(...)
Como en toda la Cantabria, el latín fue el que, en Campoo, durante la dominación romana y visigótica, sustituyó al lenguaje que usaron los cántabros, absolutamente desconocido para nosotros; pues, si es cierto que, en la toponimia de la región, quedan algunos nombres de pueblos y términos de la época de los primitivos pobladores de nuestras montañas, como Izara, Izarilla, Isar, Bucer, Buzandrique, Bucierca, Híjar (Igari), etc., no lo es menos que, al sernos poco menos que desconocido el significado de tales nombres, nos hallamos en la imposibilidad de establecer relación alguna entre ellos y los accidentes topográficos a que fueron aplicados. La lengua de los cántabros, con la dominación romana y visigótica, se perdió definitivamente para nosotros.
Real como la vida misma. Esa, expuesta con radical simplicidad, podría ser una primera conclusión de alguien que se aproxime al conocimiento de las vicisitudes del Ferrocarril de La Robla en sus casi ocho décadas de existencia. A lo largo de una dinámica de desarrollo similar a la de un organismo vivo que nace, se desarrolla y muere, la vida del Hullero enhebra -con gran potencial didáctico, por cierto- aspectos propios del emprendimiento empresarial, motores de su existencia, con los organizativos y tecnológicos, materializados en los activos ferroviarios que sostuvieron su actividad, y, desde luego, con los socioeconómicos que caracterizan la inevitable interacción de una línea férrea con el territorio que atraviesa.
En lo sucesivo abordaremos una breve semblanza de este ferrocarril, uno de los más interesantes en nuestro país.
Desde mediados de los años ochenta mi familia ha sido depositaría de la copia de un testamento, datable en el siglo XVIII por las características ortográficas y lingüísticas del documento.
Las personas causantes y beneficiarías guardaban relación con el pueblo de Cuena, perteneciente al Valle de Valdeolea, perteneciente desde 1833 a la provincia de Santander, actualmente Cantabria; en el siglo XVIII se incluía en los territorios gobernados desde la ciudad de Burgos, como se refleja en la documentación complementaria.
Cuadernos de Campoo es una publicación de la Casa de Cultura “Sánchez Díaz”
Equipo asesor: Jesús Allende Valcuende, Manuel García Alonso, Javier González Díez, Daniel Guerra de Viana (Coordinador), Joaquín Gutiérrez Osés, Mª Elena Marchena Ruiz, Encarnación-Niceas Martínez Ruiz
Diseño de cubierta: Detalle de Después de 30 cartones de tabaco rubio, de Chelo Matesanz
La fundación de la ciudad y la organización del territorio
El significado del término Julióbriga, "ciudad fortificada de julio", como referencia a la familia del emperador romano Augusto y al lugar estratégico de su emplazamiento geográfico en la loma de Retortillo, nos familiariza con el planteamiento general existente en el norte de la Península Ibérica en la antigüedad, que nos sitúa en estos lugares la presencia de un poblamiento prerromano ubicado en asentamientos castreños.
Cuadernos de Campoo quiere poner un colofón a los actos que se han sucedido durante el año 1998 en homenaje a Casimiro Sainz, con un acercamiento a la obra del artista a través de dos artículos, firmados por los escritores reinosanos Demetrio Duque y Merino y Ramón Sánchez Díaz, quienes tuvieron relación con el "Loco de Matamorosa" y nos pueden aportar otra perspectiva acerca de las opiniones y el aprecio que tenían sus contemporáneos del artista y su pintura. Demetrio Duque y Merino (1844-1903), director del periódico "El Ebro", no solo conoció al pintor sino que fue unos de sus principales valedores en la región.
Comentarios recientes