El hombre apasionado por la historia que sentía devoción por Reinosa
Resulta difícil escribir sobre alguien que ha contribuido de tan diversas maneras a la reciente historia de nuestra ciudad y poder recordar, someramente, sus aportaciones a la vida cultural reinosana.
Medio siglo ha transcurrido desde que, en los más duros años de la posguerra, se finalizaran las obras del embalse del Ebro. El pantano formaba parte de un plan de racionalización del régimen del río que debía beneficiar al regadío riojano y aragonés. Pero los efectos inmediatos en la zona embalsada no podían ser igual de provechosos.
Alrededor de 60 kilómetros de superficie inundada por 600 millones de m3 de agua cubrieron completamente los pueblos de Medianedo, La Magdalena, Quintanilla y Quintanilla de Bustamante y afectaron, en mayor o menor medida, a Las Rozas, Renedo, Villanueva, Llano, Orzales, Arija, Quintanamanil y La Población.
El lugar de Las Traídas está claramente marcado por el depósito de agua de Reinosa, que desde lo alto, preside un entorno de praderías y arbolado.
Entre las dotaciones de servicios municipales siempre ha habido una prioritaria: el abastecimiento de agua potable. Hasta fechas relativamente recientes, esta función se ejercía por medio de fuentes públicas a las que el vecindario acudía diariamente para aprovisionarse. Las fuentes proporcionaban comodidad y cierta seguridad sanitaria, aunque este fuese siempre un problema de difícil solución. Su otra función, sin duda, era de tipo social, como lugares de encuentro y charla informal. Sólo en la segunda mitad del siglo XIX se acometen en España las obras de abastecimiento de agua por medio de depósitos y conducciones por tuberías, un diseño que podemos definir como moderno por los materiales utilizados (hierro y cemento), aunque no por el concepto (recordemos las obras de ingeniería romanas tanto de suministro como de evacuación).
Publicado en la revista FONTIBRE, nº 12-13, Agosto-Septiembre de 1957.
Si, como Julio G. De la Puente, hubiéramos tenido la dicha de husmear siquiera un poco en el rico archivo de la Villa (nacimos tarde, y sólo nos alcanzó la pena de ver la densa humareda del fuego criminal que le redujo a cenizas), podríamos, ahora, decir algo sobre la antigüedad de la feria de San Mateo, igual que de otras muchas cosas, con datos compulsados y concretos, y por ende, con mayor seguridad y conocimiento de causa.
Hacer la colada era una de las labores domésticas propias de la mujer y era una tarea ingrata y agotadora. Tenían que pasar horas lavando en las riberas de los ríos, arroyos, lavaderos públicos o privados, en los desvacíes de los molinos o en charcas de desagües de las fuentes del lugar. Todo ello a la intemperie y con las condiciones climatológicas que todos conocemos. Se les cortaban las manos de frío, lo que provocó numerosas enfermedades asociadas a esta labor.
Eduardo Guardiola celebra sus bodas de oro sacerdotales
Con una misa concelebrada y una comida con algunos de los ya no tan jóvenes miembros del Juvent Club (la mayoría rondando los 60 años) y muchos amigos, celebró, el pasado 7 de mayo, las bodas de oro sacerdotales, Eduardo Guardiola en Reinosa. Ordenado sacerdote en 1967, su primera parroquia fue Arroyo «con gusto porque era donde mi madre impartía clase», recuerda ahora.
El fútbol ha sido el deporte rey, tanto a escala nacional como comarcal, el que más se ha practicado desde que llegó procedente de Inglaterra, extendiéndose rápidamente por nuestra península. Los marineros ingleses y los jóvenes españoles que cursaban sus estudios en Inglaterra fueron los que introdujeron el gusanillo de este deporte en la sociedad española.
Las Guerras Cántabras fueron la culminación de la V ¿y conquista romana de Hispania iniciada doscientos años atrás cuando los Escipiones desembarcaron en Emporion (218 a.C.) para combatir a los ejércitos cartagineses en suelo peninsular. En los años que sucedieron al término de la IIª Guerra Púnica, concretamente en el año 195 a.C, el cónsul Marco Porcio Catón, al frente del ejército destinado en la Citerior, que luchó contra los hispanos sublevados del área catalana, descendió hasta Turdetania y regresó a continuación por Celtiberia, acampando ante Numancia, parece que tuvo noticia de los cántabros o se enfrentó a algún grupo de ellos porque en uno de los fragmentos que han llegado a nosotros de su obra Origines se encuentra la mención más antigua de este pueblo del Septentrión Hispano, al que con precisión sitúa en el nacimiento del Ebro: "... el río Hiberus; nace en los cántabros, grande y hermoso, abundante en peces" (Origines, VII).
La conmemoración del 75 aniversario de la concesión a Reinosa del título de ciudad supone una excelente ocasión para revisar los acontecimientos sucedidos en la capital campurriana en el transcurso del primer tercio del siglo XX.
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