Hay un libro de homenaje a Ramón Sánchez Díaz que muchos de Uds. conocerán, editado por la Diputación Provincial de Santander allá por 1970, para conmemorar el centenario de su nacimiento, que recoge en su parte final algunas fotos del Reinosa antiguo. Allí aparecen tres fotos de tres escuelas reinosanas de fines del XIX: una de la casa donde estuvo ubicada la escuela de Carlos de Hoyos en la calle Colón a la que asistió Sánchez Díaz, otra en la que se recoge una vista de la Fuente de la Aurora y de la Escuela de la Villa, y por último la escuela de las Eras. Tres escuelas que ilustran, de alguna manera, la evolución del edificio escolar.
Una de las manifestaciones más características de la comarca campurriana, dentro del folclore representado por la música, el canto y el baile, es la figura de la panderetera que, aunque es un personaje presente en toda Cantabria y en la mayor parte del norte de España (se extiende por León, Zamora, Salamanca, hasta el centro de la meseta, según Hoyos Sainz), es sin embargo en Cantabria y Campoo donde adquiere un relieve especial. La panderetera no es simplemente una mujer que toca un instrumento, sino que a su ritmo canta unas coplas que, en muchas ocasiones, ella misma ha compuesto. La figura de la panderetera es una institución que tiene una acusada personalidad dentro del folclore local.
El juego de la ruleta entretenía a niños y mayores
El oficio de barquillero como el de heladero fue una actividad ambulante, dentro del gremio de la repostería, que favorecía el sostenimiento económico de las familias. Ambos oficios siempre estuvieron ligados, por ser el barquillo el recipiente en forma de potes o cucuruchos. Por eso, eran también barquilleros los heladeros mencionados en la publicación anterior.
Los barquillos se fabricaban durante gran parte del año en las especialidades de barquillo y galleta. También se elaboraban ricos canutillos que se servían de aperitivos en los cafés más importantes de la cuidad de Reinosa, como el Victoria.
Las ferrerías del siglo XVIII, precursoras de la moderna forja
Un paseo entre las doce esculturas que se encuentran en la ribera del río Ebro en pleno corazón de Reinosa da pie a la meditación acerca de la siderurgia en nuestra Merindad. Su creador, el escultor Agustín Ibarrola, junto con los profesionales del taller de gran forja de Gerdau, han reflejado las características físicas y la fortaleza de las gentes que trabajaron y forjaron el hierro.
El primer dato que nos orientó hacia el hallazgo fue el topónimo "El Conventón" con que la tradición señalaba el sitio del yacimiento. Sólo por el nombre, el lugar estuvo siempre envuelto en misterio y cubierto de fantásticas ruinas" (Robles 1985, 202). "Los niños de Camesa y Rebolledo en nuestras escapadas a Mataporquera siempre aligerábamos el paso cerca de aquella loma... (Robles 1997).
Envuelta en la bruma de la leyenda y en la intriga enigmática de la historia estuvo siempre para los habitantes de la zona el lugar donde se localizan los vestigios arqueológicos del yacimiento de Camesa-Rebolledo, pero fueron necesarios otros acicates para que los trabajos arqueológicos se desencadenaran. Las aportaciones bibliográficas del desaparecido José María Robles constituyen las más certeras aproximaciones tanto a los orígenes de la empresa arqueológica desarrollada en el lugar en los años ochenta del siglo XX, como a la identidad del enclave.
Reinosa, la hidalga ciudad campurriana, con casonas de fachadas señoriales y dorados blasones, puede enorgullecerse de haber sido cuna de ilustres y esclarecidos varones, que brillaron con luz propia en sus trayectorias profesionales y políticas, como la judicatura, la política o la milicia. Tales como D. Francisco de Güemes y Horcasitas -Primer Conde de Revilla Gigedo- que fue capitán general, Gobernador de Cuba y Virrey de Méjico. Don Manuel Negrete de la Torre -Segundo Conde de Campo Alanje-, también capitán general y hábil diplomático. Don Saturnino Calderón Collantes, hombre de leyes, diplomático y político avezado. Don Darío Diez Vicario -valeroso militar que fue general del Ejército y murió heroicamente en la Guerra de África. Entre otros que podíamos enumerar.
Y Don Fernando Calderón Collantes -Marqués de Reinosa- ilustre jurista y destacado político, a quien nos vamos a referir seguidamente en este artículo.
En un artículo anterior en esta misma publicación (GARCÍA ALONSO 1999) ya pusimos de manifiesto que la villa de San Miguel de Aguayo y su barrio de Santa Olalla fue durante la Edad Moderna un señorío jurisdiccional, concretamente un marquesado. Ahora volvemos sobre esta cuestión porque aún es menos conocido el papel protagonista que los marqueses con ese título tuvieron en el Nuevo Mundo, concretamente en la conquista y colonización del enorme territorio de frontera entre la Sierra Madre Oriental y el Seno Mexicano, por entonces los confines del imperio hispánico.
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