La siderurgia tradicional tuvo cierta importancia en Cantabria desde muy temprano (Alta Edad Media). El sistema empleado en las ferrerías consistía en cocer el mineral en hornos bajos, usando como combustible carbón vegetal. Al menos desde el siglo XV usaban ya la energía hidráulica para insuflar aire en el horno a través de fuelles y para mover un mazo que servía para golpear la llamada goa o zamarra, es decir, la masa pastosa de hierro que salía del horno tras la cocción; el martilleo servía para compactarla, liberarla de la escoria y darle forma.
El ambiente político e intelectual de finales del XIX, imbuido en buena medida del pesimismo noventayochista, demandaba insistentemente la construcción de embalses. La respuesta será, en 1902, el Primer Plan Nacional de Obras Hidráulicas, sobre todo una declaración de intenciones pero que permitió conocer con exactitud la situación y planear futuras actuaciones. Un año después, en 1903, Manuel Lorenzo Pardo finaliza sus estudios de ingeniero de caminos. En sus años de estudiante y de joven ingeniero, Lorenzo Pardo se deja calar por las más positivas entre las ideas regeneracionistas, convencido de la importancia que van a tener los ingenieros "en la gran obra de transformación nacional". En buena medida las ideas de Joaquín Costa sirvieron de apoyo teórico a la política hidráulica que llevará a efecto Lorenzo Pardo.
En Campoo, como en la mayor parte de las regiones de España, se han venido practicando estos ritos desde la más remota antigüedad, en fechas que podían cambiar de unas a otras, aunque no tuvieran en todas la misma duración, pues en algunas comarcas el tiempo previsto se reducía a la noche precedente a la festividad de San Juan en la que se trataba de recoger cuantas manifestaciones conocemos a este propósito.
Reciben el nombre de neveras aquellos pozos construidos en sierras o montes elevados que sirvieron para almacenar nieve durante los meses invernales para su utilización, preferentemente, en los meses veraniegos.
La nevera de Reinosa
Esta nevera se encontraba instalada en la actual calle Ciudad Jardín. Se cedieron los terrenos de La Nevera para la construcción de casas para empleados de la Sociedad Española de Construcción Naval. En ese montículo, con una altitud de 857 metros, latitud= + 43° 00 '05", longitud= - 4o 08' 14', y acceso por el Camino Real (actuales Avenida Castilla y Avenida del Puente de Carlos III) se conservan la Travesía La Nevera y la calle La Nevera. Esta última termina actualmente en la Plaza de la Libertad, llegando anteriormente hasta la actual Ciudad Jardín. Toda esta zona ha sufrido una fuerte urbanización y no quedan restos visibles de la nevera. Permanece tan sólo en el recuerdo de los más mayores haber visto el pozo y una nevera de farmacia, donde se guardaban los medicamentos preparados por los farmacéuticos, y la práctica de tirarse con el trineo por la ladera del Gurugú hacia la fuente de Sorribero (actual Parque de Cupido).
El primer heladero pasiego se estableció en Reinosa hacia 1920
La historia de los helados es la historia de la civilización: para pasar del sorbete a una crema congelada más compacta y compuesta con leche tuvieron que transcurrir casi dieciséis siglos, hasta que un chef francés de Carlos I, rey de Inglaterra, sirviera en la corte el resultado de su receta innovadora con un producto de mucho más alimento, rico y digestivo.
La popularidad de esta fórmula se extendió por el reino de Francia y España siendo los reyes, la alta burguesía y personas privilegiadas los que disfrutaban de este placer durante los siglos XVI y XVII, partiendo su proliferación hacia la nueva burguesía y llegando al siglo XIX al consumo de los ciudadanos como producto de carácter festivo para los calurosos días de verano.
El Realismo costumbrista español del último tercio del siglo XIX, como cualquier otro movimiento literario, aporta a la Historia de la Literatura Española un conjunto de nombres sobradamente reconocidos.
Su más significado referente, José María de Pereda, se consolida como uno de los escritores representativos del siglo y obligado es reconocer su participación en el nacimiento de la novela realista y regionalista decimonónica, con un papel muy destacado en la recreación del paisaje de Cantabria. Muchos de los textos seleccionados para el presente estudio huelen a Pereda y su estilo tan característico y significativo.
Las gentes de Reinosa y su comarca, unidas desde siempre a las inclemencias de los temporales de nieve, han sabido ver y apreciar la parte buena y bella del blanco elemento, que les permite practicar los apasionantes deportes de invierno. En este artículo se ha incluido el esquí, en sus modalidades de alpino, fondo, y saltos y el tiro de trineo con perros.
Edición: 1. ed.
Fecha Edición: 11/1988
Fecha Impresión: 11/1988
Publicación/Edición: Alfonso C. Calderón
Portada: Helio Gogar
Descripción: 54 p. 16x24 cm
Con las ilustraciones de Helio Gogar, L. Rios, Rosa Mier, Anabel Blanco, C. Buxalleu, Fe Herrera, Faustina Dou
Publicado en la revista FONTIBRE, nº 45, Enero de 1962.
Esto de las "Arcas de Misericordia" tuvo su razón de ser en aquella época en que España, en el aspecto económico, había descendido a uno de los más bajos niveles que ha conocido en su larga historia. Acababa de pasar el siglo XVII, en que por las sangrías abiertas en las guerras religiosas de Flandes y en la de sucesión a la muerte de Carlos II, y por el esfuerzo sobrehumano de haber alumbrado veinte naciones en el Nuevo Mundo, los pueblos de esta región, y eso mismo sucedería en casi toda España, se habían quedado con menos de la mitad de sus habitantes (en Cervatos, un señor y tres viudas; en Abiada, en el corto período de cuarenta años, las cuarenta y ocho casas útiles se quedaron en trece; y así, poco más o menos, en las restantes aldeas de la comarca).
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