La valoración historiográfica de la "Guerra de la Independencia" es unánime: constituye un hecho histórico fundamental en el nacimiento de la España contemporánea. Ya desde el siglo XIX, a partir de la obra del Conde de Toreno (1835) (1), todos los historiadores han considerado a esta guerra como un fenómeno complejo. Fue, a la vez, levantamiento, guerra y revolución", tres facetas de un mismo proceso que, como afirma el profesor Josep Fontana, no pueden aislarse para estudiarlas separadamente (2).
La escasa romanización que se produjo en nuestra región tras las guerras cántabras -fruto posiblemente de que la ocupación romana fue exclusivamente militar- permitió la conservación de una cultura tradicional indígena a la que apenas se superpuso la romana. Sólo esta comarca meridional de la actual Cantabria, que fue sin duda la más romanizada, permitió, a través de sus calzadas, una mayor relación con la meseta y la temprana relación de Campoo y Valderredible con las culturas tardorromanas y visigodas.
A partir de 1980, existió en España un enorme interés por recuperar el patrimonio fotográfico y elaborar una historia de nuestra fotografía. Desde ese momento y gracias al tesón de muchos historiadores especializados, las imágenes fotográficas, siempre entendidas como objetos modestos y poco importantes, pasaron a ser consideradas atractivos documentos históricos, y desde los diferentes estudios que fueron publicándose, aparecieron autores fotográficos cuya obra permitía comprender la importancia que en el pasado tuvo la Fotografía en sus múltiples usos sociales y culturales.
Los "vecerus" eran los encargados de guardar por turnos el ganado
En nuestra Merindad de Campoo, desde el Medievo hasta mediado el siglo XX las comunidades vecinales permanecieron ancladas en ancestrales estructuras económicas y sociales rigiéndose en concejo público, donde se dictaban las normas de convivencia vecinal y aquellas que incidían en el aprovechamiento de los bienes del común, como eran el monte y los pastos. Se trataba de un modelo primitivo, basado en la subsistencia, donde el dinero apenas circulaba y las familias eran autosuficientes y con una prole muy numerosa para hacer frente al pastoreo y las faenas agrícolas.
En el siguiente artículo queremos fijarnos en algunos fenómenos violentos derivados de factores diversos (avatares políticos y desequilibrios sociales) y su incidencia en la comarca campurriana entre 1821 y 1941. A raíz del triunfo liberal (1820-23) se produjeron una serie de reacciones conservadoras, cuya manifestación más clara fueron las guerras civiles Carlistas. Vicente Fernández Benítez, que ha estudiado el tema en Cantabria, apunta varios aspectos y fases de estas respuestas contrarrevolucionarias.
La importancia que en Reinosa ha tenido la gran industria, especialmente siderúrgica y del vidrio, ha hecho que pasara más bien inadvertida la de la industria alimentaria y mas concretamente la industria quesera, lo cual parece lógico por su relativamente pequeño tamaño, pero no por la gran trascendencia que la instalación en Reinosa de las primeras queserías industriales tuvo en la región y en el país.
La fundación de esta institución asistencial, con algunas matizaciones y salvando la distancia cronológica, pudo tener un principio similar al que tuvieron los hospitales medievales ubicados en las rutas de peregrinación para acogida de caminantes. Reinosa ocupaba un punto intermedio en una vía de comunicación con gran afluencia de transeúntes ya a partir del siglo XVI, quienes sin duda, plantarían un serio problema social para una población de escasa densidad demográfica. Esta situación se verá agravada al representar además el centro geográfico de una comarca con un equilibrio económico ligado a las labores del campo y, por tanto, sujeta a diversos avatares (climáticos, sequías, pestes...) que al menor contratiempo colocaban a sus habitantes al borde de la ruina y les obligaba recurrir a la caridad.
Continuando con la serie iniciada en el n° 16 de esta revista, trataré en esta segunda entrega de los llamados fitotopónimos (nombres de lugar relacionados con la vegetación) de la comarca campurriana.
GENERALIDADES
Esta familia de topónimos es numerosa, ya que nada más "natural" para designar un lugar que aludir a la vegetación predominante en dicho lugar; más tarde, el nombre del terreno pasa a denominar a la población asentada sobre el mismo.
El primer dato que nos orientó hacia el hallazgo fue el topónimo "El Conventón" con que la tradición señalaba el sitio del yacimiento. Sólo por el nombre, el lugar estuvo siempre envuelto en misterio y cubierto de fantásticas ruinas" (Robles 1985, 202). "Los niños de Camesa y Rebolledo en nuestras escapadas a Mataporquera siempre aligerábamos el paso cerca de aquella loma... (Robles 1997).
Envuelta en la bruma de la leyenda y en la intriga enigmática de la historia estuvo siempre para los habitantes de la zona el lugar donde se localizan los vestigios arqueológicos del yacimiento de Camesa-Rebolledo, pero fueron necesarios otros acicates para que los trabajos arqueológicos se desencadenaran. Las aportaciones bibliográficas del desaparecido José María Robles constituyen las más certeras aproximaciones tanto a los orígenes de la empresa arqueológica desarrollada en el lugar en los años ochenta del siglo XX, como a la identidad del enclave.
Edición: 1ª ed. Edición de 1000 ejemplares numerados del 000 al 999 y firmados por el autor
Fecha Edición: 06/2003
Textos: Alberto Gallo
Ilustraciones: Alberto Gallo
Prólogo: Daniel Guerra de Viana
Descripción: 98 p. il. col. 33x25 cm
Encuadernación: cart.
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