Casi una veintena de zapateros ejercían su oficio en la Merindad Campoo en el primer tercio del siglo pasado
En el Anuario de Santander perteneciente al primer tercio del siglo XX figuran en la Merindad de Campoo casi una veintena de artesanos zapateros: en Reinosa, García (Viuda de Nemesio) y Gutiérrez (Viuda de Salceda Marcelino). En Matamorosa, Jesús Fernández; en Las Rozas de Valdearroyo, Francisco González; en Mataporquera, Leandro González; en Polientes, Demetrio Salgado; en Bárcena de Ebro, Julián Alonso; en Rocamundo, Pacifico Corada; en Ruerrero, Maximino Garrido y en San Martin de Elines, Tomás Herrero. También figuran como alpargateros en Pesquera, Francisco González; en Rocamundo, Joaquín Pérez; en San Martín de Elines, Hermógenes Alonso, Pedro Peña y Minervino Saiz, y en Villamoñico, Chicote y Hierro hijos.
El 30 de noviembre de 1833, merced al decreto impulsado por quien a la sazón ejercía las funciones de Secretario del Despacho del Fomento General del Reino, culminaba la, en no pocas ocasiones pretendida y reiteradamente fracasada, racional vertebración de la estructura territorial de la monarquía, quedando España dividida en cuarenta y nueve provincias. Un número de circunscripciones que se ha mantenido prácticamente inalterable hasta la actualidad, en tanto a esa ya lejana división promovida por Javier de Burgos solo se le ha operado la modificación de 1927 por la que la única provincia canaria fue fraccionada en dos (1). Y, como es obvio, a este complejo proceso no fue ajena la nueva circunscripción montañesa.
Fue la de Santander una provincia que en su mayor parte, aunque en modo alguno en su totalidad, se asentó sobre el territorio que en el Antiguo Régimen estaba encuadrado en un ámbito geográfico conocido con acepciones diversas como podían ser las de Montañas Bajas de Burgos, Peñas a la Mar o Montañas de Santander.
En la documentación más antigua que se conserva correspondiente a los siglos IX y X aparece ya Campoo como un ámbito territorial y poblacional plenamente definido, distinto y apartado de otros ámbitos limítrofes como es el de las Asturias de Santillana, Liébana o Castilla, a través de referencias documentales a "territorium de Campo"; "territorium de Campo Pau"; "urbe Campodii"y otras como "Campo Patenti"(1). Ello supone por tanto que en torno al año mil de nuestra era existía una configuración propia que la misma documentación permitirá conocer en su realidad jurídico administrativa durante los siglos posteriores y que responde a una personalidad de rasgos físicos distintos al resto de la región tanto por su orografía cuanto por su clima, diferenciado del de la zona costera de Cantabria (2).
En el libro de sesiones del Excmo. Ayuntamiento de Reinosa, correspondiente al año de 1879, que, milagrosamente, persistió tras el incendio de 1932, se recoge un informe del Alcalde acerca de las gestiones realizadas, en relación con las ya inmediatas Ferias y Fiestas de San Mateo, refiriéndose a los fuegos artificiales que había encargado a Palencia (no Valencia) y al contrato pendiente con los dulzaineros de Frómista “por si quieren venir a tocar a dicha Feria por la retribución de sesenta pesetas".
Edición: 1ª ed.
Fecha Edición: 11/2001
Textos: Alberto Gallo
Ilustraciones: Alberto Gallo
Prólogo: José Antonio López Hidalgo
Descripción: 90 p. il. col. 33x25 cm
Encuadernación: cart.
Durante el último cuarto del siglo XV la Hacienda Real recaudaba sus ingresos en el espacio comprenden por la actual Comunidad Autónoma de Cantabria por 4 conceptos:
1) En primer lugar gravando a la actividad comercial y artesanal y a los consumidores a través de las alcabalas.
2) En segundo, imponiendo el diezmo de la mar a la entrada y salida de mercancías por los 'puertos de la mar de Castilla" (Castro Urdíales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera)
3) En tercero, mediante el monopolio y estanco de la sal establecido desde los alfolíes (Santander y San Vicente de la Barquera).
4) Y, por último, participando del diezmo eclesiástico a través de las tercias reales.
Los "vecerus" eran los encargados de guardar por turnos el ganado
En nuestra Merindad de Campoo, desde el Medievo hasta mediado el siglo XX las comunidades vecinales permanecieron ancladas en ancestrales estructuras económicas y sociales rigiéndose en concejo público, donde se dictaban las normas de convivencia vecinal y aquellas que incidían en el aprovechamiento de los bienes del común, como eran el monte y los pastos. Se trataba de un modelo primitivo, basado en la subsistencia, donde el dinero apenas circulaba y las familias eran autosuficientes y con una prole muy numerosa para hacer frente al pastoreo y las faenas agrícolas.
Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Pilar Dieguez Calderón, Amalia Iglesias Serna, Raúl Gutiérrez, Claudio Gómez Martín, Antonio Herrero, Isabel Díaz, Pedro Díaz, Ángel Ruíz, Javier Gonzálezs Pozo, Casa de Cultura Sánchez Díaz y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
El cine "Botellas" se inauguró en noviembre de 1959 con el nombre oficial de Cine Infantil Parroquial. Los cines parroquiales de la España de posguerra tuvieron una notable presencia en pueblos y ciudades hasta los albores de la democracia, bien en forma de edificios construidos a tal fin, como es el caso del de Reinosa, bien como modestos proyectores que se instalaban en cualquier recinto o incluso al aire libre.
Eran con frecuencia la única oferta cultural de la localidad y un instrumento de influencia y control sobre la juventud, que debía ser preservada de otras actividades poco recomendables y alejada de películas consideradas inmorales o transmisoras de valores contrarios a los que en aquel momento defendía la iglesia católica con celo riguroso, plenamente identificada con el llamado nacionalcatolicismo.
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