que se encontraban también vigilar el cumplimiento de las ordenanzas, imponer penas y multas, rematar las subastas de propios (montes, pastos y ejidos), derrotas, prendadas, contratar pastor y castrador, conseguir sementales. arreglos de viales y pasos, mojoneras y deslindes, llevar las cuentas, etc.

Estos aspectos no cambian sustancialmente en el siglo XIX, aunque no hay que olvidar el proceso de asunción de competencias por los nuevos ayuntamientos. De las cuentas del Concejo de San Miguel de Aguayo conservadas, entre 1831 y 1839, vemos que el mismo tenía Casa de Concejo en la vieja ermita de San Cristóbal, y un Diputado por cada villa del valle que se encargaba de aquella multiplicidad de funciones.

Restos arruinados de una cabaña en el lugar de El Payo Sin embargo, a otro nivel, cada uno de los barrios de la aldea suponía una célula vecinal repetida sobre el modelo concejil. Los vecinos del barrio formaban una junta de Barrio con un Alcalde de Barrio, por turno anual, encargado de las cuentas, una casa para el pastor contratado, el prao-toro y el mismo toro comunales, y unos corrales de la junta para las prendadas o los marcajes del ganado, o para la elección de sementales. La junta era competente para señalar las veredas de los rebaños vecinales y las diversas zonas de pastoreo, para establecer las derrotas, los turnos de vecerías, hacer cabañas y corrales, limpiar sus caminos y veredas, reponer cerraduras y portillas, limpiar los bebederos y acotar las "boharizas".

De ello se deriva que la junta de Barrio era el órgano fundamental encargado del funcionamiento adecuado de la organización pastoril comunal, precedente sin duda de la junta Ganadera. Ya en el siglo XVII algunos barrios, como el de Arroyal de Los Carabeos, disponen de sus propias' ordenanzas para estos aspectos de su competencia (8). En Aguayo la junta del barrio de Somavía tiene una casa del pastor -hoy en ruinas- y huertas anexas en lo alto del barrio y el prao-toro en la cabecera de la pradera de Carraspedío. La junta de La Bárcena tiene la llamada Casa del Toro, y del pastor, pegante a la vieja Casa Ayuntamiento, corral en La Cruz y el prao-toro en la Serna Chica.
El valle y la hermandad es otro nivel identitario, supraconcejil, relativamente estable y las rivalidades se manifiestan frente a los valles y comarcas colindantes, con los cuales los roces son continuos, sobre todo por los derechos de leñas y pastos. Las prendadas de ganado y las multas reavivaban continuamente los roces.

La linde, el límite concejil, municipal y de valle, es un espacio fronterizo difícil de aprehender pero que es necesario identificar con firmeza, pues de él deriva la jurisdicción y la territorialidad.
De los conflictos sobre dicho espacio liminal sale la necesidad de delimitarlo fiel y reconocidamente, públicamente. En los documentos antiguos se trataba de la apropiación -una "presura"- necesaria para el desarrollo de la vida vecinal con la fórmula: "desde la hoja del monte hasta la piedra del río, y desde la piedra del río hasta la hoja del monte".

Desde la Edad Media los concejos y hermandades trataron de dilucidar el control sobre el territorio inmediato del que dependían sus recursos de subsistencia mediante tomas de posesión ritualizadas en los ahitamientos y deslindes. Tales acontecimientos, llamados "apeos y vistas de ojos", se repetían periódicamente renovando las mojoneras. Las ordenanzas de 1947 de Campoo de Suso dicen expresamente que sus procuradores visiten frecuentemente los límites de los términos propios y levanten hitos y mojones donde no existan. Representantes concejiles de los términos colindantes visitaban los hitos, los reconocían y confirmaban mediante el regrabado de cruces y testigos o, cuando no se reconocían o hallaban, se levantaban otros nuevos con los grabados correspondientes.

Todas las aldeas consolidaron, a veces mediando el conflicto, en esas tempranas fechas los términos propios y deslindados que hoy poseen. Un buen ejemplo de que los conflictos liminales daban pie a renovar los deslindes y mojoneras son los que, en varias ocasiones, hubo entre Aguayo y Lanchares. De resultas del pleito entre dos vecinos de este lugar en 1912, por prendada de ganados y extralimitación de pastos, en Mojón, Juquío y Recuria, se transcribe la concordia y reconocimiento de hitos entre ambos concejos en 1845, indicándose que había otra más antigua de 1784. Reconocen entonces los hitos divisorios y "de alcances" entre Sel Redondo, donde también entra el concejo de Servillas, y Mediajo Frío. Los pleitos y concordias se suceden entre, por ejemplo también, los concejos de Fombellida, Celada Marlantes y Los Carabeos (9). Pero, además, convenía muchas veces a varios concejos llegar a acuerdos entre los mismos con el fin de favorecer el aprovechamiento. Es el caso de los acuerdos de pastos de alcances ahitados entre términos colindantes y de las mancomunidades y conciertos.

La historia de estos conciertos, acuerdos y mancomunidades de pastos es bien conocida en Cantabria, sobre todo aquellos que se refieren a los que ligaban los valles bajos con las zonas altas del interior. Campoo y Cinco Villas arrendaban algunas zonas de pasto alejadas del núcleo a los concejos y vecinos de La Montaña Baja. En Aguayo, en 1904, se arrendó la Braña del Ortañil al vecino de Santillana del Mar Don Manuel Fernández. Pero sobre todo tenían concordias con el inmediato valle de Iguña. Santa María de Aguayo tuvo desde 1683 mancomunidad de pastos y leñas con el pueblo de Bárcena de Pie de Concha, que en 1881 éste trata de interrumpir, en el monte de Cubanón y la Braña del Valle. Anteriormente sabemos que entre ambos términos se produjo un fuerte pleito sobre montes y pastos con sentencia de 1515. San Miguel, por su lado, tenía acuerdos con Molledo, Las Coteras y Bostronizo, según los cuales dejaban aprovechar, con pastor y cabañas, las brañas de Alsa, Juquío y Recuria a cambio de acoger en los tiempos de temporales invernales los ganados aguayeses en esos lugares y alimentarlos. Molledo tenía su cabaña en Alsa, puerto tradicional del barrio de Santa Olalla, hasta que se hizo la presa actual. Bostronizo tenía cabaña en Majada Llaguíos, cerca de La Horca, hasta época más reciente; de ahí su fuerte protesta en 1946 por el arriendo de esos pastos a ovejas castellanas. Aún más conocido es el caso de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, cuyo primer acuerdo se data en el siglo XV, por ello no insistiremos (10). Diferente es el caso de los acuerdos de la Hermandad de Campoo de Suso con los valles y concejos de las Montañas Bajas, en concreto con el Valle de Cabezón, determinando acogidas estacionales alternantes de la cabaña de ambas jurisdicciones. En verano los seles campurrianos acogerían a los ganados montañeses y en invierno los ganados de Campoo, en caso necesario, podían descender para ser acogidos en los invernales y cuadras de La Montaña en caso de nieves (11).

En muchos núcleos colindantes escasos de pasturas se mancomunaban los puertos, como sucede entre los de Fresno y Aradillos. Las villas con términos reducidos trataban de obtener mancomunidad de pastos con concejos vecinos, como es el caso de Pesquera, a la cual conceden mancomunidad los concejos de Bárcena de Pie de Concha y Aguayo en la Braña de Cornezuelo. Incluso la misma villa de Reinosa, cuyo exiguo término concejil no permitía el acceder a unos pastos necesarios para una gran parte de sus vecinos, en 1874 establece en sus Ordenanzas Municipales la regulación de usos en los pastos comuneros con Nestares, en los puertos y pastizas de Morancas y el derecho que tenía de antiguo a meter sus ganados en las sierras comunales de Matamorosa y Bolmir (12).

Refugio o parapeto levantado por los veceros de Los CarabeosPor otra parte estaban los llamados "pastos de alcances", terrenos deslindados y ahitados en algunas zonas de los contornos del término en donde se permitía entrar los ganados de algunos pueblos vecinos que tenían cabañas próximas. De nuevo volvemos al valle de Aguayo en que los acuerdos se hacían con reciprocidad. Parece ser que los ganados de Pesquera pudieron penett'ar hasta La Retuerta en algún tiempo. Por su lado el barrio de La Bárcena tenía una concordia con Lanchares que está muy bien documentada, renovada en 1845 y 1862 y con hitos de piedra que todavía existen desde Sel Redondo, en Valdesantián, El Bardalón, Rucándano y La Valliluenga hasta El Languero en el camino carretero a Lanchares. Estos alcances se daban en verano, desde Julio hasta Septiembre, y la concordia se renovó por última vez en 1920. El pueblo de La Riva pretendió tener derechos similares sobre Mojón y Recuria, en donde hicieron cabaña, y, tras prendadas y pleitos en los años 1961 a 1963, no lo consiguieron. El barrio de Somavía tenía sus concordias de alcances con Villasuso y Servillas. A los ganados de Villasuso, con cabaña y sel en Campo Bajo, se le permitía alcanzar hasta los hitos de piedra colocados en el Campo el Abedul y bajo el Prao la Braña, y a los de Servillas hasta los hitos del Campo de Los Gayanes y del Prao Entremangas de encima de La Guariza. En otros lugares se constatan también estos alcances, que en ocasiones salen a la luz con motivo de pleitos por los mismos, caso de los respectivos de Los Carabeos y Los Riconchos (13).

Estas concordias, acuerdos y reglamentaciones, necesarias para el sistema pastoril utilizado, provocaban continuos enfrentamientos entre vecinos, barrios, concejos y jurisdicciones. El concejo, en las ordenanzas establece un sistema ponderado de multas para quien no cumpla la normativa. La necesidad de guardar las mieses es la consecuencia. Las prendadas, apresamientos de ganado cuando invadía propiedades privativas, en las mieses, praderas y montes comunales de terrenos propios concejiles, eran el procedimiento para la imposición y cobro de las multas. Los ganados prendados se traían a los corrales de las juntas de barrio correspondiente hasta que, previo pago, se rescataban. La conflictividad que esto genera es grande y se refleja en la documentación.

 

EL PASTOREO COMUNALISTA: VECINOS Y PASTORES

Hasta la intesificación pecuaria en nuestro siglo, el pastoreo ha mantenido, por encima de los avatares, un sistema tradicional del cual aún quedan notorios restos. En todo caso se puede aikadir que ha determinado profundamente el manejo de la explotación ganadera contemporánea en Campoo. Desde la Edad Media el pastoreo extensivo sobre la base de los terrenos comuneros y de una fuerte organización vecinal, el concejo encargado de reglamentar usos y servidumbres, se ha mantenido con pequeñas adaptaciones coyunturales. Por ello, las ordenanzas constituyen una fuente de primer orden para determinar con precisión los rasgos básicos de la explotación.

Para conocer las actividades pastoriles, conviene establecer la útil diferencia entre ganados estabulados y "ganados de cabaña", como eran denominados. Ambos se pastoreaban y se mantenían en los terrenos comunes y deslindados, más los prados segaderos particulares, pero el régimen pastoril y sus veredas y ubicación eran diferentes.
La vecería constituía, desde tiempo inmemorial, la forma vecinal de guarda diurna de los ganados de cuadras, cubiles y cortes, y se utilizaba para toda clase de animales excepto las vacas. Consistía en conducir, desde la salida del sol al ocaso, y guardar los ganados por turnos diarios. Cada vecino asistía tantas veces como reses tuviera y "la vez" se pasaba en un orden riguroso y establecido casa por casa. Cada barrio organizaba sus vecerías independientemente y había distintos turnos por cada tipo de animales. El vecero debía hacerse cargo del ganado de los vecinos en un lugar concreto, escurrirlo por veredas determinadas al efecto, guardarlo en zonas establecidas y acotadas y volverlo íntegro y en buen estado. Si no es así las ordenanzas contemplan multar al vecero responsable en cuantías diversas según el daño y la pérdida. En las Ordenanzas de Aradillos, que datan de 1586, se manda que "no se traigan (los ganados) al pueblo hasta el sol puesto". En distintos concejos la edad a la que se podía ser pastor vecero podía ser diferente, dieciocho años en Somballe o veinte en Aradillos, pero en todo caso estas limitaciones estaban dirigidas a asegurar una guarda responsable.

Por ejemplo, en las ordenanzas del citado Ayuntamiento de Aguayo de 1869 se establecen las veredas de costumbre de los barrios de La Bárcena y Somavía, así como las temporadas en que tenían virtualidad. La vez de los "jatos mamantones" se establecía a partir de San Miguel. Los nacidos antes entran con la vez a partir del 1 de Mayo hasta San Miguel, porque entre esas dos fechas las vacas iban, con pastores contratados, a las brañas y seles propios. Los bueyes y novillos castrados se apartan de la vez de las vacas desde el primer día de Febrero y se añade, como explicación, "pués están las bacadas débiles por los penosos inviernos". Los bueyes de Somavía se escurrían a la Brena Mayor y Gandarías salvo en el momento de levantar la hierba. Después pueden llegar hasta la Entra el Callejo, tanto bueyes como vacas y jatos de este barrio.

En otros lugares de Cinco Villas, y en general en todo el territorio, se hacía de la misma manera. Las Ordenazas de Lantueno indican claramente que salgan las "veces de mañana a las partes acostumbradas". Las de Somballe mandan que los vecinos "escurran sus ganados mayores y menores entre la Yglesia y el guerto de Pedro Martín y que el pastor esté hasta que los vecinos escurran allí sus ganados". La vecera aparece de la misma forma regulada en Rioseco, Pesquera y Santiurde. En Pesquera las ordenanzas especifican que "el vecino que tenga la vez en la casa deberá pasar por la tarde a casa del vecino que le corresponda al día siguiente, y abisarle le toca guardar por la mañana la vez del ganado" (14). Fuera de Cinco Villas traemos aquí el caso del barrio de Arroyal de Los Carabeos, en el cual la vecería también se avisa por las casas y existe un lugar para recoger el pastor los ganados, "junto al rebollo de San Miguel", y el de las multiples "derecheras" correspondientes a los distintos pueblos de la Hermandad de Campoo de Suso (15).

Las Ordenanzas de Aguayo que estamos analizando son prolijas también sobre las vecerías de yeguas y potras de año. Las salidas y entradas de ovejas, cabras y "de la vista baja" (cerdos) se indica que deben producirse "después y a continuación que los hagan los ganados mayores". Las ovejas se escurrían por la Cuesta del Hoyo, se guardaban en Los Cerros y cabeceras de Matahoz y volvían a la tarde por el Acebo la Cuesta. En tiempo de derrotas -"mies derrota"- las ovejas iban a La Brena por la mañana y a la tarde a la Cruz del Campo y Celadía. La vez de las cabras se hacía, en los dos barrios de San Miguel, en común y alternando los barrios. El día que tocaba aprovechar los pastos de Somavía se recogían las cabras de El Barrio en la Puente la Bárcena, y cuando tocaba en los de La Bárcena se llamaban las cabras de Somavía en la Puente la Casona. Los cerdos tenían su propia vecería y se enveredaban por La Llosa Grande a Los Mediajos. En las Cuentas del Concejo de 1834 se habla de la "obligación de los cerdos que fueron a montazgo". En derrotas no había vecerías ni pastor.
Aparte se consideran los ganados de labor, bueyes y vacas de yugo. En tiempo de actividad de labrantío -"desde pascua de Pentecostés a la de Espíritusanto"- se tenía, desde épocas antiguas, acotada una zona de sierra próxima a la aldea como dehesa boyal o "boeriza". En San Miguel se trata del lugar denominado ahora La Guariza, y se permitía en el siglo pasado a cada vecino de La Bárcena y Somavía llevar allí "hasta seis labranzas duendas, sean bacas, cutrones o novillos de tres años, estos aunque no sepan trabajar". El cuidado de la "boeriza" incluye la prohibición expresa de destruir acebos y espinas de la llana de la cumbre pues "sirven de abrigo a dichos ganados en los malos y rigurosos temporales".

Este mismo sistema de vez, a veces también conocido como "vecera", estaba en uso desde antiguo en toda la merindad. En las Ordenanzas de Camesa, de 1559, ya se contempla. En las del lugar de Requejo incluso se especifica "que el que tuviese dos bacas, dos lechones, dos jatos o dos obejas guarde un día por cada dos ovejas hesceto el que no tuviera más de un lechón" (16).
Los pastores y veceros entretenián su ocio grabando iniciales y fechasLas vacas eran el único ganado que, desde el primero de Mayo hasta las derrotas, se pastoreaba en las brañas con pastores contratados por las juntas vecinales de los barrios y aldeas. En ese tiempo las cabañas, pobres acomodos de pastores, les acogían a ellos y a los mismos veceros que por allí cerca guardasen. Y hay que tener en cuenta que en muchos casos se establecían veces de ayuda al pastor también. En Santiurde solía ser un pastor becerrero contratado.
Según un documento aguayés de 1895 el pastor Domingo Gutiérrez era contratado por la junta vecinal, recibiendo como soldada medio celemín de pan diario y ciento treinta y siete pesetas al trimestre, y se le permiten tener cuarenta gajucas. Las gajucas eran ganados vacunos foráneos por los que el pastor sacaba un sobresueldo o una ganancia en aparcería; el concejo lo permitía a cambio de una cantidad que pagaba el pastor por cada res. Las obligaciones de éste incluyen conducir dos días la vacada parida por el Canto de las Cocías, y los otros días hasta el Roble Hueco. Se le veda entrar en la Peña de Temuda, la ladera de La Culera y el Mediajo de Ano, pues se podrían despeñar los animales. Cuidará del toro comunal en el local del pueblo al efecto, en la cuadra de la llamada Casa del Pastor, siendo por cuenta de la junta el local y el alimento, casi siempre a cuenta de los vecinos que tenían vacas de cabaña. El pastor podía tener como ayuda un vecero, por turnos, de la propia vecindad. Y ambos se ayudaban para acurriar de un palo, un palanco o una garruncha más decorada.

Cada junta de barrio tenía sus propiós seles y cabañas, generalmente una para las vacas paridas, más cercana, y otra para lo estiel más lejos y atendida, a veces, por un ayudante del pastor. Por el día las vacas estaban por las brañas y sierras del entorno y por la noche se recogían en los seles cercados en donde estaba la choza del pastor para pasar la noche. Los topónimos de los pastos de verano -brañas- son muy abundantes (Braña Espina, Braña el Ortañil, Braña el Cerro, La Brañuela, La Braña los Acebos...), no tanto los que se refieren a seles, como el Sel de Postremón, Sel de las Fuentes, Sel de Mudarra, Sel de los Bueyes, Sel Redondo, El Sel, Sel Encinero, Sel de Aro, Selgordo... Mientras la primera voz sigue utilizándose en el habla local y ha continuado formando topónimos, la segunda dejó ya de estar viva a mediados de nuestro siglo.

Con la recogida de los frutos las vacadas descendían de las brañas y entraban en la "miés derrota". El pastor acababa su trabajo para la colectividad y se integraba, como un vecino más, en la vida propia de la aldea. Aunque la mayoría de los pastores eran forasteros, cuando se les contrataba se les concedía el uso de una casa con cuadra y pajar y pasaban a vivir allí con su familia y su propio ganado.
Última pervivencia del sistema pastoril estudiado son las veredas que aún se tienen como propias en los diferentes barrios, aún cuando no haya pastor ni veceros ya. Santa María de Aguayo escurre su ganado por La Lastra y, desde allí, acurria bien al Campo las Monjas, o bien por La Brañuela. Santa Olalla siempre por El Terrero y La Campiza. El barrio de La Bárcena, en San Miguel, bien por La Cuesta y El Hoyo, o bien por Los Vallejos a La Manil. Por último, el barrio de Somavía, escurre bien por El Cerrío y Prao Monte, bien por la Carretera del Pastor y el Arroyo las Nieves, o bien por El Anío. En el resto del territorio sucede lo mismo.

 

EL PASTOREO PRIVATIVO: TRASHUMANTES Y ESTANTES

Collado de SomahozUn problema que vino a gravar las escasas economías vecinales, uno de cuyos pilares era la ganadería extensiva, fue el arriendo por parte de hermandades y concejos de los pastizales y brañas de altura a rebaños de ovejas merinas propiedad de grandes señores y ricos propietarios de antiguo agrupados en el Honrado Concejo de la Mesta. A partir del siglo XVII se constata que la necesidad de contar con numerario por parte de estas instituciones perjudicó a los ganaderos de las viejas concordias y mancomunidades vecinales. La Hermandad de Campoo de Suso y el Marquesado de Argüeso eran dueños mancomunadamente de los llamados puertos altos de las sierras del Híjar y del Cordel. Pues bien, las Ordenanzas de 1589 ya recogen la conflictividad derivada de los arriendos de agostaderos desde San Juan a San Miguel a los ganados mesteños (17). Y es una situación que sabemos que también se dio en Los Carabeos, Valdeolea y el Valle de Santullán, así como en Cinco Villas. Eran rebaños de miles de cabezas que, siguiendo las cañadas castellanas, alcanzaban los pastos de la cordillera en junio. Allí se distribuían con su pastor y ayudantes por los seles y brañas arrendados hasta fines del verano. En ocasiones en un mismo sel podían coincidir varios pastores y varios rebaños, como en las pastizas de Somahoz y La Braña.

Pero el manejo de los ganados propios era una de las ocupaciones principales de los vecinos. La familia debía cuidar sus animales, muchas veces en número exiguo ya que la dedicación fundamental fue la agricultura hasta bien entrado el siglo XX. En los inventarios testamentales del siglo pasado y principios de éste se habla de menos de seis bovinos, otros tantos équidos, menos de ocho cabras y ovejas y algún cerdo. Las "alparcerías" eran, desde la Baja Edad Media, una forma común a la que recurría la mayoría de los vecinos. Dar ganado "a medias", así como dar la hierba "a medias", fue un procedimiento muy utilizado en un primer momento por la iglesia y por los señores laicos, y luego por la nueva nobleza de ricos propietarios y por los campesinos más acomodados.

Los largos y durísimos inviernos, en que el pasto muere, resultaban el momento crítico para los ganaderos de estas tierras altas y frías. Las reses habían de sobrevivir con los escasos piensos y la hierba seca del pajar. Es grande la relevancia de los prados para este acopio, tanto en las suertes de las praderías cercadas comunalmente como en los prados segaderos de las mieses, o como en algunos cierros. El heno era, por tanto y en la misma medida que los pastos, un fruto necesario para la supervivencia de los ganados. Era habitual desde antiguo la existencia de esas praderas comunales, divididas en suertes vecinales, en los ejidos más allá de las mieses. En Cinco Villas se regula sus cierres y accesos en las mismas ordenanzas, caso de la pradera de Temuda en Somballe, la pradera de Sierra Albriz en Rioseco, o la Brena Mayor en Aguayo (18). La tendencia a la pratificación se observa en paralelo al incremento de la ganadería y ha alcanzado su máximo en nuestros días con la estabulación y la intensificación ganadera. La generalización de los cierros, que ya se conocían desde el siglo XVII tras los repartos de propios, acompaña este proceso.

Los prados se abonan -no todos los años- con estiércol y después se basnan. Esta operación se hace arrastrando con la pareja una basna, hecha con ramas de espina y cargada con céspedes, por la superficie herbácea con el fin de deshacer el abono y así que el suelo lo reciba. Transcurridos algunos meses, por San Pedro, comenzaba "la hierba". Al amanecer los hombres iban a segar, echando cambás con el dalle y dejando tras sí lombíos. Las mujeres y los chavales subían el almuerzo a las praderas y entonces se esparce la hierba recién cortada. Al día siguiente, cuando se ha quitado la humedad del rocío matutino, se esvuelve con el rastrillo para que cure por la otra cara y, si está bien seca, se puede atropar, cargar en el carro y llevar al pajar. Si no es así, se deja extendido y se acarrea al día siguiente. Cuando amenaza lluvia se suelen levantar hacinas, o montones grandes con el horcón, que se deshacen antes de atroparlo todo. El cargue del carro se hace por mujeres que están sobre él, mientras el hombre horconea la hierba con gran esfuerzo por sobre su cabeza. Es precisa una gran habilidad y compenetración para esta tarea, sobre todo sentar bien la hierba y reforzar las esquinas sobre las agujas con rollos de hierba -llamados cuentos- pues si no el peligro de perder la carga se incrementa. Cargado, la mujer se baja, se peina el carro y se ata con una atadura de soga y, en llegando bajo el bocarón del pajar, se suelta y se descarga con el horcón. En el pajar se acalda, se calca y se engatera. Así una y otra vez, en una labor que ocupa a la familia en los meses de Julio y Agosto, cuando no se retrasa y entorpece por el mal tiempo. Lo último que se recoge es la hierba -entre todos los vecinos- del Prao Toro de la correspondiente junta de Barrio. La excepción, en Aguayo, resulta la forma en que se recoge la hierba de las Cuestas de Temuda, para lo cual se utilizan ramas cortadas al efecto, allí mismo de las hayas, que se arrastran hacia abajo cargadas de hierba. Se trata de las hojás de hierba de los Praos de Temuda que, una vez en el camino se carga a los carros, y recuerda, con una mayor rusticidad, el método de acarreo en "basnas" usado en Tudanca y Rionansa.

 

ALGUNAS APORTACIONES A LA ARQUEOLOGÍA DEL PASTOREO

Los cercados denotan en esta tierra distintas formas de históricos aprovechamientos. Desde los terrazgos y praderías sujetas a disposiciones concejiles (mieses, praderas y praos-toro) a las tierras y prados de gestión totalmente particular (huertos, llosas, praos y cierros). Las cercas eran la defensa contra los animales que podían destrozar los sembrados o evitaban, en el segundo caso especialmente, los provechos ajenos. Así las cercas de los huertos de la aldea debían permitir la defensa contra las aves de corral, para lo que tenían, en zonas como Valderredible, considerable altura o estaban erizadas de bardas de espinos, en otras. O podían ser, contrariamente, la defensa de la cabaña en el caso de las paredes de los corrales aldeanos y de los seles.

Portilla y setos de madera en AguayoLa labor de cercar era sentida como absolutamente precisa de continua renovación. Los concejos exigían el trabajo común para defender las mieses y praderas todos los años y los vecinos se veían en la necesidad de reparar los portillos de las paredes o los setos de sus propiedades. La labor se realizaba utilizando los materiales inmediatos, la piedra o las varas de madera, paredes y setos. La piedra de los cercados y de las edificaciones era acarreada desde improvisadas canteras locales y la matecha para los setos de los avellanedos inmediatos.

El seto era de varas de avellano. La matecha o material se acarrea a la finca y primeramente se clavan en tierra los palancos de acebo, cada unos 35 cm., con el mazo o con el propio hacha. Se tejía por una punta con las pértigas de avellano, una sobre otra e inclinadas hasta su conclusión, para lo cual se iban levantando hasta la horizontal las coces, o punta más gruesa de las pértigas, para igualar. La primera pértiga, más corta, se apoya en un espino cortado. Finalmente se remata y refuerza el seto con los corredorios trenzados horizontalmente. Esto consiste en unas varas más gruesas, de avellano también, que sujetan los palancos y evitan que se salgan las pértigas. Las portillas siempre son de madera. Las hay del tipo de barandas, con varas introducidas entre dos pies derechos o murandales, de seto o de trencas. En estos últimos tipos unos velortos de avellano retorcido cerraban la portilla sobre una estaca.

Hemos de referirnos también al levantamiento de paredes en las mieses, llosas, huertos y cierros. Sobre los cimientos, con piedras más gruesas, se alzan los paramentos y se cubren con tapas. Las paredes de cantería levantan muros, generalmente de doble paramento con relleno interno de cascajo, armados en irregulares hiladas de mampuesto con el único criterio de "hacer cama y tapar juntas", e incrementando su cohesión cuando es preciso mediante piedras pasantes -trabas- o usando mortero de barro con nula o poca cal aglutinante. Con el fin de que no entre el agua en el muro los remates se componen de caballetes de piedra o de tapas amplias de losas llamadas cobijas. Los tipos y variantes vienen, sobre todo, determinados por la materia prima procedente de los afloramientos rocosos inmediatos. La roca caliza, la única disponible en muchas zonas, es en general difícil de trabajar. La jurásica, la más común, es fracturable y deleznable, y ofrece un mal mampuesto. Pero la piedra más usada es la arenisca. La rojiza triásica, tan abundante en las cuencas altas del Saja y Besaya, y la de edad wealdense, más propia de los valles meridionales del Ebro, son las mejores. En esta amplia área los pueblos asentados en las terrazas fluviales la utilizan en forma de codones trabajados.

Pero en las aldeas lindantes con Luena, tanto de Valdebezana como de Campoo de Yuso (Cabañas de Virtus, Corconte, Lanchares, La Población y La Riva) se construyen paredes llamadas allí "pasiegas" de un solo paramento con cantos y morrillos irregulares colocados "a cuña trabada" en hueco, tan hábilmente, que pueden alcanzar hasta más de metro y medio de altura.
Elemento significado de la posesión de pastizales son las señales de deslinde. En el de 1845 entre Aguayo y Lanchares resulta digno de mención la forma de reconocer los mojones, pues se describen las piedras hincadas y las señales grabadas que los identifican. Se reconocen en cada hito, generalmente en la cara superior, la cruz de brazos iguales y los puntos entre ellos llamados "testigos". Se ponían dos puntos o huecos por cada jurisdicción implicada, si eran dos juntas colindantes se ponían cuatro y, si eran tres, hasta seis puntos: "principiando por uno que se halla fijado al sitio que llaman Santa Cristina, arrimado a un acebo, que es de piedra de grano con su cruz y cuatro testigos, el que se reconoció y renovó, por hito terminal y divisorio de las dos jurisdicciones, desde este hito se fue a otro que en los apeos anteriores se llamaba el del Languero y ahora en el mismo sitio se ha fijado un hito nuevo de piedra de grano de altura como tres cuartas fuera de la tierra, el que se le hizo una cruz y cuatro testigos...". La existencia de estos hitos, a veces sobre rocas naturales o nativas, es general en toda la merindad entre cualquier jurisdicción.

En los sitios de refugio para el ganado comunal, junto al corral del sel, se levanta la cabaña. Los pastores la construían de piedra y madera del lugar; la cubierta con banzos y céspedes por lo general, en lo que se conocía como banzao. Para su construcción se hacían salvedades respecto a la corta de madera en los montes del común. En Campoo de Suso se dispone que "ninguno corte ningún pié de roble, haya, acebo ni espino, ni ningún árbol en ningún sel de vacas, excepto para hacer cabaña o becerrada".
Planta de Cabaña o chozo de pastores en Palombera (según Lastra Villa)Un tipo de cabaña nos lo describe Lastra Villa como propio de los puertos de Palombera. Se trata de una choza de planta trapezoidal, más estrecha en el fondo en que se sitúa el fuego y el catre de tabla que también hace de banco, con portal abierto denominado "bellar". Las paredes son de mampostería con algo de barro para cerrar el paso al frío levantadas hasta poco más de un metro. La cubierta, con ligera inclinación de la cumbrera hacia atrás, se sostiene sobre postes de horca, varas y cespedones (19). Este tipo se encuentra también entre los restos de cabañas del alto Besaya, concretamente se reconoce entre las ruinas de las brañas de Las Acebosas y de Porciles (Rioseco) y en la cabaña de la Braña de Mojón (Aguayo).

Otro tipo, que está presente sobre todo en las zonas meridionales de la merindad, es la cabaña cuadrada que se cubre de falsa bóveda con aproximación de hiladas. Estas edificaciones, cubiertas también muchas veces con tapines, se encuentran en los páramos de La Lora y son una continuación de idénticas construcciones pastoriles que se conocen en la provincia de Burgos.
Las cabañas más comunes y generalizadas, sin embargo, son totalmente rectangulares, y en este último siglo las cubiertas comienzan a ser ya de teja. En el valle de Aguayo las últimas cabañas en uso han sido las de El Ortañil, en San Miguel, y El Prao Toro de Santa María. Son cabañas de planta rectangular, armadas con mampuesto, de piedra, con tejado a dos aguas y con la puerta de acceso en el muro corto perpendicular al caballete del tejado. En el interior apenas un catre al fondo y un hogar en el suelo junto a la entrada. En la cabaña citada de Santa María el pastor contaba con un huerto o corral cercado. En los seles las ordenanzas prohibían talar árboles, por la protección del ganado que ofrecían.

Pero son numerosos los restos arruinados de cabañas y seles que se encuentran en los términos comuneros del valle, junto a La Braña de Somavía estaba su cabaña de Soberón que se cita en los documentos del siglo pasado ya que por su inmediatez sus ganados invadían "la boeriza" (La Guariza). La construcción de la cabaña más reciente de El Barrio se hizo con piedra, en parte, trasladada desde su vieja cabaña en el alto de La Manil, que aún se utilizaba en 1933 y que tenía huerto o corral también. En el mismo Prao Toro, en su interior, se aprecian restos de una probable antigua cabaña de sel. La cabaña del estil del barrio de La Bárcena estaba, y aún se aprecian sus restos, en El Ortañil, en el interior de un recinto que cerca la braña de ese nombre, por lo tanto un sel. Esta cabaña se cita en 1859, 1861 y 1906 en sendos documentos. Sobre ella se hallan los restos de El Cabañón de las Hayas Altas, con corral trasero. Y en la Braña de Mojón están las ruinas de la cabaña de Mojón, también con corral adosado al muro trasero, y con un portalillo previo a la entrada similar a los existentes en los seles al occidente del río Besaya. Esta cabaña se debió abandonar en los años precedentes a nuestra Guerra Civil. Sabemos que con anterioridad hubo cabaña de pastores en Marigarcía, al menos hasta 1900, donde hoy hay un caserío de grandes dimensiones. También en nuestro siglo existieron cabañas en El Cabañón del Crucero y en la Braña de Recuria. Todas estas cabañas fueron construidas y utilizadas por los distintos pastores del concejo de San Miguel, aunque algunas, como las de Mojón, El Ortañil y Soberón en 1861 y 1862, se arrendaron en ciertos momentos.

Santa María de Aguayo conserva otros restos de cabañas en su término. Concretamente las llamadas Cabañuca de La Brañuela y Cabaña del Tio Domingo. Ambas, por su tamaño, debieron de ser simples refugios ocasionales para pastor y veceros. Cabañas estacionales hubieron de ser los restos que se aprecian en el Campo las Monjas, en un gran cercado de pared. Adosado a ésta se percibe una pequeña choza en el interior del cercado una cabaña amplia con posible corral trasero y restos de otra, y fuera de la cerca restos muy evidentes de una cabaña con un corral frente a ella, al otro lado del viejo camino a la sierra de la Estaca Alta. No es aventurado suponer aquí un muy antiguo sel sucesivamente utilizado.

No hay duda de que, al igual que en las aldeas aguayesas, en las demás de la merindad la situación es similar. Son numerosísimas las ruinas de cabañas levantadas por concejos y barrios para la cabaña de los mismos. Sin embargo, conocemos algunas ruinas de edificaciones ligeramente distintas que guardan relación con chozas de pastores levantadas y utilizadas por los pastores contratados para los grandes rebaños de ovejas trashumantes. Un buen ejemplo lo tenemos en las ruinas de El Payo, entre Salcedillo y La Mata de Hoz. Se trata de varias cabañas de planta casi cuadrada, armadas a canto seco o con poco barro, a base de piedra irregular sin cantear. Junto a las mismas se encuentran algunas piedras de molino, terminadas o a medio terminar, realizadas en conglomerados triásicos que, en una ocasión, sirve incluso de pared de fondo de una de las chozas. El conjunto se agrupa en torno precisamente a un afloramiento de este tipo de roca y se puede apreciar, hacia el mediodía, un resto murado que pudiera ser de un corral como los que existen en otros seles. La existencia de varias cabañas lleva a pensar en una especie de poblado temporal que permitía a los pastores organizar mejor la ayuda mutua para traer víveres de la aldea y cuidar elganado.

Parapeto en El BardalSe explican como refugios diurnos frente al viento norte y al frío, levantados por y para los veceros, los llamados parapetos que aún se ven en las brañas de Campoo, Cinco Villas, Los Carabeos y Valdeolea. Cumplían, en las brañas abiertas, la misma función que los gruesos troncos de árbol de las zonas arboladas. Así lo atestiguan numerosos testimonios orales de los habitantes de más edad de las aldeas. Se trata de pequeños muretes, a veces aprovechando piedras nativas, a canto seco y con planta reducida de tendencia semicircular que defienden al vecero ya que se orienta el muro en esa dirección. Permiten a los vecinos pastores también encender pequeñas fogaratas y acostarse a descansar. En Los Carabeos conocemos estos parapetos en los altos de Somaloma. En Valdeolea son muy numerosos y bien conservados los de el Alto del Bardal y las Cuestas de Endino. En Santiurde destaca un parapeto muy bien conservado con banco de piedra en La Muela. Y, por no hacer esto más largo, en Aguayo conocemos diversas estructuras de este tipo en lo alto de El Cueto, y encima de La Culera en el lugar denominado precisamente Los Parapetos; así como también los restos existentes bajo el Prao la Braña han de asociarse a una estructura del mismo tipo.

Y, finalmente, señalar que en Cinco Villas existen algunas construcciones ganaderas para cuadra y cebo, del tipo de los invernales montañeses, y que aquí, como en Iguña, se denominan caseríos. Son edificios de mayor tamaño y altura, de dos plantas, la inferior para cuadra y la superior para el cebo, el pajar. En pocas ocasiones el caserío dispone en la planta baja un cuarto para cocina habitación. En esto y otras cosas se diferencian claramente de las cabañas pasiegas, que aparecen hacia lo alto del pueblo de Corconte y en Cabañas de Virtus.


NOTAS

(1) RODRÍGUEZ CANTÓN, R. : Las ferias en la Merindad de Campoo, Cuadernos de Campoo n° 5, pp. 4-8, Reinosa 1996.
(2) GUTIÉRREZ MORILLO, A.: "El conjunto megalítico de Los Lagos: primeros agricultores ganaderos en el valle de Campoo de Suso (Cantabria)", Cuadernos de Campoo n° 17, p. 8, Reinosa 1999.
(3) TEIRA MAYOLINI, L. C.: El megalitismo en Cantabria. Aproximación a una realidad arqueológica olvidada, pp. 258-267, Santander 1994.
(4) PERALTA LABRADOR, E.: Los cántabros antes de Roma, pp. 102-104, Madrid 2000.
(5) GARCÍA GUINEA, M. A. y RINCÓN, R.: El asentamiento cátabro de Celada Marlantes (Santander), Santander 1970. BARRIL VICENTE, M. : "Dos yacimientos de la Edad del Hierro, Castro de los Barahones y Bernorio", en Regio Cantabrorum, pp. 43-51, Santander 1999. RUIZ GUTIÉRREZ, A. : "El castro de Argüeso-Fontibre (Hermandad de Campoo de Suso, Cantabria)", en Regio Cantabrorum, pp. 53-61, Santander 1999.
(6) GARCÍA ALONSO, M.: "Los seles y el pastoreo tradicional en Cantabria", Altamira XLIX, pp. 125-137, Santander 1996.
(7) Ordenanzas del Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso que regulan el aprovechamiento de pastos en los montes propiedad de dicho Ayuntamiento. Año de 1947, Anales del I. de E. A. vol I, pp. 143-166, Santander 1976.
(8) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Los Carabeos. Historia, economía y sociedad en un concejo rural de la Merindad de Campoo, pp. 91-100, Santander 1979.
(9) IDEM, pp. 17-45.
(10) GÓMEZ SAL, A. ET ALLII: La Mancomunidad de CampooCabuérniga, Cuadernos de la Trashumancia n° 17, pp. 53-67, Madrid 1995. ESCAGEDO SALMÓN, M.: Costumbres pastoriles cántabro-montañesas, Santander 1921.
(11) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Entrambasaguas y La Lomba (Campoo) a mediados del siglo XVIII, Altamira XLIV, pp. 227-260, Santander 1986. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Pastoreo y trashumancia en Campoo, Cuadernos de Campoo n° 16, pp. 20-25, Reinosa 1999.
(12) GUTIÉRREZ, J. A.: Las Ordenanzas de Reinosa y la actividad ganadera, Cuadernos de Campoo n° 14, pp. 16-20, Reinosa 1998. DE ARCE VIVANCO, M.: Ordenanzas del concejo de Aradillos, Publ. del I. de E. y F. "Hoyos Sáinz" vol. XIII, pp. 289-318, Santander 1989. CAYÓN HERNANDO, A.: Pesquera en el siglo XVIII, Altamira LI, pp. 113-114, Santander 1998.
(13) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Los Carabeos..., op. cit. pp. 290-292.
(14) AZCUENAGA VIERNA, J.: Ordenanzas del lugar de Santiurde (21 de junio de 1825), Anales del I. de E. A. vol. VI, pp. 277-312, Santander 1984. IDEM: Instituciones jurídicas en Somballe según sus Ordenanzas, Anales del I. de E. A. vol IX, pp. 131-203, Santander 1987. IDEM: Las Ordenanzas de Lantueno, Anales del I. de E. A. vol X, pp. 143-214, Santander 1988. IDEM: Ordenanzas de la villa de Rioseco, Anales del I. de E. A. vol XI, pp. 125-162, Santander 1989. CAYON HERNANDO, A.: Pesquera en el siglo XVIII, Altamira LI, pp. 112-113, Santander 1998.
(15) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Los Carabeos..., op. cit. pp. 91-100.
(16) RUIZ FERNÁNDEZ, C.: Hordenazas del Concejo de Camesa, Pub. del I. de E. y F. "Hoyos Sáinz" vol. X, pp. 243-257. Santander 1982. CALDERÓN CALDERÓN, B.: La organización tradicional del espacio en Campoo. Economía y sociedad en un valle de montaña de la Cordillera Cantábrica, pp. 61-67, Santander 1996.
(17) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Pastoreo y trashumancia..., op. cit.
(18) AZCUENAGA VIERNA, J.: Instituciones jurídicas en Somballe..., op. cit. IDEM: Ordenanzas de la villa de Rioseco, op. cit.
(19) DE LA LASTRA VILLA, A.: Dibujos y comentarios sobre arquitectura montañesa popular, pp. 32-33 y lám. 5, Santander 1992.