Las ferrerías de la Merindad de Campoo

Carmen Ceballos Cuerno


Salas de barquines y del mazo. Ceballos Cuerno, 1999


INTRODUCCIÓN

Las ferrerías eran unos establecimientos donde se elaboraba el hierro de forma artesanal siguiendo el denominado "método directo", al igual que en la mayor parte de las dispersas por Cantabria y España, hasta su cierre definitivo estimado documentalmente en nuestra región en 1875. Método que consistía, básicamente, en mezclar vena o mineral de hierro, lo más triturado posible, con carbón vegetal, en un horno que alcanzaba unos 1.200 °C. En él se colocaban capas alternas de combustible y de vena, y una vez finalizado el proceso de fundición, se forjaba sobre el yunque obteniéndose un hierro de bajo contenido en carbono, maleable, fácil de manipular y de muy buena calidad, aunque caro, era el "hierro dulce" (Ceballos Cuerno, 2001.137 y ss.).
La aplicación de la energía hidráulica al proceso de fusión del hierro fue un avance tecnológico, en Cantabria se retrotrae a principios del siglo XIV, muy importante que obligó a los primitivos hornos de las zonas montañosas a descender a las orillas de los ríos, y ello tuvo como consecuencia más inmediata el alejamiento de los bosques, su localización cerca o en las mismas márgenes de los cursos fluviales y que se ideasen unos dispositivos para encauzar y
aprovechar la fuerza motriz del agua (Ceballos Cuerno, 2001. 138-141), dispositivos que hasta bien entrado el siglo XX fueron utilizados y cuyos restos todavía podemos contemplar (presas, cauces...). También incrementó el rendimiento de los operarios y la capacidad productiva de los edificios; facilitó el abastecimiento de una mayor cantidad de mineral que se transportaba vía marítima hasta la desembocadura de los ríos donde se ubicaban y, por último, favoreció la comercialización del producto por mar, cuestión importante sobre todo teniendo presente las tradicionales limitaciones de la red de comunicaciones terrestres de la región.

Ferrerías hidráulicas, no obstante, que si bien no cambiaron el proceso de producción de hierro respecto a los "hornos de montaña", sí modificaron, y muy profundamente, la siderurgia como sector e introdujeron cambios que vincularon a la sociedad de la época desde una perspectiva económica, institucional, social... Las ferrerías de la Merindad de Campoo (Casado Soto, 1998 y Ortiz Real. 2001). cuyas primeras referencias documentales se remontan a 1338 (1), eran propiedad de familias (al igtial que la mayoría cíe las dispersas por Cantabria) que podían costear su construcción, los costes de producción (comprar el mineral, el combustible, pagar a los trabajadores...) y de comercialización;familias que tenían los recursos suficientes hacer frente a todo tipo de eventos que incidieran en la producción, incluso negativamente: incendios, oscilaciones en el caudal de los ríos (estiajes, inundaciones), falta de carbón, reparaciones de la maquinaria, mantenimiento... que, en ocasiones, obligaron a interrumpir la labranza. Familias que construían los ingenios y formaban parte de antiguos linajes, vinculados entre sí por lazos familiares a través de una política matrimonial que se repitió durante generaciones; linajes que controlaron las instituciones propias del gremio de los ferrones (Ceballos Cuerno. 1999, 96-102), que alcanzaron importantes cargos en la administración estatal y local, lo cual generó graves conflictos entre sí y con los concejos y con los corregidores por el control de las fuentes de energía (Ceballos Cuerno, 2000, 412-434); linajes relacionados con el tráfico y comercio de ultramar, propietarios de tierras, de ganados, de bosques, de industrias... En definitiva, un grupo de élite que explotaba las ferrerías arrendándolas a personas de su confianza y que intervenía en el proceso de producción y comercialización del hierro que si bien ocupaba de manera directa a cuatro o cinco operarios de origen vasco y navarro, indirectamente daba trabajo a un elevado número de personas, difícil de precisar por otra parte, que obtenía unos ingresos extra-agrarios muy importantes para la economía familiar.
CUADRO I: NÚMERO DE FERRERÍAS, MARTINETES Y OTROS INGENIOS DE LA MERINDAD DE CAMPOO
MUNICIPIOS
Ferrerías fundadas
Herrerías / Martinetes fundados
Proyectos fracasados
de ferrerías
Proyectos fracasados
de herrerías
Otros ingenios fundados
Proyectos fracasados de
otros ingenios
Campoo de Yuso
 
 
 
 
 
 
Campoo de Enmedio
1
 
 
 
 
 
Hdad. de Campoo de Suso
 
 
 
 
 
 
Pesquera
1
1
 
 
 
 
Reinosa
 
 
 
 
 
 
Las Rozas
1
 
 
 
 
 
San Miguel de Aguayo
 
 
 
 
 
 
Santiurde
1
1
1
 
 
 
Valdeolea
 
 
3
 
 
 
Valdeprado del Río
 
 
1
 
 
 
Valderredible
 
 
 
 
 
 
TOTAL
4
2
5
 
 
 
Fuente: Elaboración propia a partir de: Ceballos Cuerno, 2001 p. 58, A.H.N. Sección Nobleza. Osuna, año 1338 (DOHISCAN) y Ortiz Real, Santander, 1995, p. 17
 
 
 
 
 

EL HIERRO CAMPURRIANO: ELABORACIÓN, PRODUCCIÓN Y MERCADOS

Los recursos naturales necesarios para que funcionase una ferrería eran los que proporcionaban la energía (calorífica e hidráulica) necesaria para mover sus ingenios y en la Merindad de Campoo dichos recursos, todavía hoy día, los encontramos con generosidad. Por un lado, las aguas de los ríos Ebro, Besaya, Camesa... permitían accionar las ruedas hidráulicas que movían los barquines o fuelles (encargados de mantener el fuego del horno) y el mazo que compactaba la masa de hierro resultante de la fusión de la calcinación de la vena en el horno.

Los bosques, por otro lado, "aseguraban" el suministro de leña para hacer el carbón vegetal, que era el combustible de los hornos, bosques septentrionales de la Merindad que aun aparecen recubiertos por robles (e incluso hayas en las zonas umbrías), en el centro rebollares y quejigales y. en el límite meridional, dominados por el encinar (García Codron, 1992, 72). bosques como los del Concejo de los Carabeos (Rodríguez Fernández, 1979) en Yaldeprado del Río, el monte Hijedo y San Valentín de la zona de Valderredible, los robledales de Valdeolea, etc.

Bosques de Campoo, por otra parte, que también estaban destinados a cubrir las necesidades de las poblaciones, de las diferentes industrias, de los astilleros reales, tanto el de Guarnizo como el del Ferrol y otros arsenales, lo que originó graves conflictos entre las partes implicadas en el proceso deforestador (Ceballos Cuerno, 2000, 412-434).

Pero para elaborar el hierro "dulce" era imprescindible la materia prima (mineral de hierro o vena) constimida preferentemente en las ferrerías de Campoo, del resto de Cantabria y del norte de España. Procedía, en su mayoría, de los yacimientos de Somorrostro (Vizcaya) debido a su excelente calidad y porque sus particularidades (alta ley metálica, reducida composición de fósforo y bajo grado de fusión) (2) eran muy apropiadas para la elaboración de hierro en unos edificios que siguieron el "método directo" hasta que dejaron de funcionar. No obstante, hubo intentos por utilizar vena de Cantabria para ahorrar en los costes de producción, intentos fallidos porque "las venas de la Montaña son broncas y ásperas, y su fierro más vidrioso que el que se hace con las de Somorrostro" (B.M.S. Ms. 415) Las minas de Somorrostro se explotaban a cielo abierto y en carros de bueyes bajaban la vena a los muelles donde se embarcaba en pataches, barcazas que podían alcanzar los 11.000 kg, hasta su lugar de destino, el muelle de Requejada a donde llegaban subiendo por la ría de San Martín de la Arena de Suances. En su almacén descargaban "...cuanta vena conducen los pataches de Vizcaya, para las ferrerías de toda esta Montaña y Merindad de Campoo..." (Domínguez Martín, 1995, 125). El "lonjero" pesaba y registraba las cantidades enviadas y solicitadas por cada ferrón y, posteriormente, se introducían en las dependencias del citado almacén (3). Cuando un ferrón necesitaba vena, aprovechaba el viaje de retorno de los carros que bajaban por Reinosa con trigo y cebada de Castilla, carros que cargaban de mineral y lo llevaban hasta la misma. Sin embargo, aunque se utilizase preferentemente la vena de Somorrostro, hubo yacimientos en Campoo que se denunciaron a finales del siglo XVIII en la zona de Las Rozas y en la decae a de los cuarenta del siglo XIX, cuyo mineral, probablemente, se llegara a mezclar con el vasco; mineral de Somorrostro. y quizás también el de Cabárceno (de peor calidad que el primero), mineral ya utilizado en las ciudades romanas para convertirle en útiles y armas, después de un proceso de reducción, fundición y forja, tal y como se atestigua en luliobriga. en la zona llamada del "Aparcamiento", donde aparecieron hornos de pequeño tamaño y una red de canaletas interpretada como un área de fundición y forja.. La vena de Vizcaya recalaba, vía marítima, en el puerto de Flaviobriga (Castro Urdíales) y desde él se iniciaba una vía que moría en Pisoraca, y la vena llegaría a través de un muy probable ramal que se desviaría a luliobriga (Fernández Ibáñez, 2002). También estaba en activo la calzada de Herrera, vía luliobriga, Santiurde, Pesquera..., al puerto de San Martín de la Arena de Suances. calzada utilizada en la Edad Media para el comercio de la lana (Muñoz Jiménez, 1989. 451-452).

En la Merindad de Campoo se fundaron cuatro ferrerías (número que asciende a cinco si contamos como de nueva planta la de Santiurde -el primer dato se retrotrae a 1555- y se reedificó en la segunda mitad del XVIII) entre 1750 y 1800 (dos a orillas del Ebro y otras dos sobre las aguas del Besaya), a raíz de la apertura del camino de Castilla, y estuvieron en funcionamiento hasta 1875. Hubo también dos martinetes (4) y otros dos proyectos en el siglo XVIII que nunca llegaron a funcionar debido a la oposición de los ferrones de la comarca que veían peligrar su abasto de leña carboneable... En el siglo XIV Alfonso XI concedió privilegio real a Garci Laso de la Vega para edificar tres ferrerías en Camesa. pero es posible que no se construyeran porque no hemos encontrado ninguna referencia posterior a ellas (5). Es probable, además, que si atendemos a la toponimia hubiera alguna más trabajando aunque no tengamos constancia documental de la misma. Es el caso del actual Ruerrero. pueblo del municipio de Valderredible. que en el Becerro de las Behetrías (siglo XIV) figura como "Río Perrero" y. según Gonzalo Alcalde, pudiera significar "el lugar, situado junto al río de la ferrería" (Alcalde Crespo. 1994,108).

Según las estadísticas oficiales de producción de hierro, los quintales labrados en la Merindad de Campoo representaron en la segunda mitad del siglo XVIII, excepto en 1752 (6), alrededor de un 9% del total regional (7), proporción que aumentó en la primera mitad del XIX casi a un 16% (que puede llegar a un 19% si contabilizamos los datos aportados por la estadística de 1845) (8) y a un 67% (9) en 1875; año en el que las ferrerías de Horna y Bustasur eran, junto con la de Salto del Oso de Ramales, las únicas que estaban en activo, indicio todo ello de la importancia que alcanzaron los establecimientos campurrianos en el conjunto de la industria siderúrgica tradicional de Cantabria.

A partir de 1752 (anteriormente sólo se ha documentado una ferrería en activo en Campoo) se ha detectado un periodo de auge al levantar tres (La Horna, La Pendía en Bustasur y la del Gorgollón en Pesquera) y reconstruirse la de Santiurde. Construcción de nuevos establecimientos ferriales que también se ha constatado en otras cuencas de la Comunidad (Asón, Nansa...) y que tuvo como consecuencia un aumento de la producción férrica regional hasta finales del siglo XVIII, aumento que permitió crecer sin innovar el método de producción de las ferrerías de Cantabria.

Hoya de carbón vegetal. Fotografía de la autoraLos ferrones de Campoo que fundaron ferrerías en la segunda mitad del XYIII persiguieron incrementar la producción (y de hecho lo lograron pues los complejos de Bustasur y de Pesquera fueron los que más quintales produjeron de la región) y la solución que eligieron fue introducir cambios y mejoras en las instalaciones, y decidieron doblar el número de barquines (de dos a cuatro en la ferrería de Horna) y de mazos (de uno a dos en la misma ferrería), estudiar el tamaño de los hornos, modificar los barquines (de madera y cuero a piedra en La Iseca, Guriezo), estudiaron la forma de disminuir el consumo de carbón, la disposición y medidas del horno... es decir, no introdujeron ningún adelanto técnico a un sistema de producción, ya superado en otras partes de Europa, que labraba de forma muy parecida como se hicera en la Edad Media. Y si siguieron fieles a dicho modo de producción, entre otras razones (Ceballos Cuerno, 2001), fue porque las mejoras en los medios de transporte y en las vías de comunicación (bien para llevar el mineral local o la vena vizcaína al recinto ferrial, bien para comercializar el hierro...), en las nuevas técnicas de construcción del edificio, canales, presas, en materiales más resistentes... permitieron crecer sin innovar.

Este periodo de auge constructivo se debía, entre otras causas, a la creciente demanda de hierro derivada de la necesidad de crear una escuadra que asegurase las rutas del Atlántico (ello implicaba surtir a los astilleros de Guarnizo y de otros departamentos de Marina y a los altos hornos de Liérganes y La Cavada), por el crecimiento demográfico de la región, por la desaparición de una serie de frenos fiscales, por la política proteccionista de la Corona, por la tendencia liberalizadora de los Borbones (en orden al comercio entre las colonias y la metrópoli), por los efectos de la apertura del Camino Real de Reinosa (1748-1753) que activó el comercio, por la oferta de cereales castellanos que comenzó a mostrar sus primeras dificultades a finales del siglo XVIII (Ceballos Cuerno, 2001, 242).
Las ferrerías de la Merindad de Campoo, así como el martinete de Santiurde y los intentos fallidos por construir otros ingenios, se levantaron en lugares estratégicos, tal y como eran el camino de Castilla o las cercanías de Reinosa, nudo de comunicación con la Meseta Castellana que, por otro lado, era uno de los puntos de destino más importantes de su hierro que se utilizaba para hacer "...instrumentos de agricultura..." que, una vez manufacturados, se transportaban en carros hasta los mercados de "Castilla la Vieja": Tierra de Campos (Medina del Campo y sus comarcas), Nava del Rey, Rueda... Hierro campurriano que también cubría la heterogénea demanda de las poblaciones a un precio más bajo que en los mercados (construcción, aperos de labranza...), de las industrias de la zona (molinos, harineras, tenerías, explotaciones mineras...), etc., imposible de estimar. Por su parte, el camino Real, consecuencia del auge del puerto de Santander por el que salían las lanas y el trigo castellano a ultramar y entraban los géneros coloniales (por ello hubo que mejorar las comunicaciones, destacando que en la década de 1760 el puerto de Requejada pasó a ser el segundo puerto regional comerciando, principalmente, con madera, hierro y cereales) representó un importante foco de demanda de hierro que fue abastecida por las ferrerías de la zona: bien de clavazón y piezas para levantar puentes y mantenerlos en buen estado, bien de herramientas (nuevas o que hubiera que arreglar) para los obreros, bien de cellos (aros) para las ruedas de los carros, de clavos, argollas..., bien de callos, herraduras, "bocados"... para los animales de tiro (en 1787 casi el 40% de la población activa de los valles intermedios del Besaya decían que "...se mantienen unos del trabaxo de carretería y carpintería como a anclar ganado su vida con carro y bueyes conduciendo trigo y demás a la dudad de Santander desde la villa de Reinosa") (Lanza García, 1991, 198-199), bien para los flejes de los toneles en los que se transportaba el trigo y la harina castellana al puerto de Santander o para llevar al interior peninsular los productos procedentes de ultramar, etc. El resultado fue que el eje de la economía regional comenzó a "bascular" en la segunda mitad del XVIII hacia el corredor del Besaya y la comarca campurriana.
CUADRO II: VECINOS E INGRESOS RELACIONADOS CON EL HIERRO Y EXPLOTACIÓN FORESTAL, POR PARTIDOS. 1752
PARTIDO
Vecinos relacionados con la explotación forestal
Vecinos relacionados con el trabajo del hierro
Ingresos por oficios relacionados con la explotación forestal
Ingresos por oficios derivados con oficios relacionados con el trabajo del hierro
% respecto total vecinos
% respecto total vecinos
% respecto total ingresos
% respecto total ingresos
TORO
9,81
1,89
15,8
2,13
Marquesado ARGÜESO
1,76
1,18
3,34
2,6
Fuente: Ceballos Cuerno, 1996, pp. 834-837
 

LA INTEGRACIÓN DE LAS FERRERÍAS EN LA VIDA DE LA COMARCA DE CAMPOO

Las ferrerías, entendidas como una empresa industrial, nunca fueron un elemento aislado en un mundo rural como era la Merindad de Campoo. Así es. Las primeras referencias sobre oficios relacionados con la labra del hierro se remontan a la cultura indígena de la II Edad del Hierro (Fernández Ibáñez, 2002). En 1339 conocemos la existencia de una herrería de abadengo en el convento de Santa María de Aguilar (González de Fauve, 1991, 48) y en un códice del siglo XIV (Amigo y González, 1995) se habla de herreros en Valderredible. Por otro lado, también conocemos la existencia de carboneros, sobre todo en Aguayo (García Alonso, 1979. 223). Sabemos que la labra del hierro en la ferrería ocupaba directamente a cuatro o cinco personas, de origen vasco y navarro, dirigidos por el "aroza" (Ceballos Cuerno, 2001.148-161), y no era inusual que se desposaran con oriundas de la zona y se instalasen de forma definitiva (Ceballos Cuerno, 1996,444). Eran oficios especializados, jerarquizados gremialmente, cuyos sueldos (excepto el del aroza) eran similares a los de los artesanos, sastres, etc. en 1752. Pero había también una serie de personas que trabajaban indirectamente en la ferrería: eran los vecinos de la zona que transportaban la vena a la ferrería, hacían el carbón y lo llevaban al recinto ferrial, lo introducían en las carboneras, llevaban el hierro labrado a los lugares de destino, etc., vecinos cuyo número podía ascender a unos 190-200 según Manso (Manso, 1979,185) (un 20% de una población de 1.000 habitantes) (Ceballos Cuerno, 1996, 441) y. por último, indicaremos que alrededor de la metalurgia del hierro había otros oficios relacionados con la manufactura del metal, tales como los maestros y aprendices de herradores y de herreros, los cerrajeros...

No obstante, una estimación de este tipo se hubiera podido hacer a mediados del siglo XVIII, a partir del "Catastro de la Ensenada", teniendo siempre presente que se trata de una información de tipo fiscal, pero los incendios de los ayuntamientos donde se custodiaba la documentación nos han complicado el trabajo. Además, tenemos que resaltar que en 1752 estaba labrando únicamente la ferrería de Santiurde. E. Martínez señala que en las Respuestas Generales de Bustasur. Santiurde y Aguayo el cien por cien de los preguntados declararon dedicarse a la labranza y a la carretería, como porteadores de vino y trigo de Castilla (Martínez Ruiz, 1996). No obstante, una parte de los mismos, difícil de estimar, se dedicarían al acarreo de mineral desde Requejada a las ferrerías correspondientes, al del hierro labrado desde las mismas al puerto.

Pero si utilizamos la información proporcionada por los Mapas o Estados Generales del mismo Catastro observamos que los datos aportados por éstos respecto a los libros Memoriales de otras zonas de la región, se duplican. No obstante, los porcentajes del partido de Toro (10). incompleto en relación a los lugares que le integraban, y los del Marquesado de Argüeso sobre todo, son inferiores respecto a otras poblaciones donde había ferrerías en activo debido, como hemos indicado, a que en la Merindad de Campoo sólo había una trabajando.
 

LOS "FERRONES" CAMPURRIANOS

Las ferrerías de Cantabria, integradas en un amplio complejo económico y político, eran propiedad de las familias (emparentadas entre sí a través de sucesivos matrimonios) que pertenecían, en general, a la nobleza rural, con patrimonios extensos (y diversos que podían incluir tierras, ganado, montes, árboles, molinos, otras ferrerías, casas... (Ceballos Cuerno. 1999. 170 y ss.) y que habían entroncado, en mayor o menor grado, con importantes cargos en la administración del Estado (ya fuera en Indias o en la Península), con comerciantes, con asentistas del hierro y de la madera... Familias que llegaron a ejercer como prestamistas, incluso fuera de la región, y que dejaban la dirección de estos ingenios, uno más de sus negocios, a sus administradores que eran, en un principio, personas de su confianza (Ceballos Cuerno, 1999, 212 y ss.). En definitiva, los ferrones de Campoo y de Cantabria fueron "gentes de posibles", poseedores de capital circulante o crédito suficiente para cubrir los gastos que entrañaba la construcción de una ferrería y el proceso de producción de hierro, así como los de comercialización y los derivados de todo tipo de "imprevistos" que surgieran en una labranza. Y controlaron los cargos propios del gremio de los ferrones y ocuparon cargos públicos y políticos locales, que no sólo representaron ornato social, imprescindibles para intentar controlar el acceso a las fuentes de energía y al combustible.

Plano de la ferrería de Horna. 1780En el siglo XIV, una las familias más poderosas de la época fueron los Laso de la Vega y en 1338 se vieron favorecidos por Alfonso XI que, por real privilegio, concedió a Gara Laso de la Vega II (Merino Mayor del rey en Castilla, Chanciller Mayor y Justicia Mayor de la Corte entre 1328 y 1344) el derecho a edificar tres ferrerías en Camesa, libres de impuesto de portazgo y alcabalas. El permiso regio le permitía disponer de los montes que proporcionarían la leña para elaborar el carbón vegetal de las aguas, precisos para que trabajasen las ferrerías y. también, le concedía el disfrute de las libertades y franquezas que tenían las otras ferrerías de las Asturias de Santillana. entre otros, el fuero de Rioturbio la Vieja concedido en 1335 entre cuyas potestades estaba la de nombrar el "alcalde" de ferrerías, persona encargada de "oir y juzgar", de impartir justicia en las causas civiles y criminales que afectasen a todos los oficiales y administradores de las mismas (Ceballos Cuerno, 1999. 96-102). Sin embargo. Garci Laso de la Vega, miembro como hemos dicho de una de las familias más poderosas (política y económicamente incrementó su señorío gracias a los privilegios reales que su hermano y él recibieron) y uno de los más importantes cargos de la administración regia, probablemente no llegó a edificar dichos ingenios. Precisar las razones por las cuales un señor tan principal no los fundó es bastante complicado, Durante el siglo XIV, las ferrerías hidráulicas documentadas en Cantabria estaban relativamente cerca de la desembocadura de los ríos (por mar les llegaba el mineral y se exportaba el producto ya elaborado) y se localizaban en las cuencas del Miera, del Asón, del Escudo, del Rioensenada, la bahía de Santander (y es probable que las hubiera también en el Besaya y el Agüera), es decir, en una franja concreta de la región... y Camesa (aunque fueran "ferrerías de montaña") está muy lejos de la misma. Por los puertos cántabros se exportaban las mercaderías castellanas y por ellos entraban los productos procedentes de Europa hacia el interior peninsular, y se convirtieron en un foco de gran actividad comercial (la Hermandad de las Marismas, fundada en 1296, mantuvo intercambios con Francia, Inglaterra, Flandes, Italia) (García Guinea, 1989, 491-495) y en ellos (y su área de influencia) se concentraría gran parte de la población de Cantabria en el XIV. El estar lejos de la costa incidiría en los costes de producción y de comercialización del hierro pues aunque Camesa es una zona que está cerca de la vía por la que se transportaban los excedentes castellanos a los puertos de Cantabria (y desde ellos los carros regresarían a Castilla cargados, entre otros productos, de vena para las ferrerías), el tráfico carreteril se vería perjudicado debido a las condiciones orográficas y climáticas, tanto para abastecerse de vena como para enviar el hierro a Castilla o a los puertos costeros, en otoño e invierno que precisamente era la época de mayor caudal de los ríos y cuando más se trabajaba.

Emplazamiento de la ferrería de Santiurde. Fotografía de la autoraA mediados del siglo XVI, concretamente en 1555, trabajaba una ferrería en la villa de Santiurde de Reinosa conocida como de "Santiurde", y tan sólo sabemos que formó paite del vínculo familiar fundado por Gonzalo Gómez en la Vega de Rozadío y sitio de La Cagiga. Los datos sobre la misma en el XVIII son más ricos. En 1752, ya reconstruida, pertenecía a Manuel Rodríguez Huidobro que se la había arrendado a Juan Fernández de Isla (asentista de los astilleros reales, propietario de otras ferrerías en la región, industrial, comerciante a nivel nacional e internacional y emparentado con los grandes linajes -Velasco, Ruiz de la Escalera, Collantes... dueños, a su vez, de ferrerías-, prestamista... (Ceballos Cuerno, 2001,184 y ss.) que no pagaba renta alguna por asiento con el rey para el abasto de clavillas y clavazón de las reales fábricas. En 1779 su propietario era Luis de Cueto, inspector del Camino de Castilla, suegro de Marcos de Vierna dueño de la ferrería de Pesquera, heredero del mayorazgo de su padre (Francisco Manuel de Cueto, director del Camino Real de Castilla y fallecido en 1776) en el valle de Meruelo y socio de Juan Fernández de Isla. En 1792 Alfonso Cosío Velarde (de la casa de Cosío y Velarde, asentista de carbones para la fábrica de anclas de Marrón a finales del XVIII, viudo de María de Cueto -hermana de Luis- y dueño de la ferrería de Cosío, aguas del Nansa) y Miguel del Anillo (familia de dicho Luis de Cueto y de Marcos de Vierna y propietario en el valle de Meruelo de casas, molinos, tierras...) compraron la tercera parte de la ferrería de Santiurde, y en 1795 surtían de hierro a las obras de construcción del Canal de Castilla. En 1792 se fundó la Compañía de Ferrones y Abastecedores de la Costa de Castilla" que tenía su sede en Barcena de Pie de Concha y a la que estaban asociados diez ferrones, entre ellos Rafael de Villegas (ferrería de Horna), Luis de Corlantes Fonnegra (La Pendia) y Cosío y del Anillo (Santiurde).

Ferrería de Santiurde que en 1833 estaba ya arruinada y fue adquirida por 85.000 reales (incluidas sus presas, carboneras, fraguas de mano, molino, martinete, y con la dotación de montes, privilegios y prerrogativas para el aprovechamiento de carbones) por Juan Antonio Sancibrián (fiscal militar de los montes de Pie de Concha y agregados) y Tomás López Calderón, vecino de Santander y perteneciente al sector conservero de la región. La reparación se realizó en 1837 y costó 91.468 reales y en 1845 era la única de la provincia que producía hierro fino y acero de toda clase en un martinete destinado a tal fin. En 1853 era de Javier López Bastamente, hijo del citado Tomás, comerciante que progresivamente invirtió en el negocio minero (entre 1856 y 1861 compró concesiones de minas hasta alcanzar su patrimonio unos 1.6 millones de reales y participó como socio en 30 sociedades mineras entre 1840 y 1876, lo que representaba el 34% del capital social de la minería de la región) que explotaba la ferrería a través de sus administradores, como fueron Félix Rodríguez, vecino de Reinosa, o Julián Fernández del Cueto. Javier López, descendiente de una de las familias más representativas del comercio de Santander, emparentó a través de su matrimonio con otra dinastía de comerciantes, los Gandarillas, y su ferrería surtió los mercados de Castilla, Medina del Campo, Nava del Rey y sus comarcas hasta, al menos, 1856... transformándose, años más tarde, en una fábrica harinera y, posteriormente, en un aserradero.

Ubicación y restos de la ferrería de Pesquera. Fotografía de la autoraOtro personaje importante de la industria siderúrgica tradicional de Campoo fue Marcos de Vierna Pellón que obtuvo en abril de 1752 permiso para establecer una ferrería en el termino de Pesquera, sitio del Gorgollón"... dotándola con las leñas de los montes de dos leguas en contorno, a su consecuencia y de la escriptura de venta del terreno otorgada por los vecinos de Pesquera en 2 de septiembre de 1751" (11) y en 1895 fue transformada en fábrica de harinas (Cantón, 1992,187). Marcos de Vierna y su yerno Luis de Cueto se opusieron a la construcción de un martinete de seis mecías (12) en Lantueno que intentaba construir en 1781 Andrés Macho de Quevedo (asentista y abastecedor de madera a los astilleros reales). Alegaron que veían peligrar el abastecimiento de carbón vegetal a sus ferrerías porque dicho ingenio consumiría mucha leña y les perjudicaría, además de a los pueblos a sus vecinos, ya que las cortas de los astilleros reales no les habrían permitido utilizar toda la madera que precisaban. Señalaron, además, que la proyectada fábrica "... no podría servir de nada al publico, porque en Balmaseda y pueblos de sus contornos, se hallaba lleno de estas fabricas de cobre y demás menudencias que expresaba Quevedo: y que en el Señorío de Vizcaya habia también muchos martinetes para los fierros, y lo mismo en otras partes del Reyno..." (Larruga, 1793, 138-141). Pero este ingenio presentaba nuevas mejoras técnicas y el producto resultante (sartenes, calderos.. . y todo tipo de piezas), listo para ser utilizado, suponía una fuerte competencia para el hierro labrado en las ferrerías de Vierna y Cueto porque el producto resultante, tenía que ser manufacturado, con los gastos adicionales correspondientes que lo encarecerían.
 
La ferrería siguió en manos del mayor de la familia y fue administrada por miembros de la misma ya que el propietario, Manuel de Cueto y Vierna, tenía negocios en Cuba y no residía en la Península. Pero en julio de 1789 el citado Manuel se vio obligado a pedir un préstamo a Ramón López Dóriga (13) (propietario de la Pendía en Bustasur y sus descendientes se hicieron con la de Horna y participaron en la actividad minera de la región y en el comercio de Santander) de 16.000 reales de vellón para adquirir materiales con los que poder seguir labrando (14). Los problemas económicos se agravaron y en 1800 le embargaron la ferrería por deudas y se remató dos años más tarde a favor de Ignacio Francisco Martínez (abogado) y su mujer doña Juana de Vinar Quevedo, una de las acreedoras a la que el administrador de la ferrería debía 26.000 reales (pagaron por ella 300.000 reales) en 1801 pasó a propiedad de Francisco González de Villalaz, factor de la Real Provisión de Víveres de los Reales Ejércitos y Armada, siguiendo en manos de sus herederos (que la explotaron a través de administradores) hasta la década de los cincuenta del XIX. Cincuenta años salpicados de dificultades para surtirse de leña "carboneable" y que les obligó a enfrentarse en sucesivas ocasiones con los concejos que impedían la corta de leña de sus montes (15) y les hizo invocar el derecho de dotación de dos leguas alrededor de la ferrería (16).

Otra de las grandes familias de ferrones de Campoo fue la de los Collantes, emparentados con la Casa de Mioño (dueños de tres ferrerías sobre el Besava y de dos en las aguas del Mioño) cuando Luisa de Quevedo Hoyos, viuda de Francisco Castor, renunció a los bienes del mayorazgo a favor de José Antonio de Mioño y su mujer Luisa Jerónima de Bustamante Manrique Collantes, señora de la Casa de Collantes en 1752. Los miembros de esta familia ocuparon importantes cargos públicos y administrativos (alcaldes, regidores, tenientes gobernadores...). Hacia 1760, Luis de Collantes Velasco descubrió la primera mina de carbón en Valdearroyo, de cuyo combustible se serviría su nieto, Luis de Collantes, para alimentar los hornos de la vidriera Luisiana. Hacia 1765 los hermanos Luis y Diego de Collantes Velasco, vecinos de Reinosa, fundaron la ferrería la Pendía en Bustasur, ayuntamiento de Las Rozas de Valdearroyo que estuvo labrando hasta 1873 y años después fue transformada en un molino. Luis de Collantes Velasco, marino y dedicado a los negocios, fue concuñado de Juan Fernández de Isla y su comisionado en Londres para vender hierro. Era socio de la sociedad Señores de Collantes, Guerra y Compañía, a través de la cual giraba cuentas a la Real Compañía de Comercio de San Carlos por el seguro de navios para el comercio de las lanas castellanas (Ruiz, 1999. 16-1). Se casó con María de Fonnegra Camino, originaria de Santoña y descendiente de una linajuda familia, y tuvieron a Luis de Collantes Fonnegra. A su regreso de Londres obtuvo la real facultad para construir y explotar la ferrería de Bustasur. El 29 de Junio de 1772 Luis de Collantes Velasco arrendó la ferrería a su hermano Diego por 4 años por 35.000 reales al año (Rodríguez Fernández, 1979,281). Luis murió en 1785 y dejó un caudal de 1,2 millones de reales, principalmente invertidos en la ferrería, explotada por un intermediario (Ruiz, 1999. 164). Su hijo, Luis María de Collantes Fonnegra, marino, hombre ilustrado y teniente de corregidor de Reinosa, consiguió en 1791 una Real Cédula de privilegios de explotación de unas minas de carbón en Las Rozas cuyo descubrimiento se debía unos años antes a Joaquín de Zorrilla. Al poco tiempo denunció depósitos de mineral de hierro en la misma cuenca y decidió potenciar su propiedad minera y vender la ferrería que había arrendado por 30.000 reales. La venta se realizó en 18(F y el comprador fue José de los Ríos Tagle, teniente de fragata, que en 1809 se la cedió a su cuñado Ramón Rodríguez de Cosío Barreda, vecino de Reinosa y de Villanueva de Henares. Pero hubo desavenencias entre los cuñados que les llevaron a dirimir sus disputas en la Cnancillería de Valladolid, el más alto tribunal de justicia. El pleito les mantuvo enfrentados entre 1806 y 1817 y los motivos fueron económicos: por la liquidación de cuentas de las inversiones realizadas con fondos quejóse envió a Ramón desde América, por la administración de la ferrería de la Pendia y porque José quería restituir los bienes de su mayorazgo, anulándose la cesión que hizo del mismo para el matrimonio de Juana de los Ríos, su hermana con el citado Ramón, al no haberse cumplido con la condición de correr con los gastos de su manutención cuando José volviese de América, por lo que también solicita la devolución de las rentas producidas desde su regreso (17). En 1812 una riada destruyó el ingenio ferrial y su reconstrucción obligó a Rodríguez Cosío a solicitar un préstamo de 12.000 reales, a Santiago de Hoyos. Pero el 11 de Octubre de 1814, Ramón López Dóriga compró la ferrería (18), en 1817 solicitó se le concediera certificación de la Real Orden de Febrero de 1806 por la que se declaraban libres de derechos al pie de fábrica los géneros de hierro y cobre, y el ingenio estuvo en poder de sus descendientes (en 1824 se tasó en 172.442 reales) que la explotaron a través de sus administradores.

Luis María de Collantes murió en 1807 y dejó viuda a Brígida Bustamante (del marquesado de Villatorre, propietarios siglos antes de la ferrería de Quijas), y uno de sus parientes, Manuel Antonio de Bustamante, proyectó en 1768 instalar una ferrería en Aroco, actual lugar de Arcera en el Concejo de los Carabeos, pero el intento se encontró con la oposición de las otras ferrerías de la zona (veían peligrar su abasto de leña carboneable) y de los concejos, rechazándose el proyecto (Rodríguez Fernández, 1979, 281). Así mismo, Manuel de Collantes vecino de Reinosa y familiar de Luis María, heredó en 1817 de Juan de Velasco la arruinada ferrería de Aguachica del valle de Meruelo. Y fue Manuel de Collantes quien se encargó, posiblemente, de dotar a los hermanos Collantes Bustamante de una sólida formación humanista y de una carrera jurídica brillante (Ruiz, 1999.168). Dichos hermanos decidieron explotar en los años 40 del siglo XIX las minas de lignito de Las Rozas: para ello utilizaron el calor de su carbón in situ para fabricar vidrio con los materiales arenosos del entorno de Carnpoo de Yuso y la sosa extraída de una mina burgalesa que explotaron en Cerezo de Río Tirón; fundaron la fábrica de vidrio hueco llamada La Luisiana e instalarían otras cuatro más en la comarca: Arroyo, Reinosa, Mataporquera y Alija; explotaron la cuenca carbonífera del norte de Falencia en Barruelo de Santullán, que venderán posteriormente al marqués de Comillas para la explotación del ferrocarril del norte (uno de los hermanos, Antonio, quiso establecer en 1844 la primera fábrica de quesos de bola de Cantabria e invertiría en la cuenca minera asturiana del Aller, falleciendo en 1865) mientras que sus primos, Calderón Collantes, se orientaron a la carrera jurídica y política y recibieron el título de marqueses de Reinosa (Ruiz, 1999,171).

En Horna, municipio de Campeo de Enmedio, Joaquín Díaz Zorrilla construyó la ferrería homónima en 1754 aprovechando parte de las instalaciones de viejos molinos que tenía en el lugar, en el sitio llamado "pradera de Salcedo" y estuvo en poder de sus herederos al menos hasta 1772. En los años ochenta uno de sus propietarios fue Luis de los Ríos y Velasco, del linaje campurriano de los RÍOS y por vía materna de los Velasco, emparentado con Fernández de Isla y los Collantes, que había desempeñado cargos en la administración americana y se había enriquecido por su matrimonio con su prima Lorenza de los Ríos. Fue magistrado e invirtió en diversas actividades económicas y compró la mitad de la ferrería, pero, numerosos problemas le hicieron vender su parte (Díaz Saiz, 2000). En 1788 la mitad del ingenio pertenecía a Nicolás Fernández Cavada (regidor perpetuo de Cartagena y primer Conde de las Barcenas), descendiente del que fuera hombre de confianza de Juan Fernández de Isla, y propietario de la ferrería de La Mata en las Caldas de Besaya. La otra mitad era de Tomás de Villegas Quevedo, y ambos propietarios mantuvieron conflictos entre sí debido a la realización de ciertos trabajos de limpieza en la ferrería y al uso indebido de materiales por parte de Tomás. Fue explotada a través de un administrador, hasta que en 1832 se indica que está casi armiñada. En 1851 José María López Dóriga inició su reconstrucción, pero tuvo problemas para surtirse de leñas para carbón de los montes de los ayuntamientos de Campoo. En 1880 era tal el poder de dicha familia que en 1880 uno de sus miembros. A. López Dóriga, fue miembro fundador de una sociedad que pugnó con el capital inglés para hacerse con la propiedad del "Grupo de Minas de Carilargo", y estaba integrada por Martín Vial, A. Cabrero y J. Martínez Zorrilla, de la ferrería Puente el Canto de Soba.

Linajes, pues, emparentados entre sí a través de alianzas matrimoniales y miembros de las Casas más antiguas de Cantabria, que controlaron no sólo la producción férrica de Campoo, sino gran parte de la actividad económica de la zona y dominaron los cargos públicos y políticos de la época. Explotaron las ferrerías a través del sistema de arrendamiento a personas, generalmente, de su confianza e invirtieron en ellas pero no modificaron el método de producción, un método como era el "directo"' que siguió dependiendo de la energía hidráulica, del mantenimiento de un bosque en proceso de deforestación y de unos sencillos mecanismos de transformación, Ferrones, por otra parte, que frenaron la construcción de edificios que introdujeran mejoras técnicas, como fue el caso de la ferrería de Lantueno; ferrones del siglo XIX, descendientes de dichas casas, que diversificaron sus inversiones (minería, conservas...) y recurrieron al capital de la burguesía (ya fuera de la región o no y reforzaron sus relaciones mediante matrimonios) para obtener dinero y seguir labrando. Ferrones, no obstante, que vieron como el declive de las ferrerías era inevitable y dejaban de ser un negocio... y buscaron nuevos sectores económicos en auge para invertir que fueran menos peligrosos, como así lo eran las harinas, la industria metalúrgica de transformación...
 

BIBLIOGRAFÍA Y ABREVIATURAS

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NOTAS

(1) F.M.B A.H.N. DOHISCAN Sección nobleza. Osusa, año 1338 y Ortíz Real, 1995, p. 17.
(2) No obstante, hubo intentos por utilizar vena de Cantabria para ahorrar en los costes de producción, intento fallido porque "las venas de la Montaña son broncas y áspero, y su fierro más vidrioso que el que se hace con las de Somorrostro". B.M.S. Ms. 415, folios 113 q 149 vs.
(3) Los responsables de descargar la vena eran los vecinos de la zona que trabaj'anban a destajo (conraban por quintal) y se ocupaban, además, de vigilar el sitio asignado para cada ferrería. Por cuenta de los ferrones corrían sus sueldos, junto con la obligación de pagar a los miembros de la tripulación de la barcaza.
(4) Martinete o ferrería menor era la instalación donde se manufacturaba el hierro, aprovechando la energía hídrica, ya elaborado en las ferrerías; en el martinete, pues, se adelgazaban los tochos dlabrados en las ferrerías y se reducían a barras. Ceballos Cuerno, 2001, pp. 21 y 263.
(5) González Crespo, 1985; A.H.N. Sección Nobleza. Osuna: Repartición de bienes de Garcilaso de la Vega y su mujer doña Juana entre sis hijos y nietos. 1338; F.M.B. (DOHISCAN). Por Real Provisión del 11 de julio de 1440. Juan de Navarra matiene a íñigo López de Mendoza los derechos de behetrías que correspondían a su madre Leonar de la Vega en las Asturias de Santillana, Campoo de Suso, Campoo de Enmedio y Campoo de Yuso: Pérez Bustamante, 1983, pp. 248-252; González de Fauve, 1991 y Diez Herrera, 1983.
(6) En 1752 aparece trabajando en esta zona una única ferrería, la de Santiurde, y su renta representa el 7,32% regional. Ceballos Cuerno, 2001, p. 282.
(7) En 1779 había dos ferrerías funcionando, la de Pesquera y la de Santiurde, que producían 1.800 y 1.400 quintales respectivamente, el 9,33% del total regional. En 1784, Eugenio Larruga señala que las anteriores producían 1.200 quintales cada una, el 8,2% regional. En 1792 se señala que la de Santiurde labraba 800 quintales y la de Pesquera 1,200, alrededor del 9,85% de Cantabria. Ibid, pp. 282-285.
(8) Ibáñez de Corbera en 1832 señalaba que había tres ferrerías trabajando: la de Bustasur, la Horna y Pesquera que labraban 1.700, 400 y 1.800 quintales machos respectivamente, el 15,18% regional. Otra estadística de 1832 recoge los mismos datos de Ibáñez de Corbera para la zona, y suponían el 14,50% regional. En 1840, Amalio Maestre registraba cuatro ferrerías: la de Santiurde, con 1.00 quintales machos; la de Pesquera, con 1.800 quintales; la de Bustasur, con 1.700, y la de Horna, con otros 1.700 quintales, total el 17,03% del hierro labrado en la región. En 1845, Pascual Madoz repite los mismos datos que suponían el 17,82% regional. En una estadística de producción del A.H.P.C., sección "Diputación", se repiten los datos de producción pero su importancia en el conjunto regional casi se ha duplicado, un 33,36% debido a que no se anotó la producción de las ferrerías de Guriezo. Por último, también en un documento de 1845 que registraba la producción por partidos, se señala que las tres ferrerías (una arruinada) del partido judicial de Reinosa labraron 2.500 quintales machos (un 13,5% del total regional) cuyo valor en reales ascendía a 300.500, un 17,69% del valor total de hierro producido en Cantabria. Ibid., pp. 381-384.
(9) Según la Estadística Mínera y Metalúrgica en 1873, junto con la ferrería de Ramales, propiedad del Marqués de Albaida, la Horna y la Pendía eran las únicas que funcionaban ese año, labrando casi el 70% del total regional. Entre 1874 y 1875 sólo trabajaron las ferrerías campurrianas. Ibid., pp. 381-384.
(10) Partido de Toro: Aldueso, Cañeda, Morancas, municipio de Enmedio; Lantueno, Somballe y Rioseco del municipio de Santiurde; Pesquera del municipio homónimo; San Miguel de Aguayo del mismo municipio. Ceballos Cuerno, 1996, pp. 836-837.
(11) A.H.P.C. "Montes":, leg. 4 n° 2. Ceballos Cuerno, 2001, pp. 325-326.
(12) Martinete movido por las aguas del Besaya para labrar hierro, calderas de cobre, cazos, sartenes y otras piezas. Argumentaba Andrés Macho que su industria era muy beneficiosa para"... aquellos pueblos y los de las dos Castillas...", que Lantueno se hallaba en el camino y calzada real que unía el puerto de Santander con el interior de la Península y que por no existir ningún otro artefacto en muchas leguas al contorno de este tipo, sería muy conveniente su construcción.
(13) Armador y naviero, se estableció en Santander en 1875. Fue miembro fundador de la compañía de seguros marítimos "La Buena Fe" y un acaudalado hombre de negocios cuyos bienes al morir en 1924 se estimaron en 5.310.695 reales.
(14) A.H.P.C. "Protocolos" Leg. 291, folio 99.
(15) A Francisco Villalaz. Propietario de la ferrería de Pesquera, aguas del río Besaya, le han negado el 16 de abril de 1836 cortar leña para la misma de los montes situados a dos leguas de ella. A.H.P.C. "Montes" Leg. 4, n°l.
(16) A.H.P.C. "Montes" Legs. 4, n° 1 y 2.
(17) Ar.CH.V. Pleitos Civiles, Quevedo C 191/3. DOHISCAN.
(18) El 11 de octubre de 1814 Ramón López Dóriga dice haber llegado a un acuerdo con Ramón Rodríguez para pagarle la ferrería de la Pendía. La cuarta condición era que López Dóriga pagaría a José Ríos Tagle 246.354 reales de vellón que, a su vez, se los debía a Jóse Ramón Rodríguez. Como José Ríos necesitaba dinero, pidió a López Dóriga que le adelantase el pago y le empezase a dar dinero antes de 1816, que era la fecha para el primer pago. López Dóriga aceptó y desde el primer día de agosto del año siguiente le va a dar 8.000 reales. A.H.P.C. "Protocolos" Leg. 304, folio 183.
 
June, 2003