"No hubo andado una pequeña legua, cuando le deparó el camino en el cual descubrió una venta".La venta del camino real que avistó don Quijote quizá no sea tan diferente de su equivalente contemporáneo, esas gasolineras o estaciones de servicio donde nuestras monturas mecánicas (coches) y sus ocupantes nos detenemos para repostar combustible, comer algo o simplemente descansar. Y de eso trata este artículo, de las ventas que jalonaban más o menos espaciadamente los caminos campurrianos.
La arquitectura, especialmente la popular, nace atendiendo a los condicionamientos de la zona donde se enclava y como respuesta a las necesidades de uso de sus habitantes. Aquí aparece en primer término, el reducto arquitectónico más ligado al hombre.
La siderurgia tradicional tuvo cierta importancia en Cantabria desde muy temprano (Alta Edad Media). El sistema empleado en las ferrerías consistía en cocer el mineral en hornos bajos, usando como combustible carbón vegetal. Al menos desde el siglo XV usaban ya la energía hidráulica para insuflar aire en el horno a través de fuelles y para mover un mazo que servía para golpear la llamada goa o zamarra, es decir, la masa pastosa de hierro que salía del horno tras la cocción; el martilleo servía para compactarla, liberarla de la escoria y darle forma.
El pasado día trece de marzo se han cumplido 25 años de la muerte de José Calderón Escalada el Duende de Campoo. Con este motivo CUADERNOS DE CAMPOO quiere realizar una pequeña aproximación al personaje y a su obra a la espera de poder conmemorar el centenario de su nacimiento en 1.999 con un estudio más profundo y diversificado. Los datos más relevantes de su vida los recogió el propio José Calderón en unos apuntes biográficos que se ofrecen a continuación.
Edición: 1. ed.
Fecha Edición: 11/1988
Fecha Impresión: 11/1988
Publicación/Edición: Alfonso C. Calderón
Portada: Helio Gogar
Descripción: 54 p. 16x24 cm
Con las ilustraciones de Helio Gogar, L. Rios, Rosa Mier, Anabel Blanco, C. Buxalleu, Fe Herrera, Faustina Dou
Nací en Guardo, villa de la montaña palentina, el día 30 de junio de 1919, cuando por el mundo señoreaba la famosa "gripe española", la gran pandemia, llamada así porque fue la única nación que publicaba noticias al respecto. En España causó la muerte de trescientas mil personas, y en el resto del mundo la de veinte millones, entre los años 1918 y 1919. Por fortuna no fui de los afectados, tampoco el doctor Fleming había descubierto la penicilina, pero sí enfermé de neumonía doble que los médicos del lugar no lograron curar y ante las escasas esperanzas de vida que dieron a mi abuela materna, ésta optó por llevarme a Reinosa donde se encontraban mis padres, desde unas semanas antes, buscando un piso para vivir, ya que mi padre esperaba ingresar en la Naval. Así, que al llegar abuela y nieto a la villa campurriana mis padres me llevaron a la consulta de don Julio Pérez Arenal, médico de gran prestigio, el cual, con los remedios de la época, me curó a base de ventosas, esto me ocurrió finalizando el invierno de 1920.
La Península Ibérica se caracteriza por su gran diversidad geográfica, pero en relación con la disponibilidad de agua presenta una característica común: la escasez del recurso. Bien sea por la insuficiencia de las precipitaciones, por su irregularidad o por el escaso desarrollo de las cuencas, una gran parte del territorio debe recurrir a la explotación de las reservas de agua subterráneas o a los de embalses que garanticen el suministro. La construcción de grandes presas se consideró siempre un elemento clave en el desarrollo económico de un país cuya agricultura requería del regadío para mejorar y modernizarse. El esfuerzo llevado a cabo en este sentido ha situado a España en el primer lugar del mundo por el número de grandes presas. Hay en la actualidad 1.300 embalses con una capacidad de almacenamiento de 54.304 hectómetros cúbicos, además de otros 120 en fase de estudio o construcción.
Comentarios recientes