Desde mediados de los años ochenta mi familia ha sido depositaría de la copia de un testamento, datable en el siglo XVIII por las características ortográficas y lingüísticas del documento.
Las personas causantes y beneficiarías guardaban relación con el pueblo de Cuena, perteneciente al Valle de Valdeolea, perteneciente desde 1833 a la provincia de Santander, actualmente Cantabria; en el siglo XVIII se incluía en los territorios gobernados desde la ciudad de Burgos, como se refleja en la documentación complementaria.
Comenzaremos delimitando el tema sobre el que va a tratar el presente artículo, ya que el título puede parecer un poco pretencioso. No se trata de estudiar toda la producción que exhiben los edificios de Reinosa de elementos arquitectónicos de hierro, sino de fijarnos en lo más representativo que son las rejas y los balcones. Sin embargo, es necesario enumerar los diferentes trabajos de forja que se hallan distribuidos por la ciudad. De modo general se pueden observar bastantes "verjas" que cierran sobre los muros bajos los jardines de casas y chalés, así como las correspondientes puertas de acceso. Entre los numerosos ejemplos se puede citar el cierre de los jardines del edificio de Hacienda y los existentes a lo largo de la calle Castilla. En ocasiones también hay puertas de hierro aisladas, como la que cierra el antiguo cementerio, en el paseo de San Francisco.
El término municipal de Hermandad de Campoo de Suso se encuentra en el centro del territorio que habitaron los antiguos cántabros, cuyos límites geográficos eran considerablemente más amplios que los de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria. Como ya especificó el padre Enrique Flórez en el siglo XVIII (1), el solar de los Cantabri al que se refieren los autores de la Antigüedad se localizaba en el sector central de la Cordillera Cantábrica y coincidía, más o menos, con la región natural que desde la Edad Media se conoce con el nombre de "La Montaña".
Se presenta en esta comunicación un conjunto de piezas virtualmente inéditas, casi todas ellas, que provienen de diversas estaciones arqueológicas y localizaciones en distintos puntos de los términos municipales que integran la comarca campurriana en el sur de Cantabria.
Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Vicente García Ruiz, Alicia Ibáñez, Ricardo Moya, Marta Sánchez, Mon Fernández, Jorge Pérez, Casa de Cultura Sánchez Díaz y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
De entre la extensa y variada producción del Duende de Campoo, en la que se pueden encontrar novelas, obras teatrales, poesía, artículos costumbristas, reflexiones de temas variados y hasta algún guión de cine, podemos destacar por su interés, tanto de investigación como de conservación de la memoria colectiva de las gentes del valle de Campoo, los artículos, de carácter fundamentalmente histórico y etnográfico, que escribiera para la revista FONTIBRE, editada por la Junta de Trabajo de la Casa de la Cultura "Sánchez Díaz" de Reinosa, y que entre Septiembre de 1956 y Julio de 1963 contribuyó decisivamente a estimular el interés de los campurrianos por los temas de su propia tierra.
Si pretendemos reconstruir el pasado histórico de cualquier civilización, resultará imprescindible contar con los restos epigráficos que han llegado hasta nuestros días. La incisión de palabras en piedra o en cualquier otro soporte duro con fines de exposición y constancia, ha desempeñado un papel importante en casi todas las culturas (1).
En ocasiones, las inscripciones constituyen los únicos testimonios para conocer aquellos periodos donde escasean otras fuentes. Su carácter primario y directo nos garantiza que han llegado hasta nosotros sin transformaciones de ningún tipo desde el momento en que se grabó el texto.
Cualquiera de nosotros, a la vista de alguno de los testigos mudos que ha dejado la historia, hemos dejado volar nuestra imaginación y hemos hecho de algunos de estos lugares el escenario de no pocas aventuras, centro de encuentros felices, de ensoñación... Este ha debido ser el caso de lo que ha suscitado el imponente Castillo de Argüeso, en Campoo, para muchas generaciones. Pero no cabe duda de que nuestra imaginación se queda corta a la hora de recrear todo el conjunto de vivencias que esas solemnes piedras han visto y oído durante siglos.
Comentarios recientes