Comenzaremos delimitando el tema sobre el que va a tratar el presente artículo, ya que el título puede parecer un poco pretencioso. No se trata de estudiar toda la producción que exhiben los edificios de Reinosa de elementos arquitectónicos de hierro, sino de fijarnos en lo más representativo que son las rejas y los balcones. Sin embargo, es necesario enumerar los diferentes trabajos de forja que se hallan distribuidos por la ciudad. De modo general se pueden observar bastantes "verjas" que cierran sobre los muros bajos los jardines de casas y chalés, así como las correspondientes puertas de acceso. Entre los numerosos ejemplos se puede citar el cierre de los jardines del edificio de Hacienda y los existentes a lo largo de la calle Castilla. En ocasiones también hay puertas de hierro aisladas, como la que cierra el antiguo cementerio, en el paseo de San Francisco.
Si consultamos un diccionario nos aparece la siguiente definición de Despoblado: m. Desierto, yermo, sitio no poblado, y especialmente el que en otro tiempo ha tenido población.
A lo largo de la historia ha habido un proceso constante de creación y desarrollo de núcleos de población; pero de igual manera, se ha producido el fenómeno contrario, la desaparición de algunos pueblos y aldeas.
Poco se sabe con exactitud del origen y fundación de Reinosa. Diversa documentación así como los restos arqueológicos encontrados en 1957 en el nº 16 de la calle de La Pelilla confirman la existencia de una aldea a finales del siglo VII o comienzos del siglo VIII.
Por el Becerro de Behetrías se conoce que en el siglo XIV, Reinosa tenía 30 solares, lo que permite hacernos una idea del tamaño de la aldea (en torno a 120 habitantes).
William Atkinson era un ingeniero de treinta años natural de Manchester que en 1855 se encontraba trabajando en la construcción del ferrocarril entre Alar del Rey y Reinosa.
La compañía contratista Ferrocarril de Isabel II le requirió para que realizara una serie de fotografías sobre la construcción de este ferrocarril y las circunstancias que le rodearan con intención de regalar una colección fotográfica a la joven reina de veinticinco años Isabel II que como el propio W. Atkinson era también aficionada a la fotografía.
Se presenta en esta comunicación un conjunto de piezas virtualmente inéditas, casi todas ellas, que provienen de diversas estaciones arqueológicas y localizaciones en distintos puntos de los términos municipales que integran la comarca campurriana en el sur de Cantabria.
No cabe duda que uno de los factores que a lo largo de los siglos mayor daño ha hecho al patrimonio arqueológico, tanto a nivel nacional como internacional, han sido las grandes obras públicas. Pantanos, carreteras, autopistas, vías férreas, oleoductos, tendidos eléctricos... han dañado, en ocasiones de una manera irremediable, el patrimonio arqueológico. De ello tenemos muchos casos en nuestro país y en nuestra región.
En el transcurso de la Edad Moderna, las estructuras de la administración local en el territorio histórico de Campoo se articularon conforme a una gradación de niveles, que se correspondían con las diferentes categorías de los propios entes en que se organizaron las comunidades que ocupaban y articulaban el ámbito espacial campurriano, independientemente de que sus regímenes jurisdiccionales fueran de realengo o señoriales. Estas entidades socioeconómicas, que constituían a la vez unidades administrativas, se identificaron, siguiendo un orden ascendente y teniendo en cuenta su menor o mayor ámbito espacial y jerarquía jurisdiccional, con los barrios/aldeas, concejos, villas y otras unidades administrativas de carácter supraconcejil, tales como los concejos mayores y hermandades de concejos.
A lo largo de los siglos se han cantado estas composiciones narrativas llamadas romances por toda nuestra geografía, y el valle de Campoo no ha sido una excepción. Generalmente un ciego o mendigo ambulante iba cantando estas coplillas de pueblo en pueblo y los "chiquillos" que le seguían iban aprendiendo estas letras que narraban un hecho acaecido recientemente. Posteriormente, se cantaban en la intimidad del hogar o bien en las reuniones festivas o de trabajo. Me ha parecido interesante trascribirlas, comentar aquí dos de estos romances antiguos cantados en este valle de Campoo, ya que al ser trasmitidos oralmente su pérdida sería irremediable de no recogerse en papel impreso.
"... Pero entonces, cuando vinieron los ingleses y empezaron a dar barrenos por esas cuestas, nos burlábamos de ellos.
- Sí; como no allanéis la sierra pa quépase la conductora por ahí... decíamos al verlos; y seguíamos carreteando. Cuando la primera conductora pasó de Alar a Reinosa, después de aquellas primeras fiestas que hicieron, que nusotros creímos que no eran más que diversiones de señores; cuando yo la vi carga un día y llevar ella sola en un viaje más sacos que los que podíamos portear veinte carreterías juntas ... vos aseguro que entonces me quedé suspensu, sin saber lo que me pasaba.
- Pero... ¿y después?
- ¿Cómo después?
- Cuando anduvo de Santander a Barcena.
- Daño nos hizo, Chisco, y muchos carreteros se retiraron entonces; pero nosotros toavía porteábamos entre Reinosa y Barcena, y nos iba mal.
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