etnografía

Los juegos de la tradición

Museo Etnográfico El Pajar

La imitación de los mayores, clave de su desarrollo
Toda civilización nace, crece y evo­luciona de acuerdo con las costum­bres y tradiciones que se desarro­llan en ella. Sus pobladores van adaptando sus leyendas y juegos a los cambios que se producen en su contexto geográfico, social y cultural. En este contexto debe­mos situar los juegos tradiciona­les que surgen en el medio rural, de costumbres pastoriles y de su relación con las labores agrícolas y ganaderas, Estos juegos se han transmitido oralmente de genera­ción en generación, marcados en un modo cíclico por las horas del día o las estaciones del año. A tra­vés de ellos el niño explora, arries­ga, imagina, desafía y aprende comportamientos y reglas crean­do sentido de comunidad, apren­diendo de sí mismo, y de los de­más.

Siderurgia en Campoo

Museo Etnográfico El Pajar

Las ferrerías del siglo XVIII, precursoras de la moderna forja
Un paseo entre las doce escultu­ras que se encuentran en la ribe­ra del río Ebro en pleno corazón de Reinosa da pie a la meditación acerca de la siderurgia en nues­tra Merindad. Su creador, el escul­tor Agustín Ibarrola, junto con los profesionales del taller de gran forja de Gerdau, han reflejado las características físicas y la forta­leza de las gentes que trabajaron y forjaron el hierro.
 

La 'Cope' de La Naval

Museo Etnográfico El Pajar

Un economato que marcó época en Reinosa

El fracaso relativo de la cartilla de racionamiento, impuesta desde 1939 hasta 1952 para garantizar el suministro básico de alimentos a las familias sin el habitual y obligado recurso al estraperlo, para cubrir las necesidades cotidianas, está detrás de la creación en España de los economatos. Nacieron como una imposición del Gobierno a las empresas, que debían facilitar los locales, pagar los gastos y llevar la administración y gestión de su funcionamiento diario. Estos establecimientos, sin ánimo de lucro y sin aportación económica por parte de los trabajadores, tenían como fin conseguir para la economía familiar, las mejores condiciones posibles de calidad, peso y precio de los productos de consumo más usuales y necesarios.

El pastoreo comunitario

Museo Etnográfico El Pajar

Los "vecerus" eran los encargados de guardar por turnos el ganado

En nuestra Merindad de Campoo, desde el Medievo hasta mediado el siglo XX las comunidades vecinales permanecieron ancladas en ancestrales estructuras económicas y sociales rigiéndose en concejo público, donde se dictaban las normas de convivencia vecinal y aquellas que incidían en el aprovechamiento de los bienes del común, como eran el monte y los pastos. Se trataba de un modelo primitivo, basado en la subsistencia, donde el dinero apenas circulaba y las familias eran autosuficientes y con una prole muy numerosa para hacer frente al pastoreo y las faenas agrícolas.

El lenguaje de las campanas

Museo Etnográfico El Pajar

Los toques marcaban la vida cotidiana de los pueblos

La campana era y es en la sociedad rural tradicional la voz de Dios que reúne al pueblo y al clero, que atrae todo lo bueno y expulsa todo lo malo. En ocasiones llama a alegría y fiesta, otras a dolor y pena, e incluso da la señal de alarma por algún peligro. Todas las iglesias parroquiales tienen, o tuvieron, como mínimo en sus espadañas o torres dos campanas con distinta sonoridad: la grave, denominada popularmente macho y la aguda, denominada hembra. Se identifican también dos tipos de campanas: las romanas y los esquilones.

Hacer la colada

Museo Etnográfico El Pajar

Del río a la tabla de lavar en la cocina
Hacer la colada era una de las la­bores domésticas propias de la mu­jer y era una tarea ingrata y ago­tadora. Tenían que pasar horas la­vando en las riberas de los ríos, arroyos, lavaderos públicos o pri­vados, en los desvacíes de los mo­linos o en charcas de desagües de las fuentes del lugar. Todo ello a la intemperie y con las condicio­nes climatológicas que todos co­nocemos. Se les cortaban las ma­nos de frío, lo que provocó nume­rosas enfermedades asociadas a esta labor.

La Fontoria, una historia de baños

Museo Etnográfico El Pajar

De mina de magnesita a piscina ciudadana y lugar de encuentro
 
De los paseos que realizaban los vecinos de Reinosa, uno de los que gozaba de mayor belleza y encan­to natural se encontraba en el ve­cino pueblo de Fresno del Río: pa­rajes como Monasterio, la Dehesilla y sus alrededores o la pradera de Santa Ana, formada por una in­mensa alfombra verde, en cuyo alto se encuentra su ermita. En los meses de agosto y septiembre se recogían allí las aromáticas y be­neficiosas manzanillas. La tarde finalizaba con una agradable me­rienda y los jóvenes en el tardío alargaban la estancia para comer las patatas asadas, para lo cual pre­paraban una hoguera con los palucos de los arbustos y los moñigos secos de la pradera. En el res­coldo de sus brasas se metían las patatas enteras, en muchos casos procedentes de los patatales cer­canos, sacadas tras la ‘cata del pie’ para que nadie notara su falta. Una vez asadas, se pelaban y untaban al tiempo de comerlas con la sa­brosa mantequilla campurriana.

El pan, de artesanía a industria (y II)

Museo Etnográfico El Pajar

Los panaderos rurales han logrado ganar mercado en los últimos años

La industria del pan en Campoo ha tenido un desarrollo cíclico. A partir de los años 20, el incremen­to demográfico propició el desa­rrollo de la panadería industrial para dar servicio a los nuevos ve­cinos. Nacieron nuevas empresas y se debilitó hasta casi desapare­cer la costumbre de cocer pan en casa mientras las masas indus­triales copaban el mercado. Pero en los últimos años ha habido un fuerte desarrollo de las pequeñas empresas en los pueblos que, apos­tando por un pan artesano, han logrado hacerse con una cuota apreciable del mercado.

El pan, de artesanía a industria (I)

Museo Etnográfico El Pajar

El crecimiento de la población por la llegada de La Naval revolucionó el sector

A principios del siglo XX había un dicho popular sobre Reinosa que decía que sus lugareños comían pan de Hierro, carne de Gato y bebían vino de Pozo. Estos eran los apellidos de tres prestigiosos comerciantes de los muchos que se iban instalando en la floreciente villa, que se encontraba en pleno desarrollo por la creciente industrialización propiciada por pequeñas fábricas y artesanos.

El Desnieve

El Duende de Campoo

Por El Duende de Campoo Año 1957
 
La giraldilla de la torre apunta con su flecha de hie­rro hacia el Sur. La barrena ingente de elevadísima montaña no logra contener el ímpetu de los pardos nubarrones, que vuelan sobre ellas en alas potentes y ligeras de un viento huracanado. La nieve de los gla­ciales se deshace rápidamente; es un arroyo cada sen­dero del monte, y el hilo de agua de los regajales, que se mueren de sed en el estío, se ha convertido en to­rrente vocinglero y avasallador. Inundáronse los ansares; de los altos taludes de las hoces se desprenden con la nieve grandes masas de tierra y piedra, que los turbiones arrastran hasta lo llano de la vega. Rásganse a intervalos los vellones grises de las nieblas en las as­perezas de los picachos, dejando entrever un jirón de cielo de un azul pálido, dando paso a un haz de rayos mortecinos, que hacen brillar por un momento las go­tas de las reciente llovizna, como perlas engastadas en las briznas de la pradera.
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