Fotografías de enero 2010. Este primer mes del año nos trae un poco de nieve para catar el invierno.
Ropa: Plumífero, gorro, bufanda, guantes, botas y dos pantalones de pana
A diferencia de lo ocurrido en otras regiones norteñas, como Galicia, Asturias o el País Vasco, la primera industria cántabra del vidrio, hace ahora siglo y medio, eligió ubicarse en el interior, y no en la costa. Tan aparentemente anómalo, comportamiento parece haber obedecido, sin embargo, a muy poderosas razones, tanto técnicas como, sobre todo, empresariales. Porque lo cierto es que, ya desde finales del siglo XVIII, y apoyándose en la excelente formación química y mineralógica recibida en el entonces muy novedoso e ilustrado Real Seminario de Vergara, Luis Collantes y Fonegra, oficial de Marina retirado y conocido de Jovellanos (que hubo de visitar su casa reinosana y su colección de minerales en 1797), había descubierto en Las Rozas una mina de lignito de abundancia y calidad al parecer nada despreciables.
El crecimiento demográfico que de los años 1920 a 1930 tuvo la ciudad de Reinosa, y que paso de 4.180 a 8.606 habitantes (1), obligó al Arzobispo de la sede metropolitana burgalesa -de la que dependía Reinosa- el Excmo. Sr. D. Manuel de Castro y Alonso, a buscar ayuda de religiosos para que colaborasen con los sacerdotes seculares en la promoción espiritual de los fieles. Los reinosanos pedían una comunidad religiosa(2), y aun concretaban su petición en los Carmelitas Descalzos (3). El Prelado burgalés, terciario de la Orden, vio muy bien esta petición.
Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Francisco Pérez Cabezón, Andrés García Alonso, Santiago Pérez, Mª Elena Marchena, Luisa Herrero, Antonio Herrero, Casa de Cultura Sánchez Díaz, Alberto Herrero, Raquel Arnáiz y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
Utensilios y herramientas de un trabajo ya olvidado
La fragua era el lugar donde se realizaban todos los utensilios de hierro necesarios tanto para el menaje doméstico como agrícola-ganadero y las herramientas y materiales auxiliares para los trabajos de carpintería, cantería y molienda.
El trabajo de los herreros propició una mejora del mundo rural y un adelanto progresivo tanto en las labores artesanales, como la adecuación de la vivienda y la sustitución de los rudimentarios aperos de labranza de madera por los de hierro, facilitando la ampliación y el progreso en el cultivo de la tierra con menor esfuerzo.
Durante el último cuarto del siglo XV la Hacienda Real recaudaba sus ingresos en el espacio comprenden por la actual Comunidad Autónoma de Cantabria por 4 conceptos:
1) En primer lugar gravando a la actividad comercial y artesanal y a los consumidores a través de las alcabalas.
2) En segundo, imponiendo el diezmo de la mar a la entrada y salida de mercancías por los 'puertos de la mar de Castilla" (Castro Urdíales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera)
3) En tercero, mediante el monopolio y estanco de la sal establecido desde los alfolíes (Santander y San Vicente de la Barquera).
4) Y, por último, participando del diezmo eclesiástico a través de las tercias reales.
Uno de los mas ilustres y desconocidos personajes nacidos en nuestra comarca es el Conde de Revillagigedo, virrey de Nueva España. Su nacimiento en Reinosa está fuera de toda duda ya que se conserva en el Archivo diocesano de Santander la partida de bautismo que lo acredita. Sin base documental alguna se han señalado como su lugar de origen, Gijón (donde se asientan sus descendientes ya en el siglo XIX), Sevilla o Bilbao.
Los escritores que se han ocupado del tema de la caza, sobre todo si a la vez que investigadores son aficionados a este deporte, suelen ser indulgentes al tratar el tema de los cazadores furtivos, que, como dice Hoyos Sainz, "son los cazadores primitivos y naturales, el enemigo admirado y envidiado por el cazador de alcurnia". De ellos se ocupó el Conde Yebes en su obra Veinte años de caza mayor y el poeta Villalón les dedicó un poema.
Comentarios recientes