Una industria en ruinas: arqueología industrial en Campoo

Fernando Ruiz Gómez

El texto que sigue obedece a la colaboración que tuve en el ciclo que el pasado mayo nos propuso Cuadernos de Campoo1. El propósito era actualizar un somero catálogo de las «industrias» campurrianas del pasado. Revisar cuál es la situación actual de sus restos y calibrar su significación histórica.
 
Este breve repaso no es el resultado de buscar, excavar e investigar a partir de unos restos, como es tradicional en la arqueología. El acercamiento a nuestro patrimonio industrial es un ejercicio de indagación que se produce a partir (y como conse­cuencia) de la investigación en los archivos, entre los papeles, las fuentes primarias que me informan de la evolución económica de la comarca desde fi­nales del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XX. Es en el curso de esa investigación cuando se perfila la importancia histórica de una experiencia industrial decimonónica en gran parte olvidada y la necesidad de encontrar las huellas conservadas de esos hitos industriales. Al final volveremos so­bre el modo de aproximarnos a esos restos que nos da la arqueología industrial y sus aportaciones a la investigación y a la defensa de nuestro patrimonio industrial.
 
Distribución de fábricas en Cantabria por tamaño en empleo.Antes de continuar, también debo prevenir so­bre el objeto de estas reflexiones. Se refieren muy mayoritariamente a patrimonio industrial inmobi­liario, los edificios y las infraestructuras industriales. No se trata siempre de los restos de mayor valor histórico, ni siquiera a menudo los mejor conser­vados, pero sí es invariablemente la huella más visible, la que mejor concreta (como lo hace una ermita o una iglesia, una fuente o una casa torre, o un estadio deportivo o una plaza porticada) la per­durabilidad del recuerdo de su actividad. No hay que olvidar, sin embargo, que también considero patrimonio industrial la maquinaria (tan esquiva a la conservación), los documentos privados (em­presariales, de los obreros, etiquetas, publicidad, lotos, dibujos...) aún más esquivos y dispersos, los productos elaborados y sus patentes y registros de marca, la memoria de los empresarios, los técnicos y los trabajadores...
 
Localización de las principales fábricas de Reinosa en 1870Por otro lado, se acompaña el repaso de los restos industriales conservados hoy de un breve re­cordatorio de su significación histórica. Ponemos a cada fábrica en el contexto histórico industrial que le corresponde. Y así, una revisión panorámica de la industria de mitad del siglo XIX en Cantabria (ver mapa) nos destaca varias manchas industria­les localizadas en el entorno de Reinosa: puntos que representan establecimientos tradicionales de molinería y de oficios artesanales, cuadrados que esconden fábricas de tamaño medio en empleo como harineras, ferrerías o curtidoras mecánicas, y círculos que anuncian la llegada de una indus­tria moderna con más capacidad de empleo, como el vidrio en Las Rozas. La densidad industrial, a primera vista, parece competir bien con otras zo­nas de la región con más «fama» en la experiencia industrial. ¿Por qué no hablar del incipiente na­cimiento de un distrito industrial en Reinosa, en fecha tan temprana? Quizás su éxito efímero y su pronta sustitución por otro modelo industrial ocul­taron esa experiencia histórica. Intentemos que no queden igual de ocultos los símbolos fabriles que sobrevivieron a aquella época.
 
 
Una industria vieja, las ferrerías
 
Las ferrerías, un establecimiento de primera transformación tradicional de la vena de hierro en lingote, tuvieron una presencia tardía en Campoo. En el ochocientos se fundamentan en una tecnología ya obsoleta, de horno bajo al carbón vegetal y con determinantes factores de localización y em­plazamiento en áreas rurales: necesitan aguas de cursos pendientes para concesiones de salto de aprovechamiento energético, y necesitan acceso a recursos de leña de calidad, abundante, constante y permitido por los usos locales.
 
En las ferrerías campurrianas, sin embargo, confluyen algunos elementos nuevos: los antiguos propietarios, vinculados a la galaxia empresarial del conde de Isla, dejan paso ahora a grandes co­merciantes de la capital que tal vez introducen otras formas de entender este negocio o, como hoy diríamos, iniciativas emprendedoras sobre una in­dustria en decadencia. El caso es que la actividad de estas ferrerías parece sobrevivir a muchas de sus contemporáneas, debido probablemente a una acusada orientación comercial al cercano mercado agrario castellano.
 
En cuanto a sus características industriales externas, son un ejemplo perfecto de complejo industrial tradicional que integra recursos del en­torno: carbones de bosques vinculados próximos, vena de hierro de pequeños cotos cercanos y acce­so a infraestructuras de transporte local y comarcal (carretería, caminos, canales y puertos). Siempre en un emplazamiento determinado por el aprovecha­miento de la energía de un salto de agua suficiente para mover los ingenios de labra (el martillo) y soplado (principalmente barquines). Un buen infor­mante del Estado de las fábricas de la provincia de 1845 nos aporta datos elocuentes de las necesida­des de empleo de una ferrería en esas fechas: cinco operarios especializados para fundir y labrar, 30 obreros para el carboneo anual y otros 250 carrete­ros por temporada para el trasiego y transporte de los carbones y la vena de hierro. La ferrería, en fin, nos ofrece siempre un paisaje de agua y bosque, un complejo de edificios para ruedas, martillo, hornos y fraguas, carboneras, almacén y otros talleres, una infraestructura de canales, puentes, arcos y presas y, si hay suerte, toda una colección de herramien­tas de los ferrones.
 
3. Presa en el Gorgollón sobre el Besaya en la actualidad.Si nos aventuramos a la búsqueda de sus res­tos, debemos acudir a Pesquera, en el rincón del Gorgollón, al núcleo urbano de Santiurde, en un amplio cercado a orillas del Besaya, a la ribera del Pantano del Ebro, en la parte inundada de Horna y a un recogido paraje a las afueras de Bustasur, en la Ferrería.
 
Sólo en las aguas bajas del Pantano del Ebro po­dremos encontrar las ruinas de la antigua ferrería de Horna, construida en el siglo XVIII y labrando hasta mediado el siglo XIX bajo los intereses, di­rectos o indirectos, de comerciantes del camino de Castilla (significativamente los López-Dóriga).
 
También desaparecidos los restos de la ferrería del Gorgollón, en Pesquera, sólo nos queda apreciar su huella en la presa (foto n° 3), sobre el Besaya, de lo que luego fue fábrica harinera. Fue construida hacia 1750 por Marcos Vierna, trasmerano vincu­lado a los negocios de Isla.
 
4. Arco y canal de salida de aguas de la ferrería de Santiurde en la actualidad.Podemos rastrear mejor los restos de la ferre­ría de Santiurde. Se conserva el recinto original, algunas ruinas de los edificios anejos y el canal y arco de salida de las aguas (foto n° 4). Los edi­ficios principales de taller y carboneras han sido completamente reformados. 5. Croquis del recinto de la ferrería de Santiurde reformada en harinera. 1875.Podemos comparar la situación actual con un croquis manuscrito de 1875 (foto n° 5) en el que se dibuja el complejo industrial: un edificio principal, ya transforma­do en fábrica de harinas (y más tarde en fábrica maderera), incluye el espacio que fue de carbone­ras, fuelles y horno; otros edificios para almacén y venta, de habitación de molineros, carpintería, cuadras, huertas y hasta capilla y casa-cuartel de la Guardia Civil. Su historia como ferrería es más tortuosa que las anteriores: propietarios también trasmeranos la dejarán sin labrar en época fernandina hasta que, mediado el siglo XIX, la adquieren intereses comerciales santanderinos para ponerla en funcionamiento, sin mucho éxito, a tenor de su pronta transformación al negocio harinero. No fue ajeno a este cambio el continuado pleito por el ac­ceso a maderas con los pueblos del entorno y con la ferrería de Pesquera.
 
6. Presa sobre el Ebro y toma del canal de la ferrería de la Pendía en la actualidad.Una conservación similar encontramos en la ferrería de la Pendía, en Bustasur. En esta ocasión destaca un paraje típico en estos establecimientos: recodo de río (el Ebro, en este caso) con su pre­sa (foto n° 6), en franco deterioro; y un cauce o canal en un entorno de bosque de ribera que nos descubre los edificios de la fábrica junto al puen­te de la carretera a Valderredible. 7. Carboneras de la ferrería de la Pendía en la actualidad.Con edificios transformados en gran parte por usos posteriores (fábrica de luz, entre ellos), la ferrería conserva el paramento de parte de los talleres y las carboneras (foto n° 7). Todavía se puede leer en su disposición la organización inteligente de la carga del carbón por la parte superior y la descarga en un plano inclinado hacia el horno. El paraje inigualable, los restos aún legibles y, por supuesto, la persis­tencia de los toponímicos hacen de este caso uno de los mejores valores patrimoniales a conservar de entre las ferrerías de la comarca. Su historia, además, no está exenta de interés: fundada por el linaje Collantes, tan unido al progreso industrial de la comarca, hacia 1770, pudo servir de labora­torio siderometalúrgico del ilustrado Luis Collantes Fonegra antes de pasar a manos de Ramón López-Dóriga a comienzos del ochocientos y mantenerse en funcionamiento más tiempo que muchas de sus contemporáneas, vendiendo en las numerosas fra­guas del mercado castellano próximo.
 
 
Una industria emblemática: harineras, no molinos
 
Hablamos de fábricas harineras, no de moli­nos de maquila. De piedras francesas o cilindros centroeuropeos (y no de muelas) con un sistema integrado de molienda y cernido. De un complejo fabril que incluye una completa instalación hi­dráulica, edificios de transformación, almacenaje, empaque, talleres de carpintería y forja, equipa­miento para transporte... y no de un caserón sobre las aguas de un arroyo invernal. Hablamos, en fin, del establecimiento de transformación que forma parte de un complejo empresarial que integra el trigo de Campos, las infraestructuras de transporte fluvial, carretero y naviero en el camino de Castilla y los comisionistas delegados en territorio de Ul­tramar. La especialización industrial harinera del entorno de Reinosa (comparable a la del Canal pa­lentino) no es más que uno más de los eslabones de esa economía de exportación de los negocios santanderinos y castellanos del siglo XIX. Pero una especialización bien asentada en el desarrollo de los negocios campurrianos y que nos ha legado un verdadero símbolo visual y patrimonial en muchos de los característicos edificios y parajes que jalo­nan los principales ríos de la comarca.
 
De los muchos ejemplos históricos de actividad harinera en Campoo, seleccionamos algunos de los más significativos por sus distintos niveles de con­servación.
 
8. Solar en el que se localizaba la Central en 1996.  9. Imagen histórica de la harinera sobre una pared próxima a su antiguo emplazamiento
 
Sólo huellas, a veces insólitas, quedan de algimas de las más imponentes harineras. Es el caso de La Central, que pasó de compartir las aguas del Ebro con el viejo puente de Reinosa, a servir de oportuno aparcamiento en pleno casco urbano (foto nº 8). Eso sí, una imagen pétrea nos recuerda la fábrica perdida (foto n° 9), aquella que más fama dio en la ciudad al sistema austro-húngaro de ci­lindros para la molienda, de la mano de los Ruiz Huidobro.
 
10. Solar ocupado por la harinera de La Barcenilla en la actualidad.  11. Fábrica y almacén de La Barcenilla, en una imagen histórica.
 
 12. Imagen de la harinera de Las Fuentes, ya convertida en fábrica de chocolate, a principios del siglo XX.
Un solar apartado es todo lo que queda de la fábrica de la Barcenilla, en otro tiempo imponen­te con sus edificios de fábrica y almacén (fotos n° 10 y 11). Ni siquiera el solar nos sobrevive de la antigua fábrica de Las Fuentes, pronto convertida en una de las más famosas firmas de chocolate, Errazti, y hoy completamente desaparecida (foto n° 12). Un estado muy similar de conservación, un solar abandonado, sustituye hoy a la primera ha­rinera que movió el Ebro en su primer recodo de Fontibre (fotos n° 13 y 14).
 
13. Solar actual que ocupó la harinera y eléctrica de Fontibre.14. Al fondo de la imagen histórica del acimiento del Ebro se levanta la harinera de Fontibre.Algo más de respeto parece merecer el estado de ruina. Como si el encanto romántico se aplicase aquí no a la torre medieval almenada o a los para­mentos semiderruidos de un viejo castillo, sino a la equilibrada sillería enhiesta sobre la garganta del Besaya de la citada harinera del Gorgollón (foto n° 15). 0 como los solitarios y respetados muros del edificio de fábrica de Cañeda (foto n° 16). Podría­mos incluir aquí también los ya citados restos de Santiurde, la que fue harinera con el nombre de La Ferrería o de Uzquiano, su reformador inicial.
 
16. Ruinas de la fábrica de Cañeda, en la actualidad.15. Ruinas en pie de la harinera del Gorgollón, en la actualidad.Pero hay un conjunto de establecimientos ha­rineros que han conseguido conservar su aspecto casi original, si bien a costa de reformas radicales en su interior. Han transformado su función y su utilidad, con lo que han perdido casi toda la maqui­naria y el utillaje, incluso la organización interior del espacio, pero de ese modo han conservado el importante aspecto de sus edificios, símbolos de su pasado esplendor. Siguiendo un itinerario aguas arriba del Ebro desde Reinosa disfrutaremos de la finca de los Obesos, utilizada hoy para servicios públicos administrativos, una fábrica en Nestares con un uso hostelero, la fábrica de Ciella, en plena reforma, y la fábrica de Salces, reutilizada como vivienda y horno de pan. En otra dirección, aguas abajo del Besaya, la fábrica de Lantueno y la fá­brica de la Venta Vieja en Santiurde esquivaron la ruina con una reforma para usos ganaderos y la antigua Dominica, para usos de restauración, hoy también abandonados.
 
18. Canal que desemboca en la fábrica de los Obesos en una imagen histórica.17. Complejo harinero de los Obesos en la actualidad, reformado para usos administrativos.La magnífica finca de los Obesos conserva el grueso de los inmuebles que dan cuerpo a la idea de complejo fabril que en su momento fue la ha­rinera (foto n° 17). Sin equipamiento mecánico y tecnológico, con su impresionante instalación hi­dráulica ya tan sólo insinuada, sin embargo, un muro cortina acristalado nos permite disfrutar en vivo de todos los niveles de organización en ver­tical de la elaboración de la harina: el piso de las turbinas (rara vez tan visible), el piso de molienda y los niveles superiores de limpia, cernido y em­paque y almacén. Se trata de un antiguo molino harinero de 5 piedras, llamado de San Esteban (foto n° 18), que fue transformado en fábrica hacia 1855 por la familia García del Hoyo, no sin continuos pleitos de aguas con la fábrica de Nestares. Tras pasar por la propiedad de una rama de la familia Macho, fue comprada por los Obeso García a prin­cipios del siglo XX para convertirse en símbolo de la harinería local.
 
19. La Flor del Ebro, harinera de Nestares, en la actualidad establecimiento hostelero reformado.Ascendiendo por el Ebro pronto encontramos en Nestares otra muestra muy llamativa de estas harineras. Con una buena conservación del equi­pamiento hidráulico y de los edificios principales, los propietarios de su establecimiento de hostelería mantienen también una inquietud cierta por respe­tar (e incluso homenajear) su antigua utilidad (foto n" 19). Lo cierto es que así lo merece la que, de mano de los García de los Ríos, elaboró la harina «Flor del Ebro» con la que promovieron sus propie­tarios el nombre de la fábrica. Industria y apellido constituyen, casi por igual, buenos ejemplos del desarrollo económico (industrial, comercial y mi­nero) de Reinosa en el siglo XIX.
 
20. Molino de la Corbilla, a finales del siglo XX, hoy reformado, en Nestares.Dejando atrás Nestares, y sin olvidar el molino de la Corbilla (foto n° 20), vinculado históricamen­te a la misma empresa del anterior, no tardaríamos en divisar una construcción industrial no muy di­ferente a las ya descritas, aunque hoy en plena reforma, que llama la atención por su chimenea. Conserva Ciella el paraje con sus edificios, si bien muy reformados, de fabricación, de almacén, de ca­ballerizas, 21. Complejo industrial de Ciella, harinera, eléctrica y maderera, en reforma en la actualidad.con su patio o corraliza amplísimo (foto n° 21). Diversos usos industriales (aprovechamien­to eléctrico, fabricación de maderas) han cambiado el aspecto externo, han destruido el equipamiento industrial harinero... pero no han conseguido ame­nazar la imagen de un núcleo industrial temprano que deberíamos proteger. En este caso también la fábrica va unida a una empresa harinera moder­na, en manos de la familia Varona, una de las más tempranas en reformar y modernizar los antiguos molinos de la zona. Claro que su significación va más lejos ya que su salto permitió a la primera eléctrica iluminar Reinosa, ejemplo pionero de un aprovechamiento de las harineras bien conocido en otros muchos casos que se pueden rastrear desde la posguerra civil hasta el presente.
 
Ya bien entrados en el núcleo de Salces podre­mos disfrutar del último monumento a las harineras que se mantiene en pie en este tramo del Ebro. La que fue fábrica de Salces (o de las Pisas) conserva su imponente edificio principal y su entorno, inclu­so homenajeado en los topónimos de la casa. Pasó muy pronto, hacia 1856, a fábrica moderna de la mano de otra rama de la familia García de los Ríos y mediante una empresa que extendía sus intereses desde Reinosa a La Habana. Vendía la harina de Salces con el nombre comercial (sutil equívoco) de «La Primera del Ebro».
 
22. La harinera de Lantueno en la actualidad.En las aguas campurrianas del Besaya tam­bién nos admiramos muy pronto de la presencia de harineras. En Lantueno, aunque en un paraje casi más próximo a Santiurde, se levanta el edifi­cio imponente de su fábrica y se extiende su canal, muy deteriorado, y el «desbarcie» de aguas a tra­vés de un arco de muy buena factura (foto n° 22). En su interior, dedicado hoy a usos agropecuarios, se mantiene en parte la organización del espacio industrial histórico, aunque sin la maquinaria. La fábrica perteneció a la muy reconocida familia Ma­cho Quevedo y, aunque en origen ya disponía de 6 pares de ruedas, fue reformada y modernizado su sistema de limpia y cernido hacia 1875.
 
Muy próxima a ella pero ya en Santiurde, sobre aguas afluentes del Besaya, se localiza la fábrica de la Venta Vieja (foto n° 23). 23. Complejo harinero de la Venta Vieja, en su estado actual.Está en un estado muy similar a la anterior y en un barrio que conserva los inmuebles que sirvieron de servicio complementa­rio a la actividad de la fábrica (véase su nombre, por ejemplo). Llama la atención la concentración de harineras en este núcleo: la de Lantueno, la Venta Vieja (muy bien conservados sus edificios principales), la de la Ferrería (reedificada para otros usos) y la Dominica (hoy un clausurado negocio de restauración), unidas por un corto y relajado paseo que en nada desmerece el itinerario de las harine­ras del Ebro en su tramo hasta Reinosa.
 
24. Museo del Camino de las harinas, en la antigua harinera La Montañesa, en Pesquera.Pero no dejemos las harineras sin citar la úni­ca que ha sido restaurada con el ánimo de servir de reclamo y revalorización de este patrimonio industrial. La Montañesa de Pesquera ha pasado de ser la primera, de entre las que hemos citado, que presumía ante el rey de haber reformado sus insta­laciones apenas comenzado el siglo XIX, a erigirse en un pionero (en la región) y merecido museo de las harinas de Cantabria (foto n° 24). Deseamos que su labor divulgativa se vaya consolidando, que sirva de centro de acogida y referencia para la in­vestigación sobre la evolución histórica del sector y que, en suma, se convierta en ejemplo a seguir como referente del valor patrimonial de nuestra historia industrial.
 
Fijar la atención sobre estas harineras permitirá ponerlas en valor (y no necesariamente para uso turístico monumental) pero, sobre todo, debe servir para conservar lo que en ellas hay de aprovechable aún para la investigación y el estudio de nuestro reciente pasado industrial.
 

Una industria nueva: las vidrieras
 
Otra sorprendente especialización industrial concentró en las cercanías de Reinosa en la se­gunda mitad del siglo XIX hasta cinco fábricas modernas de elaboración de vidrio plano y hueco. En orden de antigüedad, La Luisiana en Las Rozas, la Cantábrica en Arroyo, la Santa Clara en Reinosa, la Guadalupe en Mataporquera y Cristalería Espa­ñola en Arija.
 
Ya se ha escrito sobre la historia de esta expe­riencia industrial. Sobre su origen audaz, sobre su consolidación a finales del siglo XIX y sobre su crisis y desaparición a principios del siglo XX. Fue, sin duda, una referencia industrial a nivel nacional. En ella se simbolizaba la capacidad de la econo­mía local para generar una industria moderna, para aprovechar los recursos del entorno en base a la iniciativa emprendedora de «capitanes» de la in­dustria también locales. Es cierto también, que su pronta decadencia y la sustitución por otro modelo industrial de éxito tras la llegada de La Naval, se­pultaron en el olvido esta experiencia y arrasaron con los recuerdos de las fábricas que protagoniza­ron ese desarrollo industrial temprano.
 
En efecto, ha quedado arrasada cualquier huella de la fábrica de Mataporquera, instalada a princi­pios del siglo XX al pie de la cruz ferroviaria de Norte y La Robla, para aprovechar el acceso a los suministros de carbón y a los mercados interiores. La historia del establecimiento está vinculada a la familia política de los Fernández Castañeda y a las oscuras maniobras especulativas que aceleraron el final del sector en la comarca. De modo similar, la fábrica de Arija, cuyos restos no fueron completa­mente anegados por el Pantano del Ebro, tiene en su historia mucho de intervención estratégica de intereses franceses, a modo de contraejemplo de lo que sus fábricas vecinas habían significado en el desarrollo de la zona2. Por eso centraremos la aten­ción en las otras tres fábricas.
 
Croquis de La Luisiana, en una denuncia minera de lignito de 1846, firmado por el ingeniero minero belga de la fábrica, Godofredo Rosembaum.
 
Poco puede hacer la arqueología, si no es la subacuática, por recuperar los restos de la que fue primera vidriera hacia 1845, La Luisiana (foto n° 25). 25. Imagen de la desaparecida fábrica vidriera La Luisiana a principios del siglo XX, en Las Rozas.Inundada por el Pantano, hoy sólo podríamos rastrear algunas de las explotaciones mineras del lignito que alimentó sus hornos en las laderas que protegían la confluencia del arroyo de la Virga con los meandros del Ebro. El emplazamiento se justifi­caba por la previsión y audacia de sus fundadores: los hermanos Collantes Bustamante sabían que la única manera de rentabilizar el lignito pobre que había denunciado y explotado intermitentemente su padre era quemarlo in situ. Integrando los re­cursos areneros y las sílices de la zona y la sosa que beneficiaban en un pueblo del norte de Burgos, podrían dar salida a una industria con sistemas de trabajo tradicionales pero con posibilidades de mo­dernización y, sobre todo, con una demanda en progresión creciente de la mano de la eclosión del sector constructivo en España. La producción de vidrio plano de los Collantes en La Luisiana atrajo pronto un trasiego de mineros, carreteros y vidrie­ros sopladores o manchoneros y aplanadores que seguro que produjeron un cambio significativo del «ambiente» de los alrededores de Reinosa.
 
27. El nombre de algunas calles, único recuerdo actual de la vidriera Santa Clara de Reinosa.Casi en pleno casco urbano de Reinosa se edifi­có otra de las vidrieras, esta vez para la elaboración de vidrio hueco, hacia 1870. Santa Clara ocupa­ba toda la margen derecha del Ebro, en el tramo desde el puente hasta el trazado del ferrocarril, en el lugar que llamaban de Las Carreras y so­bre una antigua fábrica de curtidos. Sin embargo, hoy tan sólo queda en el recuerdo local un par de referencias en el nombre de las calles del barrio ur­banizado sobre su solar (foto n° 27). En el origen de la Santa Clara despunta la figura de su fundador, Telesforo Fernández Castañeda. Desde su expe­riencia como administrador de La Luisiana, supo aprovechar una coyuntura favorable para conver­tirse en el industrial más importante de Reinosa (confirmado con distintos cargos locales y regio­nales y con el banco de senador vitalicio del reino). 28. La Santa Clara desde la vía del tren.Lo cierto es que a la muerte de Antonio Collantes Bustamante, ocurrida en medio de una fuerte in­versión diversificada en capital industrial y minero de alto riesgo en plena crisis de 1866, nuestro pro­tagonista supo maniobrar en la junta de acreedores de aquel y negociar un traspaso de intereses en la fábrica de Las Rozas (parte de la propiedad y arriendo) al tiempo que impulsaba la expansión de los negocios con la apertura casi simultánea de las fábricas de Reinosa y Arroyo. Entre sus objetivos estaba facilitar el acceso a suministros y mercados, diversificar la oferta de productos, por la vía de in­troducir el vidrio hueco, y ampliar la capacidad de control y gestión de la mano de obra especializada, mayoritariamente extranjera, cara y protectora de sus saberes. Conservamos imágenes (foto n° 28) de las instalaciones de fabricación (y buenas descrip­ciones en la documentación pública), pero sólo un edificio de habitación, escritorio y despacho de la Santa Clara se mantuvo en pie, en la misma mar­gen del río, hasta hace unos años.
 
29. Casas para los obreros de La Cantábrica en Arroyo, en la actualidad.La otra fábrica levantada por Telesforo fue La Cantábrica, en Arroyo. 30. Casas de habitación de La Cantábrica en una imagen histórica.Sus restos han corrido me­jor suerte que sus hermanas repasadas hasta ahora. Se levantan con orgullo, al paso de la carretera lo­cal desde Bolmir, las decorosas casas de habitación para los obreros (fotos n° 29 y 30). Y detrás de ellas, un solar colmado de maleza deja entrever los restos del recinto fabril de la Cantábrica, muy significati­vamente la única chimenea en pie hoy (foto n° 31). 31. Chimenea en pie en el ruinoso recinto de La Cantábrica, en la actualidadA pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años (incluida una descripción precisa de los restos por J.M. Sierra), el abandono parece ir más rápido que los esfuerzos por conservar la única vidriera que nos sobrevive de aquella bonita historia in­dustrial. Y hay que saber que tampoco estuvo libre de la amenaza del Pantano, que toma su desagüe a pocos metros del recinto. Queda descrita la opor­tunidad de su promotor en la construcción de esta fábrica, quizá utilizada como incipiente escuela de formación de vidrieros del país, en un principio. Su fundación, sin embargo, está acompañada de los vaivenes propios de los primeros tiempos de la industrialización: ante la inseguridad generada por la muerte del principal propietario de La Luisiana, varios trabajadores suyos impulsan una denuncia minera de lignito y el proyecto para fabricar vidrio en Medianedo. Meses después, interviene Telesforo para hacerse con el proyecto y llevarlo a buen fin (foto n° 32), en lo que parece una hábil maniobra para distanciar sus negocios de los intereses de la familia Collantes.
 
32. Imagen histórica de La Cantábrica.Con el tiempo, y por diversas razones estratégi­cas de un sector con problemas, todas las fábricas citadas unieron sus esfuerzos en iniciativas socie­tarias, Vidriera Reinosana y Vidrieras Cantábricas Reunidas. Era el símbolo de una experiencia indus­trial plenamente endógena, con un interés histórico indudable, con una influencia en la vida económi­ca y social de la comarca definitiva, pero con una inmerecida ausencia en el recuerdo de la historia local. Rescatémosla de ese olvido mediante la con­servación de los restos que nos ha dejado el paso del tiempo y con el respeto de su legado, tangible o intangible, todavía oculto en piezas elaboradas, memoria de linajes de trabajadores o documentos traspapelados por algún desván.
 
 
Restos de otras industrias
 
33. Al fondo del meandro del Ebro se aprecia la fábrica de la Vega, afectada por el Pantano poco después.Otras muchas experiencias industriales alimentaron el «distrito» reinosano a lo largo del ochocientos.Y algunas, de no poco interés, sufrieron un olvido aún mayor de las consideradas más arriba, ya que no he podido rastrear ninguna huella en el presente. Es el caso de un pionero intento de champanización industrial, la temprana instalación de la industria quesera a la europea en la ciudad, de la mano de nuestro amigo Antonio Collantes primero y de Boffard después, la audaz comercialización de un «Medoc» campurriano, las sucesivas fiebres mineras de distinto carácter y persistencia… Pero en otros muchos casos hemos encontrado algún resto tangible sobre el que sustentar un recuerdo.

35. Bajo el paisaje nevado, caserón sobre el Ebro que acogió el ingenio textil de su nombre, Batán.34. Columna fabricada en Bolmir sujeta el pórtico de la plaza principal de Reinosa en la actualidad.Hubo, por ejemplo, una fábrica de transformación metálica (camino intermedio entre las ferrerías y La Naval) en Bolmir. Las instalaciones de una harinera en los límites mismos del Pantano (foto n° 33) sirvieron, antes de ser inundadas, para la fábrica de la Vega. Aunque no he alcanzado a identificar sino el emplazamiento, sin embargo, en la misma plaza del Ayuntamiento de Reinosa se puede apreciar una columna elaborada en Bolmir (foto n° 34). Un topónimo entre Salces y Fontibre nos da la pista de la pervivencia de una huella de la muy tradicional (y completamente abandonada) actividad textil de abatanado de las lanas del país: en Batán se pueden apreciar las ruinas sobre el Ebro de un edificio que heredó el emplazamiento de ese ingenio (foto n° 35). La misma actividad debió de estar presente en las instalaciones molineras de la harinera de Salces, ya que en la documentación se la nombra en muchas ocasiones como «de las Pisas».

 molino, chocolate, curtido y embutidos en la Pelilla, Imagen de 1996.Más tradición y pervivencia mantuvo en la comarca la industria del curtido. He podido seguir documentalmente fábricas, a veces muy tempranas, pero pocas huellas nos han quedado de ellas. Las dos que se localizaban en Reinosa, cuando la actividad de sus noques dejó de ser competitiva, dieron paso a otros aprovechamientos industriales. La ocupada por la Santa Clara no nos ha dejado huella alguna, pero otra en la Pelilla, tan sólo ha sido sustituida por los negocios de embutido de Niceas, en el entorno de Vista Alegre (foto n° 36). En Matamorosa, sin embargo, el nombre de algunas calles (curtidos, los noques) nos conduce hasta el edificio de molinos que perteneció a la fábrica de curtidos del lugar. Aunque transformada para la molienda tradicional con aguas del Izarilla, aún puede rastrearse algún indicio de la actividad entre las ruinas de la finca y en la misma disposición del espacio interior (foto n° 37).

37. La antigua fábrica de curtidos de Matamorosa conserva su molino, después harinero. Estado hacia 1996.El curtido fue la actividad industrial que acabó realizándose en una de las fábricas con una historia tan breve como curiosa en Reinosa. Sobre un antiguo molino movido por las aguas del Híjar, La Florida, en el lugar de Las Carreras, se construye un establecimiento para la fabricación de «aguardientes, espíritus y ginebra» alrededor de 1875. Fue significativamente titulada «La Primera de España» en su género de destilados, bajo la propiedad societaria de Gutiérrez, Casafont y Compañía. Después pasó a llamarse La Ibérica, con nuevos socios (entre ellos nuestro conocido Telesforo) hasta que tras una subasta por quiebra a principios del siglo XX cambia su actividad hacia el curtido. En la posguerra, sus instalaciones fueron sucesivamente ocupadas por La Naval y por la urbanización que hoy existe. Sólo en su alineación se pueden deducir los cimientos del canal y los edificios de la antigua fábrica, así como en el topónimo de La Florida, conservado en una de sus calles (foto nº 38).

38. Urbanización que en la actualidad sustituye a La Primera de España, destilería o “fábrica de espíritus” de Reinosa, pionera en su género.Pero poco hemos hablado hasta ahora de una de las actividades que mejor representaron la incorporación de Campoo a las primeras fases de la Industrialización. En este sentido hay que citar primero el coto minero de Valdearroyo, origen, nada menos que dieciochesco, de la minería del carbón que generó una actividad imparable hasta bien avanzado el siglo XX. Allí se situaron las primeras extracciones de hierro para la ferrería de Horna, las denuncias de lignito de Luis de Collantes que luego alimentaron los hornos vidrieros de la zona y que, cerrados estos, siguieron explotándose por otras empresas mineras. Y allí también se explotaron otras minas de calluela para la fabricación de refractarios y diversas extracciones de arenas. Minas como Luisiana, Abundancia, Iberia en Las Rozas, San Roque, en Llano... fueron en parte inundadas por el Pantano, pero gran parte de sus instalaciones de arrastre, beneficio y de carga en el ferrocarril de La Robla son perfectamente visibles hoy con el simple paseo por la ribera sur del Pantano.

39. Estado actual de la Mina Fontoria, explotación de magnesita abandonada.La explotación minera de Fontoria, una cantera de magnesita en Nestares, conserva buenos indicios de su actividad desde finales del siglo XIX. La cantera a cielo abierto, hoy inundada (foto n° 39), sirve de punto de atracción a los paseantes, precisamente siguiendo el camino que debió de ocupar un pequeño tren minero en el trasiego hasta la fábrica de beneficio del mineral, en el núcleo de Nestares. 40. Imagen histórica de Nestares donde se aprecian las chimeneas de beneficio de la mina de magnesita cercana.Allí una urbanización ha eliminado el rastro de la explotación, pero no su huella en los topónimos de su callejero (los Hornos, la Parada). Una imagen histórica (foto n° 40) nos enseña las chimeneas de la oficina de beneficio que debieron destinar su producción al alimento de los altos hornos de Bilbao.

Otro coto minero de gran interés histórico es el de cobre de Soto. Un paraje excepcional en la ladera que asciende desde Espinilla a Palombera nos descubre las ruinas arrasadas de los pozos, planos inclinados y oficinas de beneficio de la explotación (foto nº 41). El interés de la historia de estas minas está en su propio origen y en la persistencia de la explotación hasta bien entrado el siglo XX. En la década de los años 50 del siglo XIX, una pequeña fiebre minera estalla en la aldea de Soto, con varias denuncias de minas de cobre protagonizadas por pequeñas compañías lideradas por algún empresario o profesional de la comarca. 41. Coto minero del cobre de Soto, hoy en ruina.Al final de la década, sin embargo, muchos de los socios de esas compañías firmaban la constitución de una sociedad para la explotación del coto minero de Soto bajo el significativo nombre de Unión Campurriana (parece como si aquel que no fuera socio de ella no era nadie en la vida social y económica de Reinosa). De inmediato la sociedad firma un acuerdo de arriendo con ingenieros ingleses (vinculados a la construcción del Ferrocarril recién estrenado en Reinosa) que aseguran enviar el cobre beneficiado a Escocia. Un esquema de explotación similar se mantendrá en el tiempo, con protagonistas cambiantes pero con propietarios vinculados siempre a los intereses campurrianos. Tal vez Soto simboliza bien el espíritu o, según la terminología económica más de moda, el ambiente industrial que a mediados del siglo XIX generaba la confluencia de profesionales, ingenieros, comerciantes emprendedores y trabajadores cualificados en Reinosa, traídos de media Europa por la industria del vidrio, los negocios ultramarinos, la construcción del ferrocarril y de los complejos túneles del tramo hasta Bárcena...

Podríamos ampliar el catálogo de defensa del patrimonio industrial que ha quedado fuera de este estudio. Por ejemplo, la pequeña minería de muleras, caleros, yeserías y tejeras que tanto se extiende por la zona, si bien de forma difusa. O como, extendiendo el concepto de industrial al de obra pública, el complejo de infraestructuras de transporte que tan determinante ha sido en el despegue económico de la comarca y en el desarrollo de la propia Reinosa: caminos reales, ferrocarriles, empresas de transporte de mercancías (carretería, correo, líneas de viajeros) y su equipamiento en posadas, tabernas y ventas. Y también la industria del ocio, protagonista en Campoo de forma temprana y diversa: balnearios, paisaje rural, ocio veraniego o invernal... Y, por supuesto, como la industria estratégica del universo de La Naval, que ha adquirido ya un carácter histórico para cuyo estudio empezamos a llegar tarde en el rastreo de algunos de sus testimonios (sin ir más lejos, los de sus protagonistas). Y, por qué no, la industria artesanal de la confitería, que tantas alegrías nos ha dado a los visitantes de Reinosa a lo largo de la Historia.



La arqueología industrial como una perspectiva

Llegados a este punto, no deberíamos conformarnos con dar valor al patrimonio industrial mejor evidenciado más arriba. He entendido la labor arqueológica como una experiencia de investigación, como buscar para recuperar y preservar, como una perspectiva más focalizada de la observación. De ahí que el resultado de la búsqueda no sea lo más concreto y llamativo, la arquitectura industrial, sino la contrastación de hipótesis, la apertura de líneas nuevas de indagación y, sobre todo, la obtención de nuevas fuentes de información directa.

 rodetes, volantes y correas de trasmisión.Con el trabajo de campo, uno se encuentra con el patrimonio abandonado, pero también rescata del olvido (ojalá que para que se preserve, aunque no es mi responsabilidad directa) restos de maquinaria (fotos n° 42 y 43), documentos abandonados o preservados en archivos privados, espacios industriales conservados intactos aunque inactivos (foto n° 44) o, por el contrario, homenajeados privadamente, o las ruinas o las huellas de todo ello. 43. Piedra francesa de la fábrica de Lantueno.Desde esta perspectiva también nos vamos a encontrar con restos intangibles de la actividad, como las pinturas realizadas en la pared del dibujo de la muela para su labrado (foto n° 45), o como los «grafitis» del molinero en sus tiempos de espera. Incluso con nuevos interrogantes sobre el significado de los restos o de su disposición. Y, por supuesto, también debemos buscar ávidamente el testimonio directo de la actividad a través de quienes la vivieron directamente, los obreros, encargados y empresarios, y de quienes lo hicieron de forma indirecta: sus familias y descendientes y el entorno comunitario, en el que siempre prevalece, si no un recuerdo, al menos un imaginario colectivo de la actividad. Lo más habitual es que de todo ello obtengamos, no sólo mucha información, sino incluso, importante documentación complementaria de fotografías, papeles privados, planos, productos elaborados, catálogos, nóminas, reglamentos, contabilidad...

44. Instalación de molienda, aún en su lugarNaturalmente que mediante la aproximación arqueológica al patrimonio industrial no sólo se pretende la obtención de información, también se pretende su conservación. Pero en esa labor la principal aportación, como investigador, será la de asegurar su puesta en valor. Este es el mejor medio para que en la labor de conservación participe desde su propietario hasta las instituciones que buscan mayor rentabilidad turística o política en una posible restauración, invariablemente costosísima.

45. Curiosa imagen del dibujo de la muela que permitía labrar las piedras gastadas copiando la muestra de la pared.Es más fructífera la incorporación de las labores de conservación patrimonial de la actividad industrial a las comunidades locales, porque la integran en sus intereses y necesidades y concretan la rentabilidad de ese patrimonio desde una perspectiva menos museística, más patrimonial, como uno mis de sus recursos. Naturalmente que en esa tarea deben ser asesorados, impulsados y financiados desde las instituciones culturales públicas (y sería deseable que también privadas) del ámbito local, regional, nacional o internacional. En mi experiencia con Campoo he creído ver siempre un deseo cierto de sus gentes de homenajear a su pasado, y también el de su rica, diversa y densa actividad industrial.


 


Nota sobre referencias

La mayor parte de la información vertida en el texto procede del trabajo de campo del autor. La contextualización histórica, por su parte, está sustentada en la documentación consultada y analizada, procedente de fuentes y archivos diversos. Principalmente la notarial (Archivo Histórico Regional, Archivo de la Notaría de Reinosa y Registro de la Propiedad), la periodística (Hemeroteca de la Biblioteca Menéndez Pelayo), la local (Archivo Municipal de Enmedio) y la procedente de otras fuentes impresas (guías provinciales, memorias de la Cámara de Comercio). Para no agotar la paciencia del lector con referencias historiográficas complementarias, baste citar a algunos expertos en distintos aspectos de la historia industrial campurriana que ya han escrito sobre la cuestión, incluso en esta misma cabecera: J. M. Sierra, Manuel Corbera, Carmen Ceballos, Rubén Gutiérrez Rapp, José Aramberri, Santiago Delgado, Julio Manuel de Luis (entre otros) y, humildemente, el propio autor3.

 

 


Notas

1 Debo agradecer la invitación de Daniel, la acogida y el trabajo del personal de la Casa de Cultura y, muy especialmente, la receptividad del público asistente aquella fría tarde de mayo. Muchos de ellos intercambiaron informaciones y  complicidades (recuerdo a Pati y Óscar y a Raquel, entre otros) que ayudaron a corregir el original de este texto.

2 Una interesante iniciativa comunitaria de recuperación de su memoria se puede seguir (y apoyar) a través de www.arija.org. No es, además, ajena a la asociación de recuperación de la memoria de los linajes de vidrieros que pasaron por Campoo.

3 Para cualquier tipo de sugerencia o reflexión al hilo de lo escrito o leído, se puede contactar con el autor en la dirección ferrugoz@msn.com