La mejora de las comunicaciones trajo la ropa moderna a Campoo
La Merindad de Campoo tuvo históricamente una indumentaria tradicional muy equilibrada para las diferentes labores y épocas del año. La ropa solía ser heredada de padres a hijos y los desgastes y las reposiciones de prendas se realizaban en casa, principalmente con lana y lino.
La transformación de estos materiales en fibra textil era un proceso familiar de las largas noches de hila, y su transformación en lienzos y el abatanado de los paños era contratado a los tejedores. Este sistema tradicional se fue extinguiendo con la entrada del siglo XX por la introducción de la nuevas tendencias en el vestir, con la llegada de telas, sedas y paños elaborados industrialmente en manufacturas que acercaban el producto a su consumidores hasta la puerta de su casa con un coste que empezaba a ser asequible para su economía.
Continuando con el estudio de la música en Reinosa y Campoo que habíamos emprendido en el artículo anterior "Agrupaciones musicales reinosanas" (1) hoy queremos reflejar brevemente el proceso que dio origen a la formación musical; la difusión musical en Reinosa, basada en sus intérpretes y en sus grabaciones; los espacios musicales, donde proponemos una ruta musical por Campoo, y finalmente recogemos las semblanzas de los principales protagonistas de la música en Campoo.
En la década de los años cincuenta excavaba en Julióbriga, dirigiendo los trabajos durante varios años, una figura de reconocido prestigio en los estudios clásicos, el Dr. don Antonio García Bellido, con quien tuve la suerte de colaborar y convivir y, como consecuencia, llegar a valorarle no sólo como uno de los arqueólogos de mayor talla internacional en aquellos momentos , sino (y esto para mí es aún más importante) como excepcional persona, siempre próximo humanamente, siempre bueno en la más amplia acepción del adjetivo, y cargado de una vitalidad arrebatadora y una vocación por sus investigaciones que pienso fue el gran motor de todos sus éxitos.
Este año que está ya iniciando su ocaso, se cumplen cincuenta de la muerte de un notable aviador campurriano, Joaquín Arozamena Postigo que, nacido en Mataporquera cuarenta y un años antes, participaría en uno de los tres extraordinarios raids con que la Aviación Militar paseó con gloria la bandera de España por cuatro continentes y los dos hemisferios, en 1927, volando a los puntos más lejanos de lo que había sido nuestro Imperio: América del Sur, el golfo de Guinea y las islas Filipinas.
Con la finalización del siglo XX no sólo terminó la vigésima centuria de nuestra era sino que, además, certificó lo que se iba produciendo en los últimos años: la desaparición de formas de vida, actividades y oficios en el medio rural de la comarca de Campoo. Es el caso de los herreros: ya no quedan en los pueblos ni en Reinosa. Unos abandonaron la profesión por otra mejor remunerada en la industria; otros se jubilaron y, en todos los casos, principalmente porque a partir de la mecanización del campo y la decantación mayoritaria por la ganadería en todos los municipios, el oficio de herrero se hizo prescindible.
Sin embargo, el herrero a lo largo de la historia ha sido necesario en la vida tradicional de los pueblos porque de él dependía la reparación y la fabricación de herramientas y utensilios para la actividad doméstica y productiva.
El herrero de los pueblos era también cerrajero y herrador: por eso junto a la fragua era frecuente hallar el herradero necesario para calzar con callos (bueyes y vacas) y herraduras (caballos y yeguas) a los animales de labor.
En este año 2001 se cumple el 250 aniversario de la construcción de una importante obra de ingeniería innovadora en su tiempo y que marcó pautas en el arte de construir caminos por trazados difíciles, cuando aún faltaban 50 años para que se creara el Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Entre 1749 y 1753, el Camino Real de Reinosa fue tomando forma y configuró la salvaguarda del futuro florecimiento de la ciudad de Santander y de su puerto.
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