Una de las manifestaciones más características de la comarca campurriana, dentro del folclore representado por la música, el canto y el baile, es la figura de la panderetera que, aunque es un personaje presente en toda Cantabria y en la mayor parte del norte de España (se extiende por León, Zamora, Salamanca, hasta el centro de la meseta, según Hoyos Sainz), es sin embargo en Cantabria y Campoo donde adquiere un relieve especial. La panderetera no es simplemente una mujer que toca un instrumento, sino que a su ritmo canta unas coplas que, en muchas ocasiones, ella misma ha compuesto. La figura de la panderetera es una institución que tiene una acusada personalidad dentro del folclore local.
El valle de Campoo, entendiendo como tal aquel sector que de modo específico conserva tal denominación en Cantabria, es una comarca de montaña de dimensiones reducidas -apenas 400 km2- que, en razón de su altitud y cambiantes influencias climáticas, atlánticas y mediterráneas, bien podemos considerar como un espacio de transición.
En un artículo anterior en esta misma publicación (GARCÍA ALONSO 1999) ya pusimos de manifiesto que la villa de San Miguel de Aguayo y su barrio de Santa Olalla fue durante la Edad Moderna un señorío jurisdiccional, concretamente un marquesado. Ahora volvemos sobre esta cuestión porque aún es menos conocido el papel protagonista que los marqueses con ese título tuvieron en el Nuevo Mundo, concretamente en la conquista y colonización del enorme territorio de frontera entre la Sierra Madre Oriental y el Seno Mexicano, por entonces los confines del imperio hispánico.
Existe otra Reinosa con aquella primitiva ortografía de la i griega, localizada en México, en la zona de contacto entre las provincias fisiográficas de "Las Grandes Llanuras de Norteamérica y La Llanura Costera del Golfo del Norte"; la mayor parte de su municipio está incorporada a la cuenca baja del río Bravo hace frontera con EE UU y pertenece hoy al estado mexicano de Tamaulipas.
Real como la vida misma. Esa, expuesta con radical simplicidad, podría ser una primera conclusión de alguien que se aproxime al conocimiento de las vicisitudes del Ferrocarril de La Robla en sus casi ocho décadas de existencia. A lo largo de una dinámica de desarrollo similar a la de un organismo vivo que nace, se desarrolla y muere, la vida del Hullero enhebra -con gran potencial didáctico, por cierto- aspectos propios del emprendimiento empresarial, motores de su existencia, con los organizativos y tecnológicos, materializados en los activos ferroviarios que sostuvieron su actividad, y, desde luego, con los socioeconómicos que caracterizan la inevitable interacción de una línea férrea con el territorio que atraviesa.
En lo sucesivo abordaremos una breve semblanza de este ferrocarril, uno de los más interesantes en nuestro país.
ACER (Asociación de comerciantes y empresarios de Reinosa
La Galería
Número 5. Junio 2013
EDITA: ACER (Asociación de comerciantes y empresarios de Reinosa), COORDINACIÓN: ACER (Asociación de comerciantes y empresarios de Reinosa), Legado Comunicación S.C. REDACCIÓN: Adrián Alonso, Benhur Valdés, Blanca Carbonell COLABORACIONES: Casa de la Cultura "Sanchez Díaz", Ernesto Sardina, Teodoro Pastor PORTADA: "Recién salido de la peluquería", Fotografía de Manuel Estebanez
En este trabajo pretendo hacer algunas reflexiones acerca de los significados del don y el contradón en las comunidades rurales tradicionales. Para ello estableceré las conexiones existentes entre la lógica del don y el contradón y lo que en otro lugar he denominado la "lógica social del complejo doméstico-comunitario" y su correspondiente "subsistema simbólico-ideacional'' (Montesino, 1995a), sobre los cuales, a mi juicio, se asentaban las formas locales de explotación y sus fundamentos productivos y reproductivos, así como los vínculos morales y sociales de las personas y los grupos domésticos que conformaban el tejido comunitario de las comunidades rurales de la Cantabria tradicional y, por consiguiente, también del ámbito campurriano, durante la primera mitad del pasado siglo, período en el que los vestigios del viejo orden tradicional existentes en el nivel microsocial aún coexistían con los cambios macrosociales que se estaban produciendo en los espacios agrarios como consecuencia de los procesos de modernización e inserción (subsundón formal y real) de la agricultura tradicional en el nuevo modelo capitalista de desarrollo agrícola.
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