Publicado en la revista FONTIBRE, nº 12-13, Agosto-Septiembre de 1957.
Si, como Julio G. De la Puente, hubiéramos tenido la dicha de husmear siquiera un poco en el rico archivo de la Villa (nacimos tarde, y sólo nos alcanzó la pena de ver la densa humareda del fuego criminal que le redujo a cenizas), podríamos, ahora, decir algo sobre la antigüedad de la feria de San Mateo, igual que de otras muchas cosas, con datos compulsados y concretos, y por ende, con mayor seguridad y conocimiento de causa.
Daniel Guerra de Viana y María Elena Marchena Ruiz
El presente trabajo trata de dar a conocer las pinturas murales góticas existentes en Mata de Hoz, La Loma y Las Henestrosas, en Valdeolea, uno de los pocos ejemplos de su estilo en Cantabria y que fueron descubiertas al desencalar los ábsides de las iglesias en la últimas décadas. La primera manifestación pictórica de esta época que se descubrió e investigó en la zona, no en tierras de Cantabria pero en relación directa con las de Valdeolea, fueron las representaciones murales de la iglesia de S. Felices de Castillería, en el norte de Palencia cuyo estudio hizo Miguel Angel García Guinea en 1951 y que ha servido de base para trabajos posteriores.
En este capítulo de la serie "Toponimia campurriana" trataremos de los topónimos que aluden al relieve o configuración del terreno: montes, valles y llanos.
MONEGRO Y MONTESCLAROS
Empezando por los montes, tenemos en Campoo de Yuso el pueblo de MONEGRO. Su significado es claro: "Monte Negro". Fonéticamente ha seguido una evolución bastante normal: se trata de una apócope, Mont Negro (docum. en 1183) > Monnegro (docum. en 1352) - como en santo > sant > san-, seguida de la simplificación de las dos enes (ya Monegro en el s. XV). La misma reducción fonética se da en Fonte-Negra > Fonegra (Noja). Más evolucionado es Muñegro (microtopónimo del valle de Aras), en que la n doble de Monnegro pasó a pronunciarse ñ (como en annus > año).
Olea esperaba la llegada de las fiestas que presagiaban la primavera con la esperanza de dejar atrás los duros inviernos
En este mirador de la vertiente Atlántica, con su río Camesa, y lindero de la meseta castellana de la cual tiene influencias en el rito marcero, los lugareños deseaban que llegase el mes de marzo para dejar atrás los fríos y el encierro obligatorio del duro invierno, y anhelaban la llegada de la primavera.
Continuando con la serie iniciada en el n° 16 de esta revista, trataré en esta segunda entrega de los llamados fitotopónimos (nombres de lugar relacionados con la vegetación) de la comarca campurriana.
GENERALIDADES
Esta familia de topónimos es numerosa, ya que nada más "natural" para designar un lugar que aludir a la vegetación predominante en dicho lugar; más tarde, el nombre del terreno pasa a denominar a la población asentada sobre el mismo.
Publicado en la revista FONTIBRE, nº 45, Enero de 1962.
Esto de las "Arcas de Misericordia" tuvo su razón de ser en aquella época en que España, en el aspecto económico, había descendido a uno de los más bajos niveles que ha conocido en su larga historia. Acababa de pasar el siglo XVII, en que por las sangrías abiertas en las guerras religiosas de Flandes y en la de sucesión a la muerte de Carlos II, y por el esfuerzo sobrehumano de haber alumbrado veinte naciones en el Nuevo Mundo, los pueblos de esta región, y eso mismo sucedería en casi toda España, se habían quedado con menos de la mitad de sus habitantes (en Cervatos, un señor y tres viudas; en Abiada, en el corto período de cuarenta años, las cuarenta y ocho casas útiles se quedaron en trece; y así, poco más o menos, en las restantes aldeas de la comarca).
Uno de los mas ilustres y desconocidos personajes nacidos en nuestra comarca es el Conde de Revillagigedo, virrey de Nueva España. Su nacimiento en Reinosa está fuera de toda duda ya que se conserva en el Archivo diocesano de Santander la partida de bautismo que lo acredita. Sin base documental alguna se han señalado como su lugar de origen, Gijón (donde se asientan sus descendientes ya en el siglo XIX), Sevilla o Bilbao.
Reinosa, la hidalga ciudad campurriana, con casonas de fachadas señoriales y dorados blasones, puede enorgullecerse de haber sido cuna de ilustres y esclarecidos varones, que brillaron con luz propia en sus trayectorias profesionales y políticas, como la judicatura, la política o la milicia. Tales como D. Francisco de Güemes y Horcasitas -Primer Conde de Revilla Gigedo- que fue capitán general, Gobernador de Cuba y Virrey de Méjico. Don Manuel Negrete de la Torre -Segundo Conde de Campo Alanje-, también capitán general y hábil diplomático. Don Saturnino Calderón Collantes, hombre de leyes, diplomático y político avezado. Don Darío Diez Vicario -valeroso militar que fue general del Ejército y murió heroicamente en la Guerra de África. Entre otros que podíamos enumerar.
Y Don Fernando Calderón Collantes -Marqués de Reinosa- ilustre jurista y destacado político, a quien nos vamos a referir seguidamente en este artículo.
En mayo de 1990 el entonces obispo de Santander, Don Juan Antonio del Val, comunicaba a sus diocesanos:
"Os anuncio un gran gozo. El próximo día 29 de abril el Papa Juan Pablo II declarará, en Roma, beatos mártires a dos cántabros. Desde que Cantabria es diócesis nunca se dio nada semejante. Desde que Cantabria es diócesis son los primeros cántabros que suben a los altares. Esto es histórico para nosotros" (1).
Comentarios recientes