Edición: 1ª ed., 1ª imp.
Fecha Edición: 09/2010
Publicación: González Moreno, Javier
Fotografías: Fotos Boyet, Miguel de Celis, Foto Gumer, Barriuso y distintas coleccions privadas
Prólogo: Sergio Balbontín
Descripción: 340 p. il. col. 30x21 cm
Encuadernación: cart.
El control de los daños de los depredadores se convirtió en un oficio en los montes de Campoo
El alimañero fue una persona de servicio para la comunidad, con una serie de cualidades: temple, valor, constitución física, integrado por entero en la naturaleza, que conoce los recónditos secretos de la sierra y el monte, observador de los movimientos y comportamientos de las alimañas y que tiene la astucia de controlar su población y aniquilarla cuando amenaza superpoblación, para no perjudicar el equilibrio ecológico de la naturaleza.
Seguramente esta crónica se refiera al Desastre del 98. Las tropas repatriadas de Cuba llegaban por el puerto de Santander; esta crónica relata los hechos que se produjeron en la estación de Reinosa.
La inclusión de Campoo dentro del arzobispado burgalés explica que las construcciones de carácter religioso que se realizaron durante esa época en ese territorio estuvieran en manos, fundamentalmente, de canteros llegados desde la zona norte de dicho arzobispado, también conocida como "Montañas Bajas", término con el que se designaban a todas aquellas localidades cuyos ríos vertían aguas al mar Cantábrico. De hecho, se puede afirmar que durante el siglo XVII las construcciones eclesiásticas estuvieron monopolizadas por maestros oriundos de Trasmiera y, más concretamente, por los procedentes de las juntas de Cudeyo y Ribamontán.
Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Pilar Dieguez Calderón, Ana Manzano Peral, Tirso García, Mireya Rodríguez, Lucía Zubelzu, Dental Campoo, Casa de Cultura Sánchez Díaz y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
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