Simbolismo en el románico campurriano

Elena Le Barbier Ramos

Nuestras iglesias campurrianas se enmarcan dentro del llamado románico rural-popular caracterizado, entre otras cosas, porque el área de decoración principal precisamente está en las zonas secundarias como los canecillos del ábside o de las portadas principales, generalmente con un sentido moralizante. No debemos olvidar que el siglo XII fue la Época por excelencia de la enseñanza a través de las imágenes representadas en las iglesias. Así, junto a la ornamentación de tipo vegetal o geométrico, puramente decorativa, aparece más frecuentemente el tema de los animales, tomados de los bestiarios, muy difundidos en el románico; podemos recordar la imagen del Tetramorfos o representación de los cuatro evangelistas. de los cuales, tres de ellos tornan forma, según el texto apocalíptico de San Juan, de un toro, un águila y un león. Igualmente la paloma simboliza al Espíritu Santo y el Cordero a Cristo. Es decir que en el siglo XII todos los animales, tanto fantásticos como reales, se asocian a uno de los dos principios en los que se sustenta la doctrina cristiana de la época, el Bien y el mal.

Bolmir, portada surA este respecto nos encontramos en casi todas las iglesias de Campoo la representación de águilas o leones enfrentados, ubicados en los capiteles de entrada como guardianes del templo, haciendo referencia a Jesucristo. Aunque la sociedad de la época se basaba en una lucha entre vicios y virtudes. la iconografía románica se especializó en la representación de los primeros, olvidándose prácticamente de las segundas; por ello son más habituales los animales que simbolizan el mal, asociados a Satanás o a los siete pecados capitales. Cuyas representaciones están situadas, lógicamente, en los lugares menos visibles del edificio.

Igualmente se suelen representar algunos temas del Antiguo y Nuevo Testamento, siendo mucho más frecuentes los primeros, sobre todo hasta mediados de siglo; lo podemos observar en las enjutas de la puerta principal de Cervatos, en cuya parte izquierda hay un relieve de Adán y Eva dispuestos simétricamente a ambos lados del árbol, es decir, en el momento de la tentación; en el relieve intermedio, donde se representa la Virgen sedente con el Niño, y en el superior, con San Miguel luchando contra el dragón (escena que se repite en un capitel del interior de la misma iglesia), símbolo en general de la victoria de Jesucristo contra el demonio. Muy similar a esta última escena es la existente en dos capiteles exteriores del ábside de la iglesia de Villacantid, que representa a Sansón matando al león junto a una mujer portando unas tijeras, seguramente Dalila.

La aparición de Eva y la Virgen María en lugares cercanos es muy frecuente, dado que son las dos mujeres más importantes del cristianismo y ambas se asocian a cada uno de los dos pilares sobre los que se sustenta la sociedad de aquella época; Eva en relación al pecado y Maria al bien y a la salvación. La lectura de estos tres relieves de Cervatos sería la siguiente: una serpiente induce a Eva al pecado, pero la Virgen da a luz al Salvador, cuya victoria sobre el pecado se representa a través del relieve superior.

En el lado derecho se representa a Daniel en el foso de los leones, tema muy repetido, que simboliza la salvación del alma; sobre él se ubica la figura de un ángel, haciendo de intermediario, y en el relieve superior se encuentra la figura de San Pedro. Sobre este último relieve hay una reciente teoría expuesta por Jesús Herrero opinando que se trata de la figura de San Nicolás de Bari, con los atributos episcopales y una llave como atributo personal, símbolo de la liberación de tres doncellas, correspondientes a un episodio de la vida del santo narrado en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine. según el cual San Nicolás salvó a tres jóvenes del pecado de la prostitución al que las tenía destinadas su padre por no tener dote para casarlas: el obispo de Bari entró en la casa y depositó tres sacos llenos de oro a cambio de su liberación.

Así se justificarían los numerosos canecillos con representaciones obscenas que aparecen en Cervatos y por extensión en las iglesias cercanas como Bolmir y Villacantid. Además, en el interior de dicha iglesia existe un capitel con la misma figura del santo y en paralelo con su báculo se disponen tres cabecitas; justamente en la parte de atrás del mismo capitel se encuentra representada la lujuria con su símbolo más universal que es el de una mujer cuyos senos son mordidos por dos grandes serpientes; según el autor la lectura seria la siguiente: gracias a San Nicolás (derecha), las tres doncellas fueron salvadas de caer del lado del pecado (izquierda).

Además de los temas tomados de las Sagradas Escrituras son muy habituales las escenas de la vida cotidiana, como la caza del oso que aparece en Villacantid; igualmente encontramos las luchas de hombres en las que suele mediar una mujer: la Concordia, escena representada en el interior de la iglesia de Retortillo.

Cervatos, tocador de violaSin embargo, como hemos comentado anteriormente, la mayoría de las representaciones simbólicas de esta primera mitad del siglo XII se ubican en zonas secundarias como los canecillos de las iglesias; allí vamos a encontrar multitud de figuras de animales o monstruos andrófagos, capiteles obscenos o representaciones de fiestas y músicos; aunque a simple vista pueda parecernos algo aislado y sin mucho sentido, analizando cada escena en profundidad nos daremos cuenta que existe una razón por la cual esas figuraciones fueron representadas.

En el ábside de Cervatos nos encontramos con imágenes de machos cabríos, que simbolizan al demonio, puesto que son condenados en el juicio Final (l); varios canecillos se asocian con el pecado de la lujuria que, dentro de los pecados capitales, es, junto con el de la avaricia, el más representado; así encontramos un hombre envuelto en serpientes y varias liebres, animal incluido en el Levítico y Deuteronomio como impuro; y por supuesto las numerosas representaciones de canecillos obscenos. También son frecuentes las imágenes de monstruos, asociados generalmente al demonio o haciendo referencia a los condenados; igualmente aparece un oso asociado al pecado de la ira (2) y finalmente aparecen dos escenas de músicos; la primera correspondiente a los canecillos números 28 y 29 que representan a un hombre desnudo soplando un cuerno junto a un acróbata; esta escena se refiere seguramente a la connotación negativa de la fiesta y la música, ya que los juglares solían hacerse acompañar de estos personajes que realizaban acrobacias, los cuales no estaban Muy bien vistos por la iglesia de aquélla época que los condenaba en los libros penitenciales acusados de procacidad y desvergüenza ya que representaban la inversión del orden establecido.

La segunda escena corresponde a los números 36, 37 y 38 representando un músico vestido con túnica y lujoso peinado que tañe el instrumento denominado arpa-cítara (3), entre dos personajes que portan o beben directamente de una cuba. A simple vista podemos deducir que igualmente se trata de una fiesta popular, sin embargo si nos fijamos en la alta clase social que parece tener el músico que le distingue del resto de los personajes. podría tener un significado distinto o al menos ambivalente.

Sabemos que durante el románico se representa al clero como un estamento social alto, sobre todo dentro del ámbito rural, donde cumple su papel social, el de defender al pueblo espiritualmente del peligro omnipresente del pecado; existen en Cervatos varios canecillos de clérigos sosteniendo un libro, que era la forma mas habitual de representarles; sin embargo opinamos que quizá la imagen de un personaje bien vestido, tañendo un instrumento muy cercano al iglesia como era la cítara, que incluso se le designa en las Sagradas Escrituras como instrumento de oración para llegar al Padre, podrá igualmente representar al clero ejerciendo su papel fundamental de intermediario entre los hombres pecadores y Dios (4).

En el alero superior del muro sur de Cervatos volvemos a encontrar varias representaciones obscenas junto a animales que como la liebre se asocian al pecado de la lujuria-, debernos destacar el canecillo número 11 que representa una medusa, única imagen dentro del románico cántabro, simboliza la perversión espiritual y es la misma imagen del pecado.

Igualmente aparecen escenas de músicos, los canecillos 2 y 3 representan respectivamente un instrumentista tocando el arpa-cítara junto a un acróbata; posiblemente sea una escena de juglares con motivo de alguna festividad popular, pero también puede significar la presencia constante del clero que vela por los pecadores, en este caso personificados en la figura del acróbata. A este respecto debernos recordar que la sociedad de aquélla época permanecía activa en la lucha del bien contra el mal, sin embargo el camino para llegar a Dios estaba lleno de obstáculos que les hacían caer en la tentación, por esto era importante que el pueblo supiese que la Iglesia siempre rezaba por ellos; de ahí la continua presencia del clero entre las representaciones del pecado.

Cervatos. Tocador de arpa-cítara junto a un acróbataHay otra escena en la cual la fiesta y la música son protagonistas: corresponden a los canecillos número 15 y siguientes. En el centro se ubica un músico, aunque a diferencia de los anteriores, éste no lleva túnica ni lujoso peinado; está tocando un cordófono frotado, por desgracia bastante erosionado, nos decantamos a pensar que se trata de una fídula o viola, instrumento muy utilizado por los juglares, en el cual se puede apreciar la ancha varilla cordal y posiblemente cuatro cuerdas, aunque no existe clavijero ni oídos tornavoces. Esta parcial representación de un instrumento es muy habitual durante todo el románico, en el que prima sobre todo la adaptación al marco escultórico; por ello el canon de las figuras e instrumentos no depende de la realidad sino del espacio del que dispone el escultor, que por otra parte no se preocupa por los detalles organológicos como la forma de los oídos tornavoces o del clavijero, ni mucho menos si existe correspondencia entre el número de cuerdas y clavijas; es decir, que no pretende en ningún caso una reproducción exacta del instrumento, sino que lo que intenta plasmar es la idea conceptual del mismo.

A ambos lados del músico se sitúa la representación de la abundante comida y bebida, simbolizando por tanto el pecado de la gula; a su derecha un personaje bebe directamente de una cuba y a su izquierda una figura sostiene un gran pan entre sus manos (5). Al lado del bebedor se ubica la figura del demonio mediante una cabeza de macho cabrio, otro canecillo representa la figura de un condenado y en medio se sitúa un clérigo, vestido con la túnica y sosteniendo un libro. Toda la serie de canecillos pertenecen a una misina y única escena referida a las connotaciones negativas de las fiestas populares, en las que están presentes la abundante comida y bebida y en las que los hombres, al estar embriagados caen más fácilmente en la tentación (representada por el demonio, muy presente en estas fiestas). Así se puede leer en el bestiario de Gervaise: "Quienes aman a los saltimbanquis, a las bailarinas y a los juglares, están siguiendo la procesión del demonio. El demonio los descarría y así va engañándolos. Los envía al fondo del infierno, pues sabe muy bien apoderarse de su presa". Sin embargo una vez más, la presencia del clero nos hace reflexionar sobre la intercesión de la Iglesia, mediadora entre los hombres que han pecado y Dios.

Cervatos. Tocador de arpa-cítara junto a dos representaciones relacionadas con la embriaguezEn las representaciones del primer alero de la fachada sur de Cervatos, tanto en sus modillones como en las metopas, no se observa ningún cambio en el programa iconográfico general del edificio; se hallan presentes varios animales asociados a la lujuria y canecillos obscenos junto a representaciones de demonios, también aparecen las fiestas en los canecillos 12 y 13 por medio de un instrumentista de arpa-cítara junto a un acróbata.

En la iglesia de San Cipriano de Bolmir encontramos un programa muy parecido al de Cervatos; en el ábside están la mayoría de los animales asociados a la lujuria o a la gula, como el cerdo; igualmente varias cabezas de machos cabríos nos hacen sentir la presencia constante del pecado. Podemos destacar el primer alero de la fachada sur que representa una misma escena: dos músicos con un cuerno y un arpa-cítara se sitúan a ambos lados de dos acróbatas, que además en esta ocasión van disfrazados de animales, al menos uno de ellos claramente de liebre, asociada a la lujuria. Al final de la escena se ubica un hombre que sostiene un gran barril sobre su cabeza simbolizando posiblemente el gran peso de los pecados que los hombres cometen en estos días de fiestas carnavalescas populares.

Por tanto podemos concluir que aunque a primera vista las imágenes románicas nos puedan parecer desde nuestra mentalidad actual grotescas o divertidas pero sin ningún sentido moral, tendremos que aprender a analizar el significado que las escenas representadas tomaban para los hombres que vivieron en este valle de Campoo en la primera mitad del siglo XII; solamente así nos acercaremos un poco más a nuestros antepasados campurrianos.


BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ MARTÍNEZ, R. Los instrumentos musicales en la plástica española durante la edad medía. Madrid, 1982.
CANA GARCÍA, F. . Iconografía del Románico Burgalés. Tesis leída en la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 1992.
GARCÍA GUINEA, M.A. El Románico en Cantabria. Santander, 1996.
HERRERO MARCOS, J. Arquitectura y Simbolismo del Románico en Cantabria. Madrid, 1996.
SCHAPIRO, M. Estudios sobre el Románico. Madrid, 1995.
SEBASTIÁN, S. Mensaje Simbólico del Arte Medieval. Madrid, 1994.
YARZA LUACES, J. Formas Artísticas de lo Imaginario, Madrid, 1987.


NOTAS

(1) Mateo, 25, 31-34.
(2) Libro de Daniel, 7, 5.
(3) Instrumento de la familia de las cítaras, con cuerdas paralelas a ambos lados de la caja de resonancia; dispone de dos filas de clavijas en su parte superior, se tocaba verticalmente, punteándolo con las dos manos y apoyado en el hombro del instrumentalista, tal como aparece representado en las imágenes de Campoo.
(4) El mismo Beato al comentar el pasaje del Apocalipsis V, S10 dice que la cítara es “la carne de Cristo unida al madero de la  pasión”.
(5) Podría confundirse con un pandero redondo, sin embargo, estos instrumentos suelen ser cuadrados y siempre aparece, golpeándolos, como ocurre con la imagen de los juglares representada en Barruelo de los Carabeos.
 

June, 1997