Suso

Memoria gráfica de los campurrianos de Suso, II

Ramón Villegas López

Edición: 1ª ed., 1ª imp.
Fecha Edición: 07/2008
Publicación: Cantabria Tradicional, S.L. Ramón Villegas López
Descripción: 190 p. il. 27x22 cm
Encuadernación: rústico con solapa
Imprime: Gráficas J. Martínez.


ISBN 13: 978-84-96042-60-5

Memoria gráfica de los campurrianos de Suso, I

Ramón Villegas López

Edición: 1ª ed., 1ª imp.
Fecha Edición: 07/2008
Prólogo: Nicanor Gutiérrez Lozano
Publicación: Cantabria Tradicional, S.L. Ramón Villegas López 
Descripción: 238 p. il. 27x22 cm 
Encuadernación: rústico con solapa
Diseño Gráfico: Génesis Composición, S.L.
Imprime: Gráficas J. Martínez.

ISBN 13: 978-84-96042-59-9 

El ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso (Antecedentes de su gestación en 1881)

Agustín Rodríguez Fernández

INTRODUCCIÓN. CAMPOO DE SUSO EN EL ANTIGUO RÉGIMEN
Desde los tiempos medievales, el territorio ocupado hoy en día por el municipio de la Hermandad de Campoo de Suso eran tierras del rey. Sus pueblos y concejos, así como sus habitantes, dependían, por tanto, de la jurisdicción real. Teóricamente hombres libres pero faltos de la suficiente protección de la corona debido a la inestabilidad po­lítica del reino de Castilla en la Baja Edad Media, ocasionada por la minoridad de sus monarcas y consiguientes luchas civiles, los vecinos de Campoo de Suso, al igual que los de gran parte de las tierras comprendidas entre el Duero y el mar Cantábrico, se vieron obligados a encomendarse, en régimen de behetría, a de­terminados señores particulares a cambio de la seguridad que el rey no podía darles. Es así como los veinticuatro pueblos de Campoo, salvo puntuales manifestaciones de señorío abacial (monasterios de San Pedro de Cardeña y de San Pedro de Cer­vatos), se constituyen en otras tantas behetrías colectivas.

La Virgen del Abra, patrona del valle de Campoo de Suso

Enma Campos

El hombre, consciente de su poquedad, y antes de la introducción del cristianismo, veía en los fenómenos naturales la expresión de sus castigos, de sus bonanzas, y de su ansia de trascendencia. El viento, la lluvia, la sequía, la tormenta eran sus deidades; sus iconos, los árboles, el agua, el fuego. Con el cambio de cultura que supuso la adopción del cristianismo la creencia cifrarla ya en el monoteísmo, puso su fe y su esperanza ante sus limitaciones en la imagen de la Virgen María, dando lugar a que surgieran numerosas devociones, siendo Cantabria un lugar donde este culto se extendió rápidamente. A ello contribuyó la difusión de los milagros y prodigios divulgados y cantados por poetas y juglares en el terreno civil, y por las órdenes mendicantes en el terreno religioso.

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