Ana Belén Lasheras - Mª Eugenia Escudero - Isabel Cofiño
Lugares tan distantes geográficamente, como Couillet (Charleroi, Bélgica) y Campoo, acabaron acercándose por los avatares de una historia cuyos protagonistas fueron los hermanos Ernest y Alfred Solvay. En la localidad belga se estableció, en 1863, la primera fábrica de sosa Solvay, mientras que en la comarca campurriana se puso en práctica una iniciativa filantrópica a través de la fundación, en 1929, de una casa de reposo en Soto para los empleados de la fábrica de Solvay en Barreda.
Fue Ernest, el hermano mayor, quien descubrió el proceso de fabricación de carbonato sódico al amoniaco o sosa al amoniaco a mediados del Ochocientos. Hasta entonces, y desde antiguo, se había utilizado la sosa natural, extraída de plantas o de unos yacimientos de carbonato sódico estadounidenses, y la sosa artificial, obtenida a partir de la sal común por un procedimiento inventado por el químico francés Nicolás Leblanc en 1798. El proceso creado por Ernest mejoró considerablemente la invención de Leblanc, abaratando e incrementando la producción de sosa.
Un rito necesario para comprobar la bravura de los sementales
El Concejo de Los Carabeos tenía como fecha de peregrinación votiva a la Virgen de Montesclaros el día 7 de mayo. Esta fecha se trasladó después al 15 de mayo, festividad de San Isidro Labrador. Actualmente se celebra el domingo más próximo a esta fecha.
Cada año, uno de los tres barrios que componen el concejo: San Andrés, Arroyal y Barruelo, era el anfitrión y portaba su estandarte (pendón) y la cruz que presidía la procesión. El estandarte lo portaba el mozo mayor y era acompañado por otros dos para su manejo, que guiaban los cordeles para mantenerlo en posición. Partían por la mañana todos los peregrinos en procesión rezando el rosario, presidida por uno de los párrocos del lugar. Cuando se terminaba de rezar se deshacía la procesión y al llegar al término denominado el Cañón, se volvía a formar caminando con cánticos de alabanza a la Virgen.
Casi una veintena de zapateros ejercían su oficio en la Merindad Campoo en el primer tercio del siglo pasado
En el Anuario de Santander perteneciente al primer tercio del siglo XX figuran en la Merindad de Campoo casi una veintena de artesanos zapateros: en Reinosa, García (Viuda de Nemesio) y Gutiérrez (Viuda de Salceda Marcelino). En Matamorosa, Jesús Fernández; en Las Rozas de Valdearroyo, Francisco González; en Mataporquera, Leandro González; en Polientes, Demetrio Salgado; en Bárcena de Ebro, Julián Alonso; en Rocamundo, Pacifico Corada; en Ruerrero, Maximino Garrido y en San Martin de Elines, Tomás Herrero. También figuran como alpargateros en Pesquera, Francisco González; en Rocamundo, Joaquín Pérez; en San Martín de Elines, Hermógenes Alonso, Pedro Peña y Minervino Saiz, y en Villamoñico, Chicote y Hierro hijos.
En un ya lejano septiembre de 1995 aparecíapor primera vez en los quioscos de Reinosauna revista, Cuadernos de Campoo, -novedosa por los temas que trataba y por su rigor histórico- que nació para dar a conocer a los habitantes de la antigua merindad su historia, arte, etnografía y aquellas propuestas que tuvieran relevancia para conocer el patrimonio material e inmaterial de la comarca.
La iniciativa, que tuvo su origen en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Reinosa, entonces presidida por Javier González Diez, reunió en su consejo de redacción a varios historiadores y estudiosos que dieron forma a la publicación. Se abrió entonces una puerta que dejaba entrar luz y un aire nuevo a nuestra historia común.
La Gala de las Justas Literarias, presidida por la Reina y Damas de las Fiestas de San Mateo, que se celebra en el Teatro Principal, marca el inicio de estas fiestas de Reinosa y constituye una de sus señas de identidad, junto al desfile de carrozas y el Día de Campoo. Este Certamen Poético es uno de los más antiguos de cuantos se convocan actualmente en España.
En Campoo, como en la mayor parte de las regiones de España, se han venido practicando estos ritos desde la más remota antigüedad, en fechas que podían cambiar de unas a otras, aunque no tuvieran en todas la misma duración, pues en algunas comarcas el tiempo previsto se reducía a la noche precedente a la festividad de San Juan en la que se trataba de recoger cuantas manifestaciones conocemos a este propósito.
Cuadernos de Campoo
Época II. Año I. Número 1. Agosto 2008
Cuadernos de Campoo es una publicación de la Casa de Cultura “Sánchez Díaz”
Equipo asesor: Javier González Ruiz, Mª Elena Marchena Ruiz, Encarnación-Niceas Martínez Ruiz, Joaquín Gutiérrez Osés, Jesús Allende Valcuende, Daniel Guerra de Viana (Coordinador)
Las ermitas y santuarios cántabros son a menudo edificios humildes, impregnados de un valor que va más allá de lo puramente histórico-artístico, pues se convierten en testimonio de las creencias y costumbres de los pueblos. Con frecuencia se trata de edificaciones de escaso o nulo interés artístico, por lo que muchas de ellas van quedando olvidadas, corriendo el peligro de desaparecer.
La diferencia entre santuario y ermita se fundamenta en el fervor manifestado a la imagen que guarda el edificio. Los santuarios albergan devociones que agrupan a un territorio extenso, los llamados "territorio de gracia", mientras que las ermitas tienen un ámbito de devoción local, generalmente restringido al lugar donde se erigen. Además, en los santuarios la imagen es insustituible, mientras que en las ermitas se puede sustituir.
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