El término municipal de Hermandad de Campoo de Suso se encuentra en el centro del territorio que habitaron los antiguos cántabros, cuyos límites geográficos eran considerablemente más amplios que los de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria. Como ya especificó el padre Enrique Flórez en el siglo XVIII (1), el solar de los Cantabri al que se refieren los autores de la Antigüedad se localizaba en el sector central de la Cordillera Cantábrica y coincidía, más o menos, con la región natural que desde la Edad Media se conoce con el nombre de "La Montaña".
Hay una doble historia olvidada de nuestro patrimonio arquitectónico en el entorno del pantano del Ebro. La primera hace referencia al patrimonio desaparecido a causa de la construcción del pantano que supuso la anegación de cuatro pueblos enteros (Medianedo, Quintanilla de Medianedo, La Magdalena y Quintanilla de Bustamante), otros tres casi totalmente (precisamente los más poblados en aquel entonces, caso de Las Rozas, Villanueva y Renedo) y otros ocho perdiendo algunos barrios y partes significativas de su trazado urbanístico (1).
Como buen aficionado a la lingüística, desde que llegué a Reinosa empecé a interesarme por la etimología de este topónimo; pero como ninguna de las etimologías conocidas me convencía, acabé por desarrollar la mía propia, válida no sólo para Reinosa, sino también para Renedo y para una numerosa familia de palabras derivadas de la misma raíz.En este estudio monográfico refutaré primero las opiniones anteriores que han llegado a mi conocimiento y posteriormente trataré de demostrar que mi nueva etimología es, la más convincente de todas las propuestas o, al menos, la que mejor sigue la metodología exigible en toda investigación etimológica que quiera considerarse científica.
En la pequeña villa que era Reinosa a últimos del siglo XIX, se dio la circunstancia, con efectos de providencia, de reunirse un grupo de campurrianos, nativos unos y otros residentes, con cierto nivel cultural en artes y letras, principalmente, que sitúa a Reinosa en un destacado puesto dentro de Cantabria, en este terreno, según acertada observación de José María de Cossío en su obra "Rutas Literarias de la Montaña". Muy relacionados con la capital, algunos fueron asiduos colaboradores de la prensa provincial, otros en actividades artísticas y en cuantas obras de carácter cultural se emprendían, llegando varios de ellos a justificar una importante situación a escala nacional.
Daniel Guerra de Viana y María Elena Marchena Ruiz
El presente trabajo trata de dar a conocer las pinturas murales góticas existentes en Mata de Hoz, La Loma y Las Henestrosas, en Valdeolea, uno de los pocos ejemplos de su estilo en Cantabria y que fueron descubiertas al desencalar los ábsides de las iglesias en la últimas décadas. La primera manifestación pictórica de esta época que se descubrió e investigó en la zona, no en tierras de Cantabria pero en relación directa con las de Valdeolea, fueron las representaciones murales de la iglesia de S. Felices de Castillería, en el norte de Palencia cuyo estudio hizo Miguel Angel García Guinea en 1951 y que ha servido de base para trabajos posteriores.
La arquitectura de las cuatro últimas décadas tiene una importantísima presencia en nuestras vidas: habitamos ciudades con una fisonomía muy distinta a la que tenían en la primera mitad de siglo; residimos en viviendas construidas o reformadas en los últimos cuarenta años; trabajamos, estudiamos, nos ocupamos de la administración, practicamos deporte, disfrutamos del ocio y el tiempo libre ..., nos relacionamos, en definitiva, en lugares cuyos valores estéticos no siempre conocemos aun cuando su evidencia resulta abrumadora. Con frecuencia se sabe más de lo pasado que de lo actual. Suele ocurrir que no nos cuesta entender estilos muy lejanos a nosotros en el tiempo como el románico, el gótico, o incluso las construcciones del antiguo pueblo cántabro o de la ciudad romana de Julióbriga, sin ir más lejos, y sin embargo, a veces somos incapaces de digerir los productos creados bajo los valores de nuestra cultura contemporánea.
Los usos y costumbres populares en la Merindad de Campoo han experimentado en la segunda mitad de este siglo una transformación tan profunda, que a las nuevas generaciones se les hace difícil imaginar los aspectos más representativos de la vida tradicional rural.
Dice Enrique Franco en un artículo escrito en “Fontibre, revista de Campoo” editado por la Casa de Cultura Sánchez Díaz de septiembre de 1956 “...Un hombre va por el camino. De pronto rompe a cantar. Triste o alegre, según su estado de ánimo. Lo que el hombre canta es algo que ha escuchado cantar a otros... pero cuando él canta lo que aprendió de otros pone matices personales y ocasionales. Pone el timbre de su voz, distinta a las demás, como la huella digital del sonido, pone además la especial cadencia de su manera de hablar... Pero el hombre del camino es, consciente o inconscientemente, capaz de convertirse en instrumento musical, capaz de producir música, capaz de establecer un orden entre los sonidos que produce su manera de sentir y de pensar.... El hombre del camino hace música por espontánea necesidad y dentro de un estilo que le impone el tiempo, las fuentes donde las aprendió, el lugar donde nació y vive y los sentimientos de su propia intimidad....
Olea esperaba la llegada de las fiestas que presagiaban la primavera con la esperanza de dejar atrás los duros inviernos
En este mirador de la vertiente Atlántica, con su río Camesa, y lindero de la meseta castellana de la cual tiene influencias en el rito marcero, los lugareños deseaban que llegase el mes de marzo para dejar atrás los fríos y el encierro obligatorio del duro invierno, y anhelaban la llegada de la primavera.
El 30 de noviembre de 1833, merced al decreto impulsado por quien a la sazón ejercía las funciones de Secretario del Despacho del Fomento General del Reino, culminaba la, en no pocas ocasiones pretendida y reiteradamente fracasada, racional vertebración de la estructura territorial de la monarquía, quedando España dividida en cuarenta y nueve provincias. Un número de circunscripciones que se ha mantenido prácticamente inalterable hasta la actualidad, en tanto a esa ya lejana división promovida por Javier de Burgos solo se le ha operado la modificación de 1927 por la que la única provincia canaria fue fraccionada en dos (1). Y, como es obvio, a este complejo proceso no fue ajena la nueva circunscripción montañesa.
Fue la de Santander una provincia que en su mayor parte, aunque en modo alguno en su totalidad, se asentó sobre el territorio que en el Antiguo Régimen estaba encuadrado en un ámbito geográfico conocido con acepciones diversas como podían ser las de Montañas Bajas de Burgos, Peñas a la Mar o Montañas de Santander.
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