El pan, de artesanía a industria (I)

Museo Etnográfico El Pajar

El crecimiento de la población por la llegada de La Naval revolucionó el sector

A principios del siglo XX había un dicho popular sobre Reinosa que decía que sus lugareños comían pan de Hierro, carne de Gato y bebían vino de Pozo. Estos eran los apellidos de tres prestigiosos comerciantes de los muchos que se iban instalando en la floreciente villa, que se encontraba en pleno desarrollo por la creciente industrialización propiciada por pequeñas fábricas y artesanos.
 
El molino de Las Fuentes. Museo Etnográfico El PajarLa puesta en marcha de la Sociedad Española de Construcción Naval propició una radical transformación, con la incorporación de personal directivo, técnico, administrativo y de mano de obra cualificada que llegaron de toda España e incluso del extranjero. Se triplicó la población, con una mejora económica y el aumento de la demanda de alimentos.
 
Los primitivos panaderos necesitaron ampliar y mejorar su producción con hornos industriales de leña que conservaban el sabor tradicional de la cocción del pan. Estos hornos, denominados ‘de escopeta’, con un fogón lateral donde se hacía el fuego y quemaba la leña, tenían en el centro la boca de carga y al lado contrario al fogón, el tiro y la salida de humos con la correspondiente chimenea. Su solera era giratoria, facilitando la carga y descarga para una mayor producción. Posteriormente se mejoró este horno con la solera giratoria constante, atizándole continuamente por debajo, lo cual permitía tener una cocción sin interrupción ni trapeado. La amasadora mecánica, la divisoria de masa para las barras de pan y los armarios donde reposa y fermenta el pan antes de entrar al horno, formaron parte de la nueva instalación.
 
Los hornos se calentaban con leña procedente de los montes de la Merindad, que era transportada por la noche hasta las panaderías con carros de vacas. Maderas de haya, roble, escobas, argumizos o ayuces eran la materia de combustión. Después los costeros (madera sobrante) de los aserraderos sirvieron para abastecer los hornos hasta nuestros días.
 
La calidad del pan dependía del equipo de trabajo, el cual estaba formado por el maestro de pala y dos oficiales en los cuales recaía la responsabilidad de los trabajos realizados por el resto de los operarios para conseguir una buena calidad del pan fabricado.
La harina que disponían para su fabricación era de dos tipos: la blanca y la integral, en sacos de 100 kilos. Las fábricas de harina habían sustituido los rudimentarios molinos, ya que no daban abasto a moler la demanda, y así mejoraron su calidad. Las más productivas eran la de ‘San Esteban’, de los hijos de Rafael Obeso, que realizaba la molienda con el sistema Daverio; y ‘La Central’, propiedad de Felipe R. de Huidobro. Utilizaba la maquinaria Astro-Húngara, con cilindro y plansichters Daverio, tecnología avanzada en la época.
 
La panadería más antigua de la que tenemos constancia por su publicidad fue la denominada ‘El Ebro’, fundada en 1850 por Nicanor García. Se encontraba en la calle Mayor, 44. Además de la fabricación del pan tenía obrador para repostería y galletas. En 1929 aparecen como propietarios los hijos y sucesores; en 1930 se anuncia su yerno David de la Vega como responsable de una panadería y confitería. Cerró en 1950.
 
Otra fábrica de pan y galletas destacada fue Casa Hierro ‘La Concha’, fundada en 1904, siendo su dueño Ángel Hierro. Estaba en la calle Mayor 38 y permaneció abierta hasta 1937.
 
En 1912 ‘La Constancia’ abría su panificadora regentada por Manuel González, con obrador de confitería y repostería, en la calle Canalejas 16. La panificadora cerró el 14 de octubre de 1976 y el cierre definitivo se produjo en 1981.
 
La flor de la belleza
Sobre 1920, Félix García Criado, el ‘señor Félix’, regentaba ‘La Flor’, nombre que dio al negocio en honor a la belleza de su esposa. Su especialidad era el pan moreno y tenía el despacho en la calle Mayor, 54 y la panadería en la calle Ebro, 9. En 1939 se instaló en la calle Carretas. La demanda le obligó en 1965 a reubicarse en la calle San Roque, donde triplicó la producción en el local antes ocupado por los talleres de carros Guerra. Cerró el 23 de marzo de 1997.