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La plaza (el mercado de abastos)

María Jesús Gutiérrez Ibáñez

Los mercados municipales de abastos
La ciudad, desde sus comienzos, ha sido un espacio con funciones muy diferenciadas y específicas, des­de las administrativas o estratégicas, que implican el control de un territorio amplio, hasta las religiosas o culturales. Pero si hay una función presente en todas las ciudades de manera extensa, esa es la comer­cial. El espacio urbano ofrece el entorno ideal para la actividad comercial y, con frecuencia, es también el resultado de esa misma actividad. Reinosa es un buen ejemplo de urbe que surge en un emplaza­miento estratégico, de paso obligado para personas y mercancías, lo que propicia su función comercial de alcance comarcal y también regional.

201202 ene-feb 2012

Fotografías de enero, febrero 2012. El día de Reyes esperaba el aguinaldo la Garza Real debajo del Belén sobre el Ebro. Un mes mas tarde una pequeña nevada cubre la ciudad, para dar paso al desnieve tres días mas tarde y estar a punto de desbordar el río
Refrán: A río revuelto, ganancia de pescadores.

Recuperación ambiental de Pozo Pozmeo. Un espacio reinventado en el núcleo urbano de Reinosa

Bruno Palazuelos Berasategui – Álvaro Budiño Carbonero

Durante los últimos meses del pasado año 2010 se llevaron a cabo los trabajos de recuperación ambiental de este singular espacio reinosano.
 
El proyecto fue promovido por el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Reinosa y de manera especial por la entonces responsable del área Ana José García, quien puso un empeño inusitado en recuperar este espacio y hacerlo de manera que se distinguiese del resto de parques de la ciudad integrando criterios dirigidos a potenciar la biodiversidad y dejando el uso público en un segundo plano.

La recuperación y puesta en valor del conjunto de menhires de Valdeolea

Ramón Montes Barquín

ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DE VALDEOLEA (ADEVAL)

ANTECEDENTES

   El proyecto de recuperación y puesta en valor del conjunto de menhires de Valdeolea tiene su origen en la inquietud de la Asociación para la defensa de Valdeolea (ADEVAL) de promover la conservación y el conocimiento social del importante Patrimonio Cultural de uno de los valles más desconocidos de la Comunidad de Cantabria.

Dibujos camarero One

 

Entretenimiento de los camareros cuando escasea el trabajo, acompaña el aburrimiento y se desarrolla la vena creativa conjuntamente con las necesidades del negocio, los apuntes en el diario y la poesía del bloc de notas.

Costumbres propias de Campoo en el siglo XVII

Carlos Argüeso Seco

Este artículo, dedicado a la Virgen de Montesclaros, patrona de la Merindad de Campoo, obtuvo el Primer Premio de Investigación en el Concurso "Julio Montes Sáiz " de 2006
 
INTRODUCCIÓN
 
La actual comarca de Campoo-Los Valles se compone de más de 150 localidades distribuidas en 11 munici­pios: Reinosa, Hermandad de Campoo de Suso, Cam­poo de Enmedio, Campoo de Yuso, Las Rozas de Valdearroyo, Valdeolea, Valdeprado del Río, Valderredible, San Miguel de Aguayo, Pesquera y Santiurde de Reinosa, con una extensión total aproximada de 1.000 kilómetros cuadrados y una pobla­ción aproximada de 25.000 habitantes. La altura varía desde los 850 metros sobre el nivel del mar de Reinosa a los más de 2.200 metros en las altas cumbres de Alto Campoo (estación de esquí). Limita al sur con las provincias de Palencia y Burgos, por lo que presenta unas características físicas intermedias entre la meseta castellana y las abruptas y verdes montañas cántabras, siendo su clima frío, especialmente en el invierno.

Fielatos, la última frontera

Museo Etnográfico El Pajar

Tres puestos fiscalizaron hasta 1964 la entrada de alimentos y bienes a Reinosa
 
A mediados del siglo XIX, los fie­latos en la villa de Reinosa se en­contraban a la entrada de las prin­cipales vías de comunicación y se podían considerar como puestos fronterizos en los límites munici­pales con la Meseta Castellana, las provincias de Santander y Burgos y con Campoo de Suso.

El ferrocarril de La Robla (1894-1972): semblanza del hullero

José Ramón Suárez

Real como la vida misma. Esa, expuesta con radical simplicidad, podría ser una primera conclusión de alguien que se aproxime al conocimiento de las vicisitudes del Ferrocarril de La Robla en sus casi ocho décadas de existencia. A lo largo de una dinámica de desarrollo similar a la de un organismo vivo que nace, se desarrolla y muere, la vida del Hullero enhebra -con gran po­tencial didáctico, por cierto- aspectos propios del emprendimiento empresarial, motores de su exis­tencia, con los organizativos y tecnológicos, mate­rializados en los activos ferroviarios que sostuvie­ron su actividad, y, desde luego, con los socioeco­nómicos que caracterizan la inevitable interacción de una línea férrea con el territorio que atraviesa.
 
En lo sucesivo abordaremos una breve sem­blanza de este ferrocarril, uno de los más intere­santes en nuestro país.

Las ventas: un lugar de refugio, parada y reposo en los caminos de Campoo

Encarnación-Niceas Martínez Ruiz

 
"No hubo andado una pequeña legua, cuando le deparó el camino en el cual descubrió una venta".La venta del camino real que avistó don Quijote quizá no sea tan diferente de su equivalente contemporáneo, esas gasolineras o estaciones de servicio donde nuestras monturas mecánicas (coches) y sus ocupantes nos detenemos para repostar combustible, comer algo o simplemente descansar. Y de eso trata este artículo, de las ventas que jalonaban más o menos espaciadamente los caminos campurrianos.

Saturio Díez Cayón

Saturio Díez Cayón

    
Nací en Guardo, villa de la montaña palentina, el día 30 de junio de 1919, cuando por el mundo se­ñoreaba la famosa "gripe española", la gran pande­mia, llamada así porque fue la única nación que publicaba noticias al respecto. En España causó la muerte de trescientas mil personas, y en el resto del mundo la de veinte millones, entre los años 1918 y 1919. Por fortuna no fui de los afectados, tampoco el doctor Fleming había descubierto la penicilina, pero sí enfermé de neumonía doble que los médicos del lugar no lograron curar y ante las escasas espe­ranzas de vida que dieron a mi abuela materna, ésta optó por llevarme a Reinosa donde se encontraban mis padres, desde unas semanas antes, buscando un piso para vivir, ya que mi padre esperaba ingresar en la Naval. Así, que al llegar abuela y nieto a la villa campurriana mis padres me llevaron a la con­sulta de don Julio Pérez Arenal, médico de gran prestigio, el cual, con los remedios de la época, me curó a base de ventosas, esto me ocurrió finalizando el invierno de 1920.

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