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Apicultura en la Merindad de Campoo: datos históricos

Encarnación-Niceas Martínez Ruiz

INTRODUCCIÓN

La apicultura constituye una actividad agraria que ha gozado en Campoo (1) de una importante presencia histórica. Durante el siglo pasado los colmenares abundaban todavía en los pueblos, conservando en gran medida los métodos de explotación tradicionales. En la Aldea de Ebro en la primera mitad del siglo XX los vecinos tenían que proteger las colmenas del apetito de los osos, poniendo dispositivos de hojalata que hicieran ruido y los ahuyentaran. Al igual que en otras zonas altas de Cantabria la miel de esta comarca tiene un color oscuro característico proveniente de plantas como el roble o el brezo, uno de los tipos de miel más valorados (2).

Colmenar en Aldea de Ebro. Foto colección D. Artemio CeballosEl modo común de colocar las colmenas era en dujos -cortezas huecas de árboles (por lo general de fresno, haya, olmo o roble)-; en lo posible se reutilizaban troncos huecos o podridos, para hacer menos costoso el proceso de vaciado, a la vez que se sellaban las hendiduras y huecos de la madera. Había colmenas fijas en las propias casas (en balcones, desvanes), junto a las tapias o en las fincas en las afueras de los pueblos. Los dujos se resguardaban del viento frío del norte, elevándolos del suelo con piedras y tapándolos con una especie de tejadillo saliente hecho de losas de piedra. El dujo proporciona menos rendimiento de miel, pero permite la obtención de cera; algunos apicultores teman planchas o tortas para fabricar su propia cera. La dureza del clima limitaba la obtención de miel a una única extracción anual, habitualmente entre San Miguel y Todos los Santos (del 29 de septiembre al 1 de noviembre).(3)


FUENTES DOCUMENTALES

Las fuentes principales utilizadas a la hora de realizar este estudio sobre la incidencia de la apicultura en Campoo en época moderna (desde el siglo XVII) y hasta el siglo XIX tienen base fiscal, bien sea fiscalidad religiosa o estatal.

• Por un lado, los libros de tazmías conservados en el Archivo Diocesano de Santander -ADS- (4). La tazmía era el cálculo aproximado de las cosechas obtenidas; en estos libros se anota la porción de producto destinada al pago de los diezmos. El diezmo era la parte de los frutos -usualmente la décima parte o su valor- que pagaban los fieles a la Iglesia; este pago afectaba a todos los status sociales, y se mantuvo hasta el siglo XIX. El pago se distribuía en tres porciones de las que correspondían un tercio al obispado (de Burgos), otro a la sustentación y mantenimiento de los templos parroquiales, y el tercio restante a los servidores de la Iglesia (sacerdotes encargados del culto y otros), aunque dos terceras partes de este apartado -las tercias reales-fuera un impuesto destinado a la Corona. Tal vez en lugares apartados podía constituir una fuente de ingresos significativa para las parroquias, pero no era la principal ni la única. Las relaciones de diezmos "granados" que se pagaban sobre las cosechas y de los diezmos "menudos" aplicados sobre los animales permiten evaluar diversos aspectos de la producción agropecuaria, aunque en nuestro caso tan solo anotemos la presencia de cera o miel, de por sí muy residual.

• El grueso de los datos procede fundamentalmente de las Respuestas Generales del Catastro General del marqués de la Ensenada (RG). Impulsado bajo la iniciativa ilustrada, se buscaba la reforma del sistema contributivo -la imposición o pago de utilidades por todo el mundo según su producción y riqueza de cada uno- obviando las exenciones de las que disfrutaban en la sociedad estamental determinadas capas sociales (la nobleza -incluso la más baja, es decir, la hidalguía- y el clero no abonaban impuestos directos) mientras que el pago recaía en los pecheros. Esta iniciativa catastral no llegó a ejecutarse efectivamente pero dejó una interesante fuente documental que -pese a algunos inconvenientes- dibuja el estado de localidades como las integrantes del partido judicial de Reinosa a mediados del s. XVIII. Los datos fueron recogidos entre los años 1750 (por ejemplo en Somballe) y 1753 (Soto de Campoo de Suso, Sotillo y San Andrés, en Valdeprado).
En concreto, para hallar las referencias relativas a nuestro tema (número de colmenas, propietarios y utilidades o rendimiento económico que se obtiene de la cera y de la miel) hemos recurrido a la pregunta 19 de las RG, que se ocupa específicamente del mismo: «Si hay colmenas en el término, cuantas y a quién pertenecen». Proporciona información que puede considerarse si no la auténtica sí la "mínima" existente sobre la propiedad y la valoración de los productos; no aporta sin embargo cifras sobre producción.
Las contestaciones a la pregunta 25 «¿Qué gastos debe satisfacer al común como salario de Justicia y Regidores. Fiestas del Corpus u otras?», se refieren ocasionalmente a la donación de cera para las principales celebraciones religiosas (5). Así en Villaescusa de Solaloma (con fecha de 23 de noviembre de 1751) se indica que se aportan "también diez reales de cera para el monumento de Semana Santa" muy parecida es la respuesta de Somballe (datada el 14 de septiembre de 1750). en la que se destinan "diez reales por la cera que se gasta el día de Jueves Santo para alumbrar el monumento".

• Las ordenanzas no reflejan el tema, que suponemos realmente de menor importancia en comparación a la atención y conflictos que suscitaban la ganadería, el uso de los pastos y los espacios comunales. La cera aparece en la imposición de algunas penas: "pague un quarteron de cera para lumbre de la Iglesia, y que el cura los castigue como le pareciere, por que otro día no haga semejantes casos en quebrantar las fiestas y preceptos de Dios Nuestro Señor", de igual modo se indica "Otro si ordenamos que cada un vecino de el Concejo de cada casa una persona vaya el día de San Bartbolome a Pozazal a romería y vayan todos a misa que se digere por el Concejo para siempre jamás; y el que no fuere a dicha romería, que pague de pena un real para cera y para pagar las dichas misas (.. .)"; "Otro si ordenamos que cualquier vecino de el Concejo vaya a dar las Rogaciones quando se andubieren en cada un año una persona mayor casada, so pena de diez maravedís por cada un vezino por cada dia, aplicados para cera de el Santísimo Sacramento- (Ordenanzas del concejo de Orzales, 1613, arts. 59, 84 y 85). Indirectamente -dentro del gasto que aportaba el concejo para la iluminación de la iglesia parroquial en las principales celebraciones- puede intuirse o deducirse la presencia de la cera.

Sin entrar en datos cuantitativos, las menciones de los textos demuestran que -dentro de los productos apícolas- la cera resulta en general el producto más cotizado. Cuenta con utilizaciones diversificadas: en el culto litúrgico -en las iglesias, en los entierros, en las festividades religiosas- o para la construcción de determinadas piezas (por ejemplo en la fundición de campanas, obtenidas por el método de la cera perdida). De estos usos se encuentran algunas referencias documentales:

• La vecina de Berzosa Juana González legaba en su testamento fechado el 20 de febrero de 1646 «un cuarterón de cera a cada una de las tres iglesias parroquiales del concejo de los Carabeos: otro a la iglesia de San Esteban, del barrio de Berzosa, y una boca de cera a cada una de estas ermitas: Nuestra Señora de los Remedios, San Cristóbal de el Barro (San Andrés) y San Miguel de Arroyal». Dentro de los entierros, que en el s. XVIII se suelen celebrar ya fuera de las iglesias, la misa funeral en memoria del difunto incluía la iluminación de la tumba y la ofrenda de una oblada o pieza de pan durante las misas de los días festivos del año de luto (6).

• Los libros de fábrica parroquiales recogen como gasto habitual de las iglesias el dedicado a la cera, aunque desconocemos los datos de producción. El Libro de fábrica de la parroquia de San Román de Orzales (libro n° 1, 1602-1701) apunta como cargos en 1639 dentro de las cuentas de dicha iglesia los de «cera, aceyte», entre otros materiales (7). La cera proporcionaba la luz real y simbólica para el culto; en la vida cotidiana ordinaria, sin embargo, la iluminación del común provenía del sebo o, señala el viajero irlandés Guillermo Bowles en 1775, del aceite de ballena

DATOS ÚTILES: MEDIDAS DE PESOS, CAPACIDAD Y MONEDAS
PESO (cera) CAPACIDAD (miel) MONEDAS
ONZA 1/16 libra CUARTILLO Ca. 1/2 litro (1/4 az). MARAVEDÍ (mrs) 1/32 ó 1/34 real
CUARTERÓN 1/4 libra AZUMBRE Ca. 2 litros CUARTO 4 maravedís (mrs)
LIBRA 460 gramos   REAL DE VELLÓN moneda cobre 32 ó 34 mrs
ARROBA 25 LIBRAS



• Como se ha apuntado anteriormente, la cera se utilizaba también en la fundición, seguramente in situ, de campanas. Las cuentas de fábrica de 1753 de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Arroyal, Los Carabeos) recogen la siguiente partida de gastos: «cera, vino, pez, cáñamo, sebo y otros ingredientes para hacer el molde» por valor conjunto de 109 reales, junto con "Cincuenta libras y media de metal para la fundición de una campana», con un coste de 320 reales (RODRÍGUEZ, A., p. 168).


LOS LIBROS DE TAZMÍAS: LA IMPORTANCIA DE LA CERA

Tenemos una serie relativamente extensa de menciones sobre la entrega de cera en especie en el libro de tazmías de la parroquia de San Andrés de Entrambasaguas (Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo
de Suso). El 7 de septiembre de 1690 Don Roque Carrera (?), vecino y beneficiado de Soto, se reparte de diezmo «un marano y zera media libra, pollos dos y no hubo mas» (ADS, Sign. 3623, f° lv). El 2 de octubre de 1744 (ídem f° 52) se indica: «El domingo antezedente se habían partido los diezmos menudos de los que tocó a la parte de dicho Ilustrisimo (...) una cabrita y un quarterón de zera, no hubo más». Un par de años después, el 11 de septiembre de 1746 «se partió el menudillo de este lugar y toco a la parte de su Ilustrisima díez y nuebe reales en dinero, media libra de zera...» (Id. Fº 54). El 28 de septiembre de 1747 «del menudillo veinte y un reales y nueve maravedís en dinero, tres quarterones de zera y una haza» (fº 55). El 29 de agosto de 1751 «Se parte el menudillo (...) veynte y nuebe Reales, cera una libra y un pollo» (fº 58v). En 1752, el 9 de septiembre «se partio el menudillo (. .) una libra y media de cera» (fº 59v). Los años 1754 y 1771 tienen como diezmo de cera media libra: el 1 de septiembre de 1754 se registra «en cera media libra» (fº 6lv); el 1 de septiembre de 1771 «media libra de cera» (fº 80).

El simple hecho de que el libro de Tazmías -por ejemplo en esta parroquia de San Andrés de Entrambasaguas- recoja en las casillas de los cuadros de productos, junto con el ganado mayor y menor (jatos, corderos, marranos, cabritos, gansos y pollos), la cera («zera») y la miel ya denota la producción apícola, aunque no siempre tiene reflejo en el diezmo. En la mayor parte de los casos las casillas están vacías aunque hay excepciones, como las correspondientes en 1701 a Bentura Diez (fº 11) y Juan R. de Rabas (fº 11v); en 1709, Thoribio de Mier, tiene marcado un "quarterón" de zera (fº 16); en 1711, Ana de Mier, 1 quarterón de cera (fº 18); en 1744 (fº 52) una mujer llamada Isabel tiene señalados 9 quarterones.

El 26 de diciembre de 1721 el libro de tazmías de la parroquia de San Miguel de Aguayo (ADS, Sign. 115, folio 175v) recoge la presencia de la cera dentro de la "tazmía de el menudillo": «Se partio el diezmo del menudillo y toco al terzio de su Ilustrisima (...) que para uno le pagan dos zelemines y medios deArbejas, y ansi mesmo le toco onze reales de vellon de el diezmo de crias, mulas, y caballos y corderos y cerdos, pollos, zera, y la misma cantidad toca a los beneficiados de esta villa y la misma porzion al tertio que lleba Don Joseph de Obregon, vezino de Santa Cruz de el valle de Yguña...».

En general los recuentos de tazmías referentes a la miel y la cera resultan bastante escasos. En la parroquia de San Andrés de Los Carabeos, en Valdeprado (ADS, Sign. 3128, fols. 13, 61) hay casillas que prevén el registro de la "cera" o "exambres" (enjambres), pero están vacíos. La parroquia de Santa Cecilia de Monegro, ayuntamiento de Campoo de Yuso (ADS, Sign. 4358, fol. 2) dispone igualmente una casilla reservada para "zera"; a comienzos del siglo XVIII hay dos anotaciones indicando que un vecino obtenía una libra de cera.


REPARTO GEOGRÁFICO DE LA APICULTURA HACIA 1750

E vaciado de las RG del Catastro de Ensenada (registradas entre 1750 y 1753) ha dado como resultado la recogida de datos pertenecientes que equivalen a 138 pueblos, aunque aparecen 130 entradas (tienen entrada conjunta las localidades de: Arcera y Aroco, Bustamante y Quintanilla, Corconte y La Población, Entrambasaguas-La Lomba, Monegro-Quintana, Orzales-Villapaderne). Los Carabeos figura como entrada única (comprende los pueblos de San Andrés, Barruelo y Arroyal) (8).
En total se han cuantificado 6.098 pies de colmenas. Hay cuatro pueblos en los que no se registra ninguna colmena: La Costana, Fombellida, Fontecha y Morancas. La distribución de colmenas por núcleos habitados es la siguiente:
- Con menos de 5 colmenas: 6 pueblos, San Andrés de Valdelomar (1 colmena); Ruerrero (3); Servillejas y Retortillo (4); Espinilla y Santa María de Valverde (5).
- Más de 5 pies de colmenas y hasta 50: 75 pueblos.
- Entre 51 y 100 colmenas: 35 pueblos (Horna de Ebro, Quintanamanil, La Riva, Servillas. Abiada, Navamuel, La Población de Suso, Suano, Villanueva de Valdearroyo, Cuena, La Loma, Las Quintanillas, Reinosilla, Los Carabeos, Candenosa y Reocín de los Molinos; Allen del Hoyo,. Arantiones, Arenillas de Ebro, Castrillo de Valdelomar; Cejancas, Coroneles, Otero, La Población de Abajo, La Población de Arriba, La Puente del Valle, Quintanilla Rucandio, Rebollar de Ebro, Repudio, Riopanero, Salcedo, San Martín de Elines, Soto de Rucandio. Villaescusa de Ebro, Villanueva de la Nía). Entre las localidades con mayor número de colmenas figuran La Población de Abajo (91); Castrillo de Valdelomar (95); Navamuel (96) y Villaescusa de Ebro (con 97).
- Con más de 101 colmenas: 10 pueblos. Los que más colmenas tienen son: Corconte y La Población (respuesta conjunta) con 224; Rocamundo, 205;Bustillo del Monte, 187; Ruanales, 186; Bustasur, 143; y Loma Somera con 133. Les siguen Quintanas-Olmo, con 114; Mata de Hoz, 111; Valdeprado del Río, 104


ANÁLISIS DE LA PROPIEDAD

Aun sin pretender hacer un estudio exhaustivo, resulta facil apreciar que la proporción de propietarios de miel respecto al número total de vecinos (9) -y habitantes- es muy variable (véase el cuadro comparativo). Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, en la localidad de Sobrepeña se deduce que cada uno de los 9 vecinos -se podría decir cada familia- tenía alguna colmena: Francisco Barzena poseía 1 pie; 2 tenían los vecinos Joseph Izquierdo, Rafael Peña, Francisco Gómez, Francisco Gutiérrez y los hermanos Gregorio y María Izquierdo; 8 Juan Gutiérrez: 12 Manuel Gutiérrez. y finalmente 14 Juan Alonso (había en total 44 colmenas).
Reinosa es el núcleo de población más grande de la comarca y, a la vez, el más urbano lo que explicaría que en 1752 "solo ay siete pies de colmenas pertenecientes a Dª Cathalina de los Ríos, vecina y viuda de esta villa y su producto de cada una le regula en media libra de cera que bale tres reales y un quartillo de miel que bale un real". (Pregunta 19 de las RG). En este caso, aparece una única propietaria de colmenas de un total de 220 vecinos (unos 1.000 habitantes).
Localidades como Arroyuelos, Bolmir, Cadalso, Espinilla, Mazandrero, La Miña, Naveda, Quintanamanil o San Andrés de Valdelomar tienen un solo propietario, aunque el número de pies que posee ese único propietario oscila entre la colmena -una- de Don Francisco Calderón en San Andrés de Valdelomar, que estima le rinde tres reales de vellón cada año (hay en total de 6 vecinos y 2 habitantes) y las 39 colmenas en Cadalso, pertenecientes a Don Antonio de Bustamante, que le regulan la misma cantidad lo que hace un total de 117 reales de vellón anuales.
Sin embargo el mayor propietario individual reside en Arenillas de Ebro (D. Santiago Gutiérrez Menor, con 80 colmenas; que " pueden fructificar cada una unos tres reales de vellón anualmente"; 240 reales), seguido por Don Juán Bauptista Varona que tiene 73 pies en Castrillo de Valdelomar (aquí fijan por «corto pasto» el fruto de cada colmena en 2,5 reales, lo que hace 182,5 reales anuales) y Josepha Alonso, con 68, en Quintanas-Olmo (donde producen 3 reales de vellón al año, esto es 204 reales).
La mayor distribución de la propiedad la encontramos en Corconte y La Población (que contabiliza hasta 22 propietarios) y Bustillo del Monte (donde hay 18).
Una porción de los propietarios de colmenas reciben el título de "don" o "doña". Este tratamiento -muy limitado en esta época- supone cierta capacidad económica en quien lo recibe (10). Entre los 655 propietarios registrados, 181 reciben el título de don, lo que supone casi un 28% de los propietarios; un 10% son mujeres. En muchos casos sólo se menciona a una persona, pero pueblos como Moroso y Repudio tienen 5; Susilla y San Cristóbal del Monte, 7. El máximo se registra en Navamuel, donde los 8 propietarios reciben este tratamiento; se trata de D. Juan Baraona, "presbítero y parocho" (con 14,5 colmenas); D. Francisco Brabo, con 4; D. Manuel Gutiérrez, con 11; D. Mathias Baraona, con 12,5; D. Joseph Gutiérrez, con 1; D. Juan de Oyos, de 7; D. Juan Bauptista Baraona, 1; y Dª María Ruiz, con 23.
Este tratamiento de "don" se asignaba igualmente al clero, que representa el 29% de los dones (53 clérigos). En algunos pueblos aparecen como propietarios de colmenas el "cura parrocho", "cura ecónomo", "cura beneficiado", "cura", "cura capellán", "presbítero". Usualmente se conoce su identidad; sólo en La Población de Campoo de Suso se indica que las colmenas son de su pertenencia sin aportar el nombre («cinco al cura parrocho; treynta y tres al cura capellán»). Aparecen de igual modo como titulares de la propiedad instituciones religiosas como capellanías -de fundación privada- (en Barrio), fábricas parroquiales (la Fábrica, en Bustasur; Nuestra Señora, en San Martín de Elines; Nuestra Señora de Soma Hoz, en Suano), ermitas o cofradías religiosas, con interesante función asistencial (Nuestra Señora del Rosario, en Nestares; de Ánimas, en Suano).Todo ello es perfectamente lógico dada la necesidad indicada de autoabastecimiento de cera, característica extensible a la economía campesina de subsistencia de este periodo. Sin embargo el clero es un propietario minoritario, tan solo representa un 8% del conjunto de propietarios; en 85 localidades no aparece expresada su presencia (es decir un 65%, casi las dos terceras partes de localidades reseñadas). Aunque no se especifica, un porcentaje elevado de los vecinos era hidalgos (11). Con independencia de su muy variada situación económica, desde la potencia económica de los dones (propietarios que viven de rentas, comerciantes, etc.) a la casi pobreza de otros, los hidalgos -por el hecho de serlo- gozaban dentro de la sociedad estamental de determinadas ventajas prácticas, como la exención del pago de impuestos directos y del alistamiento forzoso en las milicias reales, un tratamiento judicial y procesal preferente, la participación en la administración pública, entre otros privilegios de los que carecían los pecheros. Sin embargo el pago de los impuestos indirectos y el diezmo afectaba al conjunto de la población (12).
Ochenta mujeres aparecen como propietarias de colmenas (un 12% del total de propietarios) en un tercio de los pueblos. Desde la única propietaria de Reinosa, Dª Cathalina de los Rios; hasta las 4 de La Población de Arriba (donde Magdalena Montejo, con 11; María Fernández, 1; Magdalena Martínez, 18 y María Alonso, 1, son propietarias de 31 de las 89 colmenas del lugar y constituyen la mitad de los propietarios, que rinden 2 reales de vellón cada una) o las 5 de Bustillo del Monte (del total de 187 colmenas, tres entradas diferentes a nombre de María Allende, María García y Rosa Sainz poseen 45 colmenas, con un rendimiento de 3 reales de vellón por unidad y año). Entre ellas, 18 reciben el título de doña (casi la cuarta parte de las mujeres propietarias).
La gran mayoría de los propietarios eran vecinos del mismo lugar donde se asientan las colmenas. Sólo figuran 19 forasteros, que suelen residir en localidades aledañas o relativamente cercanas; en total suponen menos del 3 % de los propietarios. Quintanilla de An es la localidad que tiene más propietarios forasteros, tres de un total de siete propietarios (13).
Otra característica que cabe señalar es el absoluto predominio del régimen de propiedad a título individual, aunque haya casos de copropiedad (entre hermanos o matrimonios) (14).
Únicamente hay dos casos de aparcería, en Arroyuelos y Coroneles. Así, en Arroyuelos «solo hay ocho colmenas, propiedad de Juan Gallo, vecino del lugar de Quintanilla Escalada, que tiene dadas a medias ganancias a D.Jacinto Saiz, cura parrocho de este citado lugar, a las quales por el corto pasto que tienen regulan de esquilmo anual a cada una tres reales de vellón». Por su parte, en Coroneles D. Facundo de los Rios, cura ecónomo de la iglesia del lugar posee 8 colmenas que "tiene dadas, en aparzería a Martín Rodríguez Santiago, vezino, con la condizión de partir anualmente su producto". Valoran el rendimiento anual de utilidades de la cera y la miel en 3 reales de vellón.
Si contrastamos el registro de las tazmías (más prolongado en el tiempo) con el contenido de las RG del Catastro de Ensenada (1752) de Entrambasaguas y La Lomba, comprobamos que las Respuestas proporcionan una información más detallada sobre la pluralidad y dispersión de la producción. Así aparecen: veintitrés colmenas juntas y propias de Francisco de Mier, Pedro Rodríguez de los Ríos y Manuel Palacio; dos de Juan Diez de Zevallos?, dos de Francisco Alonso Fernández, cinco? De Juan Vega. seis de María de Mier, cuatro de Isavel Fernández; tres de Antonio Rodríguez, once de Simón Díes García y una de Antonio Camino, con una utilidad de tres reales de vellón cada colmena al año. Según las Tazmías, durante el año 1746, 5 de los 37 vecinos mencionados producen cera; en 1753. son 2 personas de un total de 39 apuntadas (sin que se mencione la cera en los diezmos).
Las tazmías aportan pistas sobre la cantidad de producción anual, muy variable según los años. Si por ejemplo observamos los años 1746,1752 y 1818 vemos que se registran 7 cuarterones de cera, 4,5 libras y 6 libras con 91 onzas. Considerando la unidad mínima de peso (y sabiendo que el cuarterón es la cuarta parte de una libra -algo menos de medio kilo-; y una libra puede dividirse en 16 onzas) tenemos 7 cuarterones en 1746; 17 en 1752 y unos 30 en 1818. Si ello supusiera la décima parte de la producción podría oscilar entre menos de un kilo de cera y 15 kilogramos. De todos modos es bien conocido que la producción varía considerablemente de un año para otro, en función de las plagas, climatología, etc.

CUADRO COMPARATIVO DE VECINOS / PROPIETARIOS

Pueblos N° vecinos                        N° propietarios
Reinosa 220 1
San Andrés de Valdelomar 6 + 2 habs. 1
San Cristóbal del Monte 19 7
San Martín de Elines 78 8
Serna, La 20 4
Servillejas 5,5 + 2 habs 2
Sobrepenilla 15 8
Sobrepeña 9 10
Somballe 33 + 2 habs. 2
Sotillo y San Vítores 43 + 2 habs. 13
Soto de Campoo de Suso 47 + 1 habs. 4
Soto de Rucandio 14 6
Suano 40 10
Susilla 20 + 6 habs. 8
Valdeprado del Río 29 + 3 Habs. 12
Villacantid 54 4
Villaescusa de Ebro 45 13
Villamoñico 54 8
Villanueva de la Nía 49 +15 habs. 11
Villanueva de Valdearroyo 18 + 3 habs. 3
Villar 35 + 1 transeúnte 5
Villasuso 41 2
Villaverde de Hito 12 2

 

Productores de cera y miel según el libro de Tazmías de Entrambasaguas (1701 - 1819)

Entrambasaguas (Hermandad de Campoo de Suso) Parroquia de San Andrés
Año Persona Zera Miel Folio
1701 DIEZ, Ventura X   11
1701 R. DE RABAS, Juan X   11 V
1709 MIER¿Thoribio de 1   16
1711 MIER, Ana de 1   18
1744 G. ?, Isabel 1   52
1746 MIER, María de 3   53 v
1746 ALONSO FERNANDEZ, Fernando 1   53 v
1746 GUTIÉRREZ VEGA, Isabel 1,5   53 v
1746 RODRÍGUEZ ROBLES, Antonio 0,5   54
1746 PUENTE GARCÍA, Juan 1   54
1747 RODRÍGUEZ ROBLES, Antonio 2,5?   54 v
1750 PALACIO, Carlos 1.5   57
1750 DÍEZ, Simón 1   57
1751 PALAZIO, Carlos 9 libras   58
1752 RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS, Pedro 2 libras   59
1752 PALACIO RÁBAGO, Carlos 2 libras   59
1752 D°IEZ GARCÍA, Simón media libra   59
1753 RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS, Pedro 2 libras   60
1753 PALACIO, Carlos 3 libras   60
1754 RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS, Antonio 3   61
1754 PALAZIO, Carlos 10   61
1771 ALONSO, Fernando 3   79
1771 ALONSO, Francisco 3   79
1771 FERNÁNDEZ, Simona 1 libras   79 v
1808 ALONSO, Carlos     120
1818 PALACIO, Luisa 6 libras   125
1818 GONZÁLEZ, José 21 onzas   125
1818 ALONSO, Francisco 30 onzas   125
1818 GONZÁLEZ, Ángel 40 onzas   125
1819     X 125 v
Media habitual para la cera = quarterón. Fuente: Elaboración propia sobre datos del ADS: Libro de Tazmías, 1960 - 1843, Sign. 3633


PRECIOS Y VALORACIÓN ECONÓMICA DE LA CERA Y LA MIEL

Según las declaraciones de usufructo hechas en las Respuestas Generales del Catastro (instrumento realizado con fin fiscal, lo que debemos tener en cuenta deduciendo que los datos suelen estar minusvaloradas respecto a su rendimiento real): el menor rendimiento conjunto -por pie de colmena al año- es de 2 reales de vellón en las localidades como Camesa, Cervatos, Cubillo de Ebro, Espinosa, Hoyos, Olea, La Población de Arriba y San Martín de Hoyos (es decir, Valdeolea, parte de Valderredible y Enmedio). Por el contrario el mayor rendimiento asciende a 9 reales de vellón por pie de colmena en Bustamante y Quintana; 8 en Monegro y Quintana; 7 en Paracuelles, Lanchares, Ormas (localidades de los municipios de Campoo de Yuso y la Hermandad de Campoo de Suso).
Si hablamos por separado de los diferentes productos, la CERA obtiene su valor más alto en Retortillo, donde vale 8 reales de vellón el quarterón frente a la miel que en ese lugar cuesta solamente 1 real de vellón. 7 reales en Cejancas; 4 en Bolmir y en la Población de Arriba. En Cañeda la cera alcanza de tres a ocho reales la libra, o sea, oscila de 0,75 a 2 reales el cuarterón. En lo que se refiere a la MIEL, oscila entre los 3 reales de vellón de Fontibre y los 7 maravedís de Mata de Hoz el quartillo.
Como se puede apreciar en general la cera es bastante más cara que la miel (hasta 8 veces más en Retortillo), aunque no siempre. Valen igual en Cervatos (la utilidad se valora en 1 real de vellón la miel, y lo mismo la cera); excepcionalmente la miel figura como más valorada en Fontibre (3 reales, frente a los dos de la cera). Pero, por lo común, la cera rinde más utilidad que la miel. Vale el doble (2 reales frente a 1) en diversos pueblos de Enmedio y del Norte de Campoo como en Aradillos, Camino, Fresno del Río, Horna, Izara, La Miña, Santiurde de Reinosa, Somballe. Y cinco veces más (2,5 reales frente al medio real de vellón) en Lantueno, Orzales,Villapaderne, Pesquera, Rioseco, San Miguel de Aguayo.
Si tuviéramos que hacer un promedio, resultaría una media aproximada de 3,3 reales de vellón por pie de colmena al año (miel y cera).


A título de ejemplo comparativo, entre los precios de artículos en el concejo de Los Carabeos en 1753 se cuentan "201 libras de cera en rama" por valor de 1.608 reales; 186 libras de cera blanca, valoradas en 1.394 reales, y 80 libras de cera amarilla, en 640 reales. No sabemos si esas cantidades se refieren sólo a la producción local de cera, o interviene de alguna manera el intercambio comercial. En 1864 la libra de cera amarilla vale 8 reales; la de cera blanca, 9 reales; la miel cuesta 40 reales la arroba (lo que hace que la libra salga a 1,6 reales). El azúcar tenía un precio similar a la miel: una arroba de azúcar blanco 41 reales, y si era de azúcar moreno 38 reales. Una arroba de aceite costaba 56 reales, y -por comparar con algo cotidiano- un par de alpargatas 3 reales (15).
Los precios variaban mucho por años y según las comarcas. Las tarifas que aporta el Boletín Oficial de la Provincia de Santander, publicado el 19 de diciembre de 1849, resultan más bajas que las anteriormente mencionadas en Los Carabeos: el precio de una arroba de cera blanca en toral o pan se fijaba en 5 reales; cera blanca labrada, 5 reales; cera amarilla en toral, 2 reales y 17 maravedís; cera amarilla labrada, 2 reales y 17 maravedís; miel, 3 reales. Para hacernos una idea podemos compararlo con el coste del bacalao (1,17 reales) o del azúcar (4 reales).
Aparte de la valoración económica del fruto, no se suelen indicar otros datos. No obstante en dos casos las RG aportan pistas acerca de la productividad de las colmenas y su antigüedad. En Ormas se indica que las colmenas viejas fructifican la mitad de las nuevas " las quales les regulan si son añejas a cada una de cera y miel, siete reales y si son nuevas la mitad". En el apunte de Espinilla el único propietario, Francisco de Hoyos Villegas -con 5 colmenas- especifica que son " dos añejas y las tres nuevas", que producen cinco reales de utilidad, sin que concrete la diferencia de rendimiento por edad de las colmenas.

 


CONCLUSIONES

Las fuentes documentales no inciden apenas en los productos apícolas, marginales desde el punto de vista económico. Las referencias más antiguas que he localizado para el ámbito territorial que nos ocupa datan del s. XVII. La participación de los grupos sociales en la propiedad de un elemento productivo como las 6.098 colmenas contabilizadas -con solo dos casos de aparcería- estaba bastante repartida. De los 655 propietarios, casi el 28% son "dones", personas con cierto poder económico. Entre esos dones un 20% son clérigos -presentes sólo en un tercio de las localidades, suponen un 8% de los propietarios-, y un 10% son mujeres (un 12 % del total de propietarios). El resto está en manos de campesinos y labradores. Prácticamente todos son vecinos de los pueblos donde están asentadas las colmenas; los propietarios forasteros apenas alcanzan un 3% del total.
Prensa de miel. Carreta de la peñas "Argumizu", de Reinosa. Día de Campoo, 2003La producción de la miel parece relativamente abundante -su uso como edulcorante natural estaba extendido-, aunque dedicado en muy alto grado al au-toconsumo, fuera por lo tanto del circuito comercial y por tanto poco visible (16). Es probable que los mayores propietarios-productores de colmenas complementaran su economía con el intercambio o venta de parte de su producción a los vecinos que no disponían de ellas, sobre todo con la producción de cera, cuya importancia económica es mayor, siendo especialmente reseñable su uso para el culto religioso. De hecho, puede que las mismas parroquias no pudieran surtirse de su propia producción y tuvieran que recurrir al mercado o a la donación de los fieles. Todo ello aparece también integrado en una economía que busca -y necesita- el autoabastecimiento; la cera se produce en los pueblos de la comarca, pero la mayor demanda hace que su precio se incremente. Los altibajos y crisis macro y microeconómicas, el débil desarrollo del comercio -hasta la construcción del camino de Reinosa en 1753 se transporta a lomos de mulas por las tortuosas redes de caminos- son otros elementos que inciden en el coste de los productos. Además el proceso de fabricación de la cera era de por sí mucho más prolijo que la simple extracción de la miel, y por tanto, encarecía el producto.
En términos económicos resulta difícil cuantificar el peso de esta producción en la economía local (l7). En un cálculo forzosamente somero, se puede aventurar que la utilidad de la cera y miel en Campoo rondaba a mediados del siglo XVIII los 2.520.000 reales.
Las labores apícolas centradas en la recolección de la miel siguen teniendo un hueco en las tareas agrarias de muchos pueblos de la comarca campurriana.



NOTAS

(1) En este artículo el territorio de Campoo comprende el de los Ayuntamientos de Campoo de Enmedio, Campoo de Yuso, Hermandad de Campoo de Suso, Las Rozas, Reinosa, Santiurde de Reinosa, San Miguel de Aguayo, Pesquera, Valdeolea, Valdeprado y Valderredible. El espacio de la merindad de Campoo varía con el tiempo, llegando a extenderse a efectos fiscales hasta la cabecera del Besaya al norte; la del Pisuerga al Sur, la Pernía al Este y el valle de Sotoscueva al Oeste. V. SOLINÍS ESTALLO, M.A.: "Fiscalidad regia en la Merindad de Campoo (1474-1504). Figuras impositivas y espacio fiscal", pp. 23-27, en Cuadernos de Campoo, Reinosa, diciembre 2003 (n° 34).
(2) La pervivencia de esa actividad queda reflejada en el habla en determinados vocablos. Como curiosidad y a título meramente anecdótico señalo algunas voces locales relacionadas con la apicultura recogidas por GUTIÉRREZ LOZANO, Nicanor en su Diccionario "palabreru" campurriano (Santander, 1999): ABEJUNO: dícese de individuo aficionado a la cría de abejas; CERÓN: dícese de cera de los panales que queda una vez sacada la miel; MACONU: Panal de color pardo oscuro que no tienen miel (palabra usual: macón: panal sin miel, reseco y de color oscuro).
(3) En el siglo XX se desarrollan las colmenas movilistas, de caja. Sobre el proceso de aprovechamiento de las colmenas, la cata y obtención de la miel y la cera V.: Museo Estudio El Pajar, Proaño (MORENO LANDERAS, LA.): "Los colmenares tradicionales", pp. 20-28 en Valdeolea, n° 45. Mataporquera, Cantabria, 1999.
(4) Aunque ha habido incorporaciones documentales posteriores que no aparecen aquí, puede consultarse: VAQUERIZO GIL, Manuel y RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Agustín. Inventario de libros del Archivo Diocesano de Santander. Santillana del Mar, 1983.
(5) Se transcriben los textos con la grafía de la época, incluidas las faltas ortográficas. Entre los gastos del concejo estaban la reparación de puentes y caminos, de la casa concejo y ermitas, asistencia a enfermos, misas, pago de oficios (al pastor, barbero, maestro, cirujano), etc. Cuadros y gráficos de elaboración propia con datos de las RG, salvo cuando se indique otra cosa.
(6) Archivo Histórico Provincial de Cantabria -AHPC-, Protocolos, leg. 3.907, citado por RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Los Carabeos: Historia, economía y sociedad en un concejo rural de la Merindad de Campoo. Santander, 1979, p. 144). LANGE, Jurgen.: Economía rural tradicional en un valle vasco. Bilbao, 1996.
(7) Se pueden consultar en la actualidad en el ADS. Igualmente en el Archivo Municipal de Torrelavega, adonde llegaron dentro del denominado fondo del general Castañeda.
(8) Fotocopias de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada consultadas en la Casa de la Cultura Sánchez Díaz de Reinosa. Originales en el Archivo General de Simancas. Faltan las respuestas de Matamorosa (Enmedio); Bimón, Llano, Renedo, Las Rozas (Las Rozas); Las Henestrosas de las Quintanillas (Valdeolea); Los Riconchos -Bustidoño, Malataja, Mediadoro- (Valdeprado), y Espinosa de Bricia (Valderredible).
(9) El vecino designaba al cabeza de familia varón. Las viudas contaban como medio vecino. El número total de habitantes resultaría de multiplicar el número de vecinos por un coeficiente variable.
(10) Las Respuestas Generales no señalan en este apartado si se trata de hidalgos. En la zona de Campoo, la condición de hidalguía de sangre no estaba tan generalizada como en la Montaña, donde rondaba el 90% de la población, pero tampoco era tan rara como en el conjunto de la Corona de Castilla (con sólo un 10%).
(11) El Censo de Población de la Corona de Castilla Marqués de la Ensenada de 1752, dentro de la provincia de Toro el partido de Reinosa cuenta entre los vecinos útiles con 2.180 nobles y 1.096 pecheros (2/3 partes nobles); entre los jornaleros, 223 nobles y 72 pecheros; 20 pobres de solemnidad son nobles y 1 pechero; entre los habitantes (transeúntes) 365 eran nobles y 221 pecheros. No incluye datos del marquesado de Argüeso.
(12) El clero también pagaba impuestos a la Corona -como las Tercias Reales-, El pago de diezmo fue igualmente cuestionado por la población. En todo caso, hay que tener en cuenta la típica minusvaloración de las rentas declaradas; además parece probable que los pagos en especie no serían siempre de los productos de mejor calidad.
(13) Primero menciono la localidad donde están las colmenas, a continuación la localidad de vecindad del propietario. Allen del Hoyo: La Lastra; Arroyuelo: Quintanilla Escalada?; Castrillo de Valdelomar: villa de Bilbao?; Cejancas: de San Felices; Espinosa: de Castrillo; Horna: de Reinosa; Otero: de Barcena de Ebro y Rocamundo; Quintanilla de An: de la Puente del Valle y Campo de Ebro; Rasgada: de Reocín de los Molinos; Renedo de Bricia: de Barrio de Bricia; Repudio: de Linares; San Cristobal del Monte: de Navamuel; Santa María del Valle: de Reinosa; Servillas: de La Costana; Suano: La Población, y en Villaescusa de Ebro: de Ruerrero?
(14) En ocasiones figuran como propietarios algunos menores (apelativo que puede indicar la minoría de edad como referirse al hijo con el mismo nombre de su padre).
(15) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A. Op. cit, Pp. 308-309. De todos modos, los precios varían con el tiempo. Así en 1744, la libra de aceite cuesta un real y medio, bastante más barato que la libra de cera amarilla, a 7,5 reales.
(16) En el área caribeña se había introducido el cultivo del azúcar de caña; la liberalización del comercio del puerto de Santander a finales del s. XVIII facilita su distribución. Hasta comienzos del siglo XIX no se redescrubre e impulsa de manera masiva la producción y el comercio del azúcar de remolacha.
(17) LANZA GARCÍA, R. 1992, pp. 106. En su estudio sobre el Valle de Camargo en el siglo XVIII, indica que el producto neto de los colmenares ascendía a 358 reales, lo que significaba respecto al producto neto total un porcentaje de 0,08% de la renta disponible. El territorio de Camargo es unas 28 veces más pequeño que el que abarca Campoo.
No tenemos referencias sobre las cantidades producidas, por otro lado muy variables según los años. Eugenio LARRUGA, en sus Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España. Madrid, 1793, habla en el tomo XX-XIV de la provincia de Toro -en la que se incluye Campoo, salvo el marquesado de Argüeso-, En la pp. 21 indica: "También se cogen 120 azumbres de miel y 39400 libras de cera".

 Luis Ángel Moreno)



BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

Archivo Diocesano de Santander (ADS).
Archivo Municipal de Torrelavega. Fondo Castañeda. Libros de fábrica de la Iglesia de San Román de Orzales (1.-1602-1701). (Hay copia en el ADS).
Ordenanzas del concejo de Orzales.
Boletín Oficial de Santander, 1849.
Censo de Población de la Corona de Castilla Marqués de la Ensenada de 1752.
Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada.
LANZA GARCÍA, R. Camargo en el siglo XVIII: la economía rural de un valle de Cantabria en el Antiguo Régimen. Santander. 1992.
Museo Estudio El Pajar, Proaño [MORENO LANDERAS. LA.]: "Los colmenares tradicionales", pp. 20-28 en Valdeolea. n° 45. Mataporquera, Cantabria, 1999.
RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A.: Los Carabeos: Historia, economía y sociedad en un concejo rural de la Merindad de Campoo. Santander, 1979.
 

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