Os hablo aquí del tiempo en que, siendo muchachos, íbamos a la escuela; del tiempo que querríamos volviese, pero que es imposible. De las ilusiones, de las esperanzas que llevábamos en el corazón; de nuestra inocencia; de las luciérnagas, que creíamos estrellas, porque era muy pequeño nuestro mundo y estaba muy bajo nuestro cielo.
El escritor italiano Giovanni Mosca ponía estas palabras al comienzo de un bello y poco conocido libro escrito a mediados del siglo que ahora termina, cuyo título original, "Riccordi di Scuola", he querido poner al frente de estas pocas líneas evocadoras de lo que fueron las escuelas y la educación por tierras campurrianas hasta hace no más de un par de generaciones.
En el territorio de Campoo, durante los siglos XIV y XV tuvo lugar un importante proceso, que fue el resultado de la formación del Corregimiento de Campoo con sus hermandades y de una red de alianzas nobiliarias, basada en los enlaces matrimoniales. Para explicar este proceso es necesario, en primer lugar, exponer los distintos escenarios en que se desarrollaron los diversos ámbitos competenciales en el territorio campurriano entre los siglos X al XV; en segundo lugar, se atenderá a la forma en que se distribuyeron territorialmente los titulares de esos ámbitos de poder y los conflictos que suscitaron. En tercer lugar, las personas físicas y jurídicas que ejercieron distintas competencias en el territorio produjeron, en última instancia, la individualización de Campoo, así como de los diversos marcos de encuadramiento social (1).
El material que más abundantemente se recupera en el curso de las excavaciones arqueológicas realizadas sobre yacimientos romanos es la cerámica y, especialmente, fragmentos caracterizados por haber sido elaborados con técnicas muy sencillas y cuyo aspecto puede resultar, en ocasiones, tosco. Por ello, el conjunto de recipientes destinados a la elaboración, servicio, almacén y transporte de alimentos ha recibido el nombre de cerámica común.
Continuando con el estudio de la música en Reinosa y Campoo, hoy queremos recoger los instrumentos musicales de los centros religiosos y los organistas que los tocaron, así como la historia y los protagonistas de: los constructores de rabeles, las pandereteras y piteros de Campoo, las escuelas y academias de música, los discos grabados por las diferentes agrupaciones reinosanas, los espacios y rutas musicales de Campoo, las obras de teatro de autores campurrianos y las semblanzas de los músicos más reseñables de Reinosa. Temas que fueron comentados en la revista Cuadernos de Campoo n°43, de marzo de 2006, y que hoy recogemos cronológicamente en cuadros.
Me asomo por vez primera a las páginas de Cuadernos de Campoo, para tocar una tema tan apasionante como son las setas. Para quienes no me conocen y puedan deducir por este artículo que soy un gran setero, nada más lejos de la realidad. Lo de buen setero, en el lenguaje de nuestros valles se aplica generalmente a la persona que año tras año colecta gran cantidad de setas, principalmente de «las buenas» (volveré a esta denominación más adelante). Y ese no es mi caso.
La fundación de esta institución asistencial, con algunas matizaciones y salvando la distancia cronológica, pudo tener un principio similar al que tuvieron los hospitales medievales ubicados en las rutas de peregrinación para acogida de caminantes. Reinosa ocupaba un punto intermedio en una vía de comunicación con gran afluencia de transeúntes ya a partir del siglo XVI, quienes sin duda, plantarían un serio problema social para una población de escasa densidad demográfica. Esta situación se verá agravada al representar además el centro geográfico de una comarca con un equilibrio económico ligado a las labores del campo y, por tanto, sujeta a diversos avatares (climáticos, sequías, pestes...) que al menor contratiempo colocaban a sus habitantes al borde de la ruina y les obligaba recurrir a la caridad.
La apicultura constituye una actividad agraria que ha gozado en Campoo (1) de una importante presencia histórica. Durante el siglo pasado los colmenares abundaban todavía en los pueblos, conservando en gran medida los métodos de explotación tradicionales. En la Aldea de Ebro en la primera mitad del siglo XX los vecinos tenían que proteger las colmenas del apetito de los osos, poniendo dispositivos de hojalata que hicieran ruido y los ahuyentaran. Al igual que en otras zonas altas de Cantabria la miel de esta comarca tiene un color oscuro característico proveniente de plantas como el roble o el brezo, uno de los tipos de miel más valorados (2).
Cuadernos de Campoo quiere poner un colofón a los actos que se han sucedido durante el año 1998 en homenaje a Casimiro Sainz, con un acercamiento a la obra del artista a través de dos artículos, firmados por los escritores reinosanos Demetrio Duque y Merino y Ramón Sánchez Díaz, quienes tuvieron relación con el "Loco de Matamorosa" y nos pueden aportar otra perspectiva acerca de las opiniones y el aprecio que tenían sus contemporáneos del artista y su pintura. Demetrio Duque y Merino (1844-1903), director del periódico "El Ebro", no solo conoció al pintor sino que fue unos de sus principales valedores en la región.
Miguel Rodríguez-Cantón Saiz, Iratxe Rodríguez-Cantón Gutiérrez
La profundidad de su mirada custodia todo un archivo ilustrativo de Campoo. Con 73 años en sus canas, ya en su mocedad, sintió la inquietud cultural. Nada impidió a sus diestras manos plasmar la belleza campurriana en alienadas letras y prosaicos lienzos. Con Reinosa en su corazón, enclavada con la pluma y el pincel, supo conjugar edición de revistas gloriosas —entre ellas, Fontibre— con su paso por la alcaldía de Reinosa y sus colaboraciones en Alerta.
Con este discurso comienza una entrevista escrita en el Diario Alerta. Es tan acertada su descripción, que no puedo más que transcribir sus palabras, para definiros al hombre al que hoy, a sus 89 años de edad, honramos con estas líneas.
Ramón nació un veinticinco de octubre de mil novecientos diecinueve, le enseñaron a leer entre las Hijas de la Caridad (Las monjas) y los Hermanos Menesianos (Los frailes), muy pronto se destacó un gran lector, sobre todo en temas dedicados a la historia de Reinosa. Más tarde, durante su época de Bachiller, sería aleccionado por uno de los estandartes de la prosa cántabra, Gerardo Diego. Todo esto le llevó a iniciarse en el arte de la escritura y, ya a los dieciséis años se le concedió el primer premio al tema, "Historia y Monografía de Reinosa y comarca de Campoo", el certamen, que fue organizado por La Biblioteca Pública Municipal de Reinosa, tuvo una gran acogida en sus días.
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